Juan Urrutia

Juan Urrutia, el autor y el economista

El Capitalismo que viene

Capítulo 3.2: Mercado y Contratos

Mercado y Contratos

Si el contorno de la Empresa se va difuminando según vimos en el capítulo anterior, la figura del mercado va a cambiar todavía más, entre otras cosas porque nunca ha estado bien definida. Hablamos de "los mercados" refiriéndonos a la bolsa de valores, o a otros mercados donde se intercambian activos financieros; hablamos también del "mercado" cuando nos encaminamos a comprar víveres para alimentar diariamente a nuestra familia y también hablamos del "mercado de trabajo" cuando los servicios que proporciona el trabajo son más bien un ejemplo de contrato. Una de las finalidades secundarias de este capítulo es distinguir entre estas acepciones; pero hay otras distinciones que también deben ser hechas.

El mercado, en efecto, es un mecanismo de asignación de recursos que debe distinguirse no sólo de los contratos ya mencionados; sino sobre todo de otros como la planificación (generalmente estatal) , cosa que también haremos en el presente capítulo. Para perfilar con la mayor precisión posible la noción de mercado, también haremos una pequeña explicación histórica de su nacimiento y evolución con referencia explícita a la evolución de los costes de transición destacados por Coase, tratando de mostrar cómo las líneas rojas entre manchas verdes, a las que se refería Simon en su metáfora del extraterrestre que observa la tierra, se van haciendo no sólo más densas sino también más anchas, si se nos permite esta licencia metafórica que quiere indicar que aumenta el empleo dedicado a la intermediación a expensas del productivo.

Si a pesar de todas estas precisiones hablamos de mercado es porque este sistema de asignación de recursos es una pieza esencial del capitalismo. Este, sea clásico o popular, no se define solamente por la propiedad privada de los medios de producción; sino también, y de manera esencial, porque la distribución de los bienes producidos por las empresas entre éstas, y entre ellas y los individuos, no se lleva a cabo de cualquier manera; sino a través de ese "invento" social que llamamos mercado. De ahí que Capitalismo y Economía de Mercado son casi sinónimos.

Empleamos la primera denominación cuando queremos enfatizar la importancia de la propiedad privada a efectos de incentivos y usamos la segunda cuando lo que queremos destacar es la libertad que debe presidir el intercambio de bienes y cómo este intercambio no puede ser dictado, en la Economía de Mercado, por ninguna autoridad. Hemos visto cómo y hasta qué punto, los tres factores nuevos cuyos efectos estamos intentando predecir (globalización, información y TIC) afectan a la propiedad privada y a la empresa y cabe recordar que el impacto destacado no es menor.

Sin embargo en la pieza del capitalismo donde esos factores percuten con mayor impacto es, sin duda el mercado. En el próximo capítulo veremos que también van a influir en el Estado; pero es en este capítulo dedicado al mercado en el que vamos a percatarnos con mayor claridad de la importancia de esos factores. Cuando termine su exposición deberemos estar convencidos de que nada va a ser cómo hasta ahora. Por dar un adelanto diré ahora que casi todo será objeto de intercambio en el mercado, incluidos activos que permitirán controlar los riesgos; que se irán desarrollando verdaderos mercados organizados a partir de contratos en ámbitos diversos y todo ello en un ambiente competitivo como nunca hemos visto y que pondrá en juego no pocas verdades heredades sobre política de la competencia.

Sin embargo la lección más importante que cabría derivar de este capítulo no es la posibilidad de incrementar el P.I.B. o cualquier otra medida de la riqueza, cosa a la que dedicaremos atención en cualquier caso, llegando a hablar incluso de la lógica de la abundancia; sino que lo que deberá quedar meridianamente claro es que cada individuo será, en El Capitalismo que viene (salvo dificultades a que mencionaremos en la parte IV y refiriéndonos ahora sólo a ciudadanos de países desarrollados) mucho más libre y no sólo en el sentido friedmaniano de ser más capaz de elegir libremente un mayor porcentaje de sus decisiones; sino en el sentido más sofisticado de Sen de participar más libremente y más efectivamente en las decisiones de todo tipo que conforman el entorno competitivo en el que nos moveremos.

Notemos que esto encaja en nuestra descripción inicial del homo post-economicus y que es esta superación del viejo homo economicus, preso de la lógica de la escasez, la que guía el esfuerzo de tratar de imaginar ese nuevo escenario en el que ha crecido la autonomía individual o, dicho de manera más teatral, en el que cada uno de nosotros estará más cerca de ser dueño de su destino.

Pero todo esto requiere sus pasos. En la sección introductoria tomaré el modelito adoptado en el capítulo anterior a fin de problematizar la función objetivo de la empresa y lo completaré con la finalidad de que funcione como la guía del capítulo. Esto nos permitirá introducir todos los temas que acomodaremos en las siguientes secciones. En la sección 2 el objetivo es distinguir entre mercado y contratos y ver cómo surge aquel a partir de estos, tarea que llevaré acabo después de una breve descripción histórica. Nada mejor para ello que investigar con cierto detalle lo que se denomina el "mercado de trabajo".

En la sección 3 estudiaremos el "mercado de valores" las posibilidades de aseguramiento mutuo a través del mercado y la posible especulación que puede surgir en él cuando la estructura de mercados es incompleta. La idea de competencia que, como corriente subterránea, recorre todo el texto emergerá a la superficie en el siguiente capítulo sobre el Estado en donde será objeto de estudio específico que permitirá no sólo discutir las novedades que se presentan en la política de defensa de la competencia; sino concluir con una especie de revisión de las conexiones entre ideas liberales básicas y su posible realización en una economía futurista en la que reina la competencia perfecta representada por una red de individuos completa apoyándonos así en ideas ya presentadas en partes previas de este trabajo.

Antes de entrar en la primera sección, la propiamente introductoria, caben unos comentarios generales que espero aclaren la intención del capítulo. El primer comentario es más bien un aviso que quiere llamar la atención sobre el deseo de trascender la visión del mercado propia de la corriente mayoritaria, o neoclásica, de la ciencia económica. Esta corriente cree haber terminado su estudio del mercado como mecanismo de asignación de recursos con la exposición de los dos famosos y vetustos teoremas fundamentales del bienestar. Ambos ocuparán su lugar en el capítulo; pero en él se pretende contemplar la Economía de Mercado de una manera menos estática y con un criterio más general que corresponde a una ideología de raigambre más propiamente liberal.

En efecto la Economía de Mercado no tiene porqué limitar su justificación a la exposición de las propiedades de optimalidad que tienen las asignaciones de equilibrio. Su defensa es más firme si abstraernos del consecuencialismo implícito en ese tratamiento de la optimalidad y nos fijamos en lo que representa que esa asignación óptima se alcanza mediante el ejercicio de la libertad individual de cada uno. Es este ejercicio de libertad el que está en el origen de lo que llamaríamos la creatividad del mercado. Esta consiste precisamente en que son los individuos autónomos los que ensanchan el ámbito de la Economía de Mercado, creando nuevos mercados que, a su vez, amplían las posibilidades de ejercer la libertad individual que están en el origen de la innovación tecnológica y que representan el espíritu de lo que conocemos como empresario Schumpeteriano, figura ésta que no es sino la plasmación de ese espíritu libre que se adelanta a crear, no tanto una empresa (que también tal como indica el sustantivo empresario), como nuevos tipos de contrato que permiten el intercambio del nuevo producto que fabrica como empresario que ha detraído recursos de otro uso a ese efecto y, sobre todo, nuevos mercado en sí mismos ya que estos no están ahí organizados esperando a ser usados.

Este sesgo "austríaco" en la presentación del mercado concuerda perfectamente con el homo post-economicus que hemos descrito en la primera parte de esta obra y que, aunque es sin duda un consumidor, también es un productor y un intermediario capaz de crear mercados. Hay una especie de relación biunívoca entre la identificación del individuo y la concepción de la Economía de Mercado. Aquí nos interesa trascender la tradicional ligazón que hay entre el individuo pasivo que racionalmente toma sus decisiones y la optimalidad paretiana del resultado agregado de esas decisiones por un lado y la que existe, por otro lado, entre el individuo activo que quiere su libertad en sí misma y la fuerza creativa de esa voluntad, fuerza que no está recogida en los resultados tradicionales.

Esta aclaración es muy necesaria a efectos de estudiar los impactos que sobre el capitalismo de mañana van a tener los tres factores definitorios de ese mañana. Ni la globalización, ni la creciente importancia de la información o los bienes digitales, ni la generalización del uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) van a cambiar los teoremas del bienestar, aunque van a posibilitar un crecimiento de la riqueza. Ese crecimiento de riqueza va a provenir justamente, y tal como iremos viendo, del impacto que estos tres factores van a traer sobre la creatividad individual basada en el ejercicio libre de la propia personalidad.

Este intento de no limitarse al planteamiento neoclásico del mercado hace que el capítulo se alargue en demasía por lo que es conveniente dividirlo en dos partes. En la primera parte que se presenta en esta entrega se incluyen las dos primeras secciones mientras que reservamos la sección tercera para la siguientes entrega.

Un Modelo Introductorio

En el capítulo anterior nos vimos obligados, a efectos de entender la problamática correspondiente a la función objetivo de una empresa como ejemplo del problema de incentivos que introduce la división entre propiedad y control, a presentar un modelo de una economía de juguete. Para no aburrir al lector el recuadro 1A describe esa economía que llamaremos economía de Radner1. El recuadro 1B describe el equilibrio de esa economía. El análisis de ese equilibrio nos permitirá explicar cómo esta economía de juguete puede servir de hilo conductor de todo el capítulo. Y, por otro lado, aprovecharemos la ocasión para introducir nociones de optimalidad que nos van a ser útiles para discusiones ulteriores.

Las Economías de Radner y de Arrow-Debreu2

El recuadro 1A específica todos los elementos primitivos que conforman una Economía de Radner. Se trata de una economía con un bien perecedero, el trigo; pero que permite trasladar poder de compra en el tiempo, y también cubrir el riesgo de que el estado de la naturaleza mañana no sea pródigo, a través de un mercado de valores o sistema financiero. El recuadro 1B detalla el equilibrio de esa economía de Radner.

La interpretación de la noción de equilibrio del recuadro , como ya he dicho, permite recordar cómo es la economía que introdujimos en el capítulo anterior. La condición 3 exige que el equilibrio definido lo sea en expectativas racionales, en el sentido de que los precios del trigo que hoy esperamos que se den mañana en cada estado de la naturaleza s, [ pes , s = 1 , 2 ], coinciden con los precios que realmente surgen mañana en el estado s.

Las condiciones 2 son simples condiciones de vaciado de mercado.

La interpretación de la condición 1 es ahora obvia. La asignación de equilibrio, constituida por lo que cada individuo consume y por su cartera, es la que maximiza la utilidad de ese individuo dentro de su restricción presupuestaria global. Esta dice, 1 a), que no puede haber ganancia alguna en el mercado financiero de acuerdo con la idea de competencia perfecta y que, 1 b), se satisfagan, a los precios de equilibrio e independientemente, las tres restricciones presupuestarias correspondientes al trigo hoy y al trigo mañana en cada caso de los estados de la naturaleza.

Analicemos brevemente esta ultima condición de equilibrio. Si no existiera un sistema financiero A = [ a fs] , tendríamos que no se puede trasladar poder de compra entre períodos ni entre estados de la naturaleza y que cada individuo cuenta sólo con sus dotaciones iniciales en cada ( t , s) . Esto sería el reflejo de la falta de confianza en el cumplimiento de los compromisos financieros adquiridos por quien fuere en el momento inicial. Si hubiera alguna confianza o existiera un sistema financiero sería posible el traslado de algún poder de compra del presente al futuro ( Z > 0) o del futuro al presente ( Z < 0 ). Si el rango del sistema financiero es completo, r(A) = 2, entonces es como si las tres restricciones presupuestarias colapsaran en un sola y la asignación de equilibrio coincidiría con la correspondiente al equilibrio de una economía de Arrow-Debreu en la que todos los mercados están abiertos en t=0.

Esta simple economía de Radner nos ha introducido en la problemática de un sistema financiero que nos va permitir observar, en el apartado III.2.3, dos cuestiones muy importantes cuando hablamos de mercado. Hablaremos de aseguramiento y de la eficiencia de los mercados de capitales en el contexto de una economía de Lucas en la que la información no es exógena y simétrica, como en la economía de Radner (o en la de Arrow-Debreu), sino que es endógena y asimétrica. También hablaremos del mercado de valores en el contexto de una economía de Hart (que es como la de Radner pero con producción) en la que los activos financieros serán acciones y obligaciones, tal como vimos en el capítulo anterior, lo que nos dará pie a hablar de especulación.

Nociones estáticas de optimalidad

Mucho de lo que vamos a decir en este capítulo va a estar relacionado con la noción de optimalidad de una asignación por lo que es conveniente introducirla desde ahora. Comenzaré por examinar la eficiencia u optimalidad en la economía Arrow-Debreu, es decir en una economía que, o bien tiene todos los mercados abiertos en el momento inicial, o bien cuente sólo con mercados spot, pero con un sistema financiero A con full rank, es decir, con r(A) = 2.

Es bien conocido3 que, en una economía así, el llamado primer teorema del bienestar es cierto. La asignación de equilibrio del recuadro 1B (en donde las condiciones 1b) han colapsado en una sola) es un óptimo de Pareto4. Esta noción es totalmente independiente del mecanismo de mercado aunque la relación entre las asignaciones de equilibrio de este mecanismo y la noción de optimidad paretiana sean una forma, y desde luego no la única, de comprensión y de defensa de la Economía de Mercado.

Una asignación óptima es una asignación (o distribución de bienes entre los individuos) que no puede variarse sin perjudicar a alguno. Equivalentemente se trata del resultado de la maximización de una función de bienestar social5 (que tiene en cuenta las funciones de utilidad de todos y cada uno de los individuos) sujeto solamente a las restricciones de recursos. Esto nos permite una interpretación interesante. Una asignación OP es lo que haría un dictador benevolente que conociera las preferencias y dotaciones de cada individuo y tuviera el poder de trasladar poder de compra de unos agentes a otros en cualquier dirección (temporal o entre estado de la naturaleza) y a través de cualquier bien. Esta interpretación es interesante porque nos pone en contacto con la idea de planificación de la que hablaremos en este capítulo.

Sin embargo lo que queremos decir tiene que esperar a que presentemos el segundo teorema del bienestar y a que examinemos estas nociones de optimalidad y otras alternativas en una economía con estructura incompleta de mercados.

Cuando se tiene una interpretación temporal del equilibrio competitivo, o más en general del proceso competitivo, cabe distinguir entre lo que ocurre antes y lo que ocurre después de que se desvele la incertidumbre en el futuro. Una asignación de equilibrio según la definición del recuadro 1B será OP ex-ante si es OP antes de que se conozca mañana el estado de la naturaleza, s , o en otras palabras, cuando lo que maximiza el planificador benevolente es una función de las funciones de utilidad individual ui (X i0, X is).

Sin embargo la asignación será OP - expost cuando es OP después de que se conozca mañana el estado de la naturaleza, s, en decir si cuando llega s los consumidores consumen lo que tenían previsto y esto constituía una asignación OP. En este caso lo que maximiza el planificador benevolente es una función de las funciones de utilidad individual ui (X i0, X is)

Esta distinción es irrelevante6 solo cuando r (A) = 2. Luego veremos que la distinción es, en efecto, relevante cuando r(A)<2; pero ahora es conveniente mencionar el segundo teorema del bienestar que dice que toda asignación OP en una economía de Arrow Debreu (r(A)=2) puede ser sostenida como un equilibrio de esa economía a partir de una asignación inicial determinada7 y que, junto con el primero constituyen casi una caracterización del equilibrio competitivo.

En general sin embargo r(A)<2 y, por lo tanto, la noción de OP no va a caracterizar las asignaciones de los equilibrios de nuestra economía y en este sentido hablaremos de la ineficiencia de las asignaciones. En nuestra economía, en efecto, es como si hubiera tres planificadores independientes correspondientes a cada una de las restricciones presupuestarias de todo consumidor. El primero puede trasladar trigo de hoy entre individuos. El segundo y el tercero pueden trasladar poder de compra de hoy a mañana (o viceversa), uno al (desde el) caso de que haga sol y el otro al (desde el) caso de que llueva. Cada uno de ellos tratará de maximizar la función de bienestar social dado lo que hacen los demás, y en consecuencia, la asignación a la que llegarán es un equilibrio de Nash que denominamos Optimo Social de Nash (OSN).

Pues bien, Grossman8 ha mostrado que toda asignación de equilibrio de nuestra Economía es un OSN y que todo OSN puede ser sostenido, en ciertas condiciones, como una asignación de equilibrio de nuestra Economía, una proposición análoga a la que conforman de los dos teoremas fundamentales del bienestar.

Dada la explicación intuitiva que se acaba de ofrecer debiera ser evidente que todo OP es un OSN. Sin embargo, siempre que haya más de un bien de consumo y r(A)<2 hay OSN que no son OP tal como mostró Hart en un ejemplo en que los varios OSN se dominaban uno a otro en sentido paretiano, cosa imposible si los OSN fueran OP. En nuestra Economía en que sólo hay un bien de consumo, el ejemplo de Hart no funciona y las asignaciones de equilibrio son óptimos paretianos restringidos (OPR) a los mercados existentes. La relación de inclusión entre los conceptos introducidos es obvia: (OP) (OPR) (OSN)

Dos comentarios se imponen. El primero es que cuando r(A)<2 podemos decir genéricamente que el equilibrio no es OP ni OPR. Es decir, que aunque podamos encontrar ejemplos de equilibrio de mercados cuyas asignaciones sean OP u OPR, estos ejemplos no son robustos a pequeños cambios en la especificación de la Economía. Esto fue probado por Stiglitz, y Marimón9 ofrece referencias más recientes.

El segundo comentario tiene que ver con la distinción entre OSN ex-ante y ex-post. La asignación del equilibrio de Radner es OSN ex-post, una vez conocido s en t=1. Es como si cada individuo fuera un individuo distinto en cada estado de la naturaleza. Una vez conocido éste, la asignación es OSN con relación a los individuos en ese estado de la naturaleza; es decir, esos individuos desean consumir y consumen lo que tenían previsto. Este es el concepto más débil de optimalidad porque una asignación de equilibrio puede no ser OSN ex-ante (antes de conocer s) ya que en ese momento, cada individuo, no sabiendo quién va a ser mañana, hubiera repartido los riesgos de otra manera.

Comentarios

Con lo dicho hasta aquí en esta sección primera introductoria podemos hacer algunas consideraciones que nos permitirán remachar el rechazo que ya efectuamos en su momento del denominado socialismo de mercado pero. a partir de ahora, por una razón adicional no mencionada en su momento y que viene a cuento puesto que las TIC solucionarían, en principio en y en buena parte un argumento contrario a la planificación, sea central o sea la propia del socialismo de mercado.

Las nociones de optimalidad que hemos repasado dan origen a una especie de teoremas de equivalencia singulares. Si nos centramos en la noción de OP o de OSN podemos verlo con claridad. En una Economía de Arrow-Debreu toda asignación de equilibrio es un OP y cualquier óptimo paretiano puede obtenerse como un equilibrio competitivo en una economía cuyas dotaciones iniciales puedan elegirse convenientemente.

Exactamente lo mismo puede decirse en una Economía de Hart en referencia a la asignación de equilibrio y a la noción de OSN. Ambos teoremas que casi10i sirven de caracterización de la asignación de equilibrio, se pueden leer como mostrando la separabilidad de dos problemas esenciales, el de eficiencia y el de la igualdad o equidad en la distribución de la renta.

En efecto, cualquiera que sea la dotación inicial de bienes de cada individuo, la asignación de equilibrio es bien OP, bien OSN, es decir eficiente en uno u otro sentido y la distribución de la renta se sigue de aplicar a las dotaciones iniciales los precios del correspondiente equilibrio. Parecería que la distribución no es separable; sino que viene determinada. Pero sin embargo, si quiero una distribución de renta determinada, puede obtenerla eligiendo las dotaciones iniciales que me interesan para que el equilibrio de esa economía, que será OP o OSN, genere unos precios que impliquen la distribución que quiero.

Esta separabilidad de ambos problemas se ha tomado siempre como una innovación neoclásica ya que para los clásicos, la distribución es un determinante esencial de la eficiencia11; pero lo que aquí nos interesa ahora es mostrar que esas características de optimalidad de las asignaciones de equilibrio están en el origen del aspecto ingenieril de la teoría neoclásica y, más en particular, de la planificación parcial propia del socialismo de mercado.

Esta idea que estaba emergiendo cuando Hayek publicó su Road to Serfdon12, se formalizó más tarde de la manera que es hoy estándar. Centralmente se pueden calcular los precios sombra, es decir los precios que sostendrían como equilibrio competitivo una asignación OP (o OSN) determinada. Serían unas constantes (multiplicadores de Lagrange) que surgen del problema de maximizar una función de bienestar social (que tiene un cuenta la utilidad de todos) sujeto únicamente a las restricciones totales de recursos que limitan lo que se quiere dar agregadamente a cada individuo de cada bien. Esas constantes reflejan la escasez relativa de cada recurso, dadas las demandas que surgirán por parte de los individuos. Pues bien, basta con imponer estos precios sombra y dejar que el mercado funcione, para que éste acabe asignando a cada individuo lo que el planificador desee13.

La primera objeción que se levantó frente a este planteamiento que llegó a estar vigente, como posibilidad práctica a alcanzar, en la mente de muchos laboristas ingleses y socialistas continentales y socialdemócratas en general (y que Hayek a veces confunde con la planificación central en aquel entonces atribuible al comunismo real de la Unión Soviética de Stalin), es que es imposible obtener información suficiente, no sobre los recursos existentes o sobre las exigencias cruzadas entre sectores, sino sobre las preferencias de los individuos. Este argumento, que en cualquier caso no era el de Hayek, sería rebatible hoy de manera al menos ideal. En efecto, como ya hemos comentado, en varias ocasiones, no es difícil segmentar hoy la población de acuerdo con las pautas de consumo. De manera genérica y no precisa podríamos decir que la teoría de la preferencia revelada14 aplicada consistentemente con las posibilidades que ofrecen las TIC, y más en particular, la potencia hoy adquirida por la informática, nos permitiría recuperar las preferencias.

En primer lugar la solución exige la imposición de las dotaciones iniciales que pueden no coincidir con las existentes. La consecuente expropiación no respeta la propiedad privada y esto, tal como vemos en el capítulo II.1, no es consistente con los incentivos a trabajar o dar lo mejor de uno mismo. Este argumento sí es hayekiano y se podría discutir en términos de igualdad de oportunidades un poco al estilo de Rawls refiriéndonos al inicio de la historia cuando la propiedad no estaba asignada ni se había ido adquiriendo. En este caso el descubrimiento de las preferencias no sería posible; pero olvidándonos de eso, cabría argüir, por ejemplo, que si por causalidad la dotación inicial fuera la igualitaria, el socialismo de mercado proporcionaría los precios sombra que, vigentes en el mercado, generarían esa distribución igualitaria en el sentido real como una asignación de equilibrio.

Un argumento frágil; pero posible. Sin embargo esto no salvaría al socialismo de mercado a ojos del Hayek de ayer y ni siquiera a los del Sen de hoy15. Ambos, aparentemente tan distanciados políticamente, comparten la idea clave, contraria al consecuencialismo y al welfarismo, de que no es la asignación lo único que importa. Ambos ponen de manifiesto que importa y mucho la forma en que se obtiene y que la participación de cada uno en su obtención y la libertad con que se participe, sin coerción alguna, incrementan realmente el bienestar bien definido ya que a la gente le importa ser dueña de su propio destino.

Ambos, aparentemente tan distanciados políticamente, comparten la idea clave, contraria al consecuencialismo y al welfarismo, de que no es la asignación lo único que importa. Ambos ponen de manifiesto que importa y mucho la forma en que se obtiene y que la participación de cada uno en su obtención y la libertad con que se participe, sin coerción alguna, incrementan realmente el bienestar bien definido ya que a la gente le importa ser dueña de su propio destino. Sen cree que esto es lo que es esencialmente el desarrollo y en esto es heredero en buena parte de Hayek, al menos desde la Road to Serfdon, quien afirma esto explicitamente1616, pero que, además pone énfasis en lo que para él es un hecho, que solo la libertad individual, sólo la autonomía de decisión y cuanto más amplia mejor, libera las fuerzas creativas.

Algo hemos aprendido incluso antes de entrar propiamente en la materia propia de este capítulo. Hemos aprendido que las novedades cuyo impacto estamos considerando no van a retrotraernos a épocas en las que, por razones que no podemos explorar aquí, la planificación no sólo era posible; sino para algunos un optimo de civilización. Y es que la hipertrofia de la razón que representa la planificación nunca ha llevado a buen puerto17.

Mercado y Contratos

Los mercados no están ahí, abiertos y disponibles para ser usados en cualquier momento. Algunos son muy antiguos como seguramente las ferias de ganado, otros muy recientes como algunos en los que intercambia productos financieros derivados. Unos son descentralizados y otros centralizados con diferencias obvias en relación a la información que obtienen los agentes en uno o en otro. Unos son muy líquidos y profundos y otros no tanto. En algunos casos hay mercados secundarios y en otros no.

Algunas de estas cosas entrarán en esta exposición puesto que tienen que ver con nuestro objetivo prospectivo. Pero para empezar es conveniente tener una cierta idea de la evolución general del mercado en relación al Estado y tomando como mercado una noción muy general y metafórica. Sólo más tarde trataremos de ver cómo, en tiempo real, va surgiendo un mercado, utilizando como banco de pruebas el caso del mercado de trabajo.

Breve historia de una metáfora18

Las ideas son siempre metafóricas y las metáforas vigentes condicionan nuestra manera de pensar y nuestra manera de estar juntos en sociedad. De ahí que desenmascarar las metáforas o, como dirían ciertos filósofos, "deconstruir" las ideas, sea una actividad no sólo intelectualmente fascinante sino de gran importancia práctica. Es lo que me propongo hacer ahora en relación a la idea de mercado, y creo que la importancia práctica no estará empañada por la abstracción a la que se mueve esta breve historia que sirve realmente como introducción a la descripción posterior de cómo se va conformando un mercado e introduce, de paso, la distinción entre mercado y Estado que será importante en el siguiente capítulo.

Siempre se ha pensado que una economía de mercado no puede funcionar sin un Estado tutelar que garantice los derechos de propiedad y evite la violencia. Sin él, se decía, el intercambio en el mercado tendría que ser simultáneo pues si la entrega de los bienes se separa en el tiempo de su pago, bien con otros bienes o bien con algún tipo de dinero, no hay garantías ni esperanzas de que se entreguen los bienes, si se ha adelantado el pago, o de que se efectúe el pago, si los bienes se han suministrado con anterioridad.

Sin embargo la historia comercial entre las comunidades mogribi y genovesa en el siglo XI, investigada exhaustivamente por Avner Greif19, nos hace ver que el Estado no es estrictamente necesario para sostener el intercambio no simultáneo. Este podría sostenerse (y de hecho se sostuvo entre estas dos comunidades a un lado y a otro del Mediterráneo) bajo un régimen de responsabilidad colectiva en el que cada comunidad confiscaba la propiedad del miembro que hubiera dejado de cumplir su contrato con un miembro de la otra comunidad compensando, además, a la parte extranjera defraudada. La legitimación de esta penalización radicaba en la presunción de que el que incumplía el contrato había roto la confianza de su propio grupo.

Sobre la importancia del Estado para el buen funcionamiento del mercado, habrá ocasión de hablar ampliamente; pero ahora me interesa sugerir cómo se van haciendo más anchas las líneas rojas del esquema que se va construyendo el marciano de Simon. No es nuevo afirmar que la confianza mutua es muy importante para el desarrollo de la economía de mercado ya que su contrario, la desconfianza, forma parte de lo que genéricamente se llaman costes de transacción. Por lo tanto no debe extrañar que la historia hacia la economía de mercado se pueda describir como la progresiva sustitución de los instrumentos correctores de la desconfianza vertical por los instrumentos mitigadores de la desconfianza horizontal.

En efecto, durante la edad media la asignación de bienes y servicios se hace básicamente en sentido vertical, proveyendo el señor feudal de protección (servicios sociales) a sus súbditos a cambio de bienes de consumo, con un escasísimo intercambio horizontal entre familias prácticamente autosuficientes y con unos costes de transacción enormes con relación al output ya que mantener un ejército no es cosa barata. Con el paso de los siglos llegamos a una situación en que la mayoría de los intercambios se llevan a cabo horizontalmente a través del mercado y en base a una división del trabajo que permite un gran incremento de productividad. Los costes de transacción en proporción al output son mucho menores que antes y consisten en la búsqueda de información y en la provisión de la protección judicial que palíe la desconfianza comercial hacia el prójimo.

Esta evolución continúa y llega hasta épocas muy recientes en que nos topamos con un punto de inflexión consistente en el reconocimiento de que el Estado es un actor social más conformado a su vez por agentes individuales con objetivos propios y por reglas cambiantes de agregación de estos objetivos. A partir de aquí surge la legitimidad de las privatizaciones y la idea del Estado entra en coma y queda reducida a un estado mínimo garante de los derechos de propiedad y de algunas normas procedimentales mínimas. Al rebufo de esta gibarización de la idea de Estado la metáfora del mercado toma un vuelo amplísimo.

Como parte de ese vuelo asistimos al fenómeno, ya mencionado en el capítulo anterior, de sustitución gradual del empleo y la creación de valor dentro de las empresas por el empleo y la creación de valor generados en los mercados; es decir a la sustitución de la empresa por el mercado, cosa cierta a pesar de que deben ser tenidos en cuenta las matizaciones allí expuestas sobre la rotación de empresas pequeñas y sobre los efectos de los rendimientos crecientes que tienden a hacer surgir empresas grandes.

Sin embargo, más que este fenómeno, lo que parece más significativo es el último episodio de esta breve historia. En efecto, parecería que para que funcione correctamente el mercado de valores, epítome del mercado, haría falta ese estado mínimo y así era, pues ese estado mínimo, a través de la determinación de los derechos de propiedad, garantizaba en última instancia el cumplimiento de los contratos según la fe pública de los agentes de Bolsa. Pues bien, ese cuerpo de funcionarios ha sido sustituido por unas corporaciones mutualistas llamadas sociedades rectoras que, a su vez, se evaporarán poco a poco mediante su conversión en sociedades anónimas que cotizan en Bolsa. Que el mercado de valores, que garantiza el cumplimiento de las transacciones que se efectúan en él, cotice en el propio mercado es un hecho notorio que ejemplifica la explosión de la idea de mercado y que justifica, a mi juicio, la consideración de éste como una especie de mónada de Leibnitz que de nadie recibe el ser.

Sería, de hecho, sumamente interesante elucubrar sobre la significación que este hecho podría haber tenido para la concepción de liberales, como Hayek, para los que el mercado, o mejor dicho la competencia que en ellos se da, es garantía de libertad y progreso simultáneamente. Mi reconstrucción de lo que sería un pensamiento genuinamente liberal en este punto iría por los siguientes derroteros.

Dada la enorme capacidad de procesar la ingente información existente en unos mercados como la Bolsa no hay necesidad alguna de que "los mercados" sean públicos, pueden perfectamente ser privados y competir entre sí en base a cualidades diferenciadoras de precio, rapidez en la compensación, y otras. Pero, no parece, sin embargo, que pueda prescindirse de un organismo rector como la SEC (Securities and Exhange Comision) en Estados Unidos o la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) en España que ejerce la supervisión general y vela por los intereses de los inversores. No creo que su existencia enojara a un liberal aunque seguramente se preguntara la razón de que su labores no se puedan ejercer directamente por el Estado y deban hacerse por una agencia reguladora que, de una u otra manera, está más allá del control democrático. Sobre este problema de las agencias reguladoras independientes volveremos en el siguiente capítulo; pero ahora quiero terminar con mi breve historia.

No cabe cerrar los ojos al hecho de que la metáfora del mercado se agiganta vertiginosamente en los últimos tiempos y se introduce en el lenguaje común. Posee tanto ímpetu que, a juicio de muchos, está a punto de sustituir a la política e incluso a la ética. Ante este peligro se presenta una reacción más o menos articulada que ataca a lo que llama el pensamiento único o a la generalización global de la plasmación real de esa metáfora. Esta reacción se organiza ante nuestros ojos y hay que tratar de calibrar su importancia para la expansión continua de la metáfora del mercado. En mi opinión el éxito de esta metáfora no se juega en el campo de la ética o de la política sino en el campo cultural y en este ámbito no es difícil augurarle un éxito.

Ciertamente la idea de mercado resuena a tono con el "politeísmo" de la sensibilidad postmoderna mientras que la de Estado refleja el "monoteísmo" del modernismo. O si se quiere utilizar otra metáfora más natural y menos religiosa diríamos que el mercado como idea es perfectamente acorde con la idea de una sociedad en forma de rizoma o de enredadera muy al contrario que la idea de Estado que es imposible disociar de la noción de árbol como estructura jerárquicamente ordenada

En la medida en que una metáfora cultural como la del mercado está sostenida por la tecnología del momento, y no cabe dudar de que el sistema operativo de la TIC y la red de redes no se parecen nada a un árbol está llamada a triunfar, Mercado e internet están muy relacionados y de una manera mucho más íntima que lo que asociaríamos al hecho de que en los mercado B2B ó B2C, o en los más recientes C2C, la tecnología mande como reductora drástica de los costes de transacción.

Los que hemos sido educados en el prestigio del Estado estamos perdiendo pié y nos agarramos al estado mínimo como tablón de salvación. Corremos dos peligros simétricos: aferrarnos obcecadamente al pasado o convertirnos en defensores acríticos del porvenir. Mantengamos los ojos abiertos y la calma. Para ello paso ahora a describir la formación de mercados de una forma mucho más realista, aprovechando como ejemplo el mercado de trabajo y cómo y porqué no acaba de emerger como tal, a diferencia de algunos contratos financieros.

El desarrollo de un mercado

Si queremos entender cómo surge un mercado a partir de contratos bilaterales podemos echar mano de lo que sabemos de las Economías de Radner y Arrow-Debreu y tratar de explicar, en ese contexto, cómo se conformaría un mercado verdadero en relación a los servicios del trabajo o por qué no llega a conformarse.

El punto de partida es la perplejidad. Digamos que lo que me interesa es entender el llamado mercado de trabajo como un haz de instituciones que determinan el empleo, L , el salario nominal,W, y la n.a.i.r.u. (o tasa de desempleo no aceleradora de la inflación) u* , así como comprender lo que se quiere decir cuando se habla de la flexibilidad de este mercado y se predica de esa flexibilidad la capacidad de reducir u*.

Sin embargo no estoy seguro de saber lo que es un mercado y sí estoy persuadido de no saber lo que se entiende por su flexibilidad. Estas ignorancias resaltan inmediatamente si me fijo en la representación gráfica estándar de un mercado de trabajo en la que en abscisas se mide el empleo, y en ordenadas el salario real (W/p) y en donde se reflejan la demanda, LD , y la oferta de empleo, LS, que determinan el salario real de equilibrio y el empleo de equilibrio.

Si uno mira ingenuamente al gráfico lo entiende de una manera que no parece tener nada que ver con un mercado. Lo que uno ve es como una especie de contrato a corto plazo para hacer el trabajo del día y que se firma entre una empresa (digamos representativa) y un trabajador (digamos que representativo) y que recuerda a una subasta temprana para conseguir peones del campo para la recolección de ese día. La flexividad de este contrato también es fácil de comprender. Se refiere al salario nominal y si no la hay porque el salario es inflexible a la baja es posible que la oferta de trabajo exceda de su demanda y haya trabajadores que se sientan desempleados. Pero ¿es esto un mercado? Y ¿cuando es flexible un mercado?.

Para contestar a esas preguntas necesitamos un rasero conceptual de referencia y este puede venir dado por la interpretación de la economía de Arrow-Debreu. Un mercado es fácil de entender en ese contexto. Es lo que ocurre en t=0. Alguien (lo que llamamos mercado) hace funcionar la institución; se firman contratos contingentes con ese alguien y se compra y se venden esos contratos a un precio determinado. Si, cuando llega la fecha t=1 y el estado de la naturaleza, s, el contrato no se honra por parte del vendedor del contrato, se exige su cumplimiento al mercado (ese alguien) y no al juez.

En el equilibrio de esta economía con esos mercados, el riesgo está optimamente asignado y no hay necesidad alguna de reabrir la negociación contractual cuando llega el momento de hacer honor a lo pactado. Lo que no se entiende en cambio es lo que significa la flexibilidad del mercado. Ciertamente los precios de los activos y de los bienes varían con la fecha y con el estado de la naturaleza; pero esto sólo refleja las dotaciones iniciales y las preferencias y no parece puedan estar en la base de una propiedad que llamamos flexibilidad.

Si ahora volvemos nuestra atención a la Economía de Radner la percepción es justo la contraria: entiendo lo que es la flexibilidad; pero no entiendo lo que es un mercado. Sabemos que no existen todos los mercados en t=0, sabemos que, por lo tanto, no puedo cubrir mis riesgos (de que mañana llueva digamos) de manera óptima, sabemos, en consecuencia, que trataré de firmar contratos bilaterales que sirvan para cubrirme de esos riesgos y sabemos, finalmente, que cuando, en t=1, llegue un estado de la naturaleza determinado, el mercado se vuelva a abrir e intentar contratar lo que deseo dadas mis dotaciones iniciales, mis preferencias y los contratos bilaterales que firmé ayer.

La noción de flexibilidad es fácil de comprender en este contexto: cuantos más contratos bilaterales haya disponibles más flexibilidad hay en la economía y cuanto más complejo sea cada contrato (en el sentido de contemplar más contingencias) también diremos que la economía en que esos contratos son posibles es mas flexible. Pero lo que es difícil de entender ahora es lo que es un mercado ya que en t=0 no se compra ni se vende todo a un precio; aunque sí caben contratos bilaterales que, cuando mañana llegue un estado de la naturaleza determinado y una de las partes contratantes no cumpla, su cumplimiento pueda ser exigido ante un juez; pero no ante una institución llamada mercado que respondería por interés propio.

Del contraste entre estas perplejidades surge la comprensión de cómo se forma un verdadero mercado en el sentido en que hemos usado ese término en los dos párrafos anteriores. La clave de la comprensión está en entender que la economía de Arrow-Debreu es el límite de la economía de Radner.

La explicación dinámica comienza por contemplar a un market maker, es decir a un empresario entendido al estilo austríaco que vislumbra la posibilidad de crear algo y ganar dinero, haciendo que funcione un verdadero mercado. Una explicación esquemática de cómo se hace eso podría ir por las siguientes líneas. Este empresario arriesgado elabora contratos estandarizados más o menos complejos. En un primer momento puede intermediar entre dos individuos, uno que quiere trasladar poder de compra al presente y otro que quiere trasladar poder de comprar al futuro y cubrirse del riesgo de que ocurra el estado de la naturaleza menos favorable para él, ofreciéndoles un contrato en el que el primero se compromete a entregar al segundo una determinada cantidad de trigo mañana si llueve, digamos.

En un estadio posterior del desarrollo puede llegar a tomar posiciones propias, formando una cartera de algunos de esos contratos que le pueden proporcionar una cantidad de trigo mañana en s que puede vender con ganancia.

En un momento determinado nos encontraremos con varios market makers compitiendo entre sí, cada uno con su cartera propia. Esto permitirá la emergencia de un mercado secundario, posiblemente organizado cooperativamente por los market makers competidores, que permite comprar y vender esas carteras propias. Con esta facilidad cada market maker puede darse el lujo de responder del cumplimiento de los contratos en los que intermedia entre dos agentes individuales creando así un contrato nuevo y diferente. Finalmente un agente individual siente que se encuentra ante un verdadero mercado que le permite, a un precio, efectuar cualquier traslado de poder de compra y cualquier cobertura de riesgos y que responde sin necesidad de acudir al juez.

Esta forma de entender la formación de un mercado financiero es inmediatamente aplicable al mercado de trabajo que estaba en el origen de nuestra perplejidad, aunque todavía no hayamos introducido las empresas. En un momento inicial aparece ese empresario Schumpeteriano que llamamos market maker y elabora contratos quizá simples (como uno para la compañía de la recogida de uva digamos), o quizá más complejos (como por ejemplo un contrato a largo plazo de asistencia técnica entre una empresa consultora y una productiva).

Más tarde puede tomar posiciones propias siendo él el titular de esos contratos o formando una nueva empresa de reparto, de paquetería o de azafatas para proporcionar los servicios de trabajo que se puedan demandar en el futuro. También aquí podrán surgir varios market makers que organizaran un mercado secundario en el que intercambiar parte de sus carteras y que les permitiera garantizar el cumplimiento de los contratos en que cada uno intermedia: una empresa de catering, por ejemplo, puede garantizar el servicio sin necesidad de tener los camareros en plantilla. Como en el caso de los mercados financieros también aquí podríamos imaginar que se va a formar un verdadero mercado en el que cada empresa puede dotarse a un precio de la plantilla que quiere en cada circunstancia futura sabiendo que el mercado se lo garantiza sin necesidad de tener que acudir al juez.

Esta forma de mirar a la conformación de un mercado puede ser aceptable cuando estamos hablando de contratos financieros que acaban siendo a su vez contratados en un verdadero mercado; pero quizá parezca desenfocado cuando la aplicamos a los contratos de trabajo. Sin embargo yo creo que no hay razón para esa sospecha de desenfoque y que, además esta forma de mirarlo nos hace ver con claridad a que nos referimos cuando hablamos del mercado de trabajo.

Que un bien como el trabajo tenga para su contratación enormes problemas de azar moral o de selección adversa es un argumento a que surja un verdadero mercado de trabajo de la misma forma que mercados organizados como el de commodities de Chicago permite superar problemas de selección adversa en el mundo de los cereales o como el de Wall Street que permite superar problemas de azar moral en el mundo de la renta variable. Además, esta conceptualización nos permite entender que cuando se habla, y se habla continuamente, de la reforma del mercado, se está hablando realmente de la creación de un verdadero mercado.

Es claro que tener una única institución "creadora de mercado" como el INEM dificulta la creación del mercado; de ahí que no sea ninguna tontería permitir otras agencias de empleo. Ya se permitieron las empresas de trabajo temporal (E.T.T.) y poco a poco se van imponiendo las agencias privadas de colocación haciendo la vista gorda al incumplimiento de algunos de los incumplimientos de las condiciones que se les impusieron. Los sindicatos finalmente, sobre cuyo evanescente papel advertimos en un capítulo anterior, podrían muy bien convertir en market makers. Las resistencias sociales comprensibles a todos estos cambios explican por qué todavía no tenemos un verdadero mercado de trabajo en el sentido aquí definido.

Nada de esto me parece irrealizable y, de hecho, me parece que está llegando. La globalización hace que sea muy difícil para cualquier empresa proyectar con fiabilidad un futuro flujo de pedidos. Por lo tanto no deseará cargarse ella con una plantilla fija; sino que preferiría acudir a ese mercado de trabajo futurista que he pergeñado. Los propios trabajadores, que cada vez son más autónomos, es posible que prefieran acudir a trabajar allí a donde son verdaderamente necesarios. Y, en cualquier caso, el conocimiento de las características individuales de los individuos, bien a través de su curriculum laboral, bien por lo que se deduce de sus pautas de consumo, permite asignar bien el trabajo lo mismo que se asigna bien una cartera al perfil de riesgo de un ahorrador.

Este va a ser a mi juicio el cambio más profundo que vamos a experimentar en El Capitalismo que viene, un cambio que encaja con la naturaleza del homo posteconomicus, con la nueva naturaleza de la producción y con la multiplicidad de identidades del futuro que ya hemos destacado.

Cabe preguntarse, para terminar, si esto mejora el bienestar. Es imposible dar un término ortodoxo. Para empezar los teoremas del bienestar están realizados sobre economías en las cuales el mercado de trabajo es como si existiera realmente y no fuera un conjunto de relaciones heterogéneas. Si lo consideramos de esta última manera hay demasiadas cosas a las que mirar como para aventurar una opinión: quizá prefiera resistir cada día la disciplina en una cadena de montaje de una empresa en la que siempre he trabajado que estar disponible para diversos trabajos variados. Pero desde el punto de vista de la libertad personal no cabe la menor duda que la emergencia de un contrato de trabajo de esta naturaleza ampliaría la autonomía personal y el control de nuestro propio destino.

Resumen

El mercado no es fruto de la naturaleza; es un fenómeno de civilización con una historia determinada fácilmente explicable en términos de evolución de los costes de transacción que, al disminuir, nos ha traído hasta hoy cuando todavía no tenemos muchos mercados organizados. Las tecnología de la información van a permitir rebajar dramáticamente esos costes de transacción y su desarrollo va a dar origen a una proliferación de mercados organizados que se irán pareciendo cada vez más al mercado de valores.

Un ejemplo de esta evolución es la del mercado de trabajo en el que la globalización hace cada vez menos conveniente para la empresa tener una plantilla fija y en el que las TIC permiten la emergencia de trabajadores autónomos que prefieren, a fin del desarrollar de sus propias personalidades, la disponibilidad arriesgada que la seguridad disciplinada y facilitan la emergencia de intermediarios que pueden incluso especializarse en tipos de trabajadores ya que pueden extraer sus características con cierta facilidad.

Junto a la propiedad privada de los medios de producción, la asignación de recursos a través del mercado, es parte esencial del capitalismo. La Economía de Mercado, como sinónimo de Capitalismo, pone énfasis, no tanto en la propiedad privada; sino en la libertad de los intercambios de donde se deriva su importancia para la innovación creativa y su enorme capacidad para agregar y diseminar la información necesaria para la toma de decisiones.

El énfasis en estas propiedades de la Economía de Mercado nos ha llevado a transcender la visión neoclásica que aisla sus buenas propiedades estáticas como mecanismo de asignación de recursos con bienes, mercados, preferencias y tecnologías dadas y plantearnos una visión más acorde con los aspectos dinámicos subrayados por la tradición austríaca: la libertad de decisión sin coerción de autoridad alguna y la creatividad tecnológica e institucional. Esta visión del mercado está más en concordancia con la noción de homo posteconomicus que hemos avanzado en el primer capítulo de este trabajo y, además , la hace más propicia a la comprensión del impacto que van a tener en el capitalismo que se avecina la globalización, la información acumulada y las tecnologías de la información y la comunicación.

En este capítulo hemos terminado la crítica del socialismo de mercado y de la planificación que comenzamos al hablar de la necesidad de la propiedad privada de los medios de producción. Allí veíamos cómo sin propiedad privada no hay incentivos para crear riqueza. En una situación así se impondría la planificación. Contra ella se ha argüido que no hay información suficiente para llevarla a cabo.

Sin embargo las TIC podrían hoy generar esa información a través de la observación de las pautas de consumo y la posibilidad de recuperar las preferencias utilizando la idea de la preferencia revelada. A pesar de ello, la crítica de la planificación debe mantenerse por la cuestión ya citada de los incentivos y sobre todo porque, aunque se consiguiera mediante ella una buena asignación en términos estáticos, habríamos eliminado el motor de la creatividad tecnológica e institucional del mercado que radica simplemente en la participación libre.

Notas

1. Ver Radner (1972)

2. La exposición de lo que sigue y, de hecho, toda la parte formal de este capítulo, está basada en Urrutia (1988), un trabajo en el que se usan profusamente trabajos de Grossman y de Hart a los que iré haciendo referencia precisa.

3. Los dos "teoremas fundamentales del bienestar" a lo que ahora nos referiremos forman parte del acervo de conocimientos común de todo economista. Pueden estudiarse en cualquier libro de texto; el más recomendable es el de Mas-Colell, Whinston y Green.

4. Los efectos y externos , o externalidades, y los bienes públicos, en cuanto a "fallos de mercado", en cuya presencia los dos teoremas fundamentales no aplican, de forma que el equilibrio competitivo no es un óptimo de Pareto, son ejemplos evidentes de falta de mercados.

5. Aquí hacemos abstracción de la problemática asociada a esta noción que fue muy discutida en la "vieja" teoría del bienestar.

6. Ver Urrutia (1988)

7. El primer teorema fundamental del bienestar es cierto bajo suficientes inocuos y es muy fácil de probar. Este segundo teorema exige un supuesto básico de convexidad (que implica ausencia de rendimientos crecientes) y para su propia es necesario un teorema matemático de separación relativamente sofisticado. El supuesto de convexidad es también necesario para las pruebas de existencia del equilibrio competitivo. Como aquí no estamos interesados en el problema de existencia y como no nos vamos a preocupar excesivamente por óptimos paretianos sino por otras nociones de eficiencia o de optimalidad, podremos utilizar rendimientos crecientes cuando lo consideremos oportuno.

8. Ver Grossman (1977)

9. Ver Stiglitz (1982) y Marimon (1987)

10. La caracterización estándar de la asignación de equilibrio competitivo con estructura completa de mercados está contenida en el famoso teorema de equivalencia entre el conjunto de esas asignaciones y el conjunto de las contenidas en el núcleo de la economía y que están definidas como aquellas que no son objetadas o bloqueadas por ninguna coalición en el sentido que ninguna coalición, contando con sus propios medios, puede poner a todos sus miembros en una situación mejor de lo que estarían en esa asignación que se pretendería objetar o bloquear. Este teorema también es hoy, estándard y también puede examinarse en el citado libro de microeconomía de Mas-Colell, Whinston y Green. En relación a este teorema de equivalencia, cabe un apunte relacionado con las TIC. Son estas las que pueden tejer comunidades solapadas en las que cabe imaginar el compromiso que hace que, en cada coalición, la reasignación a través de la que se bloquea una asignación dada -que no podría pertenecer al núcleo- se puede hacer efectiva.

11. La referencia más sofisticada seria la del mítico libro de Srafa. Predición de Mercancías a través de Mercancías. Ver Srafa

12. Ver Hayek (1944)

13 Ver Lange-Taylor y Lerner. Con toda seguridad el contenido de la nota 2 de la p. 40 de The Road to Serfdom se refiereal trabajo de estos autores, que llevaba publicado bastantes años, pero que no es cita do expresamente.

14 Ver Samuelson

15 Ver Sen (1995). La coincidencia entre ambos premios Nobel, Hayek y Sen, en rechazar al "walferismo" y en considerar a la libertad en sí como parte del desarrollo y no sólo como una condición para alcanzarlo, ha sido puesta de manifiesto por el propio Sen en un articulo del Financial Times en el que rendía homenaje a "The Road to Serfdon" en su 60 aniversario.

16 Habría muchas citas de Hayek que avalarían esto; pero la página 36 de "The Road to Serfdom" es suficientemente explicita: "El liberalismo económico considera la competencia como superior (a otros métodos de coordinar los esfuerzos individuales) no sólo porque es el más eficiente sino sobre todo porque es el único método sin intervención coercitiva o arbitraria de la autoridad" (traducción y subrayados JU).

17 La planificación cree como un mero problema de sentido común llevar a la práctica lo que queremos obtener minimizando los recursos para hacerlo. Pero como dice Hayek en "The Road to Serfom", p. 42, " el mero sentido común acaba siendo una guía tramposa en este campo"(traducción J.U.) y lo que es cierto es que lo que éste sugiere es imposible y que conseguir parte de lo que queremos exige muy a menudo, como ocurre en la naturaleza, una cierta dilapidación de recursos. Ver aquí: "El Elogio a la Chapuza" de Urrutia (2004).

18 Ver Urrutia (2003)

19 Ver Greif (1993 y 1997). El estado puede no ser estrictamente necesario; pero los ejemplos de Greif muestran que lo que sí es necesario es la existencia de reglas conocidas y efectivas. Por otro lado la presencia del Estado puede no ser suficiente, e incluso llega a ser contraproducente, para el buen funcionamiento de un sistema económico global tal como ha sugerido Martin Wolf para quien un "estado fracasado" puede ser la causa de que un país no recoja los frutos de la globalización.

Referencias

Greif, A. (1993) : "Contract Enforceability and Economic Institutions in Early Trade: The Maghrib Coalition", American Economic Rewiew, 83 .

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Hart, O. (1975): "On the Optimality of Equilibrium when Market Strucle are Incomplete", Journal of Economic Theory, 19

Hayek, F.A. (1944): "The Road to Serfdom", The University of Chicago Press.

Lange, O. y F. Taylor (1964) : "On the Economic Theory of Socialism", McGraw-Hill, N.Y. La edición original es del año 38 y fue editada por la Universidad de Minnesota.

Lerner, A. P. (1934): "Economic Theory and Socialist Economy", Review of Economic Studies.

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Samuelson D.A. ( 1963 ): "The Foundations of Economic Analysis", Harvard U.P.

Sen, A. (1995): "Development as Freedom", Alfred, D Knopf, N.Y.

Sen, A.( 2004 ): "An enduring insight into the purpose of prosperity", FT 21 de Septiembre.

Sraffa, P. (1960): "Production of Commodities by means of Commodities", Cambridge U.P.,London

Stiglitz, J. (1981): "The inefficiency of the stock Market Equilibrium" Review of Economic Studies, 49

Urrutia , J. (1988): "Mercados, y Contratos Financieros y el Funcionamiento de la Economía", Boletín de Estudios Económicos, 183

Urrutia , J. (2003): "Mercado: historia de una metáfora", en Economía en Porciones, Prentice Hall, Madrid, P. 25-26

Urrutia, J. (2004): "Elogio de la chapuza"

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