Juan Urrutia, el autor y el economista
Llegados a la mitad del recorrido emprendido para conseguir vislumbrar el capitalismo que se avecina, parece de rigor recordar el camino andado y desbrozar un poco lo que será el camino que habrá que recorrer hasta su final. Como se recordará, el objetivo de este trabajo es estudiar y discernir la influencia que la sociedad del conocimiento, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) y la globalización van a tener sobre las instituciones básicas del capitalismo. Estas instituciones son, con toda claridad, la empresa, el mercado y el Estado y esta tercera parte estará dedicada a su estudio dejando para la cuarta y última parte las implicaciones macroeconómicas que puedan llegar a tener las modificaciones que detectaremos en esas tres instituciones. Pero para embocar estas dos últimas partes ha sido necesario preparar las herramientas analíticas que nos ayudan a conseguir el objetivo marcado.
En los tres primeros capítulos que conforman la primera parte estudiamos con bastante detenimiento y cuidado las novedades que sobre el agente individual habrían de tener especialmente las TIC, unas herramientas que van a hacer imposible distinguir en un agente individual su faceta de consumidor, de productor o de intermediario. Sin intención de hacer un resumen completo cabe recordar ahora que esperamos que el homo post-economicus sea psicológicamente más denso, racionalmente más complejo y socialmente menos individualista.
En efecto, si miramos en primer lugar al agente individual como consumidor notaremos que, si bien es cierto que como tal seguirá siendo soberano y guiará sus pasos por la racionalidad, es todavía más cierto que su individualidad se funde o disuelve en pertenencia a grupos y que su racionalidad no se limitará a lo instrumental sino que habrá que contar con la racionalidad expresiva, la crítica o la comunicativa, aspectos ambos que hacen de él un agente mucho más sofisticado y que, en consecuencia, tendrán su influencia en las formas en las que se les venderán los productos y en lo que podríamos llamar la tecnología del consumo o forma de transformar bienes físicos en características definitorias de una identidad.
Sin embargo lo más interesante quizás sea, en segundo lugar, el panorama que empezamos a vislumbrar y en el que el agente individual puede doblarse en agente productor, tanto porque las TIC permiten producir mientras se consume, como porque la educación y el conocimiento se convierten en los inputs cruciales que darán poder al agente individual relativizando así el poder de los sindicatos y de las mismas empresas y difuminando su papel, al tiempo que potencian la importancia de los trabajadores autónomos.
La imagen de la producción cambia desde la noción moderna que la concibe como un árbol hasta la noción postmoderna que la concibe como una enredadera o un rizoma, lo que lleva, en tercer lugar, a fijarse en el individuo o usuario como un intermediario que contribuye al tejer y destejer pequeñas redes de personas que se constituyen en empresas que conforman una población numerosa con una rotación grande. La información necesaria para aprovechar las oportunidades productivas está disponible prácticamente para cualquiera y aquellos usuarios que tengan buen olfato se convertirán en pequeños banqueros de inversiones que podrán arreglar intercambios, crear mercados e incluso tomar posiciones propias; pero todo ello con la condición de que sepan adquirir y mantener el producto más escaso del futuro: la confianza.
En la segunda parte de este trabajo hemos continuado acumulando herramientas intelectuales; pero ya no limitados al agente individual; sino con referencia a las relaciones entre ellos entrando ya en lo propiamente social. Hemos visto cómo la propiedad privada de los medidos de producción es crucial para el buen funcionamiento de los incentivos de forma que es su ausencia la que hizo y hace fracasar cualquier intento de socialismo aunque sea de mercado. Y ello con independencia de que, debido a la extensión de la propiedad mediante las patentes o el copyright, al mecenazgo o a la exploración de las consecuencias de los rendimientos crecientes, el énfasis bascule hace el acceso, algo novedoso e interesante pero que no desplaza la importancia crucial de la propiedad.
Hemos visto también cómo muchas de las virtudes generalmente asociadas al capitalismo deben ser revisadas a la luz, no sólo de los problemas de incentivos, sino también de los problemas informacionales y a los costes de transacción asociados a la confianza mutua, o más bien a su ausencia. Todo ello lleva inevitablemente a la consideración del capitalismo como un mecanismo de asignación de recursos que nunca está terminado de diseñar y que muestra una gran creatividad en la generación de instituciones que tratan de responde a las dificultades y retos que plantean las numerosas combinaciones de problemas informacionales, de costes de transacción, de incentivos y de confianza mutua.
En el capítulo anterior hemos terminado de prepararnos para entrar en esta tercera parte examinando aspectos varios de la creatividad institucional y muy especialmente el asunto del ámbito en que se forman las instituciones junto con las consecuencias de la variación de ese ámbito. En este sentido veíamos cómo la globalización, al acarrear problemas de alienación del sujeto y un enorme crecimiento de las dimensiones del espacio de consumo, genera como reacción una proliferación de comunidades identificadas por un estilo de vida diferencial basado muy a menudo en las pautas de consumo o en otras pautas conductuales. Esto no sólo incide en la estrategia vendedora de las empresas privadas sino también, y muy significativamente, en la provisión de bienes públicos en comunidades políticas que albergan diversas comunidades identitarias.
En los capítulos anteriores que acabo de glosar de manera muy libre hay muchas referencias a las tres instituciones básicas del capitalismo a cuyo estudio se dedica esta parte tercera habiendo ya examinado la propiedad como cuarta pata fundamental. Mencionando resultados que en cada capítulo serán matizados cuidadosamente, podemos adelantar que, debido a la influencia inexorable de las nuevas tecnologías, la importancia creciente del conocimiento y la globalización, acabaremos experimentado unos cambios en cada una de esas tres instituciones, que ahora pueden ser descritos de forma esquemática.
Primero, la enorme volatilidad del accionariado de las empresas cotizadas -y también de las no cotizadas a través de operaciones de intermediación- junto con la naturaleza de las nuevas formas de empresa cuasi unipersonal revestida de figuras mercantiles novedosas, acabará incidiendo en las exigencias de transparencia, en las normas o recomendaciones de buen gobierno corporativo, incluida la responsabilidad social corporativa, y llevará a sobrepasar el Shakeholder value como criterio único del éxito en la gestión y volver a intentar constituir una stakeholder society que, en buena parte, solucionará el problema de la provisión de bienes públicos en comunidades heterogéneas. Veremos un panorama con un puñado de grandes corporacines multinacionales y una galaxia de pequeñas empresas flexibles y perpetuamente renovadas: el mercado comerá terreno a la empresa como forma alternativa de asignar recursos.
Segundo, esta institución, el mercado, acabará pareciéndose mucho más al proceso de destrucción creativa de la tradición austríaca que a la concepción neoclásica en la que el conjunto de bienes, así como el de empresas, están exógenamente dados. Esta concepción más bien estática -aunque caben interpretaciones dinámicas- es propicia a la utilización de la idea de expectativas racionales y desemboca en una cierta ingeniería social. Esta no encaja sin embargo en la tradición austríaca a la que la racionalidad de las expectativas es completamente ajena y en la que se confía en un cierto orden espontáneo.
La potenciación de las TIC nos llevará a un panorama en el que la incertidumbre es radical y en la que es de esperar, al rebufo de posibilidades abiertas por la globalización y por el enorme conocimiento estadístico acumulado, al surgimiento de sofisticados esquemas de aseguramiento mutuo que, paradójicamente, acabarán implantando espontáneamente lo que la ingeniería no ha logrado, es decir la "seguridad liberadora" que sustituirá a la "inseguridad estimulante" con la que los "austríacos" fustigan a los "neoclásicos".
Tercero, el Estado. De los diversos papeles que tradicionalmente se han atribuído al Estado, el capitalismo que viene retendrá muy pocos. Es decir su ámbito disminuirá. La idea liberal del Estado mínimo, que habría de concentrar su actividad en la gestión macroeconómica, la seguridad, la educación y la sanidad, y poco más, será rebasada en varias direcciones. Por un lado mucha de la gestión será delegada en agencias reguladoras independientes sin responsabilidad política. Por otro lado el funcionariado no atraerá demasiado talento y, como consecuencia de ambos fenómenos, se debilitará la capacidad de alcanzar compromisos firmes (capacidad que siempre ha estado en entredicho) de forma que el Estado mínimo reducirá todavía más el abanico de sus tareas hasta correr el peligro de quedar nominalmente limitado a la política de defensa de la competencia, política ésta que, por otro lado, se irá deslegitimando también a medida que se refuerzan diversas versiones de la idea de mercados contestables propiciados precisamente por las TIC . Son éstas también las que podrán en entredicho el tamaño del Estado en sentido territorial, e incluso la idea de territorialidad, propiciando más bien la proliferación de nuevas entidades políticas conectadas en red.
Con esta reflexión provocadora -que será matizada en su momento- termino esta introducción a la parte tercera de El Capitalismo que viene, recordando que es este Estado anoréxico el que quizá tenga que ayudar a la espontaneidad para gestionar escenarios macreceonómicos, ayudar al desarrollo económico y a la eliminación de la pobreza o las desigualdades más lacerantes y, en general, dar respuesta a algunas preguntas profundas que plantea a su manera el movimiento antiglobalizador. Pero estas cuestiones tendrán que esperar a la parte cuarta y al epílogo que cerrará este intento de descubrir el futuro en las tendencias actuales.
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