Juan Urrutia

Juan Urrutia, el autor y el economista

El Capitalismo que viene


Para tratar de iniciar una recapitulación de lo hecho en los capítulos anteriores recordemos su intención inicial. Decíamos en la Introducción que su objetivo era explorar el impacto sobre las instituciones básicas del capitalismo (Propiedad, Estado, Empresa y Mercado) de los tres fenómenos recientes más significativos cuales son la Globalización, la Sociedad del Conocimiento y las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Todo ello a la luz de enfoques teóricos novedosos derivados de las revisiones y reinterpretaciones del modelo de Arrow/Debreu y relacionados con la Economía de la Información, la Revolución de las expectativas, la Teoría del Optimo Subsidiario y los planteamientos evolutivos.

Ciertamente hemos hecho un uso extensivo, no formal y a veces meramente especulativo, de los tres factores cuya influencia queríamos analizar. La Globalización no sólo ha sido directamente analizada en cuanto apertura de fronteras y extensión del comercio internacional con sus problemas de contagios financieros; sino también y, en muchos contextos, como resultante en una inmigración que cambia el ámbito en el que se desenvuelve el juego evolutivo de la sociedad y que da origen a problemas de pluralismo cultural, de diversidad y de identidad, que condicionan el funcionamiento del capitalismo.

En cuanto a la Sociedad del Conocimiento podemos decir que nos ha planteado una gama variada de influencias sobre el futuro del capitalismo. En cuanto que dicha etiqueta hace referencia a un incremento del porcentaje de bienes intensivos en conocimiento en el valor de la producción (digamos un 10% y subiendo), empezamos a apreciar como centrales en el sistema económico algunos fenómenos que hasta ahora no lo eran como, por ejemplo, la propiedad intelectual y la defensa de la competencia en ese ámbito, así como la posibilidad de que el acceso sustituyen a la propiedad propiamente dicha. En cuanto que por Sociedad del Conocimiento entendemos la accesibilidad de la información, sea estructurada o no, se empiezan a iluminar como relevantes la ciencia y el científico, ciertos aspectos del tercer sector como el mecenazgo cultural o la banca de inversión como estructuradora de la información.

Y en cuanto a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), su influencia ha sido explorada con intensidad. La reducción que acarrean en los costes de transacción cruza transversalmente todo este trabajo; pero además subyace de forma específica en los citados acceso y propiedad, en la rebeldía en sentido amplio, en la formación y ruptura de redes identitarias, en la apariencia (o realidad) de gratuidad, en la transparencia, en la formación de mercados, especialmente los de aseguramiento, y hasta en el ámbito y el tamaño del Estado y el desarrollo económico.

Sin embargo la especulación relativa a la influencia de estos tres factores en el funcionamiento del capitalismo no se hubiera llegado a efectuar de la forma en que se ha hecho, y que diferencia esta obra de otras con el mismo o parecido objetivo, si no hubiera sido por desarrollos teóricos que han sido utilizados extensivamente.

El estudio de la importancia crucial de la propiedad como institución central del capitalismo no se hubiera podido realizar sin el apoyo de la Economía de la Información, que incluye la asimetría que subyace al modelo agente/principal en cualquiera de sus versiones así como la teoría de incentivos que es crucial para la crítica del socialismo de mercado, y sin una interpretación dinámica del modelo de Arrow-Debreu que es necesaria para renovar la concepción tradicional de la propiedad intelectual.

Este modelo Arrow-Debreu, convenientemente reformulado, solo o en compañía, permite asimismo plantearnos seriamente lo que esperamos de la empresa y del mercado como otras dos instituciones centrales del capitalismo. Nos ha permitido entender la posibilidad de estructuras incompletas de mercados que resaltan aspectos financieros y de aseguramiento del mecanismo de mercado, así como la posibilidad de especulación y, quizá de forma todavía más básica y central, plantearnos la función objetivo de la empresa y la discusión entre la estrategia empresarial del shareholder value y la sociedad de los stakeholders.

Y sin tener en cuenta la naturaleza de las expectativas y el óptimo subsidiario no hubiéramos podido plantearnos los límites, el ámbito o el tamaño del Estado como esa otra institución propia del capitalismo sobre la que influyen los tres factores cuyo impacto vigilamos. Más en general, no hubiéramos podido decir nada sensato sobre lo que significan las instituciones en un sistema de mercado sin el concurso de la noción de juego evolutivo con su correspondiente noción de equilibrio.

No sólo el Estado, sino las Agencias Regulatorias Independientes, los organismo multilaterales o muchas políticas económicas regladas no pueden entenderse, criticarse o predecir su permanencia futura sin hacer referencia o bien a la naturaleza evolutiva de ciertas reglas o bien a la necesidad de superar la noción meramente ingenieril del modelo neoclásico de equilibrio general. Son estas referencias las que permite ver con cierta claridad la influencia de la Globalización, la Sociedad del Conocimiento o las TIC.

El objetivo que me proponía está pues casi cumplido; pero en este Epílogo hay que darle los últimos retoques así como resumir los descubrimientos, resultados, hallazgos o sugerencias que podamos haber realizado y acuñar una explicación sintética que abarque a todos ellos.

En la primera sección efectuamos este resumen (que no es sino un resumen escueto de los resúmenes de cada capítulo). En la segunda sección de este Epílogo trato de acuñar la fórmula sintética que, por resumir el espíritu de toda la obra, sirve como subtítulo de la misma: disipación de rentas. Esto me exigirá perfilar esa noción de renta y descubrir cómo en el futuro el capitalismo será como una maquinaria de erosionar o eliminar esas rentas. En la tercera sección planteamos el problema del terrorismo, diferenciando entre sus posibles formas mediante analogías económicas y mostrando cómo el capitalismo camina hacia una configuración en la que se minimiza el peligro del terrorismo internacional. Finalmente trato de ofrecer una conclusión sucinta de lo que podemos esperar de El Capitalismo que viene.

Pero antes de abordar estas últimas ideas quiero tratar de diferenciar este producto que ahora acabo con las ideas de la Escuela Austriaca. Su influencia es obvia en tres direcciones. En primer lugar la creatividad que he asociado a la iniciativa privada y a la competencia tiene una raigambre schumpeteriana clara. En segundo lugar hay también dos influencias digamos que hayekianas aunque tienen precedentes en otros miembros más antiguos de la Escuela Austriaca.

La primera influencia hayekiana se detecta en el énfasis en la complejidad del sistema capitalista al que he llegado muy al final para mostrar que el Capitalismo no es un Humanismo. La segunda influencia hayekiana es propiamente suya y está relacionada con el rechazo al aspecto ingenieril de la Escuela Neoclásica. Es aquí donde aparece la idea de participación como una característica central del capitalismo.

Sin embargo las diferencias entre el contenido de esta obra y la Escuela Austriaca son bastante claras comenzado por la acogida de numerosos desarrollos teóricos que aquí se ha efectuado y que no tienen cabida en dicha tradición. Pero me atreveré a subrayar ordenadamente diferencias más concretas. La propiedad privada está aquí mejor y más completamente defendida y justificada. El estudio de la empresa ha entrado aquí en novedades como la transparencia y la gobernabilidad que no pueden asociarse a ningún autor de esa Escuela. En cuanto al mercado los austriacos y esta obra comparten un cierto anarquismo; pero aquí hay un intento explícito de entender la emergencia y formación de un verdadero mercado. Y en cuanto al Estado la forma en que aquí he tratado de explicar la idea de soberanía es sui-generis; el Estado mínimo aparece aquí como una predicción y no sólo como un deseo y en cuanto al número de Estados (y aunque se puedan ventear aires parecidos en Hayek) los argumentos aquí esgrimidos no remiten a Austria. Hay otras diferencias (como por ejemplo la noción de individuo) pero con las mencionadas es suficiente para diferenciar este producto.

1. Resumen de "Hallazgos"

En un Epílogo parece imprescindible hacer más o menos explícitamente un resumen de resultados obtenidos. Sin embargo la noción de resultado no parece encajar bien con la naturaleza de este trabajo pues no he tratado de establecer teoremas o de realizar inferencias estadísticas. Me ha interesado más bien servirme de unos y otras para llamar la atención sobre algunos aspectos del Capitalismo que se ven venir y cuya influencia vamos a sentir en un futuro inmediato.

La elaboración de los argumentos justificativos de mis afirmaciones respecto a estos aspectos tienen más bien el carácter de ocurrencias (como la llamada de atención sobre el carácter no humanista de este capitalismo que viene) por usar un término antiguo que quiere subrayar su carácter tentativo; o quizá también de sugerencias (como las relativas al número de Estados) o incluso, por usar un término más petulante, de hallazgos (como podría ser el caso de la construcción de un verdadero mercado).

He optado por el término petulante por dos razones. La primera que sugerencia no es correcto ya que más que tal se trata de argumentos poco elaborados y ocurrencia es demasiado coloquial. La segunda razón es que la mayoría de mis afirmaciones en este trabajo tienen precisamente esa naturaleza: se tratan de argumentos que estaban ahí y que de repente se me han aparecido.

Pues bien organizaré mis hallazgos de acuerdo con las instituciones cuyas modificaciones futuras he tratado de vislumbrar. Aunque mi objetivo inicial era fijar mi atención en la propiedad, la empresa, el mercado y el Estado, he acabado hablando también de política económica y de problemas de desarrollo en unos términos que también resumiré como parte de mis hallazgos.

PROPIEDAD

La propiedad privada de los medios de producción es una condición sine qua non para el funcionamiento correcto de la economía de mercado. Sin embargo corre el peligro de ser descuidada al pretender sustituirla por el acceso, así como de extenderse demasiado, o demasiado poco, en ciertas áreas.

La ya antigua discusión sobre la posibilidad del socialismo de mercado pone de manifiesto la primera de las afirmaciones efectuadas. Sin propiedad privada el planificador central puede calcular en principio el vector de precios que sostiene la asignación deseada como un equilibrio competitivo. Puede así mismo darlo a conocer e instruir a productores y consumidores para que, tomándolo como dado, actúan según sus deseos.

Si lo hacen establecerán la asignación deseada; pero nada garantiza que vayan a actuar como actuaría alguien que quiere maximizar su función objetivo a no ser que puedan apropiarse del fruto de su actuación. Sin propiedad privada no hay los incentivos adecuados para que funcione ese socialismo de mercado tan discutido a mediados del siglo pasado.

La propiedad privada no será sustituida por el acceso gratuito a los bienes. El mecenazgo y la ciencia podrían ser ejemplos de ese acceso gratuito. El primero jugará un papel cada vez mayor en la emergencia de nuevos mercados de bienes sobre los que cabe la propiedad privada, lo mismo que hará la ciencia, ámbito este en el que la propiedad privada empezará a jugar un papel cada vez más importante.

A pesar de estas tendencias al ensanchamiento del ámbito de la propiedad privada, en el futuro asistiremos, sin embargo, al movimiento contrario en el ámbito de la propiedad intelectual. Veremos, en efecto, una reducción en la duración de patentes o copyrights así como en el abanico de bienes cuyos inventores merecen un premio en forma de monopolio temporal. Esto acelerará la rotación de bienes propia de la destrucción creativa.

EMPRESA

La Empresa es y seguirá siendo tanto una unidad productiva como un activo en el que ahorrar; pero en general cederá terrero a favor del mercado debido a la reducción significativa en los costes de transacción.

Como unidad productiva el contorno de la empresa se difuminará haciendo menos relevantes las distinciones dentro/fuera o cliente/empleado. En cuanto al tamaño hay dos tendencias. El efecto-red presente en muchos bienes empuja a grandes tamaños; pero los mencionados costes de transacción hacen que el tamaño de la empresa tienda hacia pequeñas unidades en las que la mayor confianza mutua compensa la reducción en los costes de transacción asociados al mercado. Lo interesante es que la distribución de empresas tenderá probablemente hacía unos pocos planetas (empresas grandes) permanentes rodeados por una numerosa población de satélites (empresas pequeñas) mucho más efímeros.

Pero la empresa es también un activo en el que los agentes individuales invierten sus ahorros. Es aquí donde se plantea el problema de alinear los incentivos de los distintos accionistas por un lado y el problema del gobierno de la empresa por otro lado.

En la medida en que no podemos esperar que la estructura de mercados sea nunca completa, la maximización del beneficio puede no ser equivalente a la maximización del valor en Bolsa ni este último tiene que ser el criterio unánimemente aceptado. La transparencia no ayuda siempre; sino que a veces puede ser contraproducente a efectos de la alineación de incentivos.

El gobierno de la empresa es un problema que gira alrededor de la contraposición shareholder value vs. stakeholder society. En el futuro aparecerán mercados ad-hoc que permitirán poner en funcionamiento la Stakeholder society; pero mientras tanto el shareholder value puede considerarse como un óptimo subsidiario en el contexto del capitalismo popular.

MERCADO

La rebaja significativa de los costes de transacción va a dar origen a la emergencia de un gran número de mercados y a un cambio en la naturaleza de muchos de ellos que pasarán de ser un haz de contratos a ser verdaderos mercados organizados como lo es hoy ese mercado de valores al que llamamos Bolsa.

La mejor manera de apreciar las virtudes del capitalismo es llamar la atención sobre el hecho de que, además de su capacidad para recoger, agregar y difundir información, el capitalismo libera fuerzas creativas y genera innovaciones la más llamativa de las cuales es precisamente la creación de mercados organizados.

Una manera contundente de certificar esa virtud del capitalismo es observar lo que ya está pasando en el mercado de trabajo. Observamos, en efecto, que cada vez hay menos plantillas fijas, que aumenta el número de trabajadores autónomos (que parecen preferir la disponibilidad arriesgada a la seguridad disciplinada) y que surgen intermediarios entre los trabajadores y las empresas.

Los mercados de valores cambiarán en la dirección de generar nuevos activos financieros adoptados al perfil de riesgo de los distintos ahorradores, de eliminar los redundantes y de rebajar los costes de los intermediarios. Estos mercados así renovados no se distinguirán demasiado de los mercados de aseguramiento que también se ampliarán cubriendo nuevas contingencias.

Por otro lado, y a pesar de lo que podría parecer, el fenómeno de la especulación será menos corriente lo que junto a la mayor seguridad económica-financiera nos debe hacer recelar del posible debilitamiento de la potencia innovadora.

ESTADO

El comercio a través de mercados puede funcionar sin Estado; sin embargo el capitalismo tal como lo conocemos funciona en un mundo organizado en Estados. Sobre esta institución cabe preguntarse por sus límites, su ámbito y su tamaño.

En el primer bloque de problemas hemos destacado la soberanía y la competencia. En relación a la soberanía hemos tratado de argüir que la tendencia conservadora -que sería, digan lo digan, letal para la libertad creadora- no es necesaria dado que los argumentos de raigambre hobbesiana no se pueden sostener hoy y mucho menos en un futuro inmediato. En cuanto a la competencia hemos examinado cómo, en el futuro, será difícil mantener el capitalismo de amigotes y será, por el contrario, esperable que la iniciativa privada sirva para alinear incentivos privados y sociales.

En cuanto al ámbito del Estado nos planteamos dos argumentos que trabajan a favor de su reducción: el crecimiento del Tercer Sector y el desmantelamiento del Estado. Hemos visto cómo el Tercer Sector es una fuerza específica de la iniciativa privada que puede proveer algunos servicios públicos, alinea incentivos privados y sociales y está en una relación tal con el sector privado que, en conjunto, va a sustituir al Estado en algunas de las funciones que éste desempeñaba en los últimos tiempos.

En cuanto al desmantelamiento que podía discernirse en las privatizaciones o en la proliferación de agencias reguladoras independientes, hay que diferenciar entre sus efectos. Es positivo que la iniciativa privada recupere protagonismo y cabe pensar que la delegación en agencias independientes puede llegar a solucionar problemas de credibilidad del Estado; pero, por otro lado, tanto las privatizaciones como esas agencias pueden dar pie a la captura del Estado y a la emergencia del capitalismo de amigotes. Este peligro sólo puede eliminarse mediante la participación ciudadana y la emergencia de la opinión pública sostenido por unos medios de comunicación renovados. Pero, sea cual sea el resultado neto de estas fuerzas contrapuestas, lo que parece inevitable es la tendencia a aproximarnos a un Estado mínimo en cuanto a competencias se refiere.

El tamaño del Estado -o, equivalentemente, el número de "Estados"- es un tema mucho más difícil de atacar en sí mismo y de futuro mucho más opaco. Aquí hemos tratado de acercarnos a él de manera indirecta examinando el tamaño que deberían tener los "estados" o jurisdicciones a fin de proveer aquellos servicios que conforman el Estado mínimo.

Si tomamos la Educación como ejemplo de servicio público territorializado, el siguiente argumento parece trabajar a favor de jurisdicciones pequeñas en una sociedad plural en la que se plantea el trade-off entre las ventajas de los rendimientos a escala y la diversidad de preferencias educativas. Por un lado hemos de esperar que en sociedades heterogéneas se infra-produzca la Educación porque, digamos, los blancos y ricos no quieren financiar la educación de los pobres y negros. Y, por otro lado, sabemos que al trade-off es especialmente intenso en el caso de la Educación y de las diferencias raciales. Parece pues que la solución será una multiplicidad de jurisdicciones pequeñas coordinadas entre sí por una autoridad superior.

Si ahora miramos a la propiedad intelectual y a la defensa de la competencia como dos funciones no territorializadas e imprescindibles del Estado mínimo, ya que están llamadas a fomentar la innovación y la creatividad, podemos examinarlos de manera tal que nos digan algo respecto al tamaño óptimo de la jurisdicción en que deben proveerse. La propiedad intelectual ha adquirido una extensión excesiva que puede cegar la innovación. Si permitiéramos el funcionamiento de la iniciativa privada en la provisión de este servicio reduciríamos, probablemente, esa excesiva extensión. Y tanto más fácil es el ejercicio de esta iniciativa privada cuanto más pequeña sea la jurisdicción que delimita la capacidad de actuación. Un argumento similar, y similarmente tentativo, me ha llevado a argumentos en favor de jurisdicciones pequeñas a efectos de la defensa de la competencia.

POLÍTICA ECONÓMICA

Quizá sean las ideas sobre política económica las más heréticas de esta obra. Para comenzar he argüido que la posible contradicción entre la pretendida neutralidad teórica de la política monetaria y la lucha antiinflacionista de los bancos centrales se rompe en favor de la inutilidad de esos bancos centrales que no son ni necesarios ni suficientes para eliminar el peligro de inflación. Pero no sólo eso; sino que también he pretendido sugerir que su no suficiencia puede además ser utilizada para su captura y que su "accountability" será tanto mayor cuanto más descentralizada sea la política fiscal y menos fanático sea el banquero central.

Sin embargo lo más interesante y quizá lo más herético es la conclusión sobre la naturaleza de la política económica. Si bien hasta ahora parecíamos saber que el intervencionismo discrecional era pernicioso además de inútil, debido a falta de credibilidad, creíamos que un intervencionismo reglado podría suavizar el ciclo. La herejía consiste en argumentar y defender la idea de que las reglas fijas tampoco son creíbles por la globalización, la potencia de las TIC y, sobre todo, por la incapacidad de compromiso del Gobierno que, además, puede ser capturado como agente del Estado.

El resultado de estas herejías es que, si nos las creemos, y yo sí que me las creo, debemos pensar que la política económica no es sino el resultado de intentos sucesivos de capturar a los responsables de su ejercicio lo que le dotará de un carácter aleatorio poco halagüeño para la sabiduría convencional.

INSITUCIONES Y DESARROLLO

La importancia de las instituciones para el desarrollo económico siempre se ha reconocido; pero la dirección de su influencia no será ni obvia ni tal como solía entenderse hasta ahora. Pensemos, por ejemplo, en la democracia. La opinión pública reforzada por las TIC va a dificultar el trabajo de los grupos de presión, va a permitir la aceptación de sacrificios necesarios y también va a socavar las posibles ventajas de los regimenes autoritarios, al tiempo que transforma el ciclo político en un simple precio a pagar por la participación.

Por su parte la globalización propiciará una mayor inestabilidad; pero los cambios, aunque frecuentes, serán menos traumáticos en parte porque la opinión pública es universal en la sociedad del conocimiento y en parte porque un juego político más libre hace emerger pautas de conducta mucho más aceptables. En este juego democrático más libre propio del capitalismo que viene la importancia del statu quo disminuye.

Pensemos a continuación en la apertura comercial propia de la globalización. Hemos visto que, aunque deseable, no garantiza el desarrollo y puede dar origen a contagios financieros. Sin embargo tanto las TIC como la generalización de la información disponible disminuyen la probabilidad de aparición de esas crisis y evitan la transformación de los organismos multilaterales en agencias capturables o en emisoras de reglas fijas no adaptadas a cada caso.

La educación entendida como institución es también importante para el desarrollo y puede ser impactada por las TIC. Aunque la evidencia no es definitiva apostaríamos que las TIC pueden mejorar la educación para una cantidad dada de escolaridad y que, en consecuencia, acabarán probablemente empujando el desarrollo.

También hemos destacado que las instituciones juegan un papel en la distribución de la renta y en la evolución de la pobreza.

2. Disipación de Rentas

El hilo conductor o la característica común a todos los cambios que acabamos de destacar en el capitalismo es lo que llamaré disipación de rentas. En la introducción hacíamos alusión a este efecto de la globalización, la sociedad de la información y las TIC. En el Capitalismo que viene no hay lugar para la existencia de rentas. Nos referíamos a estos ingresos como aquellos que se debe al hecho de que su perceptor es propietario -o tiene derecho a los frutos - de un bien o servicio cuyo oferta no puede ser aumentada sea por razones naturales -tierra- o artificiales -farmacias o notarías-.

Ahora toca extender esta idea hasta hacer de ella el signo distintivo del Capitalismo que viene. Para ello primero hay que elaborar correctamente la noción de renta, una noción poco utilizada pero que tiene relación con otras nociones más modernas y que, en todo caso ha sido muy utilizada en otras épocas. Una vez perfilada la noción merece la pena examinar cómo casi todos los hallazgos que he mencionado a modo de resumen en el apartado anterior aparecen como una manera de eliminar esas rentas (o de repartirlas entre otros agentes).

En efecto, la exposición que acabamos de realizar respecto a las tendencias detectadas en la evolución del capitalismo debería hacer posible una inferencia evidente. La evolución del capitalismo está punteada por una tensión continua entre el refinamiento continuo y espontáneo de la estructura de mercados y la generación evolutiva más o menos espontánea de instituciones. Estas últimas muy a menudo dan origen a emergencia de rentas a favor de ciertos agentes que reciben más de lo que contribuyen. Por el otro lado la proliferación de mercados que muchas veces sustituyen a instituciones (como ocurre cuando un verdadero mercado sustituye a un conjunto de contratos), contribuye a que esas rentas vayan desapareciendo.

Pues bien, la globalización, la sociedad del conocimiento y las TIC contribuyen a la disipación de las rentas. Este es posiblemente el resumen más preciso que se puede hacer de todas las lecciones o hallazgos que hemos ido aprendiendo en los distintos capítulos. Me propongo ahora repasar cómo cada una de esas lecciones tiene algo que decirnos sobre la disipación de rentas, una vez perfilada esa noción.

La noción de renta

Adam Smith en el capítulo 9 del libro I de la Riqueza de las Naciones parece indicar que la renta de la tierra es un determinante del precio de su producto puesto que si desaparece la renta que puede obtener el dueño de un terreno determinado, este terreno se deja de cultivar y, en consecuencia, sube el precio de lo cultivado y finalmente también el precio de la tierra.

Sin embargo cuando hablamos de renta nos referimos en general a la renta de la tierra como determinada por el precio que obtiene su producto: "salarios y beneficios mas o menos altos son la causa de un precio más o menos alto, una renta más o menos alta es el efecto de ese precio más o menos alto". Esta última concepción es la que nos ha llegado a través de David Ricordo como rentas diferenciales cuantificadas por la diferencia entre el coste del producto en la peor tierra de las cultivadas y el coste menor en el que se necesita incurrir en las tierras de mejor calidad. Como el precio de lo cultivado ha de ser tan grande como para cubrir el coste de la menos productiva de las tierras, las otras tierras obtienen un beneficio "extraordinario" tanto mayor cuanto menor es su coste.

Es bastante intuitivo y no exige ninguna elaboración complicada admitir que esta renta diferencial que se genera en el margen extensivo es de naturaleza idéntica a la que se genera en el margen intensivo de acuerdo con la teoría de la productividad marginal de la tradición neoclásica posterior. Hemos de admitir pues que la renta emerge por una escasez ya sea en la cantidad o en una determinada calidad. Antes de Marshall fue Jevons que vio esto con claridad. Según dice Blaug en la página 86 de su Economía Theory in Retrospect, Jevons capta que la tierra, como todo input, tiene un precio de oferta (por debajo del cual no se vende) y que todo input, si está completamente especializado, gana una renta. Blaug explica esta visión así:

"el coste de cualquier input no puede bajar de lo que este input ganaría en su uso alternativo más remunerativo: la "ganancia de transferencia" de ese input. La ganancia de un input por encima de ese "precio de transferencia" constituye la renta... . Si la oferta de un agente es fija y sus servicios son específicos, las "ganancias de transferencia" son cero y el total de su remuneración es renta".

Si identificamos las "ganancias de transferencia" de un input con su coste de oportunidad estamos ya en el mundo conceptual de hoy que, sin embargo, también debe algo a la distinción marshalliana entre renta, asociada a los dones gratuitos de la naturaleza y la cuasi-renta que es equivalente al conocido excedente del productor.

Una vez generalizada la noción de renta como una retribución debida a una escasez esencial es muy fácil ver de donde puede surgir esa escasez esencial y cómo la correspondiente renta puede erosionarse. Dejando aparte el caso de la tierra que Alchian y Allen, en su libro Exchange and Production Theory in Use de 1994, todavía comparan con el caso de las "mujeres bellas", el origen de la renta puede estar en un monopolio que surge de una u otra manera pero que en ningún caso induce un incremento en la producción.

Estos dos autores nos hacen ver que

"hay maneras de hacer pagar al monopolista por su renta de monopolio. Los sobornos evidentes, las contribuciones políticas, los mayores impuestos como pago por los derechos de monopolio, los costes de la gente de relaciones públicas y de abogados para obtener derechos, licencias, franquicias o autorizaciones, son a veces suficientemente grandes como para compensar las rentas de monopolio".

En el caso en que hay restricciones de entrada a algún negocio o profesión de manera que cada año sólo unos cuantos seleccionados van a ser admitidos, los candidatos estarán dispuestos a gastar dinero para obtener ese derecho de admisión. Como antes las rentas obtenibles por la limitación de la oferta puede erosionarse de manera distributiva repartiendo parte de ella entre otras personas que, tal como se comprenderá, también están obteniendo rentas.

En general todas las licencias que hay que pagar para poder entrar en negocios como los medios, especialmente la radio y la televisión, o los servicios financieros son ejemplos de formas de erosionar la renta monopólica que se va a obtener más tarde. A veces esta renta que en principio iría al propietario del negocio, también se erosiona en mayores salarios a los empleados. Más en general yo me atrevería a decir que, como en los casos europeos en los que se subastó el expectro radio eléctrico para la puesta en marcha de los teléfonos móviles de tercera generación, lo que realmente no sólo erosiona en parte, sino que puede llevar a disipar totalmente la renta, es la competencia para obtener el derecho a ser ese monopolista que va obtener rentas la que las erosiona. Los competidores están dispuestos a pagar justo hasta el valor de esa renta de monopolio de forma que la renta desaparece. Gracias a la competencia, notémoslo.

En el próximo apartado vamos a tratar de ver como El Capitalismo que viene se va a transformar en una gran maquinaria de disipación de rentas.

Disipación de Rentas

A pesar de que el concepto de renta es antiguo lo habíamos mencionado antes al menos una vez al hablar de la "búsqueda de rentas" en conexión con el mecenazgo y el hecho de su existencia es bien actual, tal como se desprende de manera paradigmática del análisis que hemos hecho en su momento de la propiedad intelectual.

Recordemos que al hablar de Fundaciones dentro de la actividad de mecenazgo correspondiente al Tercer Sector, dije que había que prestar una atención suspicaz a la utilización de dicha figura como una forma de "rent seeking". Se trataría de una Fundación que por haber adquirido una especie de reputación (o quizá la habilidad real) de llevar a cabo cierto tipo de actividades que se admiten como admirables, era capaz de atraer fondos de otros agentes que quieren participar de esa reputación.

Vemos pues cómo la renta que mencionábamos se refería a un pago -o ingreso para la Fundación- que se debe no al valor que proporciona al que requiere sus servicios; sino al hecho de que es el único agente que puede hacerlo. En este caso, como en otros, es posible que la adquisición de estas rentas no sea bruta pues hay costes asociados a su consecución. Labrarse la reputación es costoso y también lleva tiempo y esfuerzo convencer a alguna empresa interesada en la R.S.C. que tu fundación es el vehículo adecuado. Naturalmente si la renta neta es positiva y no hay barreras de entrada se formarán otras Fundaciones con la misma finalidad de extraer renta y la competencia entre ellas acabará eliminando dichas rentas.

Cuando hablamos de disipación de rentas nos referimos a ambos fenómenos. Tanto a que puede ser necesario repartir las rentas con otros -como los propios empleados de la Fundación si cooperan a la reputación- como a que la competencia propia de la iniciativa privada puede eliminarlas. Erosión y eliminación caben ambas dentro de la noción de disipación.

Recordemos ahora como ejemplo paradigmático de la creación de rentas el de la propiedad intelectual que se plasma en copyrights y patentes. En ambos casos se trata de una extensión meramente legal y completamente artificial del derecho de propiedad de manera que se crea un monopolio -más o menos temporal- que genera la correspondiente renta monopólica. Su importancia es grande cuando hablamos de bienes digitales. De acuerdo con Paul Romer, en un artículo citado en su momento, son tan grandes que habría que buscar otras formas de incentivar la creatividad.

Este ejemplo muestra también las dos facetas posibles de la disipación de rentas. Estas pueden ser erosionadas si para que se me conceda una patente tengo que sobornar a alguien en la agencia que las concede o si tengo que hacer cualquier otro pago colateral. Pero también pueden ser eliminadas si la iniciativa privada, apoyada en las nuevas tecnologías, permite saltarse las barreras de entrada establecidas artificialmente.

Lo que ahora pretendo hacer es discutir cómo y en qué medida el capitalismo al que nos dirigimos a marchas forzadas va a disipar rentas. Para ello repasaré cada uno de los "hallazgos" que he resumido en la sección anterior, utilizando el concepto de rentas que he acuñado en el apartado anterior en base al repaso efectuado de su historia intelectual.

PROPIEDAD

El análisis del socialismo de mercado me ha hecho comprender que la falta de posibilidades de apropiación eliminaría los incentivos a comportarme como el planificador central me invita a hacerlo: como un tomador de precios que quiere maximizar su función objetivo. El mismo resultado que se puede obtener en el socialismo de mercado con agentes "creyentes", puede alcanzarse con la competencia. Los agentes "creyentes" conocen los "precios sombra" que sostienen la asignación deseada y que reflejan el "coste de oportunidad" y, por lo tanto, no dejan espacio a la renta.

Si para que actúen de acuerdo con el planificador central hay que hacerlos "creyentes" hay que incentivarles mediante una renta (quizá un premio mensual). Si en un mercado libre yo trabajo o entro como empresario en un sector determinado es porque puedo apropiarme de las rentas -o cuasi-rentas- pero esto emite una señal para nuevos entrantes que acaban eliminándolas. He conseguido un resultado mejor que en el socialismo de mercado. Curiosamente esta no era la crítica de Hayek a los trabajos de Lange y Taylor aunque podría y debería haberlo sido ya que va más allá del problema de la dificultad del cálculo.

Acabo de ver cómo el mecenazgo es, o podría ser, una forma de allegar rentas. He dicho que, sin embargo es de esperar que estas se erosionen o se eliminen totalmente. Añado ahora que si el mecenazgo es el que yo he mencionado en el texto como genuino, se trata de una actividad que acaba creando mercado y que, en ese sentido puede generar una renta monopólica inicial; pero es obvio que la libre entrada acabará con ella.

El caso de la ciencia ofrece una visión tangencial alternativa que nos lleva al mismo resultado. El científico, en la medida en que es el primero en descubrir algo adquiere rentas, incluso más allá de las patentes (ya estudiadas como origen de rentas), en el sentido de adquirir una reputación excepcional medida en número de citas.

Este tipo especial de renta se puede perpetuar porque el gregarismo presente en la ciencia constituye una barrera de entrada para ideas alternativas. Sin embargo en la sociedad del conocimiento esas ideas alternativas saldrán simplemente de relacionar ideas no ganadoras que han sido abandonadas y que recicladas pueden socavar o erosionar la reputación de las ideas ganadoras. Dejo para más adelante el análisis de cómo funciona la disipación de rentas en relación con otros fenómenos que hemos estudiado en los otros capítulos de la Parte II.

EMPRESA

Podemos detectar cómo el capitalismo que viene puede disipar rentas que se generan en el ejercicio de la actividad empresarial. Si consideramos a la empresa como una actividad productiva que se va a transformar de modo tal que esperamos una distribución especial de la población de las mismas, topamos con una nueva forma de generación de rentas y con su correspondiente disipación. Cada una de las pocas empresas grandes (como planetas) procurará apretar a las pequeñas que son sus proveedores y que conforman el conjunto de sus satélites. Esto genera una renta a una empresa grande debido a que su beneficio extra se debe a su tamaño. Sin embargo las TIC permiten la asociación variable de satélites, de un mismo planeta o de planetas diversos, que plantarán cara a los planetas eliminando la renta que sabían, querían y podían extraer.

A efectos de disipación de rentas el gobierno de las empresas ofrece ejemplos muy ricos en matices. Por un lado la transparencia. La contabilidad creativa es una gran maquinaria de producir rentas y la transparencia puede parar esa máquina aunque también puede ser la gran coartada para mantenerlas. En este caso seguramente las rentas, de Enron digamos, se erosionan al tener que "sobornar" a Arthur Ardersen (si ese hubiera sido el caso).

Digamos también que los ejemplos que hemos visto en los que la transparencia no era necesariamente recomendable, pueden ser entendidos como ejemplos de erosión, eliminación, disipación o trasvase de rentas. Por ejemplo, la mayor o menor centralización de un mercado de valores (y por lo tanto la mayor o menor transparencia) tiene influencia en el reparto de rentas entre el "market maker" y el inversor.

Por otro lado la tensión entre el "shareholder value" como criterio de gestión empresarial y la "stakeholders society" como sistema revela el juego de las rentas y de su disipación. Pongamos un ejemplo: Los Stakeholders pueden estar relacionados con la empresa a través de rentas positivas creadas mutuamente: el Ayuntamiento apropiado -cerca de un río navegable por ejemplo- genera rentas a la empresa que se instala allí y esta empresa genera rentas al Ayuntamiento pagando impuestos que no hubieran llegado de otra forma. Como se explica en el capítulo correspondiente la emergencia futura de un mercado que permita intercambiar los intereses de los stakeholders permitirá la eliminación de ambas rentas.

MERCADO

Referirse al mercado cuando se está intentando mostrar cómo el futuro desarrollo del capitalismo va a disipar rentas representa como el punto fijo del argumento o el fulcro de la palanca con la que se pretende eliminar esas rentas. Muy a menudo es la iniciativa privada la que disipa rentas mediante el uso de los mercados existentes. Pero también se da el caso de que esa iniciativa privada lo que hace es construir un mercado como una institución que sustituye con ventaja a otras que generaban rentas colaborando así también a disipilarlas.

Si comenzamos por este segundo caso, el examen de la posible formación de un verdadero mercado organizado de trabajo nos ilustra sobre la forma en que pueden disiparse rentas generadas por una institución alternativa. Esta institución alternativa podría ser el conjunto de contratos en que se plasman las relaciones laborales. Estos contratos conforman como el embrión de un mercado thin en el que hay toda clase de rentas o causi-rentas tanto para el empleado (que puede aprovecharse de falta de sustitutos a corto plazo) como para el empleador (que, asimismo, puede no tener que competir para la adquisición de los servicios del trabajador).

Pues bien, a medida que los costes de transacción disminuyen en el capitalismo que apunta, nos encontraremos con que le merece la pena a la iniciativa privada, en forma de intermediarios, ir convirtiendo ese embrión thin en un embrión thick que, eventualmente puede llegar a convertirse en un verdadero mercado en el seno del cual tanto empleados como trabajadores aparecen como sustituibles eliminado cualquier resto de cuasi-renta.

En realidad este ejemplo estereotipado tiene dos virtualidades interesantes. Por un lado evita que tengamos que repetir lo que es obvio y como tal a veces no se percibe, que la Bolsa como mercado organizado elimina todas las cuasi-rentas que surgen inevitablemente en las relaciones entre empresa y cliente por razones de poder de mercado, o entre gestor y accionistas por la desalineación de incentivos o incluso entre accionistas por la misma razón.

La Bolsa en efecto puede forzar al monopolista a erosionar su propia renta monopólica ofreciendo unos mayores dividendos de forma que la rentabilidad sobre recursos propios o la relación price/earnings ratio (per) sea similar a la de las otras empresas. Pero no solo eso; sino que también puede eliminar la renta de la que puede disfrutar un gestor poco dedicado por medio del mercado del control de empresas (OPAS) y, más en general, permite la salida de accionista a costa de los cuales otros pueden estar obteniendo una renta diferencial.

Por otro lado, si miramos bien a la creación de mercados notamos que esa creación puede ser parte de la eliminación de la ocasión de hacerse con rentas que proporciona la existencia de externalidades (en las que alguien puede sobornar a otro para no afectarle negativamente mediante su actividad fuera del mercado) o la existencia de bienes públicos (que proporcionan una renta positiva al free-rider). Estas ocasiones de hacerse con rentas desaparecen en cuanto se crean mercados ya que tanto externalidades como bienes públicos no son sino ejemplos de falta de mercados (y no fallos de mercado tal como en general, se les califica).

El estudio de los mercados de aseguramiento que podrán surgir como tales mercados organizados para la cobertura anónima y generalizada de muchas contingencias no cubiertas hasta ahora, nos hacer ver que esos mercados no solo eliminan rentas, en el mismo sentido que lo hace la organización de mercados financieros (Bolsa) o el posible mercado de trabajo organizado, sino que además sirven para dejar obsoletas otras instituciones en las que se plasman otras maneras de erosionar rentas tales como son muchas instituciones fiscales (de ingresos y gastos) que pretenden incorporar la solidaridad, el altruismo o la equidad.

Sin embargo quizá la mejor manera de mostrar cómo el futuro del capitalismo puede caracterizarse como el tiempo de la disipación de rentas, es considerar el fenómeno de la especulación en general y el de las burbujas en particular. Estos son el mejor ejemplo de rentas diferenciales provenientes de la asimetría inicial de la información que, al irse propagando, se distorsiona y va creando artificialmente unas rentas crecientes que cada uno cree poder apropiarse pero que socialmente son imposibles de apropiar.

Estas rentas se disipan solas cuando el castillo de naipes se derrumba; pero por el camino alguien ha podido apropiarse de algunas cantidades que tienen esa categoría de renta. Pues bien en el capitalismo que viene no es que se vaya a evitar que las burbujas exploten o que alguien se aproveche de ellas; sino que lo que va a ocurrir es que la especulación no surgirá.

ESTADO

Si bien en una cierta concepción del capitalismo que representa la situación del siglo XX, el Estado ha sido considerado como la solución natural a los fallos del mercado, en la concepción que se desprende de estas páginas el Estado es el gran generador de rentas mediante la concesión de monopolios legales. Si quiero argüir que El Capitalismo que viene es el gran disipador de rentas, tengo que argüir que la captura del Estado efectuada de una u otra manera y que acabará conformando un statu quo aparentemente inexpugnable propio del capitalismo de amigotes, es algo que se va a hacer difícil.

Este es un tema muy general que ha ocupado la mitad de este volumen. Pero en este momento me limitaré a tratar de conocer el campo de batalla en donde se dirime la tensión entre los que pretenden capturar al Estado para generar rentas y las fuerzas que trabajan a favor de su disipación.

El Estado tiene formas evidentes de generar rentas y de asignárselas a quién desee. El sistema fiscal es el más evidente; pero haré abstracción de él basándome en la posibilidad existente en las sociedades democráticas con una amplia opinión pública de controlar al legislativo y al ejecutivo. Me fijaré en otras fuentes de rentas menos obvias.

La primera, y relativamente evidente, es la provisión de bienes públicos. Para conseguir el óptimo hay que organizar sistemas "ingenieriles" para adquirir la información adecuada que, en general, son deficitarias lo que exige un esfuerzo fiscal que resulta ser una renta a favor de los usuarios. Para evitar esto se concederá a la iniciativa privada la gestión de los correspondientes servicios públicos de forma que, si hay competencia suficiente, se logrará alinear los incentivos privados con los sociales, eliminando así las rentas.

La segunda y más evidente fuente de rentas controlada por el Estado, surge precisamente del régimen de concesiones para el ejercicio privado de los servicios públicos. Las privatizaciones en este caso (y en general) pueden dar ocasión de generar grandes rentas, lo mismo que la delegación de mucho poder regulatorio en agencias independientes, aunque esta delegación constituye una tercera fuente de renta, menos obvia.

En principio la delegación en una miriada de agencias reguladoras independientes dificulta la captura por parte de los amigotes de cada una de ellas. Sin embargo el propio gobierno puede manejarlas fácilmente ya que la delegación es siempre revocable, de forma que los amigotes intentarán capturar al gobierno que al hacerse mas pequeño, por el desmantelamiento de sus labores reguladoras debido a la creación de las agencias independientes, es menor y más fácil de capturar.

En consecuencia nos encontramos con que la única manera de eliminar las rentas que el Estado puede generar es dejar que haya competencia en la provisión y gestión de los bienes o servicios públicos y tratar simultáneamente de que el Estado con competencias reducidas no sea fácilmente capturable. Pues bien en el futuro ambos requisitos irán camino de satisfacerse.

Es fácil argüir que la iniciativa privada irá haciéndose con la gestión de lo público porque es teóricamente posible y porque ya lo esta haciendo. Es más difícil argüir que el capitalismo de amigotes podrá ser socavado. Sin embargo esto ocurrirá si el número de Estados (o equivalentes nociones jurisdiccionales) aumenta. Cada uno será más pequeño y más fácil de capturar en principio; pero los presuntos captores también son menos numerosos, mejor identificados y más fáciles de controlar por la opinión pública. La competencia entre Estados (o nociones equivalentes) para la regulación de la propiedad intelectual o de la defensa de la competencia (dos instancias cruciales para evitar la generación de rentas artificiales provenientes de la excesiva extensión de la primera o de la excesiva permisividad de la segunda) es tan buena como la competencia fiscal. Los argumentos generales que se escuchan en contra de la competencia fiscal no son más que la muestra evidente de que las fuerzas que pretenden la captura del Estado, la conformación de un statu quo y la puesta en práctica del capitalismo de amigotes, están pero que muy vivos.

POLÍTICA ECONÓMICA

El incentivo a capturar el Gobierno está justamente en que desde él uno puede hacerse con rentas muy sustanciosas. Dejando aparte el ejemplo más obvio, el de ese "seignoriage" que genera cantidades ingentes al Banco Central que acaban en las arcas públicas, la política fiscal puede generar rentas y repartirlas tanto desde la vertiente del ingreso (favoreciendo justa o injustamente a ciertos colectivos de contribuyentes) como desde la vertiente del gasto, volcándolo en ciertas regiones o en ciertos grupos de contribuyentes otra vez.

Podríamos seguir haciendo una lista de otras políticas económicas y veríamos cómo todas ellas son generadoras de rentas; desde la educación y la sanidad, pasando por las diversas formas de no proceder a la apertura comercial internacional y llegando a la política de defensa de la competencia.

Porque la política económica es un obvio origen de rentas surge el deseo competitivo de hacerse con los organismos reguladores. Y esta competencia por capturar al regulador es la que hace de la política económica algo aleatorio e impredecible pues en general genera un proceso de disipación de rentas y, muy en particular, en el capitalismo al que nos dirigimos en el que la globalización acabará erosionando el poder sindical a través de la inmigración, en el que las rentas provenientes de monopolios artificiales relacionados con la propiedad intelectual se erosionarán significativamente a causa de las nuevas tecnologías y en el que, en general, no podrán explotarse ventajas informacionales porque las TIC las eliminarán.

INSTITUCIONES Y DESARROLLO

Las instituciones que surgen del juego político libre sirven tanto para generar rentas como para erosionarlas. La democracia es el mejor ejemplo puesto que puede ser utilizada para alcanzar un statu quo privilegiado en el que florecen las rentas y que puede ser difícil de desmontar. Cuando sin embargo las TIC convierten a los sistema electorales proporcionales en prácticamente una democracia directa, el interés por alcanzar el poder y enrocarse en él disminuye pues es más fácil cambiar el statu quo de manera que no hay mucho incentivo a constituirse en tal ya que las rentas obtenibles son efímeras.

Las tarifas, cuotas o cualquier otro freno a la libre circulación internacional de bienes y personas son instituciones o medidas que generan rentas. Su eliminación mediante la apertura comercial puede no traer los beneficios esperados por lo que los beneficiados por las rentas van incrementando su arsenal de argumentos en contra. Por ejemplo, eliminar la protección a la agricultura europea podría no servir para desarrollar otros países pues muy posiblemente lo que se pudiera conseguir se debilitaría por los arreglos institucionales en los países en desarrollo que acabarían generando rentas a favor de los poderosos dificultando la erradicación de la pobreza. La receta adecuada no es ni mantener la política agraria ni, como se pretende ahora, la construcción del Estado porque, como ya sabemos, el Estado es un gran generador de rentas. La receta es convertir esos países, ahorrándoles pasos, en países capitalistas del mañana en los que la iniciativa privada, incluso en las instituciones, contribuye a disipar rentas.

3. Terrorismo

Puede parecer intempestivo introducir en el Epilogo a esta obra una sección sobre terrorismo; pero hay una explicación para ello. Y, de hecho, es una razón doble. No parecía haber un lugar previo para discutir un fenómeno ya viejo pero que ha cobrado bríos, presencia mediática y una naturaleza poco reconocible, a partir del 11 S. En efecto, antes de este Epílogo ni habíamos introducido ni la noción de renta, o su disipación en un capitalismo inmediato, ni habíamos sido capaces de abordar el carácter no humanista de este capitalismo hasta el último capítulo de la última parte, cuando van a ser estas dos nociones sobre las que va a bascular de manera implícita mi pensamiento sobre el terrorismo, justificando así su tardío tratamiento en esta obra.

Cualquier que sean las razones últimas que se usen para tratar de explicar y entender el terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones yo me atrevo a introducir una nueva consistente en el desesperado y criminal intento de disipar rentas que aunque no se conceptúan así, se transparentan como tales en cualquiera de los discursos terroristas que subrayan pretendidas injusticias, supuestas inmoralidades o presunto desconocimiento de derechos adquiridos. En este sentido el terrorismo no sería sino un intento de cortar un nudo gordiano (que no me permite ocupar la posición que me generarían las rentas diferenciales) en lugar de desatarlo mediante la competencia en los mercados.

Por otro lado, y como trataré de explicar con cuidado, el capitalismo que he tratado de delinear como horizonte del actual, es un sistema complejo que, además de no ser un Humanismo, se comporta como un sistema aleatorio que se hace casi inmune al terrorismo internacional de nuevo cuño. Como se verá, si esta idea es correcta el peligro terrorista en Capitalismo que viene no estará en el internacional, reticular y no territorial sino en el viejo terrorismo nacional, territorial y muy localizado que no se contemplará más que como una contingencia más de ese sistema complejo que no tiene nada que ver con el Humanismo.

En el capítulo III.3.1. dedicado a explorar los límites del Estado utilizábamos el concepto de soberanía como espina dorsal de la comprensión de lo que debe ser un Estado democrático liberal, y lo hacíamos a partir del estado de naturaleza hobesiana como una situación que acaba desembocando en un estado de guerra a través de los siguiente pasos:

"la igualdad... conduce a una igualdad en la esperanza de obtener nuestros fines, esta igualdad en las esperanzas -dado la escasez de medios- sitúa a las personas en una situación de competencia generalizada y las convierte en enemigos potenciales; esta competencia... siembra la desconfianza; este desconfianza, a su vez, potenciada por las posibilidades de que otros se dejen arrastrar por su ambición y su deseo de gloria... ,les lleve a la convinción de que una actividad predatoria es quizá más rentable que la propia actividad productiva, y que bajo circunstancias favorables un ataque anticipatorio (énfasis mío) permite gozar de una mayor seguridad siempre relativa. Cuando este estado de cosas se generaliza y todos se encuentran por igual en esta situación latente o expresa de conflicto generalizado, estamos ya en pleno estado de guerra" ( Vallespín, pp. 281-2)

Este estado de guerra al que lleva inexorablemente la naturaleza humana en ausencia de un contrato que especifique de quién es la soberanía es muy parecido a la situación global en la que hoy nos encontramos guerreando entre el terrorismo internacional y los que se defienden de él mediante la guerra preventiva. En esta sección pretendo entender la naturaleza de este terrorismo desde mi particular punto de vista más o menos económico y ofrecer alguna idea sobre la mejor manera de defenderse de él, teniendo en cuenta que la seguridad física es una de las funciones que no pueden desaparecer del ámbito del Estado mínimo al que nos referíamos en el capitulo III.3.2.

Naturaliza de Terrorismo

No es de extrañar que desde el 11 de septiembre del 2001 la reflexión sobre el terrorismo se haya extendido en direcciones varias. Conocemos bastante acerca del sustrato islamista del terrorismo internacional con sus diferentes familias, conocemos detalles de aquellos atentados, hemos asistido a la reacción frente ellos desde Afganistán a Irak y desde el 11 de Marzo del 2003 los españoles nos sentimos más concernidos que nunca hasta el punto de que las ramificaciones de los atentados de Atocha han condicionado durante mucho tiempo nuestra política interior.

Entre las direcciones que ha seguido la reflexión, la económica sólo se ha recorrido de manera parcial. Hay estudios de urgencia sobre el impacto económico de los atentados del 11S, estimaciones sobre los efectos que las reacciones de Bush, propiciadas por su campaña contra el "eje del mal", pueden acarrear e incluso algunos acercamientos sobre las finanzas de la yihad. Pero estamos faltos de comentarios económicos o de economistas sobre el fenómeno del terrorismo en sí o sobre la deriva de su naturaleza desde un terrorismo territoralizado a uno reticular que no tiene base física en ningún territorio determinado.

Respecto al primero existen trabajos meritorios sobre el coste para el País Vasco del terrorismo de ETA y también disponemos de algunos intentos inteligentes de aplicar la teoría de juegos a la tensión entre el Estado y ETA; pero el terrorismo de esta última organización de malhechores es de una naturaleza distinta y más antigua que la de la red Al Qaeda responsable de la tragedia de las torres gemelas, y del atentado de Atocha.

Sin embargo sí he topado con dos trabajos de corte filosófico relativos al 11S que me parecen de interés. Curiosamente esos dos trabajos a los que ahora me referiré, y que no tienen nada que ver con la perspectiva económica, me han evocado algunos conceptos económicos de carácter más o menos abstracto a los que ya nos hemos referido en este trabajo y que quizá, (como en una jugada de frontón a dos paredes) nos podrán ayudar a comprende mejor la naturaleza del nuevo terrorismo y a profundizar nuestra conceptualización de algún otro asunto económico.

Reflexiones Filosóficas

El primer trabajo al que me quiero referir es L'esprit du terrorism que Jean Baudrillard publicó el 3 de noviembre de 2001 en Le Monde y que posteriormente se ha editado en forma de libro. De entre sus sugerencias siempre perceptivas me gustaría destacar dos.

Por un lado el carácter suicida del ataque cambia las reglas del juego o más bien las elimina completamente. Para Baudrillard esto no sería sino el estiramiento hasta la crispación total de una tendencia que observamos en la sociedad ya que, de hecho, el hundimiento de las torres, como algo inesperado y distinto del impacto de los aviones suicidas, simbolizaría el suicidio de nuestro sistema social que muestra directamente así su más que real fragilidad. Por otro lado el acontecimiento vivido en directo por el mundo a través de las imágenes televisivas es un ejemplo evidente de la banalidad y transparencia del mal. El mal es algo simple y sin recovecos: destruye lo que dice querer destruir y no parece que persiga conseguir nada a cambio.

A diferencia del terrorismo del siglo XX que tenía, y tiene en la medida que continúa, finalidades reales y específicas, este nuevo terrorismo del siglo XXI sería pura simbología y en este sentido reflejaría muy nítidamente la exigencia airada de transparencia total en la conducta de las corporaciones. Pero esta transparencia total es a su vez muestra, indirecta esta vez, de la fragilidad ya mencionada del sistema económico. Una vez eliminados todos los secretos ya no hay últimas defensas, planes alternativos contingentes o ases en la manga; hay sólo lo que hay y si esto que hay se rompe no hay esperanzas de arreglo. La limpieza total nos ha dejado sin defensas como una piel excesivamente frotada con agua y jabón.

Pues bien esta fragilidad y esta transparencia total son dos categorías que no pocos economistas asociarían al sistema económico al que nos acercamos poco a poco y que yo estoy tratando de analizar como ese Capitalismo que viene. No es difícil caer en la tentación de pensar que el funcionamiento del capitalismo en el que ya estamos parece como un arriesgado número de circo efectuado sin red, es decir como sostenido únicamente por la interacción entre los propios mercados que, por su parte, no se sostienen en nada externo a ellos.

A mi juicio no hay idea más interesante que este auto-sostenimiento del sistema de mercado; pero cuando uno lo piensa en toda su profundidad no hay más remedio que reconocer, en ausencia de otras instituciones, su extrema fragilidad simbolizada por la implosión de las torres gemelas al derretirse sus varillas arquitectónicas maestras. De esta fragilidad se deriva el interés por el Estado al que hemos dedicado tres capítulos en la parte III de este trabajo.

El segundo trabajo que ha caído en mis manos es Temblores de Aire. En las Fuentes del Terror, de Peter Sloterdijk, traducido por Germán Cano y editado por Pre-textos en el 2003 con una introducción de Nicolás Sánchez Durá. Si cito al prologuista es porque a él se debe el paralelismo entre la saturación del espacio sobre la que elucubra Sloterdijk y la conocida movilización total de Jünger.

El primero nos hace ver con su espléndida retórica que el terrorismo hoy es la prolongación inevitable de la tecnología de la manipulación del medio ambiente que permite eliminar las condiciones de vida de cualquiera y de todos. Una guerra química o bacteriológica así como el nuevo terrorismo, eliminan la capacidad de vivir, no apuntando directamente al cuerpo del enemigo para eliminarlo como en la guerra o el terrorismo convencional, sino imposibilitando la vida de ese cuerpo, que por el mero hecho de respirar, actividad necesaria para la vida, aspira gas letal y se "suicida" (la fragilidad otra vez).

No hay pues refugio frente a esa guerra o a ese terrorismo de la misma forma que no hay abrigo en la guerra total asociada a la movilización total de Jünger: seas lo que seas estás movilizado y no te queda espacio para la persecución de tus objetivos individuales en esa especie de correlato de la transparencia total. En ambos casos, el de la saturación del espacio y de la movilización total, no hay ni tiempo ni lugar para reflexionar y desde el que ejercer tu autonomía personal. Como vemos la fragilidad y la transparencia total vuelven a surgir a partir de las ideas de otro filósofo y ahora, no sólo nos hacen ser conscientes del peligro potencial de un sistema que se sostiene a sí mismo; sino que ahora también nos pone en guardia sobre la posibilidad de que la promesa de realización personal a través de la iniciativa privada a la que nos hemos referido a menudo no sea sino un espejismo irreal.

Analogías Económicas

Hasta aquí dos reflexiones filosóficas sobre la naturaleza del terrorismo internacional (o mejor quizá transnacional) nos han advertido de manera especular sobre los peligros latentes en el capitalismo. Ahora trataremos de continuar con este juego de espejos y utilizar a la economía para reforzar nuestro conocimiento sobre el terrorismo de este principio de siglo. A continuación me referiré a dos nociones abstractas que podemos considerar no sólo profundas sino pilares fundamentales del análisis económico: la racionalidad y el mercado a los que ya hemos prestado atención extrema en este trabajo lo que explica alguna repetición de debe ser examinada.

El primer pilar del análisis económico al que me quiero referir es el de la racionalidad individual. Puesto que en el Capítulo I.1 de este trabajo le dedicamos una atención minuciosa me será permitido hacer uso de una metáfora un poco frívola que utilicé hace pocos años y que ahora me servirá para abreviar.

En el reciente pasado me he referido en efecto a la racionalidad sugiriendo que el rumor sin sentido de los concursantes de Gran Hermano me evocaba la sopa primigenia de la que nace la vida, mientras que la sobredosis de racionalidad asociada al diseño (en el que todo tiene su función y no hay nada arbitrario) me evocaba la muerte. La moraleja era entonces, y sigue siendo hoy, que hay que ser sabios, no sólo racionales, para saber prescindir del uso de la escueta racionalidad funcional en algunas ocasiones con la finalidad de mantener una reserva de capacidad creativa a ejercer en circunstancias no previstas.

La racionalidad excesiva que yo asociaba al diseño, y que hoy asociaría a la transparencia total, podría generar otra vez una enorme fragilidad. Recupero así, desde el mismo corazón de la economía, dos nociones que para los filósofos se asocian al mundo actual simbolizado por el terrorismo transnacional islamista.

Paso ahora a examinar el otro pilar fundamental del análisis económico que es, naturalmente, el mercado. Describiré la trama de lo que ha dado en llamarse estructura (in)completa de mercados, un tema complicado que según cómo se explique, puede no tener nada que ver con la saturación del espacio de Sloterdijk, o con la movilización total de Jünger, o ser su más exacto correlato.

La manera convencional de tratarlo comenzaría por suponer que, además del conjunto de individuos, están dados el número de empresas, cada una de estas últimas con su tecnología propia que especifica cómo unas mercancías de las dadas se convierten en otras mercancías de las dadas, y el número de mercancías cada una identificada por su naturaleza física y la fecha y el estado de la naturaleza en el que estará disponible.

El problema genérico es encontrar un vector de precios, uno para cada mercancía dada, una asignación de bienes a cada consumidor dado y un plan de producción para cada empresa dada, tales que cada consumidor maximice su utilidad sujeta a su restricción presupuestaria a esos precios y cada empresa maximice su beneficio desde su tecnología, de forma que cada mercado se vacíe. En esta descripción convencional la estructura de mercados es completa, es decir todos los mercados (spot, de futuros o contingentes) están hoy operativos de forma que el tiempo no juega ningún papel y de forma que, además, tal como se puede mostrar fácilmente la asignación es eficiente. Desde este punto de vista convencional la estructura incompleta de mercados no plantea ninguna ruptura profunda en el análisis.

Tal como hemos visto en el http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo/mercado.htmlcapítulo III.2.1 dedicado, lo mismo que el III.2.2, al mercado, cuando no existen todos los mercados o el sistema financiero no tiene full rank, el tiempo sí importa, las expectativas cuentan y, tal como vimos la asignación de equilibrio no es eficiente. Todo esto es cierto; pero no representa ninguna ruptura conceptual. Sea completo o no la estructura de mercados podríamos decir que el "espacio está saturado", como diría Sloterdijk o que la "movilización" de los recursos es "total" tal como comunicaba Jünger.

Sin embargo hay otra manera menos convencional, o menos neoclásica si se quiere, de mirar a la estructura de mercados y que resuena con reminisciencias austriacas. Y de esta mirada alternativa surge una sorpresa que me interesa destacar. El número y naturaleza de empresas y mercancías debería ser endógeno. Si se forma un cierto conjunto de coaliciones productivas (empresas) tendremos un cierto conjunto de mercancías; pero si se formara un conjunto distinto de coaliciones productivas el conjunto de mercancías disponibles sería distinto. En consecuencia, es instructivo reparar en que, en el equilibrio, el conjunto de mercancías que se producen y se consumen no es sino un subconjunto de las posibles.

En una situación así, que contrasta con la convencional, cualquier cambio en gustos o en tecnología acarrea un cambio en el conjunto de mercancías disponibles. Como los cambios tecnológicos pueden ser el resultado de la labor innovadora, nos encontramos en presencia de la destrucción creativa de Schumpeter. De acuerdo con el cambio tecnológico algunas empresas desaparecerán mientras nacen otras que nos proporcionarán nuevas mercancías y quizás un mayor bienestar. Pues bien, si esta mejora continua es posible es porque no hemos agotado en la práctica el catálogo de bienes concebibles que existen en el cielo platónico; la movilización nunca es total, ni el espacio está saturado.

Los terribles mundos imaginados por Sloterdijk o Jünger corresponden a la concepción convencional y nunca se harán presentes en el mundo Schumpeteriano que acabo de describir. La destrucción creativa de Schumpeter niega, en efecto, la concepción del terrorismo elaborada por Sloterdijk.

Una vez examinados críticamente los dos pilares del análisis, estamos en disposición de cumplir la promesa de iluminar la naturaleza del terrorismo desde ese análisis económico, destacando los paralelismos tanto con la fragilidad y la transparencia que Baudrillard destaca, como con la saturación del espacio de Sloterdijk o la movilización total de Jünger ayudándonos así a la comprensión del fenómeno terrorista en sus diferentes formas.

El terrorismo suicida de Al Qaeda es como la imagen especular del sistema económico al que nos acercamos y que estamos intentando comprender en este trabajo. La fortaleza de ese terrorismo, evidenciada por la imposibilidad de castigar al suicida, es como la fortaleza de los mercados convencionalmente considerados, con estructura completa o incompleta y que funcionan, eficientemente o no, pero que no disponen de alternativas. Esta fortaleza entraña y encubre sin embargo una fragilidad tan peligrosa como esa fragilidad que sentimos individualmente cuando hemos usado nuestro ingreso de manera racional para maximizar nuestra satisfacción sin guardar nada bajo el colchón y colocando todo el ahorro en lo que el propio mercado ofrece en forma de instrumentos financieros que siempre entrañan riesgo.

El terrorismo de ETA, por el contrario, se parecería al sistema económico de mercado con formación endógena de nuevos bienes y nuevas empresas (que, desde el punto de vista comercial, podría parecer menos desarrollado ya que en cada momento no cuenta con todos los mercados concebibles). El terrorista de ETA no se suicida, no corre excesivos riesgos sino que se protege la salida, no se lo juega todo en ningún momento. El terrorista de Al Qaeda se lo juega todo, de ahí su fragilidad; el de ETA tiene siempre una salida, como quién oculta su ahorro en el colchón, de ahí su flexibilidad y, al final su resistencia.

Si mis analogías son correctas aprendemos que el terrorismo Al Qaeda desaparecerá por su fragilidad mientras que el de ETA, que asesina objetivos individuales, puede durar a no ser que evolucione hacia unas formas reminiscentes del terrorismo de Al Qaeda como podría ser una limpieza étnica en la que se eliminan las condiciones de vida de poblaciones enteras como cuando se envenena el aire o el agua y se obliga al "suicidio" de esa poblaciones, en cuyo caso diríamos que se fragiliza.

Así termina mi exposición sobre la naturaleza del nuevo terrorismo transnacional. No he dicho nada sobre su origen islamista o sobre choque de civilizaciones o sobre el odio a Occidente por parte del fundamentalista religioso que se habría quedado atrapado en un mundo medieval no apto para admitir la democracia o el mercado. He procurado por el contrario subrayar el paralelo con ciertas concepciones de los pilares básico del análisis económico, que, a su vez reflejan la opinión de algunos filósofos que podríamos denominar postmodernos. De esta forma y quizá paradójicamente estamos más cerca de la concepción que sobre Al Qaeda tiene un pensador como Gray que la considera un producto de la mentalidad moderna.

Tampoco he mencionado el carácter reticular de este terrorismo de nuevo cuño. Sus militantes están organizados en red y en sus atentados utilizan nuestras redes sociales de transporte, sean las aéreas en el 11 S, sean las de ferrocarril el 11 M, o sean las más difusas redes del turismo internacional en otros atentados, por ejemplo, en Bali o Indonesia. Sobre este aspecto reticular reflexionaremos ahora después de recordar que lo que estamos intentando hacer no es propiamente entender el terrorismo; sino algo mucho menos aparente pero sin duda relevante.

La lucha antiterrorista es parte de la seguridad de un Estado y esta misión forma parte de las funciones mínimas de un Estado. Para que este Estado sea fuerte, tal como hemos pronosticado que será, es necesario que esa función de seguridad se ejerza inteligentemente.

Arquitectura Óptima de una Red

Como acabo de decir el terrorismo internacional plantea una guerra reticular que podemos llamar netwar. Contra una netwar desterritoralizada no funciona cualquier remedio. Una guerra de ocupación es inútil, las restricciones a las libertades civiles pueden ayudar a la protección civil pero difícilmente dificultarán la comunicación entre células vivas organizadas en red y las dificultades artificiales a la comunicación digital redundan en dificultades para la verdadera solución antiterrorista que no puede consistir sino en un manejo de la red más inteligente que el mostrado por los terroristas.

Basándose en Arquilla y Ronerfeldt, Hardt y Negri escriben en su último libro Multitud:

"cuando una red distribuida ataca, acosa al enemigo con un sinnúmero de fuerzas autónomas que golpean en un punto determinado, en todas direcciones al mismo tiempo, antes de desaparecer enseguida y regresas a su medio. Desde una perspectiva externa el ataque en red se describe como un enjambre (swarm) porque parece que no tenga forma. Como la red no tiene un centro que dicta las ordenes, los que sólo piensan de acuerdo con los modelos tradicionales creen que no hay organización de ninguna especie y sólo ven espontaneidad y anarquía... . Pero si se contempla el interior de una red, se observa que sí hay organización, racionalidad y creatividad. Es la inteligencia del enjambre".

Estrategia Antiswarming

Haciéndose eco de estas ideas, David de Ugarte define en su libro 11M: Redes para ganar una guerra, que en una netwar que corresponde a un conflicto que se libra en forma de swarming, lleva ventaja siempre el que está más descentralizado. En el epílogo a ese libro electrónico yo trataba de, utilizando palabras del propio de Ugarte, caracterizar el terrorismo en red como una forma de swarming, es decir de ataque distribuido, simultáneo, más o menos autoorganizado y efectuado por grupos que, además de conformar una red de redes, son conscientes de que la forman y de que pueden atacar en todos los frentes.

Dejando aparte el aspecto epistémico de esta especie de definición, en ese epílogo yo sugería que, para contrarrestar el swarming, las redes de comunicación de nuestras sociedades deberían ser descentralizadas, igualitarias y poco densas y que habría trabajo que hacer para encontrar la geometría (arquitectura o topografía) ideal antiswarming. En "El enemigo siempre está en casa" de Ugarte recoge el guante y presenta unas características definitivas de esa topografía antiswarming óptimo de las que yo me haré eco a continuación.

"que en el momento cero en cado nodo hay un individuo que se moverá en el momento 1 desde el nodo en el que está a otro con igual probabilidad. De este modo, el daño máximo que podrá sufrir la red en el momento 1 será el número máximo de individuos que podrían coincidir en un solo nodo. Imaginemos ahora que el enemigo exterior conoce qué nodo ha de atacar para producir ese daño máximo. El resultado real del daño es calculable como una esperanza matemática: el Daño Esperado en el momento 1 para cada topografía de red, sería el producto del daño máximo del momento 1 en esa topografía, multiplicado por las probabilidades de que los individuos implicados aparezcan por ahí. Esta esperanza matemática será la que nos mida la vulnerabilidad de la red ante un ataque".

De esta forma se calcula el daño máximo esperado (EDM) para cada topografía de la red que puede existir con cuatro nodos, tal como se muestra a continuación:

En el artículo citado, David de Ugarte concluye que la topografía ideal antiswarming es, con sus palabras, la que (i) está muy interconectada y aquella que (ii) para cualquier grado de interconexión, los enlaces están más igualitariamente distribuidas entre los nodos.

En el ejemplo de cuatro agentes, la topografía ideal tiene forma e cruz de San Andrés, una red en la que existen todas las interconexiones, no hay centro y la distribución de enlace entre nodos es uniforme (tres enlaces por nodo).

La segunda característica mencionada por de Ugarte equivale, en terminología de mi epílogo, a que la red fuera descentralizada e igualitaria. En efecto, si las conexiones se distribuyen igualitariamente entre los nodos no podemos hablar de un centro de esa red y ésta es, ex definitione, igualitaria. Ahora bien la primera característica destacada por David de Ugarte (gran interconexión) y mi exigencia de poca densidad no parecen encajar bien. Frente a la Cruz de San Andrés parece que yo estaría proponiendo una red en forma de un cuadrado. En esta red en forma de cuadrado no hay centro, es igualitaria (pues cada nodo tiene dos conexiones) pero exhibe una menor densidad de conexiones.

La comparación que acabo de efectuar me lleva a una primera lección que quiero destacar: la topografía ideal antiswarming depende del contexto. Si pensamos en una red de transportes, David de Ugarte tiene razón, tal como él mismo ha mostrado en el ejemplo reseñado que toma como base el atentado de Atocha. Si pensamos en la infiltración de un gas letal en una red de ventilación quizá tenga yo razón. En un caso así, que correspondería al del atentado en el metro de Tokio con gas sarin, hay que prestar atención a la distancia media entre dos nodos cualesquiera. En la Cruz de San Andrés esta distancia media es justamente 1; pero en el cuadrado es mayor que 1. La difusión del gas es más lenta o menos pura y, en definitiva, menos letal en una red en forma de cuadrado.

Para ir acercándonos a la segunda lección es conveniente pensar que la topografía ideal no debe depender solamente de la minimización del riesgo de perecer; sino también de la maximización del bienestar o, para simplificar, de la producción. Si no fuera así el problema intelectual estaría ya solucionado pues lo óptimo sería prescindir de cualquier enlace entre nodos. En una sociedad de ermitaños la netwar o el ataque en forma de swarming no sería muy preocupante pues la probabilidad de ser el objeto del ataque es pequeña y el incentivo a realizarlo despreciable. Este comentario que parece simple, y lo es, debe ser retenido pues enseguida haré uso de él para alcanzar una conclusión no tan tonta.

Volvamos a la introducción de la consideración de bienestar o producción. Pensemos que la diversidad se puede representar por la ausencia de nodos, de forma que dos nodos unidos no son diversos, y que la diversidad aumenta la producción en razón de las complementariedades entre individuos diversos, tal como hemos consignado repetidamente. La maximización del bienestar nos exigiría introducir un quinto agente (el intermediario) que conectara a los otros cuatro en forma de estrella, agente que no tiene que ser tal; sino un simple mecanismo coordinador entre agentes diversos. La siguiente figura representa esta topografía que maximizará el bienestar.

Esta topografía sin embargo no llevaría a minimizar la probabilidad de supervivencia como economía única integrada pues la estrella tiene un centro muy vulnerable a un ataque. Esta segunda lección nos dice claramente que más seguridad acarreará menos bienestar y no porque hay que dedicar recursos a la protección, un argumento éste al que no se ha hecho referencia pero que también contará. En cuanto hay un trade-off allí hay un economista y no sólo para descubrir la proporción adecuada de seguridad y bienestar; sino para llamar la atención sobre otra posible lección que no trate de encontrar la mezcla óptima de una y otra, una tarea intelectualmente rutinaria que no me concierne aquí.

Lo que quiero destacar más bien y en tercer lugar es que a efectos de seguridad lo ideal sería que ese intermediario representado en la última topografía fuera aleatorio. De hecho es porque la estación de Atocha como hub de atracción no recibe puntualmente a los trenes de cercanías que el swarming de Al Qaeda no consiguió su finalidad verdadera que consistía en volar la propia estación, lo que hubiera multiplicado significativamente el número de victimas.

Cómo conseguir que un posible centro sea aleatorio depende también del contexto pues se puede tratar de estaciones centrales o de aeropuertos, de centrales eléctricas o de buscadores en la red. Pero quizá una regla general es que lo más parecido a la aleatoriedad de cada uno de esos centros puede ser la competencia entre candidatos a conformar ese centro. Si, como ejemplo simplista, hubiera varios aeropuertos candidatos a actuar como hub y si que lo hagan o no depende dinámicamente de sus ofertas competitivas de servicios, la seguridad del sistema de transporte aéreo sería mayor que si existe un único y conocido hub que no varía nunca.

Dos comentarios sobre nacionalismo

Este último ejemplo, nos lleva a la sugerencia con la que desearía acabar este apartado al terrorismo y a su influencia posible sobre el número óptimo de Estados complementando así el capítulo IV.3.3. Si en la última topografía considerada, elimináramos el centro coordinador estaríamos, de hecho como en una sociedad de ermitaños muy resistente al ataque pero muy poco productiva. Si ahora coordinamos a los ermitaños diversos de dos en dos, nos encontramos con una topografía rara que parece despreciar algunas complementariedades.

Si miramos a la figura siguiente: nos percatamos de que las complementariedad puede ser explotadas de dos en dos a través de cuatro posibles intermediarios. Si en cada momento no sabemos muy bien cuales son los que están funcionando hemos logrado algo como la aleatoriedad del coordinador.

La moraleja final se adivina. Si un intermediario puede ser considerado, junto a los nodos que une, como un Estado, cuantos más estados mejor o equivalentemente cuantos más pequeños estados mejor. Y todavía mejor si consideramos a los cuatro posibles intermediarios como competidores en la provisión de coordinación. Esa competencia podría llevar a explotar todas, o casi todas, las ventajas de las complementariedades y minimazaría el peligro de que un ataque en forma de swarming fuera letal. Se trata de una sugerencia interpretativa que no es tan surrealista como parece. La posibilidad de establecer en Europa regiones que deciden colaborar más estrechamente equivale a la proliferación de coordinadores y, si dando un paso más, resultara que esa colaboración no fuera permanente, habríamos implantado la sugerencia que se sigue de un simple análisis de red.


Antes de cerrar estas reflexiones sobre terrorismo quisiera recapitular brevemente y añadir un último comentario. En cuanto a la naturaleza del terrorismo internacional, además de prescindir de discusiones sobre su raíz islamista, no he puesto énfasis directamente sobre su forma reticular pues esa forma interesa sobre todo en relación a su estrategia y a la correspondiente lucha antiterrorista a la que he dedicado el segundo apartado.

En relación a la naturaleza, lo que he pretendido hacer es, por lo tanto, subrayar que hay un paralelismo entre las dos maneras de entender la estructura de mercado (exógena o endógena) y las dos formas de terrorismo que confrontamos: territorializado como el de ETA o desterrotorializado como el Al Qaeda. Esta manera de atacar el problema intelectual de la naturaleza del terrorismo no sólo sirve para que los economistas comprendamos a aquellos filósofos que, en mi opinión, mejor han pensado sobre el nuevo terrorismo (Baudrillard y Sloterdijk), sino también para que las ideas de éstos nos sirvan para captar más profundamente algún problema novedoso desde nuestra propia manera de percibir las cosas.

Sea este problema el del nacionalismo. Para ser concretos sea este del tipo del vasco o del catalán. Las ideas que he barajado al hablar de la lucha antiswarming, así como las otras muchas que han sido utilizadas al examinar cómo las diferentes facetas del Estado quedan afectados por los factores que estamos analizando a lo largo de todo el trabajo, parecen apuntar a la sustitución de los grandes Estados por una constelación de numerosos Estados pequeños.

La concepción territorial a la que llevan estas ideas es a la de red de ciudades. La geografía económica sugiere, en efecto, que el mundo, por economías de aglomeración, se va a configurar como una red de ciudades, cada una de las cuales puede entenderse como una antigua ciudad-estado de la que diríamos, a efectos dialécticos, que integra mucho de la industria (por ejemplo agropecuaria) que uno asociaba al campo no urbanizado.

Ahora bien, las ideas económicas sobre estructura de mercados que pretendían hacer accesibles las ideas de Baudrillard, Sloterdijk o Jünger, nos sirven ahora para atemperar un poco el entusiasmo de la deriva hacia la organización territorial en una red de ciudades. Esta deriva puede ser peligrosa ya que implica el abandono de la naturaleza como reserva de soluciones o de seguridades frente a las contingencias ciudadanas. Por ejemplo, si algo fallara en la industria agroindustrial urbana, la supervivencia en la ciudad peligra ya que la reserva de agro estaría agotada y sería improductiva. Algo muy similar a la defensa, contra la fragilidad posible de una estructura de mercado dada, representada por una formación endógena de bienes, empresas y mercados.

Pues bien en la medida en que el nacionalismo tradicional (vasco o catalán, español o francés) está asociado a un territorio siempre tiene algo de rural. Pues bien ese ruralismo acaba siendo la garantía contra la fragilidad de un mundo que tiende hacia la organización como red de ciudades. El nacionalismo sería pues como el ahorro líquido debajo del colchón. Quizá una antigualla, quizá una inteligente garantía de vida. En todo caso nacionalismo territorial y cosmopolitismo urbanita estarían asociados a diferentes formas de terrorismo. Contra ambas, representados por ETA y Al Qaeda, hay que luchar; pero de formas distintas. Una consecuencia que se sigue de su distinta naturaleza.

4. Despedida

No cabe sacarle conclusiones a un Epílogo y mucho menos tratar de resumirlo. Lo que sí cabe, para no acabar abruptamente, son unos pocos pensamientos a modo de despedida.

¿Qué hemos aprendido sobre El Capitalismo que viene?. Ya no se trata de un sistema económico más compitiendo con otros sistemas alternativos; sino que su vocación universal ha sido realizada sin que eso suponga, sin embargo, el fin de la historia porque, como hemos visto, hay muchas oportunidades de cambio en direcciones muy diversas y porque siempre las habrá, simplemente porque como todo sistema u organización humana tiene algo de evolutivo. A pesar de esto hay algunas cosas que se pueden predicar de este sistema universal.

El primer rasgo de esta forma de organizar la convivencia humana que llama la atención es que se trata de un mecanismo ciego en el que cada agente individual es tratado como un número sin que quepa hablar de Humanismo en ningún sentido, pero que retribuye a cada uno según su coste de oportunidad al haberse eliminado las rentas. Como la innovación es constante, cada individuo -que exhibe una identidad plural- tiene alguna oportunidad de alcanzar momentáneamente una renta que le permite cubrir sus necesidades en el periodo pasivo de su vida.

El segundo rasgo destacable de este capitalismo universal es que se trata de un sistema muy poco vulnerable y que cualquier intento de subvertir su peculiar orden estaría poco justificado ya que no podría entenderse como una forma de disipar rentas; sino como un intento excesivamente ambicioso de hacerse con el poder como principal fuente de rentas.

La manera más expeditiva de captar cómo de nueva es esta concepción del capitalismo, es tratar de compararla con la que era un lugar común hasta finales del siglo pasado. Si antes cabía la esperanza de mejorar -en cualquier sentido- mediante la ingeniería social y uno se podía creer importante y tener buena conciencia por trabajar por la justicia (equidad) y por ser solidario, hoy todo es al revés: no hay esperanza de mejora más allá de la que de hecho observamos todos los días y que surge empujada por la iniciativa privada; nadie es importante pues todos somos iguales como receptores de nuestro coste de oportunidad; la buena conciencia no aplica porque no puede haberla mala pues el intento de quedarte con una parte desproporcionada del pastel no prospera; y trabajar o no en grupo es opcional y sobre todo no hay fidelidades permanentes.

Sólo me queda preguntarme por la felicidad en este mundo cambiante de manera autónoma. Posiblemente podamos disfrutar del pluralismo y de la diversidad si nuestro espíritu busca el placer asociado al roce necesario en toda aventura; pero las perspectivas no son muy buenas si nuestra búsqueda de la felicidad está asociada a la tranquilidad del confort. ¿Qué hay pues de la "joie de vivre"? ¡Ay, esto es algo distinto de lo que no se nada!

Referencias

Alchian, A. y W. Allen (1964): Exchange and Production Theory in Use, Wadsworth, California.

Baudrillard, J (2002): L'Esprit du Terrorism, Galilée..

Blaug, M (1968): Economic Theory in Retrospect. Irwin, Illinois.

Hardt, M y A. Negri (2004): Multitud, Guerra y Democracia en la era del Imperio. Debate. Barcelona.

Smith, A (1776; 1994): La Riqueza de las Naciones, Alianza. Madrid

Sloterdyk, P. (2003): Temblores del Aire. En las Fuentes del Terror. Pre-textos, Valencia.

Ugarte, D. de (2004): 11M. Redes para generar una guerra.Icaria, Barcelona

Vallespín, F (1995): "Tomás Hobbes y la teoría política de la Revolución inglesa"; cap. 4 de Historia de la Teoría Política, Vol 2. Alianza, Madrid.

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