Juan Urrutia

Juan Urrutia, el autor y el economista

El Capitalismo que viene

Capítulo 4.2.: Desarrollo e Instituciones

Capítulo 4.2.2: Educación y Desigualdad


Simón Kuznets acaba su famoso artículo de 1955 sobre el crecimiento económico y la distribución de la renta con las siguientes palabras:

"Si queremos ser capaces de tratar adecuadamente los procesos de crecimiento económico, procesos éstos de cambio a largo plazo y en los que los que ciertamente los marcos tecnológicos, demográficos y sociales están cambiando ellos mismos -y en direcciones que afectan decididamente al funcionamiento de las fuerzas económicas propiamente dichas- es inevitable que nos aventuremos a entrar en campos más allá de los que en las décadas recientes se han considerado como propiamente económicos.

Para el estudio del crecimiento económico de las naciones es imperativo que nos familiaricemos con los hallazgos en esas disciplinas sociales relacionadas que nos pueden ayudar a entender las pautas del crecimiento de la población, la naturaleza y las fuerzas del cambio tecnológico, los factores que determinan las características y tendencias de las instituciones políticas y, en general, con las pautas de conducta de los seres humanos, en parte como especie biológica y en parte como animales sociales. El trabajo que quiera ser eficaz en este campo llama necesariamente a un cambio desde la economía de mercado hacia la economía política y social."

La cita de Kuznets es todo un programa de trabajo para el análisis del desarrollo económico que se ha ido elaborando poco a poco. Este volumen sobre el El Capitalismo que viene es un ejemplo de la conveniencia de adentrarse en la economía política y social.

La emergencia de pautas de conducta por un lado y muchos de los comentarios de la primera parte de este capítulo dedicado al desarrollo y a las instituciones por otro son, en efecto, resultados propios de esa economía social y de la llamada economía política. Sobre pautas de conducta nos hemos interesado intensamente en el ultimo capítulo de la segunda parte en el marco de juegos evolutivos (desconocidos en los años 50 en los que Kuznets desarrolló su trabajo), sobre demografía no vamos a decir gran cosa aunque habrá que atender a los cambios de la estructura poblacional cuando atendamos a la problemática del Estado del Bienestar, respecto a los cambios tecnológicos, aunque no hayamos estudiado directamente la economía del I+D o de la innovación, ésta ha sido mencionada al hablar del crecimiento endógeno y volveremos brevemente sobre ella y en relación a las instituciones políticas estamos en medio de su estudio.

En la primera parte de este capítulo hemos estudiado, efectivamente, parte del tema genérico abarcado por Desarrollo e Instituciones aprendiendo, por ejemplo. Hemos aprendido que la apertura comercial que instaura la globalización puede efectuarse por diversos caminos que importan para el resultado final. Así mismo hemos entendido que la participación política es posible; sin que hoy quepa argumentar que la complejidad de los asuntos la desaconseja.

Ahora atacamos la segunda parte de este tema genérico prestando atención a la educación y a la distribución de la renta como instituciones o variables que, una vez más, condicionan el crecimiento y definen el desarrollo. Prestaré una atención especial a la desigualdad y a la pobreza puesto que es plausible que ambas estén en el origen del malestar que subyace al terrorismo y al movimiento antiglobalizador. Sobre estos dos fenómenos sintomáticos pensaremos en el Capítulo siguiente y en el epílogo de este volumen como reflejando en negativo lo que será el capitalismo que, para dar de sí todo su potencial creativo, tendrá que lidiar con ellos. La manera de hacerlo acabará dándole su forma característica.

Educación, Crecimiento y Convergencia

La educación sirve para acumular capital humano y ya sabemos que éste capital puede ser una forma de missing capital que puede explicar algunos de los nuevos hechos estilizados del crecimiento económico. Lo que ahora quiero hacer es entender un poco mejor cómo la educación ha influido en el crecimiento de los países emergentes. A esto dedicaré el primer apartado. En el segundo me preocuparé por entender el proceso de convergencia real que debería disminuir la desigualdad entre países.

Educación y Crecimiento1

La educación, medida, por ejemplo, por años de escolaridad parece tener una influencia grande en el crecimiento y en el desarrollo. La evidencia empírica, utilizada de una manera tal que permite discernir la causalidad como yendo desde la educación, y consiguiente acumulación de capital humano, hacia el crecimiento, nos indica sistemáticamente que, en efecto, el crecimiento varía significativamente con la educación de un país.

La productividad del trabajo crece con las destrezas adquiridas a través de la educación; una mayor educación incrementa el progreso tecnológico y, finalmente, una mayor educación capacita para extraer todas las ventajas del trabajo en equipo. Además de estas ideas teóricas intuitivas y de la evidencia empírica a la que he hecho alusión, también contamos con simulaciones significativas.

En el cuadro siguiente debido a Birdsall y Sabot se muestran los resultados de una de esas simulaciones. En él aparecen distintas trayectorias de crecimiento del PIB per cápita para distintos grados de capital humano, medido por tasas de escolaridad.

CRECIMIENTO SIMULADO DEL PIB PER CÁPITA ECONOMÍA PROMEDIO, PRIMARIA Y SECUNDARIA

Sin necesidad de entrar en tecnicismos lo que se observa es que cambios en las tasas de escolaridad pueden afectar mucho a la trayectoria de crecimiento. Si tomamos un país promedio (promedio medido sobre muchas variables) observamos una tasa de crecimiento (GR= growth rate en inglés) anual del 0.85 % en los años que van desde 1960-1985.

Miremos ahora a lo que hubiera pasado si el capital humano hubiera variado una desviación standard, media hacia arriba y media hacia abajo, en la tasa de escolaridad primaria al principio del periodo. En el primer caso el crecimiento anual hubiera sido del 1,24% y en el segundo de 0,47%. El mismo ejercicio, realizado ahora con la escolaridad primaria y secundaria juntas, genera unas tasas anuales de crecimiento del 1,57% y del 0,14%. El gráfico nos hace ver el enorme efecto de esas diferencias acumulado en 25 años.

Aunque no se haya realizado el ejercicio parece muy natural pensar en estos mismos términos cuando intentemos hacernos una idea de la posible influencia de la educación específica en nuevas tecnologías sobre el crecimiento. Cabe esperar que si en la cifra de capital humano se incluyera no sólo la escolaridad; sino las destrezas con las TIC quizás los efectos fueran igualmente espectaculares. Si esas destrezas están de alguna manera relacionadas con la implantación de las TIC, nos damos cuenta de la importancia que tiene para el crecimiento del PIB per cápita el facilitar esa implantación de las muchas maneras que se puede hacer y que van desde las más elemental (como favorecer los juegos electrónicos) hasta las más sofisticadas (como limitar el uso de patentes sobre software) pasando por razones tecnológicas como el ancho de banda por ejemplo o la liberalización del sector que proporciona servicios de Internet.

En el siguiente gráfico, también debido a Birdsall y Sabot elabora un poco más la teoría explicativa de la importancia de la educación, poniendo en relación con las distintas pautas comerciales seguidas en la apertura, tal como las expusimos en la primera parte de este capítulo.

La demanda y oferta de capital humano para un país como Brasil, digamos, que siguió una estrategia que miraba hacia dentro (como la ya descrita en el capítulo anterior como de sustitución de importaciones) están representadas por D y S respectivamente. Las correspondientes demanda y oferta de un país como Corea, digamos, que siguió la estrategia de mirar hacia fuera (descrita como de fomento a la exportación) están representados por D' y S'. D' esta por encima de D porque se necesita una mano de obra mucho más cualificada para la producción en la que Corea decidió especializarse para dedicarse a la exportación.

S' está a la derecha de S porque Corea hizo un esfuerzo en educación pública para generar la mano de obra adecuada a su estrategia y que no hubiera surgido espontáneamente ya que, como recordaremos, no había demanda interna para el bien que Corea decide producir y exportar. No cabe la menor duda de que el punto de equilibro C acabará a la derecha del punto B y que Corea tendrá un mayor capital humano y consecuentemente un mayor crecimiento.

Este gráfico permite entender los dos mecanismos opuestos de retroalimentación que están por debajo de las no linealidades típicas en este campo. Pensemos en Brasil como ejemplo de lo que fue el círculo vicioso latinoamericano. El poco esfuerzo educativo limita la oferta de capital humano y la estrategia de sustitución de importaciones limita la demanda. El capital humano resultante es bajo y genera un crecimiento pobre que llevará a insistir en la estrategia hacia adentro y limitará la posibilidad de aumentar el esfuerzo educativo. Pero pensemos ahora en Corea. El esfuerzo educativo consiguiente aumenta la oferta de capital humano y la estrategia de fomento de las exportaciones incrementa su demanda. El resultado es un capital humano alto que genera un crecimiento alto que permite continuar con la estrategia hacia fuera y mantener el esfuerzo educativo.

El gráfico también ilustra otro par de puntos. Primero, no debemos aconsejar sin más un incremento en la educación, sea pública o privada, porque si no va acompañada de un incremento en la demanda de una mano de obra de mejor calidad puede no llegar a desencadenar la dinámica del círculo virtuoso que acabamos de asociar con Corea. Segundo, parece claro que una economía que quiere desarrollarse puede acabar alcanzando distintos equilibrios bien diferentes entre ellos. Aquí parece que cabe una política económica decidida que haga llegar a uno y no a otro. Pero esa política económica consistiría más bien un paquete de instituciones.

La influencia de la educación en el crecimiento no transita sólo por la vía indicada; sino que también puede transitar por la vía de su influencia en la desigualdad. En la siguiente sección veremos cómo la desigualdad puede influir en el crecimiento; pero ahora basta con explicar que la educación puede influir en la igualdad de la distribución de la renta. Un incremento en la escolaridad, digamos, tiene un doble efecto. Por un lado hay un efecto reducción (de la desigualdad salarial) debido a que el abanico salarial se cierra en cuanto el mayor número de trabajadores cualificados hace disminuir su salario. Pero, por el otro lado, hay un llamado efecto composición que nos dice que al ser estos trabajadores cualificados más productivos, acaban consiguiendo un salario más alto ampliando el abanico salarial. En los estudios empíricos parece primar el primero de los efectos de manera que una mayor educación, que acaba redundando en un mayor capital humano, genera igualdad y que esto, como ahora veremos, tiene unos efectos en el crecimiento que no son del todo claros.

Antes de pasar a estudiar la desigualdad y la pobreza así como su influencia en el crecimiento cabe elucubrar sobre el efecto del uso generalizado de las TIC en la igualdad a través de la educación. Parecería normal que, en algún momento, el efecto composición primara sobre el efecto reducción debido precisamente a que el uso de la TIC parece llevar a un enorme incremento de la productividad del trabajo.

Educación y Convergencia

La educación y el correspondiente capital humano no sólo explican en buena parte el desempeño diferencial entre algunos países; sino que también puede ser un factor importante al estudiar el problema de la convergencia real entre países. Por un lado esperaríamos una convergencia; pero por otro lado ya hemos visto cómo puede haber clases de países que no permiten fácilmente el salto entre una y otra. Aunque sea de manera una vez más localista me gustaría reflexionar sobre la perspectiva española y el papel que en ella puede jugar la educación en tres de sus virtualidades2.

El problema intelectual genuino es tratar de entender porqué, en contra de la más elemental teoría del crecimiento (que hace ver que países con menor output per capita crecen más rápido), España no ha convergido hacia Europa, sino que ha estado casi siempre entre el 70% y el 90% de su media, y cómo podría hacerlo en el futuro inmediato. Es aquí donde entre la educación, tanto en su aspecto de tecnología del consumo de ciertos bienes superiores, como en su papel de capital humano o de institución de solidaridad intergeneracional.

En general se asigna a la cultura un efecto civilizatorio que permite una mayor homogeneidad social, mayores oportunidades de realización personal y, consecuentemente, mayores facilidades para solucionar de manera dialogada problemas inhibidores del crecimiento. En este sentido, la educación puede ser considerada, en primer lugar, como la llave para el acceso a esos bienes cuyo consumo genera eso tan etéreo que denominamos cultura. En efecto, parecería que hay que tener un oído educado, y que hay que saber inglés para bucear, a través de Shakespeare, en los recovecos del alma humana y en el deseo del poder antes de empezar a soñar con la solución no traumática de algunos enfrentamientos sociales.

Cualquier economista sabe que, aunque cada individuo tratará de adquirir educación hasta que su coste marginal se iguale al beneficio que le reporte la última unidad de cultura a la que su educación le da acceso, el óptimo social puede exigir una inversión en educación mayor que la demandada por los individuos, ya que estos no aprecian la importancia social del efecto civilizatorio de la educación. Es difícil y delicado saber si realmente estamos por debajo del óptimo y como arreglar ese presunto déficit; pero se pueden arriesgar un par de opiniones.

En la medida en que la educación nos abre la puerta de un bien, la cultura, cuyos efectos tienen algo de público, la educación pública podría estar justificada y en la medida en que las cifras relevantes de escolarización, tal como aparecen en el cuadro adjunto, muestran a España todavía por debajo del 90% en 1955 de la media europea, cualquier esfuerzo en esa escolarización debería ser celebrado.

Pero la educación es mucho más que una mera tecnología del consumo; la educación es la manera en que se acumula el capital humano. En consecuencia, habría que preguntarse, en segundo lugar, si el déficit en capital humano podría explicar la falta de convergencia real de España y si estamos satisfechos con los incentivos individuales a adquirirlo.

Ninguna de estas dos cuestiones es fácil de atacar pero también aquí cabe arriesgarse. A la luz del cuadro adjunto es claro que, a pesar del esfuerzo realizado, España está muy lejos de la media europea en cuanto a porcentaje de la población con un determinado credencial educativo. Está mejor en educación superior que en secundaria (aunque esto no se recoge en el cuadro) y las generaciones jóvenes están mucho mejor que las mayores; pero de cualquier forma que lo miremos está claro que el déficit en capital humano es un buen candidato para explicar la parsimonia en el proceso de convergencia hacia Europa. Sería pues muy poco recomendable cejar en el esfuerzo de acumulación de capital humano.

La buena noticia a este respecto es que los incentivos individuales a adquirir educación parecen ser los adecuados. Multitud de estudios muestran que la gente educada gana significativamente más que la no educada. El rendimiento del capital humano es muy elevado y, además, es creciente en su nivel3.

Los dos argumentos anteriores, cuando se toman en conjunción, parecerían admitir la privatización de la enseñanza, considerada ésta como proceso productivo de educación. En efecto, si hay incentivos a invertir en la formación de capital humano, si esta formación es importante para el país y si su adquisición por motivos de mejora en la renta individual puede suplementar el esfuerzo en la adquisición del efecto civilizatorio mencionado, parecería que la enseñanza puede ser un negocio y que, como otros negocios, se gestionaría más eficientemente en manos privadas. Estos argumentos pueden ser ciertos y sin embargo no acarrear necesariamente la conclusión pretendida.

Este "non sequitur" se pone de manifiesto si, en tercer lugar, consideramos la enseñanza pública como una institución de solidaridad intergeneracional. Modelos económicos en los que se tiene en cuenta que hay una sucesión de generaciones y que las decisiones públicas se toman democráticamente por mayoría pueden ser utilizados para entender este punto. Por ejemplo, la conjunción que hoy se observa de forma global entre la disminución en el esfuerzo fiscal, la menor financiación pública de la educación, la ralentización del crecimiento y la mayor desigualdad, podría ser entendida como el resultado (marcha atrás) de la correlación positiva que, a través de la formación de capital humano, se logra entre mayor democracia (que sostiene en las urnas la enseñanza pública) mayor igualdad (debido al efecto progresivo de la fiscalidad necesaria para financiar la enseñanza pública) y mayor crecimiento4.

Como otro ejemplo, en el mismo marco analítico y todavía más a tono con la idea de solidaridad intergeneracional, puede pensarse que la mayoría sostiene políticamente un régimen de transferencia en el que los adultos financian públicamente la educación de los jóvenes a cambio de que éstos acaben financiando, también públicamente, las pensiones de los adultos no productivos5.

Cualquiera que sean los méritos analíticos de estos ejemplos, ambos muestran que los problemas relacionados con la educación y la enseñanza plantean cuestiones que, aun siendo técnicas, habría que integrar en una discusión general, continua y profunda que conforme un debate público que canalice la participación y la opinión pública. En efecto, los comentarios anteriores deberían ser suficientes para concluir que la convergencia real no es una asignatura fácil, que el sistema educativo puede contribuir a ella de manera crucial, y que esta contribución no es inmediata. De ahí que toda sociedad viva y responsable ha de estar dispuesta a discutir con rigor y de forma abierta y permanente todos los aspectos de la política educativa.

Crecimiento, Desigualdad y Pobreza

En la sección anterior hemos visto cómo la Educación influye en el crecimiento de manera directa y también su posible influencia en la convergencia real entre países. En esta sección pasaremos a examinar la Desigualdad y la Pobreza para ver cómo están ambas relacionadas de manera intrincada con el Crecimiento.

Ambas realidades están relacionadas entre sí, constituyen problemas interesantes en sí mismos y son, sin duda, dos piedras de toque del capitalismo presente y futuro. En el primer apartado estudiaremos la relación compleja existente entre Desigualdad y Crecimiento y en el segundo trataremos de entender las que existen entre Pobreza y Desarrollo.

Antes de entrar en detalles más o menos técnicos quiero decir que, tanto la igualdad como la erradicación de la pobreza constituyen para quién escribe está obra unos objetivos en sí mismos. La fundamentación de una posición tal quizá no necesita justificación, pero en mi caso esa fundamentación existe y está basada en la Teoría de la Justicia de Rawls. Su idea del "velo de la ignorancia" subyace al aprecio por la igualdad: si no se en que percentil de la distribución de la renta o de la riqueza me va tocar estar, y por si acaso no hay la suficiente movilidad social, prefiero una sociedad con una distribución menos dispersa y más centrada en la media.

El rechazo a la pobreza, además de la fundamentación anterior, acarrea una consecuencia importante y pocas veces mencionada. Si la elección entre dos sistemas económicos distintos está basada, como quería Rawls, en la situación de los peor tratados, elegiremos aquel sistema que trata mejor a los desheredados haya o no haya movilidad social.

Además de esta especie de declaración de principios hay que advertir que estos dos temas no son fáciles de tratar. En el tema de la desigualdad porque hay muchas formas de medirla y de tratar los datos para relacionar la desigualdad entre países y la desigualdad global o entre personas. En cuanto a la pobreza también es difícil establecer los hechos puesto que ni siquiera sabemos lo que es y, además, ignoramos cómo remediarla por lo que lo único que podemos hacer es juzgar las definiciones y paliativos que se han propuesto, especialmente a través del Banco Mundial.

La globalización nos obligará a hablar de estos dos temas y de su influencia en el crecimiento y en el desarrollo en un contexto global. La Sociedad del conocimiento permite la deslocalización de ciertas producciones y ofrece oportunidades a países que llevan cierta ventaja en la producción de bienes digitales. Finalmente observaremos también que es posible que las facilidades de comunicación que proporcionan las TIC hagan bajar el umbral de lo intolerable.

Crecimiento y Desigualdad Interpersonal

En este subapartado atacaré dos problemas separables. Primero describiré los resultados existentes sobre desigualdad interpersonal en el mundo y luego examinaré las relaciones entre esa desigualdad y el crecimiento.

Los Hechos

Comencemos por tratar de establecer los hechos que caracterizan la desigualdad en el mundo de hoy. Que la renta mundial esta bastante o muy desigualmente distribuida es un hecho que no admite duda. Como dice Sutcliffe:

"Basta con pasearse por alguna gran ciudad o contemplar en los boletines informativos de la televisión las imágenes del hambre en Angola mezcladas con noticias sobre beneficios empresariales o de futboll para que esa desigualdad resulte patente"

Con esta afirmación comienza un trabajo relativamente reciente de Sutcliffe6 que pretende presentar distintas formas de medir la desigualdad y, sobre todo, entender la evolución de esa desigualdad a lo largo de los últimos años. Empieza por presentarnos el siguiente gráfico que ofrece una impresión clara de que zonas del mundo han sido y son las ricas y cuales las pobres relativamente hablando y medido todo en términos per cápita y según la paridad del poder adquisitivo que es la única forma de poder hacer comparaciones significativas no distorsionadas por la evolución de los tipos de cambios.

Notemos la situación declinante de África a efectos posteriores y sigamos adelante describiendo las medidas de la desigualdad y las principales fuentes de datos.

En cuanto a lo primero lo que queremos es medir tanto la distribución inter-países como la global entre todos los habitantes de la tierra. Si tomamos el individuo como único agente relevante del sistema económico es la distribución global la que parecerá interesar; pero la inter-países no es una información irrelevante para muchos efectos entre el que no es el menor el descontento de las clases acomodadas de muchos países que pueden estar más movilizados por la ratio entre la renta media de los EEUU de América y la de Zambia que por la distribución desigualitaria en su propio país. Ahora bien en uno u otro caso podemos utilizar como medida el rango de la distribución (medido de manera más o menos extrema) o el coeficiente de Gini7 que tiene en cuenta todo el soporte de la distribución.

Para resaltar la importancia de la decisión de la forma de medir la desigualdad, Sutcliffe nos proporciona el siguiente ejemplo hipotético pero no alejado del panorama mundial actual.

La Distribución 2 muestra una ratio entre los extremos -o rango- mayor que la Distribución 1. Sin embargo el coeficiente de Gini de la segunda distribución (0,158) es mucho menor que el de la primera (0,589) lo que muestra una mejora enorme de la distribución en el sentido de hacerlo más igualitaria. A pesar de ello en el primer caso la desigualdad es menos escandalosa para el tono moral general que en el segundo en el que podría reducirse fácilmente pues es una sociedad rica mientras que la primera es una sociedad pobre.

De acuerdo con el coeficiente de Gini, pueden elaborarse las siguientes medidas de la desigualdad entre países que varían según las tres principales fuentes de datos: La Penn World Table Versions (PNT 6.1) elaboradas por los ya citados en el capítulo anterior Heston, Summers y Aten; la que proviene de los trabajos de Maddison para la OCDE (Maddison 2001) y la que proviene del banco de datos del Banco Mundial, denominado World Development Indicators (WDI)

Máximo número de países

Los resultado varían según la base de datos utilizada y según se utilicen los 92 países comunes a todas ellas o se utilicen todos los disponibles. En general vemos que la desigualdad disminuye pero lo hace muy escuetamente cuando se utilizan los datos de Maddison especialmente si se utiliza toda la muestra.

Notemos que las medidas presentadas toman a cada país como un único agente homogéneo asignándole una renta igual a la media. Todo cambia si ahora tratamos de tener en cuenta la distribución de la renta interna a cada país. Los datos respecto a este último extremo son más escasos de forma que los estudios basados en combinar la distribución entre países y la interna a cada país hagan referencia a periodos mucho más cortos. Por otro lado ambos tipos de datos se pueden combinar de dos maneras diferentes.

La primera consiste en partir de los datos de renta media de cada país provenientes de los estudios inter.-países y aplicarles las medidas de distribución que hay en cada uno de ellos para luego combinar estas cifras ponderadas por la población de cada quintil (digamos) para lograr una medida de la distribución global. La segunda forma es más directa y se basa en encuestas a hogares que proporcionan directamente datos de renta y de distribución.

Entre los estudios que usa el primer método están los de Bourguignon y Morrison que utilizan los datos base de Maddison y diversas formas de medir la desigualdad en cada país; el de X. Sala i Martí que utiliza los datos base de PNT 6.1 y la distribución de cada país elaborada por Deininger y el de Sutcliffe que aplica estos últimos datos de distribución de cada país a los datos del WDI y a los de Maddison 2001.

El segundo método es seguido por Milanovic. La siguiente tabla muestra la evolución del coeficiente de Gini desde 1970 hasta el 2000 en los estudios mencionados distinguiendo, en el caso de Sutcliffe, entre estudios de tipo puro, que utilizan sólo unos pocos países de los que se dispone de datos, y estudios de tipo híbrido que se realizan extrapolando o creando datos para maximizar el número de países que se pueden considerar.

La tabla muestra un ligero descenso del índice de Gini (una "mejora" en la distribución) o un neto estancamiento menos en el estudio de Milanovic que muestra un ligero aumento. Hay algunas conclusiones a destacar.

Si eliminamos China los resultados son muchos menos favorables a la tendencia igualizadora. Los resultados muestran que los índices de Gini globales que hemos presentado son más favorables que los inter-países. Esto en palabras de Sutcliffe indica que "una proporción cada vez mayor de la desigualdad entre los habitantes del mundo obedece más a las desigualdades internas que a las desigualdades inter-países".

Sin embargo es posible que teniendo en cuenta China disminuya la desigualdad inter-países, mientras aumenta su desigualdad interna, debido al aumento espectacular de la renta media de China en los últimos años. Cabe pues pensar pesimistamente que si el crecimiento Chino se ralentizara se frenaría la tendencia a mejorar la distribución global.

Esta última observación nos llevará a preguntarnos sobre la relación entre crecimiento y desigualdad a la que ahora vamos; pero antes caben algunos comentarios en parte relacionados con los tres factores novedosos que pueden influir en el futuro del capitalismo.

Miremos en primer lugar al efecto de la globalización. Como esta globalización, a través de la apertura comercial, va a elevar la renta media de países emergentes a punto del despegue definitivo, como China o India, podemos aventurarnos a afirmar que, de acuerdo con lo expuesto, contribuirá a la "mejora" de la distribución global, aunque puede ser compatible con el "empeoramiento" de la distribución interna a estos países.

Veamos luego cual puede ser la influencia en la distribución de la emergencia de bienes digitales y de las posibles pautas comerciales entre países. Pensemos en un país como India que parece especializarse en productos o bienes digitales, desde la producción de películas hasta la creación de software. En un caso así esperaríamos que el efecto composición, tal como ya dijimos, acabe prevaleciendo sobre el efecto reducción, debido precisamente a que las TIC incrementarían mucho la productividad de los trabajadores de estos sectores, y que, en consecuencia empeore la distribución salarial.

Si ahora pensamos en un país como China que parecerá especializarse más bien en la producción de manufacturas cuya productividad las TIC tienen un menor efecto, habremos de concluir coherentemente que su distribución mejorará relativa a la de India.

Y para terminar con estos comentarios reflexionemos brevemente sobre el malestar difuso que la desigualdad puede llegar a producir. En el último capítulo de esta obra volveré sobre este tema desde la perspectiva de los estudios que se han empezado a hacer sobre Felicidad y su posible relación con la dimensión del Estado del Bienestar. Pero de momento daré por hecho que mucho del malestar que parece subyacer a los movimientos antiglobalización, e incluso al terrorismo internacional, hunda sus raíces, o algunas de sus raíces, en una distribución de la riqueza que se percibe como injusta.

En estas condiciones cabe preguntarse sobre cual es la injusta distribución que más malestar produce, la interna a mi propio país o la que existe entre mi país y otros países. Parecería sensato pensar que la desigualdad más intolerable es la que se percibe con más nitidez, es decir la más cercana; pero este puede no ser el caso en presencia de las TIC.

En ausencia de la información que estos propician no me cabe duda que me siento peor por la observación directa de una distribución muy desigual; pero cuando las TIC ponen a mi disposición inmediata y cercana las desigualdades entre mi país y otros de cuyas condiciones era anteriormente ignorante, es perfectamente posible que sean éstas desigualdades entre países las que me produzcan un malestar generalizado.

Es pues posible que, tal como decía más arriba, las TIC eleven el umbral de mi tolerancia a la desigualdad o, lo que se entiende mejor, rebajen el umbral de mi intolerancia ante desigualdades fragantes entre mi país y otros países pobres. Es por esta razón que no siento simpatía a las críticas antiglobalizadoras que ridiculizan el movimiento por ser mantenido y dirigido por jóvenes de familias acomodadas que, se suele añadir, mejor harían preocupándose de sus propios "sin techo".

No objeto a esta ultima recomendación; pero ello no me lleva a ridiculiza la protesta contra la desigualdad entre países. No somos dueños de nuestra sensibilidad y las nuevas tecnologías han alertado sobre fenómenos que para algunos no son tolerables.

Desigualdad y Crecimiento

Pasemos ahora a examinar las posibles relaciones entre desigualdad y crecimiento. La siguiente cita de Ferreira tomada del trabajo de Bertola enmarca con precisión la naturaleza de este tema intelectual. Dice Ferreira:

"Los economistas que pasaron por la escuela de postgrado en los 70 y los 80 pueden muy bien ser excusados por mirar a la "desigualdad" como un tema periférico. Aquellos que al menos piensan sobre ella la consideran casi con certeza como el resultado de una distribución de activos subyacente, de las decisiones sobre trabajo y ahorro de los individuos y de los precios determinados por un conjunto de mercados sean de tierra, trabajo, capital y bienes. Hasta bien entra esta década (la de los 90), la profesión contemporánea de economistas tenía poco que decir acerca del impacto que la desigualdad -o más generalmente las distribuciones de renta y riqueza- pudiera tener sobre otras variables tales como la eficiencia general de una economía aproximada, por ejemplo, por su tasa de crecimiento".

El tema de la desigualdad no ha sido y no es todavía un tema central al análisis económico. Y esto no es de extrañar porque una de las primeras cosas que enseña el enfoque neoclásico es que asignación de recursos a través del mercado y distribución personal de la renta son dos temas intelectualmente separables a pesar de los esfuerzos de los neoricardianos y los safrianos para impugnar dicha aseveración8.

Sin embargo debe ser tomado como una piedra de toque del capitalismo, tal como ya he dicho, y debe en consecuencia ser confrontado con la máxima seriedad de la que uno sea capaz. Para ello comenzaré por exponer con total simpleza las dos teorías, contradictorias, que rigen en el asunto de la relación entre desigualdad y crecimiento.

El pionero en este campo, Kuznets, entendió que tenemos que esperar que el crecimiento comience por generar desigualdad. La razón de esto es que el proceso de crecimiento genera un flujo de mano de obra desde sectores de baja productividad a otros con una productividad más alta en los que se pagan mayores salarios. Pero, también advierte Kuznets, la escasez final del trabajo menos productivo tirará de los salarios hacia arriba y se deshará en buena parte la desigualdad sobrevenida. Esto da origen a una curva, denominada curva de Kuznets, que tiene la forma de U invertida que aparece en el siguiente gráfico (tomado de Birdsall y Sabot como el resultado del ajuste a la nube de puntos en el espacio desigualdad/renta per capita.

Sin embargo y tal como hizo vez Kaldor es posible que funcione un efecto contrario, es decir que es posible que sea la mayor desigualdad la que esté detrás del mayor crecimiento de algunos países porque cuanto mayor es la desigualdad mayor es la proporción de ricos y estos ahorran más que los pobres lo que da ocasión a una mayor acumulación de capital. Sea por esta razón o por otras de las muchas que se han avanzado por los historiadores económicos, lo cierto es que evidencia empírica no es definitiva ni zanja la cuestión.

El siguiente gráfico utilizado por Birdsall y Sabot plantea un enigma que enriquece la discusión del capítulo anterior, relativa al contraste entre la experiencia latinoamericana y la del sudeste asiático. Parece evidente que a la fecha los países del sudeste asiático crecen rápido y tienen poca desigualdad mientras que los países latinoaméricanos crecen poco y tienen mucha desigualdad contradiciendo las ideas que hemos atribuido a Kuznets.

GDP growth per capita in percent

Parece razonable exigir que tratemos de explicar la contundencia de los datos. Cabe comenzar por las explicaciones de tipo político. Observemos el siguiente cuadro debido a Alesina (1995). La evidente relación negativa entre desigualdad (medida por el índice de Gini) y el crecimiento per capita promedio entre 1960 y 1985, puede tratar de explicarse a partir de la pobreza. Cuantos más pobres hay una mayor proporción de actividades ilegales o de mero "rent secking" que no contribuyen al crecimiento. Además más volumen alcanzan los programas sociales que imponen un sesgo deficitario al presupuesto público y menor es la estabilidad política debido a una mayor polarización. Y todos estos efectos sobre la pobreza son contraproducentes para el desarrollo.

También caben algunas elucubraciones económicas. Cabria, en efecto pensar en que la pobreza, por mala que sea (y sobre esto hablaremos enseguida), puede dar origen a un círculo virtuoso si se consigue aumentar su renta disminuyendo así la desigualdad y generando un boom de inversión proveniente de un mayor ahorro. Sin embargo no parece esto muy verosímil ya que los pobres no tienen liquidez y no pueden reducir su consumo. Sin embargo existe una oportunidad real si hay algún tipo de inversión (como podría ser el capital humano) que genera un rendimiento alto y puede incentivar a incrementar el trabajo, como opuesto al ocio, y consiguen ahorrar el 100% de la renta adicional que consiguen.

Esto puede parecer pensamiento desiderativo pero puede explicar el éxito de la estrategia de fomento de las exportaciones propia de los países del sudeste asiático. Como esas exportaciones son intensiva en mano de obra generan salarios altos y puede así comenzar el círculo virtuoso.

En Latinoamérica sin embargo la estrategia de sustitución de importaciones, lleva a concentrarse en producciones intensivas en capital generando salarios bajos que no pueden de detener el despegue. El siguiente ejercicio de simulación es muy revelador de nuestra conclusión de que una mayor igualdad genera mayor desarrollo. En el año 1960 la desigualdad (medida como el rango entre el 20% de los más ricos y el 20% de los más pobres) era de 8 en Corea y de 26 en Brasil. Entre 1960 y 1985 la tasa media de crecimiento de Corea estuvo cercana al 6% (5,95%). Si en 1960 Corea hubiera tenido la misma desigualdad que Brasil a los 25 años, en 1985, hubiera sido un 15% menos rico.

Si la igualdad es un buen negocio es posible que la emergencia y extensión en el uso de las TIC tenga efectos importantes para la salida del subdesarrollo. Por un lado al informar una opinión pública que se hace más exigente pueden propiciar políticas de reducción de la desigualdad que acaban ayudando al despegue. Por otro lado las TIC pueden rebajar mucho el coste de adquisición de capital humano haciendo posible el salto a una economía que trabaje más y ahorre más tal como sugería más arriba.

La Pobreza

Si entendemos la pobreza como una noción relativa nos encontraríamos con lo que J. Sachs9 llama la pobreza relativa, es decir la situación de los que tienen una renta por debajo de una cierta proporción de la media de forma que seguramente no pueden contar con cosas que la clase media toma como dadas y que seguramente son consideradas necesarias para el desarrollo libre de un proyecto de vida.

Esta noción no nos va a concernir aquí, sino que lo que nos preocupa es la pobreza absoluta de aquellos que o bien pueden vivir a pesar de todo con una renta entre 1$ y 2$ diarios (pobreza moderada) y la de esos otros que, con una renta menor que 1$ diario simplemente no pueden sobrevivir (pobreza extrema). Se calcula que unos 8 millones de personas mueren el año simplemente de pobreza, es decir de hambre, de falta de cuidados sanitarios, agua potable o techo. De los 6000 millones de seres humanos sobre la tierra, 1,1 millón están en esta situación, una mejora sustancial desde 1981 cuando ese número era de 1,5 millones.

Su distribución por áreas geográficas se ve en el siguiente gráfico (ofrecido por The Economist) en donde observamos que es África la única región o continente en donde aumenta el numero de personas en situación de pobreza extrema.

Es cierto que para solucionar un problema hay que medirlo; pero en el caso de la pobreza lo que ocurre es que esta medición oculta el hecho sintomático de que los pobres son de hecho los "outsiders" del sistema, los marginados que ni siquiera participan de la diagnosis de lo que les pasa o en el diseño de las medidas paliativas o erradicadoras.

Los pobres están siempre bajo el poder de los ricos que dependiendo de distintas circunstancias tienen un umbral a la tolerancia de la pobreza más o menos alta. Esto tiene una implicación evidente e importante: la agenda sobre la erradicación de la pobreza no está dominada por los pobres; sino por los ricos o por los organismos internacionales en los que los ricos tienen el poder debido a sus aportaciones, es decir porque son ricos. Esto a su vez indica que se tiende a mirar a la pobreza como un hecho a eliminar, como una desgracia a paliar; sin acercarse a planteársela como una posible consecuencia del funcionamiento del sistema capitalista tal como funciona ahora.

Esta distinción es fundamental, pues redunda en las iniciativas para erradicarla10. Desde hace muy poco tiempo sin embargo nos hemos dado cuenta de que la pobreza no sólo esta ahí y es más o menos triste; sino que puede poner en jaque la seguridad general del mundo y el gobierno del mismo lo que constituiría una dificultad para el desarrollo pujante de las fuerzas creativas de riqueza. Por lo tanto ya no es la fuerza de la caridad lo que lleva a preocuparse por ella; sino más bien el deseo de poner las bases para la extensión del capitalismo como esa fuerza creativa. De ahí que lo primero que tengamos que hacer es preguntarnos por qué el sistema no es capaz, aparentemente de integrar a toda la población del mundo. Sólo después de tener una respuesta a esta pregunta podremos plantearnos remedios genuinos o simples medidas paliativas.

Diagnosis

La primera preocupación puede etiquetarse por medio de una pregunta retórica que como tal refleja sin embargo el hecho de que el problema es hoy África. Nos preguntamos por tanto: ¿por qué no invertimos en África?, una pregunta que pone en juego la adecuación del sistema capitalista. El capitalismo, en efecto, es un sistema económico que ha mostrado con claridad su capacidad para generar riqueza en muchos países que, como característica común, tienen el haber permanecido más o menos abiertos al comercio exterior. Y, sin embargo, el sistema capitalista no ha conseguido erradicar la pobreza, ni la que se embolsa en no pocos países ricos ni la que asola a otros países que no han podido coger el tren del desarrollo económico.

No hace falta ser un fervoroso seguidor del principio rawlsiano del maxmin (de acuerdo con el cual elegiríamos entre sistemas o entre países según les vaya a sus pobres) para aceptar que la pobreza constituye no sólo un escándalo en sí misma sino un elemento para el reforzamiento del escepticismo de los que no están convencidos de las virtudes del sistema de mercado con propiedad privada bien definida.

Es en este contexto intelectual en el que se ubica la consideración de la situación de África. Podemos discutir si hay o no una trampa de la pobreza absoluta que, de existir, mantendría a proporciones significativas de la población de muchos países subsaharianos continuamente por debajo de la línea de pobreza extrema. A pesar de lo afirmado en el capítulo anterior los últimos años parecen indicar que pudiera haberlo, tal como resalta la tabla siguiente, que recojo de The Economist del 5 de marzo de año 2005, y que muestra cómo algunos países y no sólo africanos tienen una tasa media de crecimiento en los 90 que es de hecho negativa.

La tabla dice algo sobre la relación entre el desarrollo y los conflictos refrendando algunas ideas de la primera parte de este capítulo; pero volviendo al África que tomamos como piedra de toque del capitalismo podríamos quizá seguir admitiendo que ni siquiera haya una trampa de pobreza relativa puesto que no parece haber ningún país que esté sistemáticamente en los últimos lugares por renta per cápita. Pero nada de ello eliminaría nuestra sensación de que África se muere. No sólo muere físicamente, tal como ponía de manifiesto un editorial de EXPANSION del 7 de marzo del 2005 que certificaba las cifras del Sida en África: 6500 africanos de nueve países mueren al día y se calcula que entre 1980 y 2025 morirán 83 millones de personas.

También ocurre que muchos países se desvanecerán como países económicamente significativos. Esos mapas que ajustan el tamaño de la representación de los países al tamaño de su PIB, nos muestran una África del tamaño de España y sólo un poco mayor que Latinoamérica con casi el doble de sus habitantes. En estas circunstancias es una muestra de perspicacia política de Blair que, como anfitrión de la última reunión del G7 celebrada a principios del 2005 haya planteado el asunto de la reducción de la pobreza de manera más operativa que nunca atacando de frente el aumento de la ayuda al desarrollo y la espinosa cuestión de la condonación de la deuda. A pesar de que el asunto parece haberse olvidado en la última reunión del G/7, merece la pena tratar de realizar una diagnosis seria de la causa de la pobreza y el discutir cuales podrían ser en consecuencia las medias a adoptar.

Fijémonos en las prescripciones que se efectúan hoy de acuerdo con las más modernas teorías del desarrollo económico. Lo que hace falta básicamente es, como diría Fukuyama y explica concienzudamente Martin Wolf, construir el Estado, es decir eliminar la corrupción y establecer la ley (comenzado por la protección de los derechos de propiedad) y el orden (eliminando las guerras civiles y las matanzas tribales). Sólo así es concebible que empiece a fluir la inversión extranjera y que la participación local, sin la cual no hay esperanza, pueda llegar a brotar.

Los pequeños parches de las ONG's en cuestiones higiénicas o educativas y los microcréditos no conseguirán, con independencia de su mérito y de su capacidad paliativa, imponer el círculo virtuoso del crecimiento endógeno. Este tipo de prescripción no se plantea ninguna duda sobre la capacidad del capitalismo para crear riqueza de manera generalizada siempre que se den las condiciones mínimas necesarias para proteger la propiedad privada generando así los incentivos pertinentes.

Sin embargo esta capacidad del capitalismo para crear riqueza sin dejarse atrás a nadie puede ser puesta en duda y no solo al estilo del movimiento antiglobalización que parece condenar sin paliativos al sistema capitalista actual sin acabar de diseñar un mundo alternativo; sino de una manera mucho más profesional, si no ortodoxa. Se trata desde luego de una cuestión de incentivos; pero justamente de esos incentivos que quizá nos llevan a invertir en los países desarrollados y no en los pobres. Las ideas que enseguida voy a exponer para justificar esta última duda retórica son tan antiguas que sólo serán reconocidas por economistas de mi generación y, lo que todavía es peor, tienen un inequívoco sabor keynesiano. A nadie extrañará pues que se pregunten sobre la capacidad del sistema capitalista actual para funcionar con el automatismo y la espontaneidad de un reloj suizo. La pregunta relevante que sirve para orientar estas cavilaciones es precisamente la ya mencionada: ¿por qué no invertimos en África?.

Claro que hay una primea respuesta ya insinuada que está más a tono con los tiempos. Consistiría en afirmar que en los países africanos pobres no hay Estado que garantice el cumplimento de la ley y que la mano de obra que no está enferma no está suficientemente educada11. Pero cuando uno recuerda que la "frontera" de la colonización americana no era precisamente el patio central del Trinity Collage de Cambridge, que el canal de Panamá se construyó en un paraíso para mosquitos portadores del dengue o que las aguas cercanas a las obras del canal de Suez estaban probablemente infestadas de cocodrilos, no tiene más remedio que objetar que la razón de la falta de inversiones en África habrá de buscarse en otros parajes menos aparentemente obvios. Debe ser que hay disponibles otras inversiones que, una vez tenida en cuenta la prima de riesgo, son más atractivas que las africanas para cualquier inversor racional.

Pero una respuesta de este estilo debe contrastarse con ideas básicas, antiguas y sabias. En efecto, las ideas combinadas de Martin Bailey y de Axel Leijonhufvud nos hicieron ver en su día que por muy alto que fuera el coste de un proyecto de inversión real (en infraestructuras por ejemplo), por alta que fuera la prima de riesgo, siempre había un interés a largo plazo lo suficientemente pequeño y un grado de paciencia lo suficientemente grande como para que mereciera la pena abordar estos proyectos que generan beneficios durante largos periodos de tiempo y que podrían sostener el pleno empleo a no ser que existiese algo como la trampa de la liquidez en la que Keynes a diferencia de los keynesianos, no creía.

Si en lugar de pleno empleo decimos erradicación de la pobreza en África y, en lugar de considerar la trampa de la liquidez como un mero deseo de atesorar efectivo en cantidades infinitas para un tipo de interés bajo, la contemplamos como un deseo de concentrar totalmente la colocación de nuestro ahorro en el sector financiero, algo en lo que Keynes sí hubiera creído, nos encontramos con una posible contestación a nuestro interrogante que sí va más allá de las ideas actuales sobre la inexistencia de oportunidades reales de inversión en África.

De acuerdo con estas ideas podríamos pensar en primer lugar que esos proyectos duraderos no existen o que la prima de riesgo es enorme. Ya he dicho, sin embargo, que no creo en el argumento de la prima de riesgo. Añado ahora que proyectos de las características adecuadas sí que están hoy disponibles en ámbitos muy variados y perfectamente al alcance de grandes empresas constructoras, especialmente si el BM pusiera algo por su parte. Podría, en efecto, suavizar las condiciones financieras asegurando y/o reasegurando contingencias de todo tipo a través de diversos mecanismos (diseñados precisamente por el sector financiero) a favor de bancos de inversión que hoy confrontan tipos de interés a largo que se están reduciendo.

Luego la pregunta sigue viva: ¿por qué no invertimos en África? Mi respuesta a este interrogante sería la que el lector ya ha adivinado El Capitalismo de hoy mismo no puede hacerse cargo espontáneamente del desarrollo de África porque hay una enorme trampa de la liquidez generalizada que imposibilita la canalización de la enorme liquidez existente hacia inversiones reales significativas, reteniéndola en activos financieros complejos.

Creo que estamos asistiendo a una burbuja financiera de mayor calado que las pretendidas burbujas de la vivienda (contra la que alerta todo el mundo, desde el FMI y el gobernador del Banco de España) o de la valoración en Bolsa de las punto.com de finales de los años 90 del siglo pasado. Lo que hoy está ocurriendo en el sector financiero es que hay una enorme proliferación de productos novedosos que recombinan otros ya conocidos y que, a veces, se venden a franjas de la población sin gran preparación financiera y otras veces consiguen el apoyo de gestores poco formados que sin entender del todo los productos los difunden siguiendo un comportamiento gregario a menudo basado en la creencia de que por ahí ronda una especie de Eldorado disponible para quién lo encuentre primero. Mientras subsista esta esperanza irracional nadie estará dispuesto a invertir en sociedades armadas ex profeso para la construcción de obras hidráulicas en el río Congo, por decir algo.

Ante la diagnosis a la que estoy apuntando las medidas que se están tratando de imponer adquieren su verdadera naturaleza.

Medidas paliativas

Más que hacer historia de los fracasos continuados en materia de desarrollo, lo más indicado parecería hacernos eco directo de lo que se ha propuesto en el Foro 2004 de Barcelona como sustituto del consenso de Washington. Este Consenso de Washington ha sido durante mucho tiempo la doctrina estereotipada de la estrategia para el despegue y, en consecuencia, para la erradicación de la pobreza. En principio este consenso se forja ante las dificultades de Latinoamérica durante la década perdida de los 80. Williamson bautizó así a un conjunto de medidas que representaban el acuerdo de los principales organismos o agencias multilaterales que como el BM, el FMI o el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) y que estaban basadas en la teorización del momento sobre el funcionamiento del mecanismo de mercado en un mundo no abierto del todo al comercio internacional.

Tal como nos cuenta Illiana Olivier este consenso se plasmaba en un decálogo que intentaba alcanzar cuatro objetivos básicos: un crecimiento económico alto, una inflación baja, un cierto equilibrio exterior sostenible y una redistribución de la renta que sostuviera una clase media educada. Las diez medidas o instrumentos que componen el decálogo están expresadas por la citada comentarista de la siguiente forma:

  1. Disciplina fiscal, ya sea el mantenimiento permanente del equilibrio presupuestario o el recurso a aumentos moderados del déficit público en situaciones de recesión económica.
  2. Eliminación de los subsidios y prioridad a la educación, la sanidad y las infraestructuras en el gasto público.
  3. Reforma tributaria, consistente en aumentar al máximo la base tributaria, manteniendo gravámenes bajos.
  4. Tipos de interés de mercado, aunque procurando que los tipos reales se mantengan en niveles positivos y moderados.
  5. Tipos de cambio competitivos, siendo menos importante el régimen mediante el que se logra dicha competitividad cambiaria (flotante o intervenido).
  6. Liberalización comercial, y, concretamente, de las importaciones. No obstante, se acepta, por una parte, una protección temporal de las industrias nacientes o un nivel medio-bajo de aranceles para promover la diversificación de la base industrial y, por otra, que el desmantelamiento de la protección comercial se lleve a cabo de forma gradual cuando se está partiendo de niveles elevados de protección.
  7. Liberalización de la entrada de inversión extranjera directa.
  8. Privatización.
  9. Desregulación.
  10. Seguridad jurídica, sobre todo en lo que respecta a los derechos de propiedad.

Se trataba como se podrá observar de dejar que funcionara el mercado para lo que hace falta privatizar, desregular y liberalizar y dejar que el Estado no solo cumpliera con su deber de garantizar la seguridad jurídica sino también interviniera un poco, o mucho, en la dotación de infraestructuras para lo que debería ampliar los ingresos fiscales. En el momento en que se enuncia por parte de Williamson, este consenso parece el adecuado y podríamos decir que reflejaba la conexión cercana entre los economistas al frente de los organismos multinacionales y la doctrina prevalente en el mundo académico.

Sin embargo no es difícil aceptar que el decálogo deja abiertas posibilidades alternativas y que, tal como hemos visto en este capítulo, puede producirse el despegue sin cumplirlo (como ha sido el caso en el sudeste asiático) y que tampoco su cumplimiento garantiza el éxito (como ha sido el caso en la Latinoamérica de los 90).

Esto es básicamente la aportación de Stiglitz en este campo, el reconocer que no hay estrategias universales y que hay que prestar atención a cada país, a su sociedad, a su Estado y a la situación económica del momento. Todas las discusiones genéricas en relación a la ayuda al desarrollo adolecen precisamente de esa falta de concreción. Difícilmente podemos generalizar en el terreno de la ayuda al desarrollo sino que haya que atender a los detalles en materias como la comparación entre ayuda basada en préstamos o en donaciones o como la condonación de la deuda. Lo interesante de estas discusiones es que traslucen las nuevas ideas que se van elaborando a la luz de la experiencia y de la investigación académica12.

Las sugerencias que van adquiriendo vigencia aceptan de la crítica de Stiglitz que hay que adaptarse el terreno y que lo único general que podemos afirmar, de momento y hasta que las experiencias empiecen a hablar por sí mismas, es la importancia en general de las instituciones (importancia ésta recogida en el planteamiento de esta parte final de esta obra) y en particular del Estado (al que dedicamos una atención especial en la parte anterior)13.

Frente a esta repentina y sorprendente corrección del liberalismo mercería la pena hacer un comentario y expresar una advertencia. El comentario consiste en remitir simplemente a la nota a pie de página 10 del capítulo anterior en la que, en relación al libreo de Wolf, se hacía referencia a que, en puridad de principios, el Estado no es ni necesario ni suficiente para el buen funcionamiento del sistema de Mercado, de forma que lo más que puede ser es conveniente. Y es aquí donde encaja la advertencia. El Estado conveniente es el de pequeño ámbito, y seguramente pequeño tamaño, que sin embargo sea fuerte, tal como vimos en el último capítulo de la parte III de este trabajo. Pero una vez que está ahí siempre tendremos que confrontar el peligro de su captura.

Pero esta última idea no forma parte todavía de esa especie de consenso actual que se ha plasmado en una vaga declaración realizada por una veintena de economistas académicos y experimentados que ha dado luz a lo que se denomina la Agenda del Desarrollo de Barcelona. Volviendo a utilizar el comentario de Illiana Ollivier resumiríamos este nuevo consenso de la manera siguiente:

  1. Calidad de las instituciones y buen gobierno
  2. Políticas macroeconómicas contracíclicas, aunque manteniendo políticas financieras, monetarias, fiscales y de deuda prudentes. Autonomía en el diseño de las políticas de desarrollo: cada país en desarrollo debe tener el margen suficiente para decidir acerca de las políticas idóneas para lograr un mayor desarrollo, habiendo identificado previamente sus principales limitaciones a un mayor crecimiento económico.
  3. Mayor promoción del desarrollo por parte de los acuerdos e instituciones multilaterales de comercio.
  4. Reforma de los acuerdos y organismos financieros internacionales.
  5. Necesidad de regular los movimientos de personas.
  6. Diseño y aplicación de políticas nacionales e internacionales que garanticen la sostenibilidad medioambiental.

Dejando a parte la sostenibilidad medioambiental que lo que pretende es evitar políticas autónomas que, desesperadamente (y quizá en sustitución del terrorismo) "quemaran" el planeta para "comer" hoy, debemos notar que la mayoría de los puntos de la Agenda de Barcelona responden a ideas manejadas en esta obra; pero sin llegar al límite aquí alcanzado. Recordemos que en el planteamiento evolutivo del capítulo III de la segunda parte, el ámbito es un elemento crucial de forma que determina las pautas de conducta que identifican a una comunidad como unidad de política económica, de la misma forma que la Agenda exige o aconseja la autonomía.

Recordemos también que la globalización podría traer modificaciones en ese ámbito especialmente a través de la inmigración (o movimientos de personas en terminología de la Agenda) y que esto podría dar origen a cambios institucionales a los que hay que atender. Recordemos también que las políticas macroeconómicas son importantes pero que no es fácil, tal como hemos visto en el primer capítulo de esta cuarta parte, decidir cual es la arquitectura óptima de política económica y que hay que estar muy atento a la captura del regulador, cosa sabida sobre la que no se alerta en la Agenda de Barcelona. Y, finalmente, recordemos que la consideración de la naturaleza de las Agencias Multilaterales y, en consecuencia, la posible oportunidad de su reforma, cerraba el capítulo anterior que forma unidad con el presente.

Si menciono este hecho de que las ideas subyacentes en la Agenda de Barcelona están ya en este volumen que no está dedicado al desarrollo económico, no es para dotarle de una autoridad que no persigue; sino para explotar las posibilidades de ir más allá de dicha Agenda gracias a ideas aquí contenidas.

Comentarios críticos

Alguna objeción al olvido de algunos puntos, así como la rememoración de algunas ideas, acaban de ser expuestas al pasar revista a la pequeñas historia de las medidas paliativas de la pobreza. Pero ahora me interesa prestar atención a otras objeciones o comentarios que permitan destacar la importancia que para la lucha contra la pobreza pueden llegar a alcanzar, especialmente en un mundo globalizado y en plena sociedad del conocimiento, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación.

Quizá el comentario crítico más importante es la ausencia -quizá justificada por su obviedad; pero que no puede dejar de ser mencionada aquí- de la apertura del comercio internacional para el desarrollo. Los movimientos antiglobalizadores tienen razón cuando claman por el desarme arancelario de los productos agrícolas en los países desarrollados. Sin embargo la apertura del comercio no ofrece una garantía total. Por un lado hemos visto en el capítulo anterior refiriéndonos en concreto a África, en donde la pobreza es paradigmaticamente problemática, que las nuevas pautas del comercio internacional están influidas por factores que hacen que sea posible que parte de África sea excluida del comercio internacional aun en caso de apertura.

Esto nos confronta con la lógica del capitalismo a la que ya hemos hecho referencia al preguntarnos retóricamente porqué no invertimos en África. La respuesta ha sido porque hay incentivos a invertir en nuestros propios países desarrollados con lo que nos hemos convertido en neokeynesianos improvisados que destacan la lentitud de la reacción de los precios. Ante la situación de África debería quedar claro que la estrategia de State-building privilegiada ahora por un liberalismo con corazón conservador no es la panacea, aunque sí es verdad que sin ese Estado, o sin una sociedad bien estructurada por las TIC, la ayuda al desarrollo o no surgirá o no podrá ser bien aprovechada. La solución tiene que pasar por algún tipo de arreglo que solucione la preferencia por la liquidez generalizada a la que hemos hecho referencia14.

A mi juicio, dado que la lógica del capitalismo es a veces no operativa y su capacidad de generar riqueza puede a veces ser lenta, ante un problema urgente como el de la pobreza tenemos que imaginar o inventar algún procedimiento. He aquí mi sugerencia. El BM y el FMI de manera conjunta deberían convencer a las instituciones financieras de que su supervivencia a largo plazo pasa por su aportación al cálculo y a la gestión de los riesgos inherentes a los grandes proyectos reales. Estas instituciones financieras pueden repartir riesgos entre muchos pequeños ahorradores de países ricos y, lo que es más importante, pueden generar instrumentos sencillos a muy largo plazo, derivados de esas inversiones reales, que sirvan para aliviar problemas de pensiones, problemas estos que no se van a solucionar con la proliferación opaca de instrumentos financieros sólo aparentemente sofisticados.

A falta de algún arreglo de este estilo África no despegará y morirá (económicamente hablando) mostrando por ese mismo hecho, si ocurre, que el capitalismo no es todavía lo que algunos creemos que puede llegar a ser. A mi juicio el capitalismo está ya preparado para abordar proyectos como los que hasta aquí he descrito como necesarios para no dejar atrás al continente africano.

Con esto quiero decir que los incentivos están ahí, aunque ocultos por una mala interpretación de otros desarrollos aparentemente brillantes y que realmente no lo son tanto y que el espíritu empresarial no los desaprovechará siempre que al principio los organismos multilaterales estén a la altura del reto que representa la erradicación de la pobreza y cuya magnitud exige mucha pedagogía y no poca coordinación hasta que las cosas como siempre en el capitalismo empiecen a rodar solas.

En cualquier caso y mientras un arreglo de este tipo se instrumenta no hay porqué renunciar a mejorar el funcionamiento de la ayuda al desarrollo. Las TIC ayudarán a esta mejora de dos maneras que a estas alturas deberían resultar naturales. Por un lado si conseguimos que las poblaciones de los países pobres sean dotadas de la posibilidad de manejar las TIC, estas poblaciones generarán una opinión pública que controlará la corrupción. Por el otro lado, esa opinión pública se conformará más fácilmente si, tal como predijimos, las TIC permiten la proliferación de estados pequeños y fuertes muy homogéneos y en donde florece la confianza.

Termino este capítulo con un tono optimista. El capitalismo que viene será más capaz de generar riqueza, y , por lo tanto, de erradicar la pobreza, porque florecerá, por razones ya expuestas, la confianza que elimina o reduce costes de transacción y porqué esta confianza permitirá arreglos inteligentes que apoyarán la lógica del mercado.

Resumen

A la luz del contenido de la primera parte de este capítulo (IV.2.I) y de lo que en esta segunda parte (IV.2.II) hemos ofrecido, podemos decir que en, buena medida, hemos aceptado el reto que Kuznets planteaba en 1995 ensanchando así el ámbito general de la Economía hacía la Economía Política y la Economía Social. En esta segunda parte hemos prestado atención a la educación, a la desigualdad y a la pobreza como tres factores del crecimiento económico y a los dos últimos como posibles efectos del mismo.

La intuición parece indicarnos que un mayor número de años de escolaridad traería consigo un mayor crecimiento y algunas simulaciones así lo certifican. Esa misma intuición nos hará pensar que la introducción de las TIC entre la juventud tendría un efecto similar. Sin embargo el mecanismo que relaciona educación y crecimiento es lo suficientemente complejo como para que la no linealidad del proceso nos lleve a imaginar la existencia de equilibrios múltiples muy diferentes en cuanto al crecimiento, dejando así espacio a la política económica, entendida ahora como la elección del equilibrio a alcanzar y que correspondería a una mayor o menor educación incluyendo las TIC.

Por otro lado la educación puede también influir en el crecimiento a través de la desigualdad y cabe esperar que la introducción de las TIC pueda producir, al principio al menos, una mayor desigualdad. A pesar de ello me he permitido argumentar que en el caso de España una mayor educación acompañaría a una mayor convergencia real con la UE de los 15 a través de no solo un mayor capital humano sino también de una mayor cultura y, más en general, porque con esa mayor educación se podría obtener una cierta equidad generacional en la que los padres pagan la educación de los hijos y los hijos las pensiones de los padres, de forma que con un poco de suerte podríamos instrumentar la conjunción de mayor educación, mayor igualdad y mayor crecimiento, aunque no hay ninguna garantía de conseguirlo.

En cuanto a la desigualdad hay formas variadas de combinar la desigualdad entre países con la distribución interna a cada uno a fin de llegar a una cifra que nos mida la desigualdad global entre todos los habitantes de la tierra. Los datos disponibles parecen indicar un nuevo descenso de la desigualdad entre países. Combinando esto con datos de la desigualdad entre personas dentro de cada país, se obtienen distintas medidas de la distribución global que muestran, salvo una excepción no muy relevante, un descenso de la desigualdad interpersonal en el mundo. Sin embargo esta buena nueva se debe más a la mejora de la igualdad entre países que a la mejora de la igualdad dentro de cada país, de forma que es el despegue de algunos países como China o India en el proceso globalizador lo que realmente mejorará la igualdad global.

Por otro lado la especialización respectiva de estos dos países en manufacturas o bienes digitales, respectivamente, hará que la distribución interna vaya a ser más igualitaria en China que en India. También es cierto que las facilidades informacionales que proporcionan las TIC nos hacen conscientes de la desigualdad entre países lo que puede estar en la base del malestar difuso del movimiento antiglobalizador. Y en cuanto a la relación entre igualdad y despliegue económico, a pesar de que la evidencia empírica no es contundente, nos decantamos por su signo positivo, a partir de ciertas elucubraciones teóricas que se ven reforzadas por las TIC de formas indirectas.

El capítulo termina con una consideración a la pobreza. La pobreza extrema está definida por el PNUD como la situación de las personas con menos de 1$ al día de renta. Un sector de la población mundial está en esta situación y aunque el número absoluto de pobres disminuye, aumenta en África. La pobreza puede ser una contradicción del sistema capitalista y paliada a través del propio sistema es una necesidad pues su persistencia pone en jaque no solo la seguridad, sino también la fe en el sistema de mercado que, sin embargo, no parece sustituible.

Pensemos qué pasa en África. Su pobreza o bien se debe a la inexistencia el Estado, que no garantiza el funcionamiento del sistema, o bien a una preferencia por la liquidez generalizada debido a la mala concepción del sistema financiero. Las medias paliativas puestas en práctica por el BM han ido educando; pero es posible que la misma apertura del comercio, tan necesaria en general, fuera inútil pues cabe que el comercio internacional se canalice entre países desarrollados. Las TIC pueden ayudar a organizar arreglos como el que se preconiza en el texto que una vez instalados, en los países pobres, apoyarían la formación de una opción pública que evitará la corrupción favorecerá el nacimiento del Estado.

Notas

1. El esquema conceptual de este subapartado se debe al magnifico trabajo de Birdsall y Sabot cuya lectura no puede ser sustituida por los comentarios que siguen. Asimismo ese articulo es fuente de una rica bibliografía.

2. Lo que sigue es una adaptación de un trabajote Urrutia (Urrutia ( 1998 ) que corresponde a unas conferencia redactadas en la Fundación Barrie de la Maza.

3. Estos resultados son alcanzados por M.J. San Segundo (1997). El cuadro que acompaña a los comentarios anteriores es una adaptación de las tablas 2 y 4 de este trabajo, actualizado por su autora.

4. Ver G. Saint-Paul y T. Verdier (1993).

5. Ver M. Boldrin (1996)

6. El resumen que se presenta a continuación sigue el trabajo de Sutcliffe.

7. El coeficiente de Gini de una serie de N observaciones es la media aritmética de los valores absolutos de las diferencias formadas asociando las observaciones dos a dos de todas las formas posibles: . Si dividimos G por obtenemos el coeficiente de concentración que se representa mediante la conocida curva de Lorenz.

8. Si consideramos a la denominada en su día Nueva Economías del Bienestar, un desarrollo neoclásico, no puede cabernos duda alguna de que la eficiencia en la asignación de recursos a través del mecanismo del libre mercado en una economía de propiedad privada es completamente independiente de la distribución personal de los recursos en una economía sin propiedad privada. El segundo teorema fundamental de la Economía del Bienestar garantiza esta independencia: elíjase una distribución eficiente cualquiera de una economía sin propiedad privada y siempre será posible definir una con propiedad privada cuyo equilibrio de mercado consiste en unas asignaciones (además de unos precios) que coinciden con la distribución elegida para empezar. Es esta idea la que subyace al llamado "socialismo de mercado" al que ya hemos hecho referencia en estas páginas. La aparente refutación de esta ultima por parte de Hayek a partir de las dificultades de computación de los precios que sostienen la distribución elegida como un equilibrio, no pone realmente en entredicho la separación que estamos glosando. Son los neoricardianos los que han insistido en que esta separación es imposible basándose en los resultados del mítico libreo de Sraffa en el que se muestra cómo los salarios de equilibrio dependen de la rentabilidad del capital.

9. Ver el nuevo libro de Sach (2004). La clasificación que se cita a continuación, así como otras referencias a ese libro, provienen sin embargo de algunos fragmentos que aparecieron a mediados de marzo del 2004 en la revista TIME.

10. Esta es la idea principal del trabajo de Dubois que ha influido en lo que sigue así como en las conclusiones de la última sección de este capítulo.

11. Lo que sigue apareció en Urrutia (2004)

12. A medida que el liberalismo deriva hacía el conservadurismo parece empezar a reconocer que el Estado podría ser necesario para el despegue de no pocos países que dan vueltas a la rueda del subdesarrollo. Este es el caso de los citados Fukuyama y Wolf; pero no sólo de ellos. Más adelante en el texto veremos cómo el consenso de Washington está siendo sustituido por un conjunto de ideas alternativas, que incluyen la mencionada necesidad del Estado.

13. El último y reciente libro de Guillermo de la Dehesa ofrece una exposición bien resumida de estas discusiones y experiencias.

14. Es en ocasiones como la que se plantea en el texto cuando cabe distinguir entre liberalismos, entre el austriaco de Hayek y el inglés de Keynes. Con independencia de orígenes doctrinales, ambos creían en la economía de mercado como fuerza creadora de prosperidad y ambos sabían que la economía es un subsistema dentro de un sistema más amplio de relaciones políticas y sociales. Pero Hayek es un espontaneista y Keynes un proyectista. Enfrentados a un problema concreto como el de la inversión en África, por ejemplo, Hayek hubiera diagnosticado la situación como una sujeta a la indeseable interferencia en la espontaneidad de las relaciones económicas por parte de los poderes políticos corruptos y hubiera propuesto lo que hoy llamamos State-building. Por su parte Keynes habría apuntado a retardos en los ajustes de precios -debidos a adelantos en los ajustes de cantidades- y a los problemas informacionales que pueden surgir aún en ausencia de interferencias, algo inaceptable para Hayek. Keynes, en consecuencia, hubiera diseñado algún proyecto concreto, como el del texto digamos, sin tener paciencia para esperar a la reacción tardía de los precios y sin miedo a producir una interferencia más entre en las que ya existen. Visto de manera alternativa diríamos que Hayek es más respetuoso que Keynes con el statu quo. Mientras éste está dispuesto a capturar al regulador para conseguir algo que cree bueno para todos, aquel no ha pensado en ello y, como sin querer, expresa su esperanza en que este statu quo evolucione. La ingenuidad de esto último facilita la captura por alguien. La "sabiduría" o quizá la "picaresca" de Keynes dificulta esa captura por los demás para llevarla a cabo él mismo. Lo interesante del capitalismo que viene es que estas distinciones ya no hacen falta. El regulador será no capturable y el statu quo será muy modificable: los Keynes se verán obligados a esperar impacientemente su oportunidad y los Hayek no tendrán más remedio que actuar cuando temporalmente estén en el poder.

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