Juan Urrutia, el autor y el economista
Hechos estilizados del desarrollo
Democracia, Desarrollo y Crecimiento
Desarrollo, Apertura y Regionalización
El desarrollo económico es el verdadero reto del capitalismo, la piedra de toque de su pertinencia como sistema económico. La propiedad privada, los medios de producción, el sistema de libre empresa, el mercado como forma de asignar los recursos y de incentivar la innovación, así como la regulación y la seguridad que puede llegar a proporcionar el propio mercado, constituyen un sistema bastante complejo cuya deriva estamos intentando descifrar.
En el capítulo anterior he intentado desentrañar lo que podemos esperar de la política económica como forma de la actuación del Estado en el sistema. El Estado es una institución; pero no es la única que tiene algo que ver con el mejor o peor funcionamiento del sistema económico. La manera de juzgar la calidad de ese funcionamiento no es fácil de identificar. No puede basarse solamente en el nivel o la tasa del crecimiento del PIB pues ya hemos visto en diversas ocasiones que importa también cómo se obtiene ese PIB ya que ello puede influir en la satisfacción de quién lo obtiene. Pero tampoco puede abstraer de ese crecimiento; pues sin él no podríamos decir que el capitalismo funciona.
Pensemos pues en el desarrollo económico como un fenómeno multifacético que, además del crecimiento y de la participación en su consecución, también depende de otros aspectos que cualifican el crecimiento. Querríamos saber cuales son los trade-offs o compromisos entre ese crecimiento y la democracia, la apertura exterior, la distribución de la renta, la pobreza, la educación o la cobertura garantizada de algunas necesidades básicas. En este capítulo y en el siguiente voy a tratar de satisfacer ese deseo de conocimiento.
En el siguiente capítulo me ocuparé de las ideas concatenadas de educación, desigualdad, pobreza y estado del bienestar como "instituciones" que condicionan el crecimiento y como rasgos que conforman el desarrollo. En el capítulo en el que ahora entro me ocuparé, en el mismo sentido, de la apertura y de la democracia.
La apertura comercial no solo es el hito más significativo del liberalismo económico que potencia el crecimiento y el desarrollo, sino que además tiene un enorme efecto civilizatorio producido por el contacto entre culturas que el comercio siempre ha traído consigo. En cuanto a la democracia trataré de hacer ver que se trata de un haz de instituciones que tiene sus ventajas y sus inconvenientes para el crecimiento; pero que, en cuanto envuelve la participación, es imprescindible para el desarrollo.
En cuanto a los factores novedosos condicionadores del futuro del capitalismo hay que decir que van a jugar su papel aquí también. La apertura coincide en muchos aspectos con la globalización. Esto por un lado; pero por otro, parece intuitivo que la emergencia de bienes digitales y las TIC van a influir indirectamente -además de posiblemente directamente- en el desarrollo a través de su influencia en instituciones determinantes del crecimiento, sean estas la democracia, el Estado de bienestar, la educación, la pobreza o la desigualdad.
En esta sección introductoria pretendo describir los hechos estilizados que caracterizan al desarrollo a la luz de la evidencia para, a continuación, subrayar que necesitamos modificar nuestras teorías explicativas así como que la introducción de las instituciones en esas teorías parece una buena estrategia intelectual.
Para empezar parece interesante conocer con algún detalle la evolución del PIB per capita de los diferentes países por muy imperfecto que nos parezca este guarismo como indicador del bienestar general de un país.
Gracias al trabajo de Summers y Heston (enriquecido posteriormente en Heston, Summers y Aten) contábamos a principios de los 90 con datos fragmentarios del PIB per capita de 138 países para los 40 años que van de 1950 a 1988. Parente y Prescott (1993 a), eliminando los países de menos de un millón de habitantes y aquellos cuyas lagunas estadísticas no se pueden rellenar, trabajan con los 102 países cuyas estadísticas han podido completar para el período 1960-851.
Aparte cuestiones técnicas de medida lo interesante de este último trabajo es que establece lo que podríamos llamar los (nuevos) hechos estilizados del desarrollo económico.
Cabe distinguir entre los hechos relativos a la disparidad entre países de aquellos relativos a la movilidad de los países. Comenzando por los primeros nos encontramos con dos aspectos que llaman la atención. Primero el tamaño de la disparidad es muy grande. Segundo, esta disparidad permanece más o menos constante a lo largo del tiempo.
Una forma de medirla es a través de la diferencia simple entre la media de los 5 países más ricos y la media de los 5 más pobres. Pues bien, la primera es 29 veces más grande que la segunda en 1985. Para tener una idea, siquiera aproximada, de cuan grande es esta brecha en PIB per cápita digamos que es bastante mayor que la disparidad entre las regiones españolas, pero más pequeño que el rango de los salarios en España. Más sorprendente es que el tamaño de la disparidad es constante cuando se mide según el rango de la distribución y casi constante cuando se mide por medio de la desviación típica2.
Si ahora miramos a los hechos relativos a la movilidad de los países podemos destacar algunos notables. La media de la distribución de la riqueza absoluta ha aumentado al equivalente anual de casi un 2% durante los años de la nuestra sin que pueda detectarse una "trampa de la pobreza absoluta" (sólo Zaire ha disminuido en estos años su PIB per cápita), al menos hasta el último año de la muestra. Cabe sospechar que algunos otros países en África estarán sufriendo el destino mencionado de Zaire3.
Mucho mas interesante es el comportamiento de la riqueza (per capita) relativa a la de los EE.UU. de América. La distribución de sus cambios (mostrada en el panel a) del cuadro 1), además de ser casi una normal, parece alimentar la posibilidad de grandes cambios, hacia arriba o hacia abajo, en la riqueza (per capita) relativa. Efectivamente existen milagros y desastres que, expresados en factores de cambio, se indican en la tabla que aparece como panel b) del cuadro 1.
Cuadro 1. Cambios en la riqueza relativa4

Dada la forma normal de la distribución del panel a), típica de fenómenos aleatorios, y los países del panel b), un pesimista diría que no merece la pena ocuparse de estos asuntos pues parecen depender muy mucho de la suerte o de la geografía. Pero un optimista podría pensar que si supiéramos las causas de estos hechos quizá pudiéramos instrumentar algún milagro o al menos evitar un gran desastre. Seamos optimistas y tratemos de entender las razones por debajo de estos hechos de forma que nos percatemos de las deficiencias e insuficiencias de las teorías disponibles y nos convezcamos de la necesidad de introducir en el análisis otras variables entre las que no es posible evitar a las instituciones.
A efectos de ir acercándonos a una teoría satisfactoria, lo más inmediato es imaginarnos un mundo globalizado en el que cada país, con su propio aparato productivo diferenciado, compite con los demás en base a una tecnología y una ciencia libremente accesible y con movilidad total del capital físico.
Dentro de este modelo genérico de desarrollo podemos diferenciar dos grandes familias. La primera está basada en una concepción del capital restringida a su consideración como inversión acumulada: capital físico. La segunda se da cuenta que para reconciliar los hechos estilizados nos hace falta una noción de capital adicional: missing capital5.
Si nos fijamos en la primera familia de modelos, las hipótesis de trabajo establecidas nos permiten pensar en términos del conocido modelo de Solow y en las ideas de convergencia que se han explorado en su contexto.
Pensemos en primer lugar en la posibilidad de la convergencia absoluta, es decir cualquiera que sea la estructura (demográfica y tecnológica) de los diferentes países y cualquiera que sean sus condiciones iniciales en términos de capital físico per cápita. No hay ningún modelo que implique esta convergencia absoluta y de existir estaría refutado por los hechos estilizados a los que nos hemos referido.
Pensamos por lo tanto en la convergencia condicional, es decir en la que quizá podría darse entre países con la misma estructura (demográfica y tecnología) aunque tuvieren distintas condiciones iniciales. Esta convergencia surge del modelo de Solow, el más elemental de los modelos neoclásicos de crecimiento, y que se representa en la siguiente figura que es una de las más conocidas de la teoría económica, casi al nivel de la que muestra las curvas de demanda y oferta.
Con rendimientos constantes a escala, la función de producción (per capita) está representada por f(k), en donde k es la relación capital/trabajo. La población, totalmente empleada crece a una tasa n y ahorra una proporción constante, s, de la renta producida. Es fácilmente demostrable que la evolución de la relación capital/trabajo surge la siguiente ecuación diferencial

Las características cualitativas de este modelo se desprenden inmediatamente del gráfico. En el equilibrio ( = 0 ) nos encontramos con

una relación capital/trabajo de equilibrio (k*) a la que tiende el modelo cualquiera que sea sus condiciones iniciales (k0) y para lo cual, la tasa de crecimiento del output, g, es idéntica a n. Sin embargo este modelo obviamente no replica los hechos estilizados pues predice la misma g para todos los países cuando sabemos que hay distintos g's y también que hay milagros o desastres que desligan la tasa de crecimiento del output, g, de la tasa de crecimiento de la población, n.
No es fácil maquillar el modelo de Solow para hacerlo consistente con los hechos estilizados que hemos apuntado. Podría pensarse por ejemplo que la introducción de una demografía menos simple quizá ayudara al hacer n una función del propio k.
Si miramos al gráfico siguiente nos percatamos que esto podría explicar la dispersión entre países pues podríamos decir que hay clases diferenciadas entre ellos; pero no es consistente con la posibilidad de sorpresas (milagros o desastres) que exigirían un salto entre clases que no se puede explicar en el modelo.

El problema, con este tipo de modelo es, a nuestros efectos, que en él el estancamiento de la acumulación de capital ( = 0 ) trae consigo nexorablemente que el output per capita también se estanque (f (k*) = cte.).
Para replicar los hechos estilizados necesitamos desligar el crecimiento del output per capita de la acumulación de capital físico. Esto ocurre siempre que tengamos rendimientos crecientes a escala, lo que puede ocurrir tanto por el lado de la oferta (como el caso del aprendizaje por la experiencia) como por el lado de la demanda (como sería el caso, muchas veces mencionado en esta obra, del efecto-red) y también cuando se trata de bienes digitales cuyo coste de reproducción es virtualmente nulo.
En estos casos, que siempre implican multiplicidad de equilibrios, podemos explicar la continuidad en el crecimiento e incluso su aceleración (milagros) y por lo tanto la dispersión que los resultados de convergencia negaban; pero hay que añadir algo más si queremos explicar la estabilidad de la dispersión compatible con los milagros y los desastres.
Esto nos lleva a la segunda familia de modelos que mencionábamos con anterioridad y en la que queremos introducir una especificación del missing capital.
Podríamos comenzar por introducir, en la primera familia, la diversidad de tipos impositivos sobre las rentas de capital; pero esto no ayudaría mucho ya que una disparidad razonable de tipos solo generaría una disparidad en output per cápita mucho más pequeña que la observada. Volvamos pues la atención a otros candidatos.
El primer candidato obvio es el capital humano. Lucas (1988) exploró las posibilidades que abre su introducción en un modelo de crecimiento de muchos países interrelacionados por el comercio. Como explica Schmitz el modelo de Lucas permite explicar las diferencias en output per cápita; pero no permite explicar su persistencia: podrían muy bien ensancharse.
Parente y Prescott( 1993b), en un trabajo posterior al comentado, introducen la idea de Business Capital, algo así como la capacidad, diferente entre países, de eliminar las barreras que se oponen a que los empresarios creen nuevas empresas y adopten tecnologías novedosas. Construyen un modelo en el que la innovación tecnológica exige invertir en capital físico, pero en el que la inversión necesaria para poner en marcha la nueva tecnología es menor, dado el conocimiento científico-tecnológico prevalente, cuanto mayor sea el Business Capital.
Si, de manera un poco ingenua a mi juicio, medimos las diferencias en Business Capital entre países como las diferencias en la imposición sobre las rentas de capital, nos encontramos con que el modelo es consistente con grandes diferencias en output per capita que permanecen constantes y con que, además permite la existencia de milagros.
Notemos para terminar esta sección en cierta medida introductoria, que tanto el capital humano (derivado de la Educación) como el Business Capital (que hace referencia a la organización legal de un país) son dos ejemplos de lo que podríamos llamar instituciones. Y es que son éstas, las instituciones, las que deberían explicarnos tanto la causa de los rendimientos crecientes como la estabilidad de la dispersión.
Sin embargo hay que poner un poco de orden en este mundo de las instituciones. Por un lado podríamos hablar de factores (de producción) perdidos. La educación y las infraestructuras son las más obvias. Su inclusión en un modelo de crecimiento puede explicar la no convergencia (tanto condicional como absoluta) y sugerir políticas estructurales para alcanzarla. Mi impresión genérica es que la inversión en educación ayudaría sobre todo si se hace en los años iniciales, y que la inversión en infraestructuras puede ser útil sólo si éstas se ubican donde pueden tirar de la iniciativa privada y no donde únicamente sirven para la igualación interterritorial.
El proceso de urbanización, con las economías de aglomeración que acarrea, es también otro factor de producción, institucional si se quiere, que puede ser útil para explicar algunas facetas de los hechos estilizados especialmente en conexión con otras instituciones intangibles como la mentalidad, o la cultura general. Por otro lado hablaríamos de instituciones olvidadas que sin embargo han sido ya recordadas como explicativas de la dispersión y su estabilidad.
La Independencia del Banco Central y su influencia sobre la inflación o el crecimiento (tema al que nos hemos referido ampliamente en el capítulo anterior), así como la relación entre Democracia y Desarrollo son dos ejemplos de los temas que se estudian dentro de esta área con resultados académicamente desiguales. En mi opinión la no-convergencia real que buscamos dependerá, en este contexto institucional, tanto de instituciones básicas como el sistema fiscal o el sistema de ciencia y tecnología, como de otras más sutiles como la creatividad, el talento empresarial o la seguridad jurídica.
En las secciones que siguen en este y el siguiente capítulo, prestaremos una atención específica a dos de estas instituciones: la democracia y la educación, esta última en conexión con la desigualdad que debería ser considerada en sí misma como un factor perdido mejor que como una "institución" olvidada.
A pesar de que la apertura al comercio internacional no parecería ser ni una cosa ni la otra; sino un elemento central de la actividad económica ya considerada en cualquier modelo básico, las políticas comerciales y las estrategias que al respecto ha seguido cada país, sí que tienen un sabor institucional y como tales serán estudiadas también en este capítulo.
La Democracia es muchas cosas. Es desde luego la división de los poderes (legislativo, judicial y ejecutivo) que garantizan hasta donde es posible el libre desenvolvimiento del individuo en el Estado. Pero no concebiríamos una democracia sin elecciones periódicas que pueden cambiar tanto al ejecutivo como al legislativo -y en ocasiones hasta el judicial-. Y tampoco imaginamos ya una democracia sin respeto por las minorías o sin protección de las libertades individuales. A todo esto me voy a referir en esta sección; pero en dos apartados distintos.
En el primero, muy breve, procuraré hacer una exposición clara de cómo la iniciativa privada propia del capitalismo debería hacernos entender la necesidad de la participación política para que podamos hablar de desarrollo. En el segundo aclararé directamente la influencia en el crecimiento de algunos de los rasgos característicos de la democracia liberal.
Comenzaré por tratar de dar una pincelada breve y superficial que me sirva para enmarcar ese "aire de los tiempos"6 en el que se juega, si no la democracia, sí al menos algunas de sus características y la mayor o menor influencia que en su funcionamiento va tener el conservadurismo, el liberalismo o la acracia libertaria.
A mi juicio el aroma que nos rodea es el de la proliferación. De objetos, de ideas, de marcas, de imágenes, de significados diversos desenterrados por la arqueología del poder, de huellas descubiertas por la frenética actividad deconstructora, de ángulos interpretativos inéditos, de medios de comunicación, de blogs, de noticias, de rumores.
Esta proliferación transforma nuestra sensibilidad en una bolita de pin-ball que sigue un proceso estocástico sin correlación serial, una martingala que no nos permite aprender del pasado para predecir el futuro. La consecuente incertidumbre radical genera un miedo angustioso y ante ese miedo, en última instancia producto de una proliferación que vemos como desordenada, caben dos actitudes que hoy polarizan la vida social y que, en su enfrentamiento, conforman ese "aire de los tiempos" que estoy tratando de caracterizar: un autoritarismo moderno y una acracia postmoderna, por ponerles dos nombres sonoros.
El primero quiere acabar con la incertidumbre de una vez por todas (una divisa ésta que como veremos caracteriza profundamente la mentalidad neoconservadora a medida que se desengancha del liberalismo) mientras que la acracia disfruta, en cierta medida, de las novedades de las que esa incertidumbre radical está hecha.
Para tratar de diferenciar con claridad ambas reacciones a la incertidumbre radical de los tiempos actuales, incertidumbre que no es ajena a la globalización, la sociedad del conocimiento y las TIC, quizá me sea permitido ser un poco localista y hacer alguna referencia a la política española en los primeros meses de la victoria del PSOE en marzo del 2004 y en el pasado inmediato correspondiente a los últimos meses del gobierno del PP.
El autoritarismo de hoy es propio de esa modernidad que se cree en posesión de un conocimiento seguro y que, como "los neocons" americanos o como una facción del PP construida alrededor del ex-presidente Aznar, cree que esa seguridad deriva del sentido común y que ponerla en duda es síntoma de mala voluntad, esa insidia malevolente representada por la acracia postmoderna que disfruta problematizando lo más elemental.
Como este sentido común es, junto con la de una vez por todas, una de las principales divisas neoconservadoras, quizá pudiéramos aproximarnos algo a la comprensión de la distinción entre conservadurismo autoritario y acracia postmoderna si acudiéramos como en un flash a las enseñanzas del profesor de ética G.E. Moore.
Keynes fue alumno de Moore en Cambridge y le dedicó una buena parte de "My early Beliefs", una descripción insuperable del ambiente intelectual de aquel momento en aquel lugar. Moore es un pensador que ha pasado a la historia de la filosofía como el filósofo del sentido común, al que dedico su muy bien conocido trabajo "En defensa del sentido común", ignorando así injustamente muchas otras de sus contribuciones.
Ahora bien si nos olvidamos del resto y nos centramos a su concepción de ese sentido común podemos acercarnos a ella a través de Manuel Cruz quién pretende ser fiel a Moore subrayando su complejidad ya que ""si el sentido común necesita defensa... es porque no se basta a sí mismo- no es ni autosuficiente ni transparente" (Filosofía Contemporánea. Taurus, 2002, p.36). No toda cuestión puede ser zanjada por el sentido común ni éste evita el esfuerzo conceptualizador que por intenso que sea jamás podrá zanjar cuestión alguna de una vez por todas. Este esfuerzo puede hacerse de muchas maneras y una de ellas, asociada a la filosofía continental -como opuesta a la insular- podría desembocar en lo que he denominado acracia libertaria o postmoderna y cuyo correlato cognitivo no tiene nada que ver con el sentido común, sino más bien con la filosofía de la sospecha que se inició con Nietzsche y que es una reacción al racionalismo ilustrado que subyace al liberalismo y que no es consciente de sus propios peligros internos.
Para el autoritarismo conservador moderno el debate público no sólo no es necesario; sino un signo inequívoco de que algo no va bien en la política. El muchas veces citado Fareed Zakaria opina que en el campo de la política la democracia ha ido demasiado lejos en una América (refiriéndose a los EE.UU.) que quizá está traicionando a sus ""padres fundadores".
Según este autor, que no parece apreciar demasiado a los politólogos, quizá porque son excesivamente demócratas en sentido partidista americano, se trataría de liberar a la política de la democracia. Con argumentos que hemos utilizado, y criticado, en el capítulo anterior, nos quiere hacer ver que tanto el legislativo como el ejecutivo pueden fácilmente ser capturados mientras que la reserva federal, como ejemplo de agencia independiente, puede defenderse de la política. De ahí que le parezca que hay demasiado debate público en cuestiones complejas que sólo deberían ser analizadas por expertos.
Un ejemplo localista pero palmario de esta actitud antidebate público es la reacción del PP ante la reunión de presidentes de la CC.AA. que tuvo lugar en el Senado el 29 de octubre del pasado año 2004. Aunque ya hace tiempo de eso recordaremos seguramente que se trataba de un tipo de reunión que no había ocurrido nunca y a la que los presidentes pertenecientes al PP pusieron algunos reparos iniciales por una falta de acuerdo previo sobre sus conclusiones. Es posible que la reunión no estuviera preparada con un cuidado exquisito; pero de ahí a decir que la única conclusión alcanzada fue la de volver a reunirse, hay un trecho no corto.
Se acordó una agenda compuesta de financiación de la sanidad, participación de las CC.AA. en la UE y reformas constitucionales y estatutarias, amén de otros asuntos importantes aunque quizá menos llamativos en aquel momento como inmigración, seguridad o investigación. Y, sí, los presidentes autonómicos decidieron volver a reunirse, una prueba, según algunos medios de la órbita del PP que muestran un claro autoritarismo moderno, de la inanidad de la reunión.
Para el liberalismo o para el anarquismo postmoderno, sin embargo, ir de frente hacia una solución precocinada no es la forma más eficaz de llegar a saber algo o de conseguir organizarse de una manera satisfactoria. Muy al contrario, es probable que el camino más propicio a la consecución de los fines que se propusieron, y especialmente para alcanzar un arreglo satisfactorio a la espinosa cuestión territorial, sea el tortuoso de reunirse y volverse a reunir hasta que, como por casualidad, nos encontremos sabiendo mucho y organizados para seguir aprendiendo sobre esa cuestión territorial que nunca se podrá dejar de considerar como perfectible.
Volviendo al hilo principal que nos lleva desde el una vez por todas y el sentido común hasta el rechazo del debate político como signos del autoritarismo moderno que motejo de conservador, quiero ahora denunciar su paralelismo con el rechazo de la iniciativa privada.
En efecto el reunirse para discutir es una forma de debate que está en el corazón mismo de la participación y que aparece como algo natural para tratar de alumbrar la solución más satisfactoria a cualquier problema además de cómo un signo de identidad, junto a la opinión pública perfilada por los medios, de la democracia liberal. Para un economista esta participación a través del debate es a la actividad política lo que la iniciativa privada es a la actividad económica. Una economía concreta puede que conduzca a asignaciones eficientes en un sentido estático; pero si éstas no son el resultado de la iniciativa privada ni resultan ser tan apreciables (por impuestas) ni garantizan una eficiencia dinámica (porque quizá pueden inhibir la innovación).
Similarmente es posible que un sistema político específico esté legislando correctamente a través de un Parlamento democrático o que esté administrando aseadamente a través de un Gobierno democrático salido de las urnas o de una agencia en la que éste haya delegado, pero si no hay un debate público participativo ni aprecio la legislación ni la administración como mías, ni espero que mis preocupaciones genuinas encuentren acomodo en las iniciativas parlamentarias o en la agenda de Gobierno.
Me resulta, por lo tanto, curioso constatar que quienes parecen apreciar mas la iniciativa privada a efectos de la creación de riqueza, sean los que menos parecen gustar del debate público como instrumento de participación ciudadana a juzgar por algunos acontecimientos de finales del año 2004 que, aunque otra vez vuelven a ser locales, ilustran lo que quiero decir.
Además del rechazo a los presupuestos del 2005 en el Senado (por razones desconocidas por la opinión publica) o del plante del PP en la votación previa a la tramitación de la ley que cambia los porcentajes para la elección de los miembros de algunos organismos judiciales -y la correspondiente ruptura de relaciones con el Ministro de Justicia-, una ruptura similar se ha producido con el Ministro de Exteriores -con rechazo explícito a consensuar la política exterior si antes no dimite el ministro del ramo- y un aluvión de críticas han llovido sobre el Secretario de Estado de Hacienda Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Moratinos afirmó en un programa de TVE que Aznar alentó el golpe de Estado contra Chávez y Fernández Ordóñez utilizó diversos foros para reflexionar en voz alta sobre el IRPF, preguntándose por la eliminación de las desgravaciones por pensiones y vivienda y explicitando el dilema existente entre tipo único y el desenredo de la maraña de beneficios fiscales sedimentados en el tiempo.
Y, sin embargo, yo creo que esas opiniones tan criticadas por el PP, son encomiables porque propician el debate público que encarna la participación política más allá de la discusión parlamentaria. Las declaraciones de Moratinos han podido ofender por dudosamente ciertas y por inoportunas y las opiniones o globos sonda de Fernández Ordóñez pueden parecer poco elaboradas (o incluso destinados a "quemar" los temas) pero abren el debate sobre política exterior y sobre política fiscal responsable y fomentan la participación.
Ahora trataré de resumir con brevedad y precisión un trabajo de Alesina7 que permite formarse una opinión sobre la influencia de la democracia en el crecimiento. Explicaré cómo debemos mirar a tres problemas distintos correspondientes a tres características distintas de la democracia: sus instituciones políticas y sociales, la estabilidad gubernamental y la legislación electoral.
Dentro de lo que podríamos llamar instituciones democráticas deberíamos distinguir entre aquellas que hacen referencia a la democracia política y aquellas que conforman la democracia social. Las primeras incluyen la división de poderes y las prácticas electorales por ejemplo, mientras que las segundas coinciden con lo que se denominan libertades individuales.
Los análisis empíricos nos hacen ver, según Alesina, que no hay grandes diferencias en términos de crecimiento entre la democracia promedio y la dictadura promedio. Sin embargo la varianza es muy diferente en cada caso. Es mucho más grande en las dictaduras entre las que encontramos los mayores desastres económicos; pero también los milagros que observamos y que apoyan el conservadurismo como serían el caso obvio de Singapur y el de China.
Ante estos hechos caben muchos intentos de explicación que Alesina resume en cinco bloques. Pensemos en los cuatro primeros relativos a la democracia política. En primer lugar diríamos que los grupos de presión pueden ralentizar e incluso dirigir el sentido de la legislación en su propio favor y que su actividad tiende a incrementar el ámbito del Estado (por usar la terminología introducida en el capítulo III.2) para poder dar satisfacción a cada uno de ellos de forma que muy posiblemente aumenten artificialmente los programas distributivos.
En nuestro propio lenguaje diríamos que en democracia hay el peligro de la captura del Estado al que ya nos hemos referido in extenso tanto en esta parte IV como en la anterior; pero esta manera de entender la cuestión nos hace ver que en dictadura la captura es por definición total por lo que tampoco deberíamos pensar que el autoritarismo vaya a paliar las debilidades de la democracia ante los grupos de presión, debilidades que sólo podrían paliarse a partir de una opinión pública bien informada y cuya potencialidad pueden ayudar las TIC.
Como el despegue de una economía subdesarrollada suele exigir sacrificios de muchas clases parecería, en segundo lugar que un régimen político fuerte o dictatorial lo tendría más fácil; pero esto es desconocer tanto que las dictaduras suelen ser populistas, como que la democracia no puede caracterizarse en general como un régimen débil especialmente cuando florece la participación ciudadana potenciada por la información y por su disponibilidad, independiente del Estado.
Aunque suele decirse en tercer lugar que los procedimientos democráticos retrasan innecesariamente la toma de decisiones ante shocks específicos que atañen a la economía de un país, esta velocidad de reacción dependerá cada vez más de las exigencias de la globalización y de la difusión de la información propiciada por las TIC y cada vez menos que del carácter más o menos autoritario del régimen político cuya pretendida agilidad en la toma de decisiones puede también verse enervada por esas mismas tecnologías capaces de prevenir a la opinión pública.
Lo que sí parece en principio un argumento más serio en contra de la democracia como régimen poco adecuado para el despegue económico es el bien documentado efecto del ciclo político. Este fenómeno propicia inexorablemente una concentración en proyectos que lleguen a su culminación en la legislatura en la que se ejerce el poder.
Esta "miopía" exigida por la necesidad de ganar elecciones y de mantenerse en el poder podría justificar, en cuarto lugar, un cierto recelo antidemocrático sin que en este caso podamos achacar un defecto similar a los regimenes autoritarios contra los que, en cualquier, caso siempre se puede argumentar su falta de simpatía por la participación, (que resulta ser mucho menor de lo que permite la tecnología actual), y que resta valor a cualquier éxito económico alcanzado.
Para terminar ahora con un comentario sobre la democracia social podríamos decir, en quinto lugar, que las libertades individuales propician algunas virtudes que son imprescindibles para el despegue económico y la salida del subdesarrollo. Sin libertad democrática es difícil concebir que florezcan la toma de riesgo, el espíritu empresarial dispuesto a innovar y crear riqueza o el propio mercado que exige una iniciativa privada que, tal como ya hemos comentado, no parece muy alentada, a pesar de las apariencias, en regimenes autoritarios.
También es verdad, tal como veremos en el capítulo siguiente, que las libertades civiles permiten la protesta y que ésta puede tener ocasión de ejercerse frente a las posible desigualdades que la libertad de mercado y la innovación pueden llegar a generar. En cuanto a este quinto bloque deberíamos estar muy atentos al contraste entre China e India. Mientras en este último país las nuevas tecnologías parecen florecer, en China se ponen dificultades objetivas a la difusión y al uso de la WWW.
La intuición, poco fiable hay que decirlo, nos diría que China puede tener una ventaja inicial por su capacidad a frenar protestas o por la posibilidad de ignorarlas, pero que sus logros serán más precarios y más frágiles que los obtenidos en la India8.
Para el pensamiento autoritario la estabilidad política es sumamente importante. En los países desarrollados con esa expresión nos referimos simplemente a una volatidad pequeña de los principales agregados macroeconómicos. Volatilidad que se cree, (erróneamente a mi entender tal como ya argüí al final del capítulo IV.1) puede ser reducida en base a instituciones de diseño que imponen la existencia de reglas fijas.
En países subdesarrollados por inestabilidad política nos referimos a huelgas salvajes, asesinatos políticos o insurrecciones armadas que, no sorprendentemente, reducen las inversiones extranjeras y hacen inútil cualquier petición de mayor ayuda directa. Como ahora veremos es posible que esta variable sociopolítica explique algunas diferencias significativas entre latino-américa y el sudeste asiático.
En efecto, miremos ahora a la inestabilidad propiamente política en cuanto referida a cambios de gobierno. En el cuadro siguiente que, como se indica, ha sido tomado de Alesina et al. (1991) se observan algunos hechos interesantes.

Para entender el cuadro debemos conocer los siguientes significados. GR es la tasa de crecimiento del productor interior bruto. DEM es una variable que toma el valor 1 para las democracias, 3 para las dictaduras y 2 para los casos intermedios. GCHANGE engloba cualquier cambio de gobierno y es dicotómico tomando el valor 1 para el cambio y 0 para el no cambio. MJCHANGE es igualmente dicotómica y toma el valor 1 para cambios de envergadura o inconstitucionales con cambio en el partido político que gobierna. Finalmente COUP, también una variable dicotómica toma un valor de 1 cuando el cambio inconstitucional es militar.
El cuadro muestra ahora algunos hechos reveladores. Vemos que en Latinoamérica entre las fechas indicadas el total de cambios está en la media mundial (de uno cada 3 años), mientras que exhibe la más alta frecuencia en cambios tanto mayores (dos frente a uno cada 10 años en el mundo) y en golpes militares (1.5 frente a uno cada veinte años en el mundo). Este cuadro latinoamericano contrasta con el asiático en el que se refleja que, aunque también está en la media de cambios políticos generales, hay pocos cambios mayores y un mínimo de golpes de estado. Es muy tentador atribuir a esta diferencia la mejor actuación de esta región.
El otro hecho revelado por el cuadro anterior es la diferente situación de África. En ese continente hay muy pocos cambios de gobierno aunque los que hay suelen ser cambios mayores y entre éstos la mayoría son golpes de Estado. No parece que esto sea muy alentador para el despegue de África pues no parece que anime a los inversores extranjeros, sino que más bien propicia la acumulación rápida y la huida inmediata de los escasos inversores locales.
Estas impresiones generales se confirman en el siguiente cuadro que habla por sí mismo. No cabe duda de que la inestabilidad ejecutiva en países subdesarrollados es una rémora para el despegue y tanto más cuanto que se establece un círculo vicioso que lleva de la inestabilidad a la ralentización del crecimiento por falta de inversión a la inestabilidad propiciada por esa falta de crecimiento.

A la luz de estos comentarios cabe preguntarse si los factores cuya influencia estoy intentando analizar pueden jugar algún papel aquí. Creo que no es arriesgado aventurar la opinión de que la globalización, al permitir la libre circulación de bienes y de personas, puede en algún momento traer consigo una mayor inestabilidad gubernamental incluso en los países desarrollados debido a la inmigración; pero lo importante es la naturaleza de esa inestabilidad y esa viene condicionada por los otros factores.
Cuanto mayor sea la información disponible por el electorado encontraremos que, por un lado, menos serán los cambios radicales y los golpes de Estado pues el país de que se trate estará menos aislado y se sentirá más vigilado por parte de una comunidad internacional a la que pertenece y, por otro lado, más fácil será la interacción entre los individuos que permite la generación o el surgimiento de pautas de conducta que son aceptadas y acaban imponiéndose de manera natural organizando así la convivencia. Habrá pues una tendencia a que los cambios del ejecutivo correspondan a cambios normales.
Cabría preguntarse si estos comentarios son también válidos para África o hay que considerar este caso como un caso especial en el que la falta de inversiones extranjeras y la mala utilización de la poca ayuda directa son responsables del estado de pobreza a partir del cual no parece posible el despegue. Dejaré este problema para el capítulo siguiente y terminaré este apartado con una referencia a la influencia de las leyes electorales.
Los casos de Allende en el Chile de los 70 y el más reciente de Caldera en Venezuela, que posiblemente propiciaron con sus extremismos político-económicos y sociales, una reacción que, aunque injustificable democráticamente en el caso de Chile, acabó generando un golpe de Estado que triunfo con Pinochet o un cambio dudosamente democrático en el caso de Chávez en Venezuela.
Se ha dicho que en ambos casos el sistema electoral es parte de la explicación, especialmente en Chile un país de gran tradición democrática y de primacía parlamentaria. Sin embargo al tener un sistema electoral mayoritario, según el cual el partido más votado se lleva todos los representantes de cada circunscripción, el Parlamento acaba teniendo muy pocos grupos parlamentarios. Esto propicia el extremismo mencionado que permitió a Allende organizar lo que era muy cercano a una revolución desde el Parlamento y permitió más tarde a Pinochet permanecer en el poder con una apariencia democrática. Al mismo tiempo, y por razones estrictamente análogas, este sistema mayoritario facilita la adopción de reformas necesarias para el despegue.
Los sistemas proporcionales tienen justamente las características contrarías. En los Parlamentos están representados muchos grupos pequeños, una fragmentación que se debe, claro está, a que cada jurisdicción lleva al Parlamente un número de representantes proporcional a los votos conseguidos en esa jurisdicción con más o menos retoques. En estas condiciones no hay más remedio que gobernar o en coalición o propiciando el consenso. Pero esto hace muy difícil abordar reformas que realmente consigan romper el status quo lo que dificulta el despegue, aunque tiene la ventaja de eliminar extremismos que, a su vez, pudieran incubar golpes de estado que puedan inhibir la necesaria inversión extranjera.
Es claro que las nuevas tecnologías digitales son en principio neutrales respecto a los sistemas electorales; pero también parece evidente que acabarán empujando a las decisiones legislativas hacia la democracia directa. Ahora bien la democracia directa es, en cierto sentido, como el límite del sistema proporcional, por lo que hemos de pensar que nuestros sistemas de toma de decisiones colectivas acabarán reflejando consensos varios y coaliciones variables según los temas tratados.
Ello hará muy poco fiables las predicciones electorales -cosa que ya se empieza a observar- y hará muy difícil salirse del status quo. Ahora bien está última característica nos lleva a pensar que es muy probable que observemos movimientos serios para mantener el poder por parte de quién ya lo tienen y un empuje especial por parte de aquellos que creen saber que en el futuro será muy difícil alcanzarlo. Sin embargo esto debe ser entendido cuidadosamente y con detalle. Todo esto será así siempre que no se hayan eliminado las posibilidades de captura del Estado a las que nos referíamos en el último capítulo de la parte III.
Como, sin embargo, no es difícil de detectar las coartadas institucionales para la captura -como eran las reglas estables de política económica- se sigue que en El Capitalismo que viene las posibilidades de captura habrán sido eliminadas y se cambia totalmente el incentivo a defender el status quo. Como se sabe que no es defendible lo más sensato es pensar que cada uno preferiremos un sistema en el que siempre nos tocará nuestra parte alicuota de poder en el tiempo.
Este último comentario refleja hasta qué punto hay que ser precavido a la hora de entender los efectos de las tecnologías digitales o TIC en muchas de las características de los sistema económicos capitalistas a los que estamos acostumbrados.
Hasta ahora hemos visto dos ejemplos de esta necesidad de finura interpretativa. Vimos cómo la probable eliminación de reglas fijas de política económica, debido a que dejan de ser creíbles en un nuevo entorno, podría traer consigo una menor potencialidad de crecimiento puesto que las empresas establecidas no se enfrentan a un horizonte claro; pero cómo, al mismo tiempo, esa eliminación potenciará la renovación de empresas, su rotación y la disminución de su vida media propiciando la posibilidad (aunque no la seguridad) de la igualdad de oportunidades. Ahora vemos un segundo ejemplo de la necesidad de tener una mirada abarcadora cuando atacamos el problema que nos ocupa en esta obra.
Como acabo de sugerir el status quo pierde su naturaleza de ventaja en la lucha por el poder debido a que de ese status quo habrían sido eliminadas las posibilidades de capturar el Estado. Ambos ejemplos comparten la creencia en que el capitalismo tal como lo conocemos no va a poder mantenerse vivo ante la potencia del ataque del conocimiento de lo que pasa, la posibilidad de hacer y deshacer comunidades identitarias y ante los cambios en la estructura poblacional y del cuerpo electoral que la inmigración -propiciada por la globalización- va a acarrear.
Globalización y Apertura del comercio son prácticamente sinónimos en cuanto que aquella exige ésta, entendida como apertura de fronteras. Y ambas están conceptualmente basadas en una de las ideas más profundas y originales de la ciencia económica: las ventajas del comercio internacional.
Ahora bien la proposición de que abrirse al comercio internacional es siempre bueno y que la Apertura es la mejor estrategia para el desarrollo son cosas distintas que necesitan ser consideradas como tales. Ocurre similarmente que no es fácil decidir si la Apertura debe ser abrupta o por pasos en el tiempo y en el espacio pasando por uniones regionales. En el primer apartado de esta sección planteamos la Apertura tratando de aclara estas cuestiones, mientras que en el segundo apartado trataremos de plantear una primera discusión sobre los peligros de la globalización, incluyendo la financiera, su posible exorcización y las dudas iniciales que plantean las agencias multilaterales que tratan de manejar la globalización.
Empezaremos por recordar someramente los resultados teóricos más evidentes y el incremento continuo del comercio mundial, para continuar luego con la Apertura como política comercial y con las ventajas e inconvenientes de los uniones aduaneras regionales.
Aunque las bases teóricas de las ventajas del comercio internacional son bien conocidas es importante recordarlas para así poder valorar los cambios teóricos y juzgar mejor los hechos que se dicen mejor contrastados.
Resultados Teóricos
Confrontemos los dos problemas básicos del comercio internacional que han estado desde el principio en el corazón de la ciencia económica: la dirección del comercio (es decir quién exporta qué) y la discusión del librecambismo, dejando un poco de lado la famosa igualación de los precios de los factores de producción, incluso cuando éstos, como es el caso del trabajo, no son perfectamente movibles.
Si comenzamos la exposición por la teoría ricardiana de la ventaja comparativa nos enfrentamos con la proposición de que un país exporta el bien en cuya producción tiene ventaja comparativa. Un ejemplo hace de esta teoría ricardiana algo transparente.
Sean dos países: N y S que puedan ser interpretados como norte y sur. Ambos países tienen la misma dotación del único input productivo existente: 600 unidades de trabajo. Y la tecnología de la producción para transformar ese trabajo en dos posibles bienes, C (por computadores) y A (por arroz) es como indica el cuadro siguiente, en donde los números indican la cantidad de trabajo necesario en cada país para producir cada uno de los bienes.

El ejemplo está pensado para que sea obvio que el Norte tiene ventaja absoluta en la producción de ambos bienes pero que su ventaja comparativa está en la producción de computadores. Así que esperemos que el Norte se especialice en la producción de estos computadores exportando parte y que el Sur se especialice en la producción de arroz exportando una parte con lo que pagará su importación de computadores a los precios internacional que se establezcan.
Todo esto se puede representar gráficamente de una manera muy sencilla. En el panel izquierdo (derecha) de la siguiente figura se ilustra las posibilidades productivas del N(S) delimitadas por las rectas continuas.

En ausencia de comercio cada país produciría ambos bienes y el precio relativo (de los computados en términos de arroz) sería respectivamente:
. Lo que cada país produciría de cada bien a esos precios dependerá de sus preferencias respectivas entre ambos bienes; pero lo importante es entender que si se abren las fronteras al comercio internacional cada uno de los países podrá consumir fuera de sus posibilidades originarias de producción y consumo. Digamos que, dadas las preferencias de cada uno de los países, el precio internacional de los computadores en términos de arroz tiene que estar entre los precios relativos establecidos en cada país antes de la apertura.
Si denotamos por
a ese precio internacional t tendremos que:
y digamos que
de forma que su dibujo en los gráficos anteriores es muy sencillo y se indica por las rectas punteadas. A ese precio internacional se alcanzará un equilibrio de la producción y del consumo. El país N producirá 60 unidades de computadores y exportará 20, consumiendo así 40, mientras que el país S producirá 30 unidades de arroz, exportará 20 y consumirá 10.
Naturalmente el mundo es un poco más complicado que el que hemos dibujado en el ejemplo. Compliquémoslo un poco advirtiendo que además del trabajo (L) hay otro input productivo que llamamos capital (K) y que el país N está relativamente mejor dotado de ese input K. Sigamos manteniendo que hay dos outputs, computadores y arroz, denotados por C y A y que la producción de C es intensiva en el uso del capital y la de A en el uso del trabajo.
Las curvas de las posibilidades de la producción no son ahora unas rectas como en el caso anterior que sólo tenía un input productivo. Suponiendo que en cualquiera de las producciones hay rendimientos decrecientes a escala nos encontraríamos con las dos siguientes situaciones.

El análisis es muy similar al anterior. Si no hay comercio internacional cada país, N a la izquierda y S a la derecha de la figura anterior, producirán y consumirán según sus preferencias en dos puntos como los indicados por PN o PS sobre la correspondiente curva de posibilidades de la producción cuya tangente determina el precio relativo correspondiente. Si ahora se abre el comercio internacional el precio internacional volverá a ser intermedio y el país N (S) exportará computadores e importará arroz del país S. Esto ocurre ahora porque en el país N el factor relativamente abundante, el capital, es el que se usa más intensivamente en la producción de computadores.
El problema con estos modelos, que podríamos llamar clásicos, del comercio internacional es que implican unas pautas y direcciones del comercio que no coinciden con las observadas.
En efecto, gran parte del comercio internacional observado lo es entre países industrializados (que se supone tienen dotaciones de factores similares) entre productos manufacturados (y no entre estos y las materias primas, tal como se desprendería de nuestros ejemplos) y, dentro de una misma industria (con dotaciones factoriales idénticas) entre productos diferenciados por pequeños matices de marca o de diseño. Para acomodar estas pautas hay que abandonar el supuesto de rendimientos constantes y admitir la posibilidad de que haya rendimientos crecientes a escala.
En la figura siguiente se muestran en un mismo espacio el conjunto de producción de ambos países que suponemos idéntico para ambos y cóncavo hacia el origen precisamente por los rendimientos crecientes. Con un precio internacional como el indicado por la pendiente de la curva RR un país se especializa totalmente en producir el bien C (coches) y el otro el bien C' (computadores) consumiendo posteriormente fuera del conjunto de producción allí donde se maximiza su utilidad.

Es muy fácil ver en el gráfico lo que cada país, el que produce coches ( C ) y el que produce computadores ( C') importa y exporta a partir de su producción. El ejemplo está confeccionado para que resalte el hecho de que el intercambio se produce entre bienes manufacturados y entre países que no muestran ninguna ventaja, ni absoluta ni relativa, en la producción de una u otra manufactura y que tampoco se distinguen por sus preferencias.
La razón de este tipo de pauta en el comercio internacional está simplemente en los rendimientos crecientes a escala. Si añadiéramos las ideas de diferenciación de producto (por marcas o por detalles de diseño) y la competencia monopolística que acompaña naturalmente a esa diferenciación nos encontraríamos con alguna variante de los modelos de Krugman (1980, 1981) que explican esa otra característica propia del comercio internacional actual que consiste en que el intercambio no sólo se efectúa entre productos manufacturados; sino también entre productos de una misma industria.
Dos comentarios son aquí de interés. El primero es que cuando hay rendimientos crecientes en la producción de los dos bienes, rendimientos crecientes que pueden deberse a externalidades positivas de la producción de uno en la del otro o a complementariedades de naturaleza varia, el equilibrio puede ser múltiple. Una misma relación real de intercambio puede ser compatible con una mayor o menor grado de especialización. El equilibrio que se alcance dependerá del tamaño relativo de ambos mercados, siendo posible que no haya demanda suficiente como para estirar hasta el final la especialización.
Como siempre esta multiplicidad de equilibrios quiere decir que hay espacio para la intervención gubernamental que puede querer mantener ambas producciones por una u otra razón o puede tratar de intervenir en el libre cambio por razones dinámicas de las que hablaremos en un momento.
El segundo comentario es que en las circunstancias que dan origen al intercambio entre manufacturas e incluso interindustial, es posible que se bloqueen las posibilidades del intercambio entre países subdesarrollados ricos en materias primas o productos agrícolas y países desarrollados ricos en manufacturas. Este comentario debe añadirse a los efectuados sobre África a efectos de preguntarnos en el siguiente capítulo, sobre las dificultades para salir de la pobreza.
El Comercio Mundial
A partir de la II guerra mundial y a partir del GATT (General Agreement for Trade and Tairffs), sustituido desde hace años por la Organización Mundial del Comercio (OMC), y en base al impulso liberalizador de ambas instituciones, el comercio mundial ha mostrado un crecimiento continuado aunque volátil en el área de los países desarrollados.
El cuadrito siguiente pone esto en evidencia el tiempo que destaca la importancia negativa de los dos shocks petrolíferos. Si añadiéramos los datos de los últimos tres lustros la tendencia se reforzaría. Esto es un signo claro de que la globalización es una realidad.

Si ahora miramos a los países subdesarrollados apreciamos que los hechos están de acuerdo con los resultados teóricos. Comencemos por mirar en el cuadro siguiente (tomado de Ray y que no he traducido) los crecimientos de los exportaciones por regiones para cerciorarnos, de que la globalización funciona.

Como indica el siguiente cuadro (del mismo origen) la mayoría de los países subdesarrollados exportan materias primas que, en general, diríamos que son intensivas en el uso del factor trabajo que es relativamente más abundante en esos países verificando así Heckscher-Ohlin.

Como los precios relativos de las materias primas frente a las manufacturas han ido disminuyendo, las exportaciones de los países desarrollado han aumentado su participación en el valor total de las exportaciones. Por otro lado y tal como muestra el siguiente cuadro (otra vez tomado de Ray) la participación de las exportaciones de las manufacturas en los países subdesarrollados ha ido aumentando a medida que el fenómeno contrario se daba en los países desarrollados hasta el punto que hoy éstas exportaciones de manufacturas en estos países son solo poco mayores que en los subdesarrollados, ofreciendo un ejemplo de intercambio entre bienes manufacturados.

El argumento básico del librecambismo está basado en las teorías de Ricardo o de Heckscher-Ohlin que muestran como cada país, abriéndose al comercio internacional puede consumir fuera de la frontera de sus posibilidades de producción. Como se observará el argumento es exactamente análogo al de la conveniencia de intercambiar entre dos agentes individuales en dotaciones iniciales distintas. Sin embargo en el caso de dos países hay contra-argumentos que son muy relevantes en la práctica y que subyacen a algunas prácticas comerciales.
b.1. Pensemos en primer lugar que la distribución de las ganancias del comercio internacional puede ser desigual dentro de un país. Por ejemplo, si entre dos países funciona Heckscher-Ohlin nos encontramos con que en el Norte (por seguir con nuestra terminología) el salario disminuirá mientras que la tasa de beneficios aumentará, justo lo contrario de lo que ocurrirá en el Sur. Esto nos da una idea de quién estará a favor y quién en contra de la apertura de la frontera entre dos países.
En el caso del NAFTA (North America Free Trade Agreement) entre Estados Unidos y México los que ganaban era los capitalistas de los Estados Unidos y los trabajadores mejicanos, mientras que los capitalistas mejicanos perdían al igual que los sindicatos del vecino del norte que, lógicamente, fueron los que más resistencia opusieron a la ratificación de dicho acuerdo.
En segundo lugar podemos encontrar una buena razón teórica a favor del intervencionismo cuando lo que se trata es de pasar dinámicamente de un equilibrio a otro. Como hemos visto en presencia de rendimientos crecientes hay multiplicidad de equilibrios debido a externalidades positivas y a las complementariedades existentes.
Pensemos en un país que quiere pasar de exportar bananas a exportar computadores simplemente porque el precio de éstos oscila menos que el de las bananas. Se trata de pasar de un equilibrio a otro; pero esto puede exigir un capital que sólo puede obtenerse en mercados a los que no tienen acceso los productores de bananas. En esta circunstancia la intervención financiera del gobierno puede ser necesaria para alcanzar el nuevo equilibrio.
b.2. Estas consideraciones dinámicas son las que subyacen a ciertas políticas comerciales más o menos exitosas que se plasman en distintas estrategias para instrumentar el despegue. Pensemos en el contraste que hay entre la vieja estrategia brasileña de sustitución de importaciones y la más reciente estrategia coreana de promoción de exportaciónes.
En Brasil se trataba en aquellos años de animar un sector doméstico considerado estratégico (por ejemplo por razones del learning by doing que subyace en los rendimientos crecientes) para el que sí había mercado interno pero para el que no tenía Brasil ninguna ventaja comparativa estática de forma que debería haber sido importado.
También en Corea se trataba de animar mediante créditos preferenciales un sector doméstico estratégico ( por las mismas razones) pero para el que no había demanda interior que, por lo tanto no era importado; pero que podía ser exportado. En este caso coreano digamos que se trata de producir y exportar automóviles (por ejemplo) reduciendo los derechos de aduanas a la importación de componentes u otros materias primas o bienes intermedios o ampliando las cuotas.
En el caso de Brasil lo que hacían las autoridades era dificultar la importación de bienes de lujo ahorrando divisas destinadas a la importación de componentes al tiempo que cerraban la importación del bien que se tratara (automóviles por ejemplo).Si Corea triunfó y Brasil fracasó fue posiblemente por su distinta actitud hacía la apertura. Brasil tenía que cerrar el comercio y para ello se utilizaron tarifas y cuotas con efectos distributivos distintos. Las cuotas en concreto invitan a la corrupción.
Si por las razones dinámicas indicadas los países pretenden imponer cierto proteccionismo el instrumento favorito son las tarifas que cambian los precios relativos internacionales y pueden influir en la dirección del comercio. Supongamos tres países N, S y C que producen, entre otras cosas, digamos que arroz. El comercio del arroz debería estar dirigido por cualquier versión de la ventaja comparativa; pero la posibilidad de imponer tarifas puede distorsionar este comercio.
Continuemos siguiendo a Ray y supongamos que, en cualquiera de los países, hay tres niveles posibles de Tarifa: T baja(inexistente), T media y T alta y miremos al juego estático entre dos países, el N y el S. La siguiente matriz de pagos muestra los resultados para cada país derivados del par de tarifas establecidas:

Es inmediato que el único equilibrio de Nash ocurre cuando ambos países imponen una tarifa alta a la importación del arroz. En cualquier otra cuadricula ocurre que uno de los países querría cambiar la tarifa. Es obvio por otro lado que ese equilibrio de Nash no es óptimo paretiano. Es como si estuviéramos jugando un dilema del prisionero.
Ahora bien la situación puede no ser tan extrema si suponemos que los resultados de cada par de estrategias conforman un juego de coordinación reflejado en la siguiente matriz de pagos en la que los pares (A,A'), (B,B') y ( C,C') son los incrementos que se pueden añadir a los resultados en cada país como resultado de los lobbies que se forman para influir en el nivel de la tarifas.

Fijémonos que si se eliminan los lobbies, A= A'= A = B'= C = C'= 0 y dados los pagos resultantes el equilibrio de Nash ocurre para la situación de librecambio en que cada país elimina las tarifas. Esto sería el desideratum de la OMC. Ahora bien, si introducimos las tarifas hay tres posibles escenarios.
El primer escenario se da cuando los lobbies consiguen (A, A') . Si A y A' son pequeños estamos en una situación similar a la del libre cambio y seguiremos obteniendo (100 , 100). Ahora bien si el ambiente proteccionista empieza a imponerse entramos en el segundo escenario en el que B y B' son ya más altos pero no lo suficiente como para eliminar la posibilidad de que la cuadricula central sea equilibrio de Nash. En un ambiente muy proteccionista C y C' pueden ser tan altos que hayan otra vez de un régimen de comercio muy cerrado al equilibrio de Nash. Y todo ello en un juego de coordinación.
Naturalmente todo esto puede ocurrir porque las tarifas representan ingresos para el Estado que se siente tentado, y a menudo cae en la tentación, de imponer tarifas que, por otro lado, benefician a los lobbies que protegen su producción de la competencia exterior. Por lo tanto lo que ocurre al comercio mundial dependerá de la fuerza de los lobbies.
Pues bien una organización multilateral como la OMC nace precisamente para tratar de eliminar los efectos perniciosos que pueden llegar a acarrear los incentivos en cada país a imponer tarifas (recordemos que la OMC proviene del GATT que era un acuerdo para eliminarlas). Para ello interviene en la repetición del juego del prisionero, por ejemplo, tratando de establecer un juego de amenazas que permita sostener el óptimo paretiano tal como ya vimos que puede hacerse en la primera parte de esta obra que puede hacerse.
También procura que lo que hemos expuesto como dilema del prisionero se vaya transformando en el juego de coordinación que permite, como acabamos de ver, que los lobbies funcionen de tal manera que se obtenga por este camino también el óptimo paretiano identificado con el librecambio. Un instrumento para ello ha sido el establecimiento de la cláusula NMF (Nación Más Favorecida) que deberá prohibir la discriminación entre países por la vía tarifaria, pero que, sin embargo, permite la regionalización del comercio.
Esta regionalización consiste en establecer el libre cambio en zonas o regiones determinadas, una estrategia distinta de la globalización generalizada y que no puede considerarse como un conjunto de simples pasos preparatorios. Hay muchos ejemplos de esta regionalización. La UE es un ejemplo de liberalización del comercio entre países del norte, el NAFTA ejemplifica la relación norte/sur y la ASEAN o el MERCOSUR la apertura del comercio entre países del sur. Como es bien sabido estas uniones regionales pueden ser creadoras de comercio o simplemente desviadoras de comercio.
Tomemos nuestros tres países productores de arroz, N, S, y C, que lo producen y venden en su mercado interno a los precios respectivos de 35, 26 y 20. Si tomamos un primer escenario en el que N ha impuesto una tarifa del 100%, este país consume su propio arroz y una apertura ya sea a S o a C, es decir un acuerdo de libre comercio con uno u otro país, genera inmediatamente la importación inmediata de ese otro país, creando comercio donde no lo había, lo que mejora al consumidor que ve aumentado su conjunto presupuestario por la caída en el precio relativo del arroz, y empeora al Estado que deja de ingresar el importe de las tarifas.
Si ahora miramos a un segundo escenario la cosa cambia. En posible que N tenga establecida una tarifa a las importaciones de arroz del 50%. En estas condiciones N está consumiendo arroz importado de C; pero no de S. Si ahora se establece un tratado de libre comercio con S, hay una desviación de comercio pues N deja de importar de C y lo hace sólo de S. El Estado pierde sus ingresos fiscales y el consumidor está tan solo un poco mejor pues el arroz ahora le cuesta 26 y antes 30.
Hay mucha literatura sobre estos acuerdos regionales y en ella se destaca que lo normal por complementariedades serían los acuerdos Norte/Sur; pero que éstos sin embargo son excepcionales por las razones distributivas internas a cada país que ya hemos apuntado. Entre países similares no hay estas complementariedades; pero puede haber otras razones para poner en práctica estas uniones regionales.
En el caso de UE, o en general en cualquier caso que envuelva países ricos, las uniones se hacen por diversificación de productos. Tienen sentido cuando, digamos, permiten poder disfrutar simultáneamente del vino de la Rioja y del Bordeaux. Entre países pobres como es el caso del MERCOSUR esta ventaja de la diversificación no existe a no ser que se dieran entre países que practican la política, ya criticada, de sustitución de importaciones; pero, además en un caso así la tendencia a concentrar la producción por economías de aglomeración (que como hemos visto generan rendimiento crecientes) hace irrelevante el comercio.
Sin embargo estas formas tradicionales de verlo se me antojan ya pasadas. Si tomamos el comercio mundial como un juego evolutivo en tiempo real y las políticas comerciales como las posibles estrategias sabemos, por lo que ya hemos visto tanto en el capítulo 1 de la parte I como en el capítulo 3 de la parte II, que lo que tendríamos que esperar en un equilibrio evolucionariamente estable que ciertamente resulta ser uno de los equilibrios de Nash posibles pero difícilmente un óptimo paretiano. En estas condiciones hemos de esperar dependencia del recorrido de forma que no es irrelevante la forma en que se van haciendo las uniones regionales.
La globalización equivale al inicio de un verdadero juego de este tipo y no parece que organizaciones multilaterales como la OMC que nos ha ocupado en este apartado tanga mucho que decir a no ser que prohiban eficazmente las uniones regionales. Pero esto no es fácil pues en la sociedad del conocimiento todos los países saben el recorrido que más les conviene para llegar al equilibrio evolutivo más favorable. Por otro lado pensar en la coordinación de esas uniones o querer hacer de la OMC una verdadera agencia reguladora no solo es prematuro; sino que tampoco es aconsejable, como tampoco lo eran las idénticas intrusiones en política fiscal que ya hemos criticado en el capítulo anterior.
Es coherente con la posición adoptada en esta obra el esperar e incluso el recomendar que se permita el libre juego de la regionalización. Es decir, no se trata de que la OMC diseñe el recorrido y el timing de la formación de uniones regionales cada vez más amplias hasta llegar a una liberalización total del comercio internacional. Se trata de que este recorrido sea el que surja del roce entre la iniciativa de cada país. La OMC puede, sin embargo, servir de coordinador y quizá garante de lo pactado entre países así como de elemento externo que señale la existencia de la dependencia del recorrido e indique cuales serán los movimentos iniciales asociados a un mejor resultado final en términos de especialización internacional.
No es la primera vez que el mundo "sufre" un brote de globalización; pero ninguna como la actual "amenaza" que es realmente universal aunque no vaya a desarrollarse instantáneamente. Por lo tanto hay que preguntarse si además de las ventajes relativas de la Apertura que ya hemos señalado podemos detectar algunos peligros que justifiquen quitar las comillas a las palabras sufre y amenaza.
Los movimientos antiglobalización a los que nos referiremos con algo más de atención en el último capítulo de este volumen, no dudarán en contestar afirmativamente. La globalización puede acarrear desigualdades (y de ello hablaremos en el próximo capitulo), puede eliminar la diversidad y oportunidades de ejercer las complementariedades, puede excluir poblaciones enteras de sus previstos beneficios y sumirlos en la pobreza (de la que también hablaremos en el capítulo siguiente) y puede, en general, cambiar formas de vida generando un cierto malestar o descontento que se destaca en el libro de Stiglitz que, en su traducción al castellano se llama El malestar de la Globalización.
Para cerrar este capítulo vamos a atender al peligro, no mencionado hasta ahora, de contagio financiero, un tema que cruza todo el libro de Stiglitz y a iniciar las reflexiones sobre el papel de las agencias multilaterales.
Aunque acabe de mencionar algunas de las posibles contraindicaciones de la Apertura, los argumentos básicos de esta sección funcionan a favor de la globalización tomada como apertura de fronteras al tráfico de mercancías10. Sin embargo es necesario mencionar otros peligros de la Globalización entendida ahora como apertura de los mercados financieros. A estos efectos es muy útil discutir, aunque sea brevemente, el capítulo 9 del libro de Guillermo de la Dehesa, Comprender la Globalización dedicado precisamente a las crisis financieras11.
Partiendo de la equiparación entre contagios financieros y crisis bancarias -el las que el pánico producido por la falta de liquidez de un Banco se transmite como la pólvora a otros Bancos- el capítulo del que estoy hablando trata de entender, en base a la literatura más reciente, si la crisis financiera del Sudeste Asiático se contagió a Rusia, Iberoamérica y casi a las economías de la OCDE, o si se trató de otro tipo de fenómeno, más sociológico o psicológico, y si ese posible contagio es algo racional o irracional.
La pregunta es importante porque si hemos asistido a un verdadero contagio no parecería estúpido protegernos en el futuro del peligro de caer en una crisis sistemática ralentizando la globalización financiera, por ejemplo mediante un impuesto a los movimientos de capital a corto plazo. Por eso merece la pena tener en cuenta algunos trabajos relacionados con el contagio como, por ejemplo, el reciente de Allen y Gale en el Journal of Political Economy.
La idea es muy sencilla y aunque la explique en términos de Bancos es inmediatamente aplicable a Regiones del globo. Si un Banco tiene depósitos en otro Banco y el primero recibe un shock negativo de liquidez porque sus clientes se agolpan ante sus ventanillas a retirar sus depósitos por alguna razón, lo normal es que este primer Banco no liquide inmediatamente inversiones rentables sino que proceda a retirar sus depósitos en el segundo Banco. La crisis bancaria se generalizaría -habría contagio- si este segundo Banco llegara a enfrentar ahora su propia crisis de liquidez, debido al conocimiento público de la disminución de sus depósitos, y actuara como el primero retirando depósitos de un tercer Banco, etc.
Es muy fácil de entender que si el primer Banco hubiera tenido sus depósitos repartidos entre otros muchos Bancos, y no todos ellos concentrados en uno sólo sino repartidos entre los numerosos Bancos del sistema, la probabilidad de que alguno de esos otros Bancos hubiera tenido problemas de liquidez hubiera sido mucho más pequeña y posiblemente el contagio no hubiera surgido. La moraleja, aplicable tanto a Bancos como a Regiones, es obvia: cuantos más mercados interbancarios o interregionales existen más pequeña es la probabilidad de contagio. Una crisis financiera no es el resultado de la apertura de los mercados, como muy a menudo se afirma por parte de los detractores de la globalización, es más bien el resultado de la falta de mercados.
De este breve análisis se sigue que la propia globalización exorciza sus peligros. Y tanto más rápido y eficazmente cuanto más fácil sea la apertura de mercados y la configuración de una red cada vez más tupida de contactos intermercados. Y el nacimiento y crecimiento rápido de una red así, que de facto funciona como red de seguridad, serán tanto más probables cuanto menores sean los costes de transacción a los que hemos hecho copiosas alusiones en la parte III y, por lo tanto, cuanto más se desarrollan las TIC.
Por lo tanto el desarrollo e implantación de estas nuevas tecnologías de la información y la comunicación (de cuyo capacidad para tejer redes nos hemos hecho eco continuamente en este obra) trabajen a favor del éxito de la globalización, eliminando uno de sus serios peligros.
Las principales Agencias realmente Multilaterales, como son la citada profusamente en este capítulo, Organización Mundial del Comercio (OMC), con sede en Ginebra y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), ambas con sede en Washington, están en el corazón de la gestión del desarrollo económico y en la conjura de los peligros de la globalización.
Aunque los comentarios sobre el BM tendrán que esperar a que pensemos sobre la lucha contra la pobreza en el capítulo siguiente, las reflexiones que acabo de hacer sobre las crisis financieras permiten la presentación del (FMI) como esa Agencia Multilateral que ha estado en el centro de la controversia sobre las crisis financieras.
Aparte sus origines que lo destinaban a prevenir y eliminar crisis de liquidez internacional, hoy es el gran centro de estudios que, además recomienda lo que deben hacer los países con problemas de endeudamiento excesivo, condicionando sus ayudas que en principio sirven para que no surja el contagio al que me he referido. La gran crítica del FMI está precisamente en esos condicionamientos que impone como un traje de confección ignorando las peculiaridades de cada uno e incluso equivocando gravemente su diagnóstico a veces, tal como explica Stiglitz en el libro citado.
Fondo Monetario y OMC deben estar coordinados y lo están. Sin un país tiene problemas de reservas debido a la situación deficitaria de su balanza comercial puede solicitar de la OMC que le permita cerrar momentáneamente las importaciones, cosa que esta organización permitirá o no, dependiendo de un informe del FMI, para luego, en caso afirmativo detallar la forma de hacerlo.
Lo que interesa en este capítulo no es un resumen del funcionamiento de estas Agencias Multilaterales; sino qué podemos decir sobre su naturaleza. Me interesa, más exactamente, pensar si estas Agencias Multilaterales pueden ser vistas como las agencias reguladoras, de las que hemos hablado como proporcionando coartadas para la captura del Estado, o si también están presionadas para tomar decisiones regladas y no discrecionales como vimos es el caso de los Bancos Centrales.
Parece evidente que los condicionamientos impuestos por el FMI para otorgar sus ayudas y que conforman el llamado consenso de Washington podría interpretarse precisamente como ese regla fija que se predica como adecuada en un mundo en el que no se puede engañar a nadie y en el que el intento de engaño sólo redunda en mayor incertidumbre y volatibilidad de los agregados relevantes. Yo diría que esta era precisamente su intención y por lo tanto a la crítica a la ya he sometido a la política reglada se une ahora la crítica al consenso de Washington bien reflejada en el libro de Stiglitz. No solamente no se puede uno comprometer con una política reglada; sino que no debe hacerlo so pena de acabar agravando los problemas.
También parece obvio que estas Agencias Multilaterales, y especialmente el FMI, han tenido los últimos años una vocación de agencia reguladora independiente que pretendía forzar soluciones imposibles de adoptar de forma creíble por un solo país con problemas. Lo mismo que en el caso de un Banco Central podríamos decir, quizá de manera exagerada, que esta pretendida independencia podría ser la coartada para una captura del Mundo. Tal como hemos visto en este capítulo hay razones para pensar que en el capitalismo que se avecina no habrá ni incentivos ni posibilidades de captura. Incluso en un Estado y muchos menos en un mundo sin un sistema global de Gobierno.
Una conclusión inmediata de estos dos comentarios es que estas Agencias Multilaterales podrán hacer su trabajo de forma cuidadosa sin necesidad de reglas, de forma independiente sin necesidad o posibilidad de serlo formalmente, y que esto es posible porque dada la cantidad de Estados que las componen, en el sentido de ser socios y de contribuir a su presupuesto, la participación en las decisiones es difícil evitar. En otras palabras, me parece difícil que en un futuro alguien como Stiglitz pueda repetir sus críticas.
Esta conclusión está sostenida por muchos de los pequeños resultados o intuiciones que hemos ido acumulando; pero entre unos y otros no debemos olvidar la mezcla de resultado e intuición que está debajo de la tendencia al aumento del número de Estados.
En este capítulo hemos comenzado el análisis de la influencia que las TIC, la sociedad del conocimiento y la globalización (los tras factores cuyos efectos sobre el capitalismo pretendo discernir) pueden llegar a tener en el desarrollo económico a través de su influencia en las instituciones que condicionan este desarrollo y explican tanto la disparidad amplia y constante entre países como la posibilidad de la ocurrencia de milagros de desarrollo inesperado o de desastres de estancamiento.
La democracia es una de estas instituciones que puede influir en el crecimiento endógeno necesario para el desarrollo y las TIC pueden condicionar algunas de las formas de la democracia. Las TIC facilitan la formación de una opinión pública que dificulta el trabajo de los grupos de presión y refuerzan la posibilidad de aceptación de sacrificios que puedan explicarse de manera más detallada y más independiente.
La posible ventaja de regímenes autoritarios en la velocidad de toma de decisiones se diluye por la opinión pública informada sostenida por las TIC y el ciclo político no puede evitarse pero debe ser considerado no como una maldición para el desarrollo; sino como el precio a pagar por la participación política que forma parte en sí del desarrollo.
La globalización, por otro lado, propiciará una mayor inestabilidad de los gobiernos; pero los cambios que se vayan a producir con mayor frecuencia serán más normales y menos traumáticos, en parte por la exposición al mundo que cada país debe admitir en la sociedad de la información, y en parte por la imposición paulatina de pautas de conducta que emergen de un juego político mucho más libre y espontáneo. Esta libertad se explica en buena parte por la tendencia a la elección proporcional de candidatos asociada a una especie de democracia directa, siquiera aproximada, que las TIC permiten y propician. Y esta libertad resulta en una importancia mucho menor de hacerse con el poder para luego presentarlo como el status quo.
En cuanto a la Apertura (al comercio internacional) que la globalización trae consigo, en este capítulo he estudiado la deriva en las pautas del comercio internacional y en las políticas comerciales seguidas así como su impacto en el desarrollo económico, haciendo hincapié en los peligros de los contagios financieros. Las TIC y la información generalizadas hacen menos probables las crisis financieras y dificultan la perniciosa conversión de las agencias multilaterales en agencias reguladoras fáciles de capturar o en emisores de reglas fijas insensibles a las características de cada caso. Todo esto llama a la participación de un número creciente de Estados en las decisiones mundiales.
1. Todo este apartado proviene de algunas de las ideas contenidas en un par de artículos (Urrutia (1993) y Urrutia (2000) a los que he añadido algunos comentarios encaminados a adaptarlas a mis finalidades actuales. Sin embargo la fecha en que Urrutia (1993 ) fue expuesto y publicado ha dejado los datos anticuados. Sin embargo esto no obsta para que consiga comunicar las ideas que quiera comunicar.
2. Comentarios sobre este punto así como una cierta puesta al día de los datos aparecen en el capítulo siguiente al hablar de la desigualdad entre países siguiendo un trabajo de Sutcliffe
3. Estas sospechas serán examinadas más de cerca en el capítulo siguiente al hablar de la situación de África y del despegue espectacular en los últimos años de China e India.
4. Ver Parente y Prescott (1993 a) pp.12 y 13. Otros hechos interesantes son que no se observa una "trampa de la pobreza relativa" pero que los países que experimentan milagros en su renta relativa, aunque no sean "ricos", tienden a ser más "ricos" que los que experimentan desastres en su renta relativa.
5. Esta terminología se debe a Schmitz.
6. Sobre este "aire de los tiempos" escribí un artículo brevísimo en Actualidad Económica: Urrutia (2000) que reproduzco aquí.
7. Me refiero a Alesina (1994) en el que se resumen otros trabajos suyos generalmente en colaboración y que serán citados si así lo requiere la limpieza del argumento.
8. M. Wolf ha dedicado varias columnas en el F.T. a comparar el desempeño de estos dos países.
9. En relación a toda la problemática del comercio internacional es muy recomendable por su claridad de exposición el libro de Bajo (1191) que en cualquier caso no he seguido aquí. Lo que sigue está basado en el libro de Ray sobre desarrollo, a mi juicio el mejor en la materia. En la exposición que sigue hacemos abstracción de una proposición muy discutida en comercio internacional y que hace referencia a la igualación de los precios de los factores a pesar de la falta de movilidad del factor trabajo. A pesar de la mayor movilidad del trabajo en un mundo globalizado este problema continua siéndolo; pero no es necesario hablar de él para mi estrategia.
10. Ver Wolf (2004) Este trabajo es, en primer lugar, una interesante puesta al día de la generalmente admitida complementariedad entre el mercado y las reglas de su funcionamiento presumiblemente garantizadas, en última instancia, por el Estado y, en segundo lugar, una afirmación novedosa de que si la globalización no favorece a un país determinado es porque el Estado de ese país no ha estado a la altura de las circunstancias, idea repetida por Fukuyama. Ambas ideas, a mi juicio, no son del todo correctas. Que los mercados pueden funcionar bien en ausencia del Estado es algo que ha sido "probado" por los exhaustivos estudios de Avner Greif, de la Universidad de Stanford, sobre el intercambio no simultáneo entre las dos orillas del Mediterráneo con anterioridad a la aparición histórica del Estado. La clave de este hecho insólito es que cada comunidad, genovesa o magrebí, aunque carecía de Estado, disciplinaba a los miembros de su propia comunidad sin que fuera necesaria la coacción de ningún estado común que controlara ambas orillas. Esta disciplina comunitaria anterior al Estado es precisamente la clave para comprender porqué la segunda idea de Wolf que he destacado tampoco es del todo correcta.
Notemos que un Estado funciona bien cuando en realidad no hace falta. Este es el caso de los países democráticos occidentales en los que la comunidad se ha estructurado en torno a unas pautas de conducta que nadie va a tratar de poner en entredicho. En estos casos me temo que el Estado, aunque proporcione una red de seguridad para contingencias imprevistas, no puede compartir la gloria de una buena adaptación a la globalización. Pensemos ahora qué ocurre cuando el Estado sí que sería necesario por ausencia de un desarrollo suficiente de la trama social montada alrededor de las pautas de conducta aceptadas. Wolf parece decir que, en esas circunstancias, es probable que el Estado sea capturado por unos pocos que acapararían los beneficios de la división internacional del trabajo y harían fracasar la globalización como forma de despegue de un país. Sin embargo también es verdad que el Estado puede servir para dinamizar la formación de las pautas de conducta adecuadas para aprovechar como país los efectos beneficiosos de la globalización. Y es que lo que importe no es, como querría Wolf que el Estado funcione bien; sino que la sociedad funcione bien.
11. Lo que sigue corresponde a Urrutia (2000 ) reproducido en Economía en Porciones.
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