Calatrava vs. Bilbao
Calatrava ha aportado a Bilbao un aropuerto nuevo y una pasarela sobre la ría, ya muy cerca del corazón de la ciudad.
Ahora resulta que el arquitecto valenciano ha denunciado al ayuntamiento y le pide una indemnización de tres millones de euros por no haber respetado su propiedad intelectual al desnaturalizar su obra adosándole una pasarela adicional que une la de Calatrava con una de las dos torres de Izozaki que delelimitan la plaza que lleva el nombre de este otro arquitecto.
Es como si yo, en mi casa, colocara pegados y casi solapados dos óleos de, digamos, Pérez Villata y Nagel porque me resulta curioso el contraste entre estas dos formas de mirar. No parece grave; pero la Ley de Propiedad Intelectual no lo permite y la VEGAP me perseguiría hasta donde hiciera falta para protejer los derechos de ambos pintores.
Nunca me ha parecido sensata esta extensión de los derechos de autor que no me permite disponer como quiera del arte que adquiero en un mercado abierto. Hasta hace poco tiempo pensaba que las patentes sí que parecían intocables como forma de incentivar la invención. Sin embargo ahora creo que ambas formas de propiedad intelectual son perniciosas para el desarrollo del potencial creativo que la libre competencia destapa a través de la innovación. El monopolio temporal que los derechos de autor y las patentes establecen sobre la propiedad es tan malo como cualquier otro monopolio.
Estaba discutiendo sobre estos puntos con políticos y científicos en el Serantes de Bilbao cuando se me ocurrió mencionar el sistema de ciencia abierta como un ejemplo en el que la invención no se proteje mediante monopolio ninguno. Toda idea, toda nueva forma de pensar , está dsponible para que todo elmundo pueda construir sobre ella sin restricción ninguna si exceptuamos el reconocimiento de la paternidad de la idea o invención.
Curiosamente la idea fue capatada desde su experiencia por una política de la oposición en el País Vasco que reflexionaba al respecto alegando la similitud con la contribución de la oposición a la labor parlamentaria puesto que cada enmienda aceptada pasa a ser del gobierno de forma que la oposición, cuando gana, realmente pierde.
En mi deseo de didactismo mencioné que justamente era esa particularidad ,tan bien captada por la parlamentaria vasca, la que hacía funcionar al sistema parlamentario ya que la oposición no tenía más remedio que seguir ofreciendo mejoras a los proyectos de ley para no perecer y que tenía que hacerlo a un ritmo acelarado si quería hacerse notar: una ventaja para el ciudadano.
Ya envalentonado me lancé a disertar sobre las ventajas competitivas que la eliminación de cualquier forma de propiedad intelectual tendría para la innovación incluyendo la industria farmaceútica que tanto defiende la necesidad de las patentes. Tanto era mi ardor que noté un poco de ironía a mi alrededor hasta que los políticos, sabiéndome un economista y suponiéndome de la tribu liberal me mandaron a la cuneta llamándome, con una sonrisa conmiserativa, ultraliberal.
No tuve reflejos; pero debía haber replicado que más bien se trataría de ultraizquierdismo puesto que al menos atacaba una forma de propiedad y no en base a la bienintencionada función social de la propiedad.
Espero poder volver sobre el asunto con un txangurro delante y en compañía tan agradable e intelectualmente estimulante.

Marzo 7th, 2007 a las 10:40
Juan
Sí, los investigadores no se mueven por las patentes, ni se
hacen ricos con ellas. Me encantaría saber que proporción de los beneficios extraordinarios generados por empresas que producen bienes bajo patentes van a parar a manos de los investigadores. Los investigadores se sienten recompensados con el reconocimiento de sus colegas, el bien conocido afán de nombradía.
Un dato al respecto: nos pasamos la vida escribiendo artículos que cedemos “gratis et amore” a editoriales que luego cobran una “pasta gansa” a nuestras universidades para que podamos “bajarnos” los artículos que hemos escrito.
Hay muchos campos del conocimiento cuyos resultados no son susceptibles de ser patentados y sin embargo observamos avances.
Por cierto, utilizo software libre. La filosofía del software libre es que los productores de software operen en un mercado que funcione mucho mas cerca de la competencia perfecta que del monopolio que tiene montado Microsoft.
Voy sin antivirus por la vida, es una gozada.
Lo del txangurro cuando quieras.
javi
Marzo 7th, 2007 a las 16:32
Gracias por tu comentario Javi.
Tienes razón en todo lo que dices o insinuas. Pero vamos a ganar esta batallita frente a los oscuratistas. Cada vez más gente usa Linux, ya hay muchas publicaciones científicas que se financian cobrando a qien correponda al final, ‘ero que se pueden leer gratis y el copyleft y otras ideas parecidas también se van imponiendo.
Esperp verte los días 21 y 22 de mayo en la jornada que, al respecto, organiza la FUE. Totalmente subversiva.
Marzo 8th, 2007 a las 12:25
Claramente a favor de la abolición de la propiedad intelectual y de la propiedad industrial. Su justificación es el incentivo a la creación, pero la libre competencia ya concede suficente incentivo y se infravalora la ventaja de ser el primero.
Esta opinión podría interpretarse a la vez como ultraliberal y ultraizquierdista (confía plenamente en la competencia y limita las “propiedades”) pero, no nos confundamos, no parte de ideologías sino del convencimiento de que una herramienta es superior a otra para obtener un fin.
Penrose dijo algo así como: “Si las patentes no existieran, sería muy difícil para un economista recomendar su implantación. Pero, una vez que existen, resulta igualmente difícil recomendar su abolición”. Con lo cual, “history matters” y la economía es, en esencia, evolutiva.
Para reflexionar sobre estos temas, recomiendo: Foray, D. (2004) Economics of Knowledge. The MIT Press.
Marzo 8th, 2007 a las 14:08
Muchas gracias por la cita ( la fuerza del stato quo) y por la referencia bibliográfica. Seguiré dando de ganar a Bezoss, el de Amazon.
Marzo 8th, 2007 a las 18:39
(Comentario de un arquitecto paseante). La queja de autor es uno de los riesgos de contratar a Calatrava para que haga de sí mismo. Frente a un Isozaki, arquitecto y no ingeniero, con mucha más experiencia en integrar sus obras y dejarlas vivir (lo que incluye dejarlas morir en ciertas ocasiones), Calatrava necesita de la forma, a menudo sin contenido (véase el puente del Alamillo de la Cartuja con su espectacular conjunto de tirantes, frente a la pasarela de Luis Viñuela que salva la misma luz sin tirantes un poco más allá), y siempre asociada a su persona. No se encarga un puente, sino un Calatrava. Dicho lo cual, tal vez todo ello sea una forma como otra cualquiera de dar riqueza a una ciudad.
Marzo 15th, 2007 a las 8:09
[…] Calatrava ya tuvo su premio en un concurso convocado por el Ayuntamiento de Bilbao. Darle además un monopolio no tiene justificación económica aunque no le critico que use ese derecho que le concede una legislación mal concebida. […]