Artículos de opinión breves
Los fervores patrióticos, sean imperiales o jeremíacos, participan de la naturaleza de fenómenos tales como la caza del homosexual, la violencia de género o la caritativa comprensión eclesial del pederasta.
En todos ellos hay una insatisfacción soterrada bien sea con tu país, bien sea con tu sexualidad o con la forma de vivirla o bien sea con tu papel en la familia.
A un patriota le gustaría, creo yo, ser menos imperial o menos llorón; pero tiene miedo a que, si se achanta, vaya a ser ninguneado, algo intolerable para un conquistador y completamente inaceptable para quien se siente ya preterido
A un sacerdote le gustaría quizá disfrutar del sexo de una manera más abierta; pero tiene pavor a que si lo hiciere, por ejemplo emparejandose, pierda autoridad sobre la feligresía que se la reconoce al invitarle a merendar chocolate con picatostes y azucarillo
El sañudo pandillero cazador de maricones por parques mal iluminados desearía experimentar con la faceta homo de su sexualidad; pero ¿y si le gustara?, ¿cómo podría seguir manteniendo su orgullo tribal?
El maltratador de su esposa sufre con lo que hace; pero ¿cómo va a mantener a su familia unida si se pone en duda la jerarquía natural?
Y por estas contradicciones el patriota saca pecho ante el tibio, el cura roza levemente un muslo infantil, el homosexual latente se disfraza de pendenciero cazador de maricones vergonzantes y el honrado padre de familia y marido fiel se ve obligado a imponer por la fuerza su autoridad jerarquica de macho.
El quid de todas estas extrañas conductas está en que sus protagonistas han perdido los papeles, ya no saben que les toca hacer en un mundo cambiante que no aprecia el celibato o la familia como solía o que gusta de la diversidad de comunidades y de géneros. Nuestro papel en la película de la vida no está ya claro, no hay realizador que nos lo explique y así es fácil perder pie, sentir el terror del ahogo y bracear y boquear alocadamente golpeando todo lo que nos rodea.
Yo no veo remedio inmediato a ninguna de estas actitudes subterraneas en las que cualquiera puede caer. Sólo cabe escribir tu propio guión de acuerdo con lo que eres o quieres ser y seguirlo en tu camino personal de perfección. Es decir hay que salir primero del zulo, descansar en el armario y, finalmente salir a respirar aire fresco. Pero para esto no hay monitores. En esto, como en cualquier otra cosa, estamos solos.