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Boda en Toledo

Nudo windsordDecidimos quedarnos a dormir en Toledo pues, aunque la boda es temprano (a las seis de la tarde), volver a Madrid de noche y habiendo bebido no parece muy seguro. Y al llegar al hotel nos parece tan agradable con vistas al Tajo y a la ciudad, que decidimos quedarnos un día más para relajarnos en el SPA entre otras cosas. Una comidita ligera y una siesta para esta en plena forma.

Pero a las 4.30 me despierto sobresaltado. No tengo corbata. Se me ha olvidado en casa. Barajo todas las posibilidades. Boutiques en el hotel, pero es domingo y todas están cerradas. En el centro a estas horas no hay esperanza. Que Rafa venga rápidamente desde Madrid con la corbata que pensaba ponerme es una solución factible, pero exagerada.

Llamo a recepción y entre risas las recepcionistas me dicen que me van a buscar una pero que no garantizan nada. Ya me veo en la recepción a la acecho de cualquier cara conocida para dar un sablazo corbatil a su dueño.

Suena el teléfono y me dicen que me han encontrado una. Me presento en recepción y efectivamente allí tengo una corbata que entona muy bien con mi camisa banca y traje azul marino. pregunto si puedo tener una atención con su dueño y entre risas me dicen que es del director y que mañana pronto por la mañana la tengo que devolver.

No hay problema alguno en ella. Peor, pienso. ¿Y si la mancho cenando? Vuelve la angustia.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.