Llamemos munificencia a la cualidad de la acción del mumi. Dejando a la idea de mumi en una especie de neblina conceptual entre la que solo se puede vislumbrar algunos perfiles tangenciales, sí que quiero estudiar con cuidado las relaciones entre esa munificencia y las burbujas de las que tanto oímos hablar últimamente. Hoy solo pretendo arañar la superficie del problema, pero creo que aquí hay un filón intelectual.
Para intentar evaluarlo voy a empezar a voleo rememorando un libro que tuve que estudiar cuidadosamente en mi doctorado, que no me pareció genial y que tenía un poco olvidado. Sus autores eran Pesek y Saving y su tesis, que me influyó sobre manera, a pesar del comentario de Harry Jonhson, era que el dinero fiduciario sí era parte de la riqueza real neta de un sitema económico.
Lo era porque permitía hacer cosas que sin él eran impensables como, por ejemplo, una cierta división del trabajo potenciada por la posibilidad del intercambio sin la “double coincidence of wants” que subrayaba el gran Jevons.
Lo mismo ocurre con la actividad del sector finaciero que podríamos llamar industria financiera. Sin ella no se podrían alcanzar niveles de desarrollo y/o crecimiento solo posibles cuando el sistema económico puede contar con un cierto nivel de endeudamiento que se puede sostener intertemporalmente.
Nada de lo dicho quiere decir que no pueda haber distintos equilibrios con diferentes niveles de endeudamiento sostenibles ni que esos equilibrios no puedan romperse y tardar en recomponerse.
Valgan estas ideas previas y elementales para entender un poco el problema que tenemos hoy planteado y sobre el que deberían haber hablado en Washington. Se ha roto un equilibrio con un nivel de endeudamiento muy alto. Uno puede pensar que no era sostenible; pero esto no es más que una naturalización del pensamiento no aplicable a un sistema económico que como tal no tiene nada de natural.
Cualquiera de esos equlibrios en los que el dinero fiduciario y/o el sitema finaciero campan por sus respetos se puede romper por cualquier razón. Lo dificil es imaginar cómo podríamos tratar de apuntalar el uso de uno y otro.
Hoy proliferan ideas al respecto como parte de la refundación del capitalismo, pero todavía quedan quienes no pretenden cargarse toda la innovación financiera o volver al trueque, ente ellos, parece ser, los reunidos en Washington. Pienso que estos seres lúcidos son quienes se dan cuenta de que las burbujas no son necesarimente malas.
Y es aquí donde entra una analogía que hace hace tiempo se me presenta con insistencia y está en el origen del problema intelectual al que pretendo acercarme con recato, humildad y recelo.
Lo esencial del dinero fiduciario es el ser una burbuja puesto que su precio (entendido como el inverso del nivel general de precios) siempre es mayor que el precio del papel en que se imprime. Y una burbuja útil que nunca se debiera intentar reventar para sacar beneficio de ese pinchazo. Para evitarlo se ha inventado el banco central independiente que, al mantener el nivel de precios, mantiene también el llamado precio del dinero y el difrencial con el coste de su impresión.
Una característica de todo sistema financiero es conformar una industria cuyos productos alcanzan precios muy por encima del valor descontado de sus rendimientos futuros. Así pues el sistema fianciero pasa a ser una burbuja que, como en el caso del dinero fiduciario, nunca se debiera intentar explotar en ninguno de los sentidos de esta palabra. Para evitar las tentaciones de hacerlo están los sistemas de vigilancia o supervisión.
Similarmente, la munificencia propia de un mumi fuciona bien mientras éste no intenta hacer un excesivo negocio con ella o convertirla en efectivo y es, en un cierto sentido, como una burbuja inversa cuyo valor (o lo que pagarías por los servicios de ese mumi) es siempre mayor que el irrisorio precio que él cobra por sus servicios. Como tal también muestra signos parecidos a la especulación propia de las burbujas financieras y que se detectan, en este caso, en artefactos sociales como el potlach o el regalo.
Cuando estas tres extrañas burbujas pretenden ser explotadas en el sentido de sacar provecho individual de ellas, todas ellas pierden su poder creativo de riqueza, bienestar o confianza.
Lo dificil de entender de todo esto es cómo un artefacto social tan conveniente como es el servicio de estas tres burbujas y que, repito, son muy buenas mientras nadie pretenda aprovechase de ellas en beneficio propio, puede sostenerse sin que ocurra que quienes están encargados de mantenerlo vivo procuren aprovecharse de él.
Tanto el banquero central como el supervisor financiero o el mumi, además de su labor social tienen que adaptarse a las exigencias de los equilibrios energéticos del sistema en que viven y para ello necesitan apropiarse de alguna renta. Que tienen que comer, vaya.
De la misma forma que el monopolista de la emisión del dinero fiduciario puede hacerse con el seignoriage a través de la inflación, el directivo de una empresa de la industria finaciera puede apropiarse de parte del margen financiero mediante diversos contratos incentivadores y el mumi puede hacerse con un cierto “impuesto” consistente en todo lo que los demás tendrían que pagar para que ese mumi no les abandone. Rentas todas ellas limitadas finalmente por la competencia.
Pues bien, esta analogía tiene su importancia cuando pensamos en que hay gente con ganas de refundar el capitalismo (como si se hubiera fundado alguna vez). Quizá lo que quieren es empezar a configurar un sistema en el que el mumi sea una figura imprescindible, un arco de bóveda. La munificencia generalizada nos enfrenta a un sistema en el que no hay más valor que el de uso (en terminología marxista) tal como se nos presenta en la fundación P2P y en un panfleto bien estimulante de su fundador y pricipal animador, Michel Bauwens.
Pues bien este posible sistema alternativo es, tal como he pretendido mostrar, compatible en incentivos. En él podría haber abusos; pero la competencia entre mumis acabaría con ellos de forma que todo mumi acaba apropiándose de su coste de oportunidad, una cantidad posiblemente mucho menor que el segnoriage del soberano o el bonus del ejecutivo.
El reto intelectual es ahora hacer ver con claridad lo que aquí ya se insinúa, que una posible alternativa radical al capitalismo, esa que estaría centrada en el sistema de producción P2P, y que es la única en la que realmente podríamos pensar, no es sino este capitalismo que conocemos y que ahora nos asusta, llevado a su paroxismo. En ese capitalismo límite la competencia es perfecta y esto es similar pienso, a falta de una prueba concreta y formal, a una red completamente distribuida.
Para seguir hablando de esto pretendo leer con tranquilidad las ideas que aprecen en la Fundación P2P.