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Juan Urrutia

30 de mayo de 2010

Atando cabos

¿En qué se parecen la Hegemonía de Laclau y Mouffe, The Wire, la previsible nueva imposición a los bancos y la Descomposición?

En pocos días he tenido ocasión de asistir a la presentación de Guerras Posmodernas y al debate que la culminó y de, gracias a Iberia que me tuvo en tierra un buen rato debido a la huelga de controladres franceses, comprar y leer The Wire mientras que, por otro lado, he tratado de poner al día las ideas Gramscianas de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe a través de la lectura de un libro más reciente de Laclau para, fianlmente, asistir al seminario organizado por la Fundación Ideas en el Círculo de Bellas Artes sobre mercados financieros y la oportunidad de regularlos. Y, curiosamente, me ha parecido que todo ello tenía un aire de familia, como de imágenes especulares.

La imagen especular de la descomposición está en la hegemonía, concepto éste sobre el que Laclau y Mouffe construyen una nueva estrategia y un nuevo análisis de izquierda. La hegemonía sería como el tono, el dar la nota para el análisis de lo político de una forma que siga a Gramsci y supere a Schmitt. Digo esto último porque donde este teórico tan peligroso y listo proponía el lenguaje de amigo/enemigo estos dos autores proponen una especie de antagonismos flotantes que se deslizan bailando entre el primer plano y el fondo de la imagen social siguiendo el mero tono de un diapasón que trata de imponer su ritmo al juego social.

Donde la noción de amigo/enemigo permite un centro, esta posibilidad desaparece en un mundo en descomposición en el que las instituciones están podridas por el ejercicio sin restricciones de ningún tipo de un capitalismo de amigotes que no consigue ser vencido por la fuerzas que se destacaban en El Capitalismo que Viene. Jeffrey Sachs nos pintó una escena de la sociedad americana que pone los pelos de punta respecto a la distribución desigual de la renta y a la pobreza, justo lo que refleja la serie de la HBO, la televisión de pago americana, The Wire. El tráfico de drogas, la educación el periodismo o la policía y la judicatura no es que estén corrompidos, es que no hay perspectiva de mejora que no se vea obligada a admitir ese equilibrio de interese bastardos, ese deterioro de éstos y de su juego de forma que no podamos salvarnos más que tratando de deslizarnos por un borde del precipicio sin caer en él.

Y en medio de este infierno posmoderno aparece una extraña esperanza en el gusto que muestra The Wire por el territorio propio, por Baltimore. Es solo desde ahi que podemos no tanto recuperar una cierta fraternidad, sino inventar una nueva competencia fraternal que nos lleve por ejemplo a poner freno a la exasperación financiera sin cargarnos simultáneamente la innovación que complete mercados.

Sí, un nuevo espectro recorre el mundo, la descomposición social, pero no todo está perdido si nos empeñamos en apoyarnos mutuamente.

7 Comentarios a “Atando cabos”

  1. carlosboyle.blogspot.com/

    Creo que acabo de perder mi anterior comment, con mucha bronca voy a tratar de rearmarlo, si aparece solo descártenlo.
    “…estos dos autores proponen una especie de antagonismos flotantes que se deslizan bailando entre el primer plano y el fondo de la imagen social siguiendo el mero tono de un diapasón que trata de imponer su ritmo al juego social.”
    Hay que tener en cuenta que la misma Mouffe advierte sobre el peligro de caer en la hegemonía, dado que es un peligro siempre latente. Como republicano creo que un antídoto para eso es la institución. Como ejemplo podemos tomar el punto de vista la Premio Novel Elinor Ostrom que afirma que no siempre se llega a la tragedia de los comunes, que sería una especie de hegemonía, y que solo con reglas claras, abarcativas e inclusivas (crear institución) se puede salir de esta trampa.
    Habría una incompatibilidad entre el pensamiento Mouffe y Laclau y los posmodernos como Beck, Giddens y también Negri, los autores cuestionan seriamente el consenso racional y la ausencia de lo agonal en las sociedades que pintan los citados, por lo que sin conflicto que cree la diferencia, no serían posibles la identidades colectivas. Pero tb es cierto lo de la descomposición y ante esta descomposición eminente, o ante el peligro de ella sería inevitable el proceso de individuación.
    Esto nos remite al dilema del prisionero una vez más y al tema de la información (dilema del prisionero iterado). Ostrom dice que el principal problema de los prisioneros es el percibirse a ellos mismos como prisioneros, o sea una falta de información local. El paso entre lo agonista y lo antagónico, como bien le entró al tema hace unos días, es un problema de información, qué información maneja uno del otro, del sistema etc. Es esa información la que determinará la acción que cada prisionero termine realizando, si su camino es hacia la individuación, o por el contrario, frunciendo la nariz termina colaborando.
    No hay procomún o bien común o simplemente común, si antes no hubo información común.
    http://carlosboyle.blogspot.com/2010/05/mouffe-y-el-concepto-de-multitud-de.html

  2. Juan Urrutia

    Gracias Carlos. Especialmente por el link.Tengo que meditar esto a la luz de La Razón Populista de Ernesto Laclau.

  3. Errante

    Sr. Urrutia, sencillamente me tiene usted admirado, por su forma de pensar y su filosofía de vida, trabajo y estrategia empresarial.

    Desde que he descubierto este sitio hace solo unos días, por referencia indirecta de Lobo, en Desiertos Lejanos, con motivo de la presentación de su libro “Guerras postmodernas” , les llevo leyendo y siguiendo, en un estado de emoción indescriptible al comprobar que no soy el único que mantiene esa íntima filosofía de modelo de empresa que describen en su ideario. Me es imposible destacar algún artículo que publica la sociedad de las Indias, pues todos ellos son excelentes. Felicidades a todos los Indios.

    Especial emoción me ha causado leer estos días -por vez primera- su “El capitalismo que viene”. Magnífico. He visto mis propios conceptos reflejados en los suyos -creyéndome que era yo único-, aunque denominados con diferentes palabras: Principio de abundancia…(¿qué importa que los demás se beneficien si yo me llevo tajada?) emprendedor artesano…diseminación de rentas… Por cierto, lo que no alcanzo a ver es el concepto -la tendencia, más bien- de desaparición de las rentas que teoriza. Diseminación, sí, pero ¿completa desaparición?. ¿Eso no seria equivalente al beneficio cero? (¿alguien amable me lo podría explicar en sencillas palabras?)

    Por último, decir que no soy economista,ni filosofo, ni empresario, ni… nada que en cualificación se le parezca; sólo un curioso aficionado con excedente en imaginación, preaprendiz por cuenta propia que desea comprobar si su proyecto tiene cabida en el pequeño arte de las cosas.

    Felicitaciones.
    Atentamente, Antonio Peñas.

  4. Juan Urrutia

    Estimado errante: escribiste unpárrafo extraordinario:”Por último, decir que no soy economista,ni filosofo, ni empresario, ni… nada que en cualificación se le parezca; sólo un curioso aficionado con excedente en imaginación, preaprendiz por cuenta propia que desea comprobar si su proyecto tiene cabida en el pequeño arte de las cosas.” Es desde ahi desde donde uno puede esperar alcanzar un poquito de sabiduría. Y solo desde ahí. Comparto pues contigo mi más sencilla manera de explicar lo de la disipacion de rentas. Una renta es un beneficio no merecido por el trabajo sino obtenido por mera suerte (por estar situado en el lugar adecuado digamos). Como todos la queremos algien la obtendrá para perderla a continuación a manos de otro más avispado. Como media nadie la tiene mucho tiempo y, en el límite (del razonamiento) es como si nadie se la apropiara. Hasta pronto.

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  1. Iluminaciones XVII:Descomposición « Juan Urrutia

    [...] La descomposición a la que me refería el otro día y su posible conversión en energía, se refleja en los tipos humanos con los que me cruzo cada día en mis paseos por la ribera del gran río. Son de tres tipos.1. Mis mendigos amigos. Brillan al sol. Ellos son la luz en la que han transformado el oro.2. Los chiquillos encorbatados que salen de sus oficinas a fumar y a “deasayunar” como diría ese funcionario al que se parecen como dos gotas de agua. Están cansados porque los niños no les dejan dormia a pierna suelta.3. Los jóvenes que se gana la vida con su oficio y reinventándose cada día. Los dos primeros tipos son producidos por la descomposición y de ellos nada puede esperarse. Los mendigos porque han olvidado la fórmula de la alquimia, los chiquillos porque su descendencia les roba energía. Solo dan cierta esperanza los jóvenes pluriespecialistas que de la basura sacan miel. [...]

  2. La Crisis (de la izquierda) « Juan Urrutia

    [...] como una continuación a la entrada de este blog de hace una semana más o menos, Atando Cabos, topé con una columna del siempre preceptivo Josep Ramoneda en la que calificaba de gran error la [...]

  3. Un toque de distinción « Juan Urrutia

    [...] pasado fin de semana, aprovechando una soledad sobrevenida, he iniciado la visulización de The Wire,serie a la que ya me referí en otro post. todavía no puedo certificar esa calidad mítica que la singularaciraría como el ejemplo de lo [...]

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    Meditaciones de agosto (Expansión, 25 de agosto)

    Claro que en agosto del 2007 me interesé por las hipotecas subprime y las reseñé aunque difícilmente podía imaginar ni el camino que había llevado a la burbuja ni las dimensiones de la misma o de los derivados generados a su socaire pues, como decía en el artículo de septiembre (¿Qué hará el BCE? Se admiten apuestas, Expansión, 3 de septiembre), toda esa innovación financiera me parecía inteligente y tendente a la eficiencia por la simple razón de que completaba mercados, idea ésta que mantengo a pesar de los pesares.

    Para las vacaciones del 2008 ya me mostraba más al tanto de sus peligros a pesar que durante el curso académico fueran otras las preocupaciones que me tuvieron entretenido. Ese agosto y bajo el título de Pasatiempos Vacacionales (Expansión, 6 de agosto) me preocupaba del problema de selección adversa asociado a la información asimétrica existente entre los bancos (especialmente de inversiones) que, ahora sabemos, empezaban a contratar los Credit Default Swaps (CDS) que les permitirían hacer un buen negocio cuando los bonos derivados creados a partir de las subprime (una forma de CDO o Colateralized Debt Obligations) empezaran a no hacer honor a sus compromisos debido a la imposibilidad de pagar las hipotecas subyacentes.

    Así que el problema planteado por la caída de Lehman no me cogió del todo desprevenido. El pasado verano y a propósito de un artículo ajeno que mostraba evidencia empírica sobre las ventajas de la innovación financiera para no pocas economías, volvía yo a mis ideas iniciales (Maniobras marineras e innovación financiera, Expansión, 7 de agosto). Mis miedos habían desaparecido aunque resultó que la tranquilidad duró poco pues ya a principios de este 2010 me estaba preguntado por el posible double dip y por los problemas del desapalancamiento, esos mismos que nos han traído por la calle de la amargura en España y que, a pesar de lo que se pensó a partir del viernes 23 del mes pasado, día en el que se hicieron públicos los resultados de los tests de resistencia en los países de la UE, continúan vigentes. Y así llego a este verano del 2010. La propia crónica que acabo de describir me sugiere tres meditaciones centrales: sobre la innovación financiero-empresarial denominada “originar y distribuir”, sobre el problema central de la información asimétrica y la correspondiente selección adversa y sobre los problemas de endeudamiento.

    Comenzaré por el modelo de negocio denominado “originar y distribuir”. Nadie lo ha explicado mejor que Sidney G. Winter en una declaración ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes de los EE.UU. de América. Glosando superficialmente algunos párrafos de la primera parte de su exposición yo traduciría el milagro de la industria hipotecaria como una cadena de contratos entre agente y principal que parece no tener fin. Aparecen los brokers que venden hipotecas sin ser empleados de una institución financiera y que, por lo tanto, no ponen demasiada atención en la calidad del prestatario. Continúa la cadena la institución financiera que pone el dinero (el originador) que actúa como un dealer que no se queda en sus libros con ese activo, sino que se lo pasa a unos titulizadores que empaquetan este activo junto con otros de distinta naturaleza y distribuyen esos paquetes troceados entre prestamistas que los adquieren sin saber muy bien de qué se trata más allá de que el rendimiento es muy atractivo y de que, a partir de un cierto momento, cuentan con una especie de aseguramiento a través de los mencionados CDO´s.

    Nadie a lo largo de esta cadena ha tenido incentivos para preocuparse de la naturaleza y calidad del nuevo producto financiero. Como enseñanza a retener es que no se puede confiar en una cadena que no tiene un final claro. Nada de sorprendente hay aquí excepto por el hecho de que faltaba un inversor final con incentivos a vigilar y prevenir las posibilidades de que su inversión no funcionara correctamente. Podemos afirmar que es la ausencia de Consejos de Administración con misiones claras la que hace que dudosos esquemas de naturaleza bien conocida no sean reconocidos como tales y puedan venderse como genuinas innovaciones financieras que, además, parecen apoyar a las clases más desfavorecidas.

    Continúo ahora con el problema de la información asimétrica. Dada la velocidad y amplitud con la que se generó y diseminó el modelo de “originar y distribuir” que acabo de reseñar no es extraño que las instituciones financieras más involucradas en la cadena descrita no tuvieran ni idea de lo que tenían en sus tripas ni de lo que podría valer con independencia de las cuentas que presentaban a las auditorías o agencias de rating.

    La incertidumbre era total y, si nadie sabía nada, es normal que todas y cada una pensara que las demás estaban como ella, in albis. Todas y cada una de las instituciones financieras eran como los compradores de un coche usado que sabe que el único que sabe de verdad el estado del vehículo es el vendedor. O, todavía peor, que no quiere saber nada pues, en el fondo, no entiende lo que hace y recela de ello. Desde hace mucho tiempo es bien conocido que ante un problema de selección adversa como este se seca el mercado y que no hay más remedio que lograr separar los buenos bancos de los malos. Ante una situación así cabe preguntarse si esto se ha logrado con los tests de resistencia y enunciar luego una especie de queja profesional.

    Estos tests de resistencia que tanto están dando que hablar son como una ciberturba convocada por quien corresponde y que permite, hasta cierto punto y a pesar de deficiencias obvias, tener una idea aproximada de la calidad de las instituciones financieras, hacer de ese conocimiento un conocimiento común con lo que desde ahora debería ser más fácil la relación entre bancos que podrá centrarse en problemas reales y no en sospechas levantadas por la información asimétrica. En cualquier caso quiero añadir que, como profesional de la llamada ciencia económica, me resulta incómoda la actitud de los grandes expertos en Economía de la Información que han sido incapaces de ofrecer algún esquema novedoso de signalling o de screening que permitiera a los banco ya sea señalarse como bancos buenos ya sea autoseleccionarse como tales al reaccionar a un mecanismo novedoso. No me vale argüir ahora que la ignorancia era y es tan grande que es imposible encontrar un mecanismo revelador. Si así fuera deberían haberlo dicho expresamente en su momento.

    Cierro con la problemática del endeudamiento de cada economía (público o privado, familiar o empresarial, interno o externo) y de la parte de ese endeudamiento que tiene cada banco ya sea para guardar hasta el vencimiento, ya sea para revender si la ocasión surge. El desapalancamiento se hará y se hará de una manera ordenada; pero deberíamos aprender algo más allá del reforzamiento de la regulación y supervisión. Ya hay novedades a examinar tanto en la nueva legislación americana como en las ideas que se barajan en distintos comités de Basilea. Pero, como última meditación, me gustaría usar este ejemplo del endeudamiento para pensar sobre la noción de riesgo sistémico.

    No podremos entender esa noción a no ser que utilicemos ideas de teoría de redes. No representa mayor riesgo el fallo de aquella institución que sea más grande, sino el de aquella que, ante las mismas dificultades, ocupe una posición central en la red de instituciones financieras puesto que su centralidad le hará susceptible de generar problemas cualquiera que sea el origen de las perturbaciones. Hay que reconocer que, en esto, los tests de resistencia no han ayudado aunque con la información obtenida deberíamos poder empezar a trabajar con diversas medidas de centralidad en la redes financieras para continuar investigando las medidas de regulación bancaria que quieran ir más allá de la imposición de mayores exigencias de capital cuantitativas o cualitativas.

    No quiero terminar sin añadir algo sobre la importancia del papel de los Consejos de Administración. No solo he afirmado que el peligroso negocio de “originar y distribuir” no se hubiera generalizado si hubiera habido Consejos responsables, sino que, de lo expuesto, se puede colegir que los problemas de selección adversa no serán fáciles de solucionar sin la colaboración activa de esos Consejos así como que sin ellos no hay esperanza de poner en marcha una regulación que realmente tenga en cuenta el riesgo sistémico bien definido.

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