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El verdadero reto para alguien que todavía se preocupa de la convivencia en paz entre los seres humanos consiste en descubrir cómo hacer compatibles los tres ideales de la Revolución Francesa (libertad, igualdad y fraternidad), compatibilidad que, en la práctica, nunca ha ocurrido.
Las ideologías fuertes que, basadas en una hipertrofía de la Razón ilustrada, han marcado a fuego el siglo XX no supieron superar este reto. El comunismo ignoró la libertad y fracasó en su intento de llevar a la prácticas los otros dos lemas modernos. El nazismo, además de no dejar espacio a la libertad, sólo podía concebir la igualdad entre seres privilegiados unidos por una identidad racial que se confundía con una fraternidad muy poco recomendable.
Hoy, después de años de debates politológicos alrededor de otras ideologías menos fuertes y más o menos liberales, deberíamos estar en disposición de elaborar un marco conceptual en el que pudieran coexistir los tres ideales modernos y revolucionarios y del que se dedujera una fuerza constitutiva de un mundo relativamente nuevo que puede entrar en competencia con el que nos ofrece la revolución neoconservadora que ha tomado el poder en los Estados Unidos. Esta revolución no es de hoy, hunde sus raíces en algunos aspectos de los ideales de los peregrinos del Mayflower que se plasman en la Constitución, muestra su faz siniestra en momentos concretos, se hizo patente con Reagan venciendo al comunismo y poniendo fin a la guerra fría, casi tuvo que pasar a la clandestinidad durante la época Clinton y parece estallar con inusitada fuerza a partir del 11 de septiembre.
Sus partidarios son verdaderos revolucionarios conscientes de la ruptura que preconizan, y dicen profesar un liberalismo que, además de ser falso, pretenden imponer a balazos, ayer en Iraq, mañana en Irán. Esta revolución neoconservadora que pretende nada menos que domeñar la incertidumbre, no cree realmente en la libertad creativa, no deja espacio para acercarnos a alguna clase de igualdad y no quiere entender que el proceso dinámico entre los ciudadanos en el que consiste la fraternidad no puede tener ninguna meta prefijada.
En un trabajo anterior ( Por un liberalismo pequeño burgués) he tratado de establecer un decálogo liberal que pudiera servir como fuste de ese marco conceptual que echo en falta.. En el trabajo que ahora acometo trato de complementar y dar vida a ese decálogo desde ese desarrollo tecnológico reciente que acompasa la biotecnología y las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y que conforma, no sólo el horizonte de la sociedad del conocimiento, sino también, y quizá sobre todo, un punto de vista sin duda ineludible y presumiblemente fértil.
Para ser concreto y no irme por las ramas concentraré mi atención en el territorio internet y en sus aborígenes o hackers. Mi intención es exponer algunas razones por las cuales, si consiguiéramos disolver lo mejor de los hackers en la noción de liberal pequeñoburgués, habríamos logrado establecer una barrera contra la expansión del neoconservadurismo. El empuje de los hackers y la prudencia liberal de los pequeños burgueses hacen de la coalición de unos y otros algo imbatible. Sin embargo también destacaré algunas características de los hackers que les acercan a los revolucionarios neoconservadores alertando así del peligro de que ambos se coaliguen.
Antes de entrar en materia, sin embargo, es conveniente explicar porqué creo que esos hackers, a veces considerados como piratas, son importantísimos hoy. En el hacker se pone en entredicho por primera vez la separación teoríco-económica entre productor y consumidor. Un hacker es, en principio, un usuario privilegiado y experimentado de internet que explora un territorio nuevo lo mismo que los pioneros exploraban la frontera del farwest. Pero esa exploración les lleva a convertirse en productores ya que, en su exploración, rompen los códigos cerrados (como el cowboy derriba las vallas de alambre de espino erigidas por los ganaderos), elaboran nuevo código e insisten en que éste está disponible para todos, es decir son productores de código abierto además de usuarios. Si los hackers son hoy importantísimos es precisamente por la naturaleza abierta del código que elaboran pues es esa apertura, la que está detrás del enorme crecimiento de lo que se puede hacer con las TIC.
La tecnología en sí (es decir, la producción de chips cada vez más pequeños y densos que posiblititan el ensamblaje de aparatos cada vez más rápidos) no es efectivamente lo más significativo de las TIC que, como productos que incorporan ideas, pueden acabar siendo una simple commodity. Lo que realmente importa es el desarrollo de las aplicaciones y este desarrollo es mucho más rápido y mucho más seguro cuando es el resultado del trabajo conjunto espontáneo de los usuarios productores que comparten sus necesidades y sus potencialidades.
Una vez establecida la importancia de estos aborígenes del ciberespacio, voy a tratar de dibujar sus características, describir su trabajo y sus consecuencias inmediatas, destacar los efectos que ello puede llegar a tener en lo económico y en lo político, y finalmente, expresar la necesidad de contar con ellos en la resistencia contrarrevolucionaria, ejemplificada por la batalla que Linux está dando contra Microsoft.
Un hacker es un experto en el manejo de internet, un usuario productor que parece vehicular algunos valores que voy a tratar de destilar de las características personales de mis hackers favoritos y de algunas de las pocas publicaciones que existen al respecto.
No me detendré a puntear estas características de los hackers que acabo de destacar con el decálogo que define al liberalismo de esa pequeña burguesía que yo identificaba como la única clase social capaz de incorporar el espíritu contrarrevolucionario. Me limitaré a decir que comparten algunas características que el lector puede verificar, pero que hay en los hackers otras características adicionales que están muy alejadas de lo que uno entiende por pequeña burguesía.
El ethos es para ellos algo individual, no algo decantado del roce entre los miembros de su comunidad de hackers o entre los miembros que conforman otras comunidades identitarias a las que pertenecen. No creo que formen parte de los adoradores de la verdad, algo siempre relativo y juguetón en el mundo virtual con el que coquetean, ni que sean unos defensores a ultranza de los derechos humanos que no reconocerán como universales y quizá ni siquiera como universalizables. Parece pues claro que si bien es cierto que los hackers conforman una clase difusa, quizás por eso mismo esa clase puede asociarse a los liberales o a los neoconservadores o a ninguno de ellos o a ambos. Como a mi juicio es fundamental contar con ellos si queremos frenar el impulso revolucionario de los neoconservadores es preciso seducirlos cuanto antes. Pero para ello debemos conocer mejor su forma de trabajar.
Es muy esclarecedor, en efecto, comprender cómo trabajan los hackers y deducir las consecuencias de esa manera de trabajar. Los hackers trabajan en red, es decir no están sujetos a ninguna jerarquía ni poseen un centro de referencia. Podríamos decir, siguiendo la terminología de Deleuze y Guatari, que conforman la figura postmoderna del rizoma que se opone a, y contrasta con, la figura moderna del árbol ya estemos hablando de ciencia, de tecnología o de relaciones industriales. Pueden trabajar en red porque ese rizoma es una red identitaria cuya identidad unificadora y común consiste precisamente en su conocimiento profundo de Internet como usuarios productores que son. Esta forma de trabajo, cuando se une a la filosofía del software libre y a ciertas especificaciones técnicas, da origen al sistema operativo Linux que, como sabemos, pueden considerarse como una seria amenaza al de Microsoft debido a que, dada la fuerte identidad que une a los Linuxeros como hackers-con-causa, la red de esos linuxeros ofrece unos enormes rendimientos crecientes a escala debidos, claro está, al efecto-red que, sin embargo no esperamos que vaya a funcionar entre, por ejemplo, los usuarios de windows.
Ahora bien, esa forma de trabajar tiene consecuencias importantísimas.
La primera es que, gracias al código abierto, se va a acelerar el desarrollo de las aplicaciones de las TIC que van a acabar funcionando como utililities, de la misma forma que funcionan el agua o la electricidad, es decir como algo de lo que disponemos a voluntad cuando lo deseamos y en la cantidad que necesitamos a cambio de una tarifa que normalmente tendrá una parte fija, necesaria para el mantenimiento de la red, y una pequeñísima parte variable según el uso.
La segunda consecuencia de la manera de trabajar de los hackers es más sutil. Como no tienen más remedio que reconocer su doble personalidad de usuarios y de productores, los hackers resultan ser los personajes adecuados para potenciar en la red la formación de otras redes identitarias no centradas en aspectos técnicos sino referenciados a cualquier rasgo común. Es decir son los netweavers ideales.
La tercera consecuencia es que esta proliferación de redes solapadas (ya que cada ciudadano puede pertenecer a varias) ensancha y completa los mercados lo que puede y debe traer consigo un incremento importante de la productividad. Se duda a veces de este efecto sobre la productividad, pero esta duda proviene de localizar el análisis en lo que se ha llamado B2B (business to business) en el que el trabajo en red sólo significa una pequeña reducción en los costes de transacción sin que se creen nuevos mercados. Lo que acabará trayendo consigo el verdadero e importante incremento de productividad es la emergencia de nuevos mercados al socaire del aumento de lo que se denomina P2P (peer to peer). Una actividad que se corresponde con la verdadera manera de ser de los hackers. La actividad de e-Bay es la que mejor refleja el fenómeno al que me refiero; pero el incremento significativo del P2P tendrá que esperar porque, tal como ha mostrado el imparable crecimiento del intercambio de archivos musicales, su potencial golpea en el corazón de muchos negocios tradicionales.
La última consecuencia de la manera en que trabajan los hackers es que el tejer y destejer de redes identitarias (el netweaving) va a acelerarse. En efecto, de acuerdo con Akerlof y Kranton, la permanencia de una identidad depende de los valores de unos parámetros que reflejan tanto el coste de separase de la comunidad como el castigo que hay que cumplir para reintegrarse en ella. Lo que la capacidad de tejer redes de los hackers va a traer consigo es un cambio en el valor de esos parámetros en la dirección de facilitar su formación y su liquidación. Algunas redes permanecerán bastante tiempo impulsadas por un efecto-red significativo; pero otras redes, y en última instancia todas ellas, acabarán deshaciéndose. En estas condiciones se facilita la formación temporal de teams productivos temporales que producirán esos nuevos bienes que mantienen al sistema económico mediante la destrucción creativa.
Una vez descrita la manera de trabajar de los hackers y la importancia de las redes identitarias, creo estar en disposición de explicar cómo el mundo que se vislumbra en el horizonte va a proporcionar por primera vez una oportunidad sensata de hacer compatibles la libertad, de la que los hackers hacen gala, con la igualdad y la fraternidad en los campos cruciales de la Economía y de la Política.
En lo que a la Economía se refiere ya dije en el pasado (ver La Logica de la Abundancia) que la extensión de la red de redes traería consigo la competencia perfecta, pero hoy cabe subrayar prácticamente la misma idea fijándonos justamente en la manera de funcionar de Linux. El funcionamiento dinámico de las creaciones de la comunidad de linuxeros se parece mucho al funcionamiento de un mercado con dotaciones iniciales cambiantes. Este mercado, tal como sabemos a través del planteamiento austriaco asociado al nombre de Hayek , es como un gran zoco en el que la información se transmite a la velocidad de la luz y en donde se observa la continua destrucción creativa a la que me he referido hace sólo un momento.
Si ahora nos imaginamos una sociedad formada por ciudadanos-hakers-linuxeros es fácil dar un salto ucrónico y aterrizar en la era del acceso (Jeremy Rifkin) en la que la escasez no juega el mismo papel que antaño gracias al ya descrito enorme incremento de la productividad y en la que, en consecuencia, se relativiza la importancia de la propiedad privada no sólo en la creación de software; sino en otros ámbitos como el de la prensa gratis o el del transporte comunitario gratuito. Las dos características económicas mencionadas, es decir el proceso de destrucción creativa y la era del acceso dan cobijo a la igualdad de oportunidades. No sólo no hay jerarquías productivas; sino que además, lo que es necesario para prosperar estará a disposición de todo miembro de la sociedad.
Miremos ahora a la Política para comprender cómo la red de redes puede ayudarnos a comprender y a implantar la fraternidad, una noción ésta a la que también ha prestado atención en otras ocasiones. La manera de trabajar de los hackers y en general, el funcionamiento de la red de redes que aquella contribuye a crear, fomenta una enorme volatilidad en la cancha política. Aunque me repita un poco es conveniente resaltar con claridad la velocidad en la creación y destrucción de redes identitarias. Dada la multiplicidad de identidades de cada ciudadano-hacker-linuxero, las comunidades identitarias que en cada momento se formen y funcionen como redes efectivas o teams productivos, van a depender, tal como ya he apuntado, de cómo la propia evolución del trabajo de los hackers haga variar los costes de romper la identidad o de recuperarla ante la amenaza de venganza de los de tu comunidad previa.
Pues bien, esta especie de continuo cambio de chaqueta (diríamos en términos políticos castizos) explica dos fenómenos aparentemente contradictorios de los que acabamos de ser testigos los españoles.
La emergencia de una opinión pública es el primero de ellos. Ciertos acontecimientos, como pudieron ser los que precedieron a la guerra de Irak, tocan alguna fibra que resulta ser común a la sensibilidad de casi todas las comunidades y causan una especie de cartasis que algunos consideran como la manifestación obvia de la emergencia de una opinión pública, una institución esta que cuando se hace mundial, tal como ocurrió en el caso de Iraq, el NYT califica como la única fuerza capaz de enfrentarse al poderío de los Estados Unidos.
Pero hay también un segundo fenómeno que también se explica por la existencia de redes solapadas y que consiste justamente en la fragmentación de esa opinión pública. Como todos pertenecemos a varias comunidades identitarias homogeneizadas por intereses diversos , puede ocurrir que si, a continuación de la guerra de Iraq, se nos pide el voto para uno u otro partido con plataformas electorales diferenciadas, la opinión pública se fragmente debido a que ahora no está en juego la guerra; sino intereses diversos que aunque nos unen a algunos en una comunidad dada, nos separan de otros que pertenecen a una comunidad diferente.
No hay porqué extrañarnos por lo tanto de que después de las masivas protestas antiguerra los partidos que las lideraron o las capitalizaron no hayan barrido en las elecciones autonómicas y municipales recientes. Lo que ocurre es que el desarrollo de las TIC y la configuración de redes identitarias activas y solapadas enervan las fidelidades partidistas a través del desempaquetamiento de las plataformas electorales generando una enorme volatilidad electoral. Es esto último lo que vislumbro como radicalmente nuevo y como algo que, al mismo tiempo, ilustra lo que entiende por fraternidad.
Una sociedad con la volatilidad electoral que he mencionado es mucho más fraternal que una sociedad en la que se mantienen rígida y establemente la fidelidades partidistas. En primer lugar porque fraternidad es ya participar en el proceso mismo de reconfiguración de redes de acuerdo con algún tema de interés inmediato. Y en segundo lugar la posible convergencia de ese proceso en una regla estable sería muestra y prueba de la fraternidad existente. Esta regla estable podría ser considerada como parte del acuerdo común que nos une y que como tal pertenece a todas las posibles comunidades identitarias.
A la luz de lo dicho hasta aquí debería estar ya claro porqué uno querría contar con los hackers a efectos de configurar el mundo de manera contrarrevolucionaria y porqué para esa tarea es imprescindible entender la dinámica de las redes. Pero, desgraciadamente, no es fácil contar con los hackers debido especialmente a algunas de sus características .Los hackers puede caer en un esteticismo a lo D'Annuncio que no es nada pequeñoburgués y pueden sentirse tentados por la revolución continua de Trotski o la movilización total de Junger, dos ideas estás últimas de las que participan, me temo, los mismísimos neoconservadores estadounidenses.
Por otro lado no es fácil que los pequeñosburgueses confíen totalmente en un hacker. Su ética se pone en entredicho, injustamente, al confundirlos con los piratas poco respetuosos con la propiedad privada; la defensa de los derechos humanos o su universalización no parece estar entre sus prioridades a no ser que se trate del derecho de libre circulación (navegación) o de la libertad de expresión; y su relación con la verdad no es obvia ya que puede contribuir tanto a crearla como a difuminarla muy de acuerdo con un espíritu postmoderno que no acaba de aceptarse por la pequeña burguesía. Es especialmente dudosa su relación con la transparencia que aparece como muy conservadora.
Un hacker querría que Google que, en palabras de David de Ugarte, es la ley, hiciera público su algoritmo de la misma forma que Milton Freedman pretendía que el Banco Central, que también es la ley, siguiera reglas rigurosas relativas a la oferta monetaria y quizá constitucionalmente establecidas. Sin embargo lo que los hackers debieran saber es que Google no es algo separado del resto de la red de redes muy al contrario de un Banco Central que sí está separado del resto de los agentes económicos al menos en principio y según dicen sus defensores.
En mi opinión Google es un hacker más que, sin duda, quiere participar del negocio de posicionamiento que otros hackers puedan llevar a cabo manipulando el algoritmo que utiliza Google y que creen conocido y que, para ello, cambia inesperadamente ese algoritmo y deja descolocados a los expertos en posicionamiento. Lo que yo desearía es que un hacker liberal y pequeñoburgués demandara que Google se comporte como un hacker más cuya estrategia tengo que desvelar lo mismo que él -Google- tiene que conocer la mía como posicionador y que la competencia entre Google y yo fuera como la que existe -digan lo que digan- entre un Banco Central, que no sigue reglas sino que pretende desorientarnos a favor de los intereses que realmente persigue, y los demás agentes económicos.
El pequeñoburgués no cree en las proclamas de neutralidad que sólo benefician a los grandes burgueses y sabe por experiencia de generaciones que no se puede fiar de nadie, ni siguiera de normas constitucionales. Este último comentario sin embargo me lleva a considerar las oportunidades que se abren para la colaboración entre hackers y pequeñoburgueses.
Creo que el interés en que Google mantenga un algoritmo estable evidencia el deseo, muy pequeño burgués como tal deseo, de tener un punto de apoyo firme desde el que desplegar, o en el que apoyar, las propias estrategias. Este interés muestra el posible agotamiento de los peligros que he mencionado. Yo veo hoy a los hackers como necesitados de dejar vivir para vivir, lo que, de ser cierto, los aburguesará de forma que unos trabajarán como asalariados tratando de reducir los costes de transformación de algunos sectores productivos, otros se instalarán como profesionales independientes dedicados a consultorías variopintas bien sobre política, lo que puede alterar las campañas electorales y hacer impredecibles los resultados, bien sobre posicionamiento aplicado al marketing, bien sobre programación específica para algún aparato concreto, y otros, finalmente, acabarán en la Universidad apoyando líneas nuevas como, dentro de la economía, la denominada economía experimental o la predicción del futuro mediante enormes encuestas on line. Todos ellos seguirán siendo linuxeros y como tales crearán lenguaje pero el que vayan a crear ya no será como el de Rimbaud sino como el más asentado del Baudelaire maduro con alguna excepción notable que como aquel enmudecerá y morirá joven.
Quiero concluir diciendo que a pesar de un previsible aburguesamiento, es posible que los hackers dejen una huella inolvidable; pero sólo si hoy ayudan a vencer a los neoconservadores. La batalla que tienen que ganar consiste en vencer limpiamente a Microsoft que hoy simboliza velis nolis a los neoconservadores. No es ésta una empresa que esté realmente abierta pues se cierra a una competencia diversificada que le mantenga alerta. Prefiere, podríamos decir, la seguridad a la felicidad, o a la libertad o a la verdad. Desearía, quizá subconscientemente, diseñar el futuro de una vez por todas y para conseguir esto seguirá poniendo dificultades artificiales al desarrollo de Linux (como la de SCO o la de asociarse con AOL); es decir no dejará vivir porque sólo vive si a los demás les falta el oxígeno.
Linux representa todo lo contrario. Es el paradigma de la libertad y de esa diversidad que garantiza, hasta donde se puede, la verdad, sabe que el trabajo no tiene fin porque la variedad de las necesidades humanas es infinita y , finalmente, sólo vive si viven los demás. Me atrevo a afirmar retóricamente que si no gana Linux esta batalla, los neoconservadores habrán impuesto su poder. Pero para que gane Linux los hackers habrán tenido que aburguesarse para poder identificarse con los ciudadanos. Como siempre algo tiene que morir para que nazca algo nuevo. Y esto nuevo es nada menos que un mundo en el que la libertad, la igualdad y la fraternidad se harán compatibles y en el que los que quieren arreglar el mundo desde la autoridad no merecida revestida de poder ya no tendrán oportunidad alguna. Que así sea.