Juan Urrutia

Juan Urrutia, el autor y el economista

La OPV de Google: Dos lecciones importantes

Google, es un eficiente motor de búsqueda que todos utilizamos y que algunos querríamos destripar para manipular la información existente. Ese algoritmo se convierte en el código de la vida social, en una especie de taumaturgo capaz de crear diligentemente todas las redes de personas posibles y de reconocer todas las identidades imaginables, utilizando todo ello como fuente de un poder casi absoluto.

La explosión del éxito de Google es posterior a la debacle de las empresas puntocom. Ante la proliferación de información dispersa en infinitas páginas web, la necesidad de un sistema electrónico de búsqueda rápido, se hace evidente y su diseño e implantación se transforma en una obvia oportunidad de negocio. El algoritmo creado por Larry Page y Sergei Brin, fundadores y dueños de Google, es un eficiente motor de búsqueda que todos utilizamos y que algunos querríamos destripar para manipular la información existente. Ese algoritmo se convierte en el código de la vida social, en una especie de taumaturgo capaz de crear diligentemente todas las redes de personas posibles y de reconocer todas las identidades imaginables, utilizando todo ello como fuente de un poder casi absoluto. Y esta especie de piedra filosofal que, de todos modos es una empresa, sale a Bolsa. La compañía tiene competidores peligrosos, precisa financiación para vencer en la carrera competitiva y, seguramente, sus dos jóvenes creadores creen llegado el momento de embolsarse parte del valor que han creado.

El procedimiento de una O.P.V. estaba estereotipado. La empresa que quiere colocar acciones se pone en manos de un banco de inversiones; los correspondientes expertos estudian la empresa, el mercado de su producto, sus competidores, la estructura de la propiedad y, finalmente, la valoran fijando un precio de salida y, de una u otra forma, garantizan prácticamente la colocación entre clientes o tomando posiciones propias. Pero la revolución de las nuevas tecnologías no ha ocurrido para nada de forma que Larry y Sergei deciden salir a Bolsa mediante la utilización del mercado, en este caso en forma de subasta holandesa organizada por la propia compañía, eliminando así parte de los costes de transacción.

Desde ese momento las dificultades no dejan de surgir. Parece que no han dado toda la información al mercado ya que hay paquetes de acciones entregadas a los empleados. La subasta levanta suspicacias reminiscentes de las que levantó su utilización en la concesión de frecuencias radioeléctricas para la puesta en marcha de la tercera generación de telefonía móvil. Y, grave error, aparece durante el período que llamaríamos de discreción una entrevista de ambos dueños en la revista Playboy. El resultado es que el precio de salida y el finalmente alcanzado en la subasta son menores que los inicialmente previstos debido, se dice, a la inexperiencia de dos jóvenes díscolos que no quieren pasar por el pago de un peaje que, de hecho, es perfectamente prescindible.

Dos son, creo, las lecciones a no olvidar y ambas son independientes del comportamiento posterior de la acción de Google que, dicho sea de paso, ha sido bueno aunque no espectacular.

Lo curioso del caso es que quienes con más desparpajo avisan de los peligros del mercado o de una subasta son quienes, como los bancos de inversiones, más dicen confiar en sus virtudes. Quizá sea porque saben muy bien que, gracias a las nuevas tecnologías, todos podemos convertirnos en intermediarios financieros pues todos poseemos toda la información.

Juan Urrutia

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