Arquitectura espiritual: 2ª Planta.

Aunque la escalera continúa hasta la cuarta planta, a partir de esta segunda comienza un ascensor muy amplio que puede usarse desde la planta baja para facilitar el acceso a personas mayores. Se recomienda, sin embargo, que se use solamente a partir de esta segunda planta debido a que el contenido de esta y de la siguiente pueden marear de tal manera que llegue a hacerse necesaria la ayuda mecánica para cualquiera que se tome en serio esos contenidos, mucho menos técnicos y más elusivos que los de la primera planta.

Uno entra pues en esta planta bien por la puerta a la que lleva la escalera, bien por la puerta a la que lleva el ascensor. Por lo demás su estructura es igual que la de la primera planta aunque, desde luego, el contenido corresponde a la filosofía y se divide en tres habitaciones cada una dedicada a un idioma distinto: el francés, el inglés y el alemán en referencia al origen del escritor correspondiente y cualquiera que sea el idioma en el que el libro esté escrito o haya sido traducido. Los escasos libros que han sido escritos en castellano o que solo se pueden encontrar en la traducción a ese idioma, ocupan un lugar en un balda del ascensor para que nadie critique su ausencia. Sin embargo, el nombre que identifica esas habitaciones no es el del idioma, sino el del autor de ese origen que más presencia tiene en el contenido correspondiente: Sartre, Russell y Nietzsche. . Este último en una letra rara que quiere distinguir al gran nihilista que hace imposible creer en la prueba definitiva de algo. Solo por eso los visitantes de la primera planta deberían estar obligados a visitar esta habitación de la segunda.

La sala Sartre contiene trabajos de aquellos filósofos franceses que más leídos fueron a partir de los años sesenta del siglo pasado y no pocos libros relativos al existencialismo y al examen de aquellas formas alternativas de vivir que tanto nos entusiasmaron a los que, por aquel entonces, nos planteábamos, justamente, poner en jaque la corriente de aquellos años. Para darnos cuenta de la importancia de esto bastaría con recordar que muchas parejas jóvenes de aquellos tiempos pasaron por un kibutz más o menos tiempo y que, en cualquier caso, casi todos estuvimos al tanto de las formas que alcanzaron esos intentos de rediseñar la vida en el París del 68 así como en Inglaterra y en los EUA y, desde luego, también en Alemania, por mencionar aquellos países que más marcaron nuestra juventud. Así que la sala Russell y la sala Nietzsche deben ser entendidas como conteniendo aquellos aspectos de su obra más ceñidos al existencialismo aunque de manera más técnica que los franceses.

No hace falta extenderse más en estas consideraciones para hacerse una idea de aquello con lo que uno va a encontrarse capturado a través de las lecturas de esta segunda planta de este edificio espiritualmente construido. Pero falta una deriva más que está peor datada, que es más universal y a la que está dedicado el correspondiente pasillo semicircular de la planta: Wittgenstein, filosofía del lenguaje. No podía faltar en este edificio dada la afición de este austríaco por la arquitectura.