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ARID 2: Republicano

¿En este punto del llamado «problema de España» no se trata de ser antimonárquico o de sentir nostalgia de la segunda república y mucho menos de ser más o menos ingrato con una persona en particular. Tampoco naturalmente de elevarnos al cielo de la politologí­a y pensar en el republicanismo como liberalismo con acento a la manera de Phillip Pettit

A mi juicio de lo que se trata es, en este mundo de las redes distribuí­das en el que nos movemos y en el que todos estamos relacionados con todos, de la ridiculez que significa medir nuestra importancia como nodos de acuerdo con una lógica vieja que medirí­a nuestro poder según la distancia con un nodo irrelevante que algunos llaman Rey.

Así­ se entiende la radical y compacta afirmación de Vicente Urnieta: soy republicano por autorespeto aunque cuando la anotó no creo que hubiera pensado en redes.

Como sin embargo la idea de Corte no se ha plasmado en esta Monarquí­a Parlamentaria, no parece, diga lo que diga Vicente, que esta cuestión sea relevante más allá de la posible herida a la sensibilidad personalí­sima de algunas personas.

Aunque algunos periódicos se entretengan hablando de la pinza antimonárquica que formarí­an la derecha radiofónica y la izquierda testimonial, aquí­ no hay ningún problema significativo más allá del amarillismo de algunos medios on line que especulan con la fortuna de la familia real.

De todas formas no veo nada malo en ser republicano en el sentido de siempre y en que se defienda esa forma de Estado y ni qué decir tiene que pedir once meses de prisión para alguien que quema una foto del Rey me parece un despropósito que indica qué poco se valora por estos pagos la libertad.

Y aun siendo ésta una cuestión menor me pareció feo que el Rey se dedique a defender la Monarquí­a en la apertura del Curso académico en la Universidad de Oviedo. Por un lado me recordó a los pilotos de lí­neas aéreas que son trasladados a otro aeropuerto simpre en primera clase y, por otro lado, si esa fuera una forma aceptable de estabilizar la situación polí­tica, entonces podrí­amos pedirle que intervenga más a menudo. Y casi mejor que no.

mm

Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.