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Adornarse,arrimarse

En la campaña catalana Zapatero dijo de Montilla, el candidato del PSE a a Presidencia de la Generalitat, que es un polí­tico que se arrima aunque no se adorna. No me gustan los toros, pero me gusta el lenguaje taurino. Posiblemente se trata de alguna perversión de la que no soy consciente y en la que, en cualquier caso, no me voy a detener.

Lo que me importa, siguiendo con este simil taurino, es que admiro a los polí­ticos que se arriman aunque no desprecio los adornos. En realidad me entusiasman los que parece que solo quieren lucirse; pero que de hecho se la juegan. Me recuerdan a Oscar Wilde al que admiro no solo por su gusto por el adorno, la brillantez, la paradoja o la frase feliz; sino también por la profunda seriedad que muestra en su De Profundis o Carta desde la Carcel de Reading.

Los que solo se adornan no se concentran, faenan para los tendidos, para la galerí­a, y se pierden el goce propio. Los que se arriman bailan con el toro, lo aman y juntos se olvidan del mundo que les rodea. Un polí­tico tiene que hacer ambas cosas, especialmente si no es muy conocido popularmente.

Este parece ser el caso de Miguel Sebastián al que algunos periódicos dan por desconocido. Yo le conozco y bien, no tanto por su curriculum, sino sobre todo por las no pocas horas de conversación. Quise llevarle a la Carlos III y se zafó de mi invitación con elegancia; le he conocido durante muchos años como Chief Economist del BBV y todo lo que me enseñó me hizo sentir todaví­a más su pérdida para la Carlos III; y ha sido durante años miembro del Consejo Editorial de EXPANSION y Actualidad Económica donde mostraba periódicamente su inteligencia mordaz y su formación general redonda: se arrimaba sin dejar de adornarse.

No me cabe duda que sabrá arrimarse si le tocan responsabilidades municipales. Pienso que, de hecho, si contra todas las previsiones acabara siendo alcalde de Madrid, nos encontrarí­amos con un alcalde que harí­a saber a los madrileños porqué se hace lo que se hace, desde las obras públicas, hasta las construcciones inmobiliarisa privadas, pasando por las villas olí­mpicas, o porqué no se deben hacer.

No se si sabe bailar el chotis; pero en cuestión de adornos creo que Gallardón harí­a bien en atarse los machos. Miguel es inteligente en grado sumo, como Gallardón; tiene sentido del humor, como Gallardón; pero a diferencia de éste puede ser mucho más ácido y machacar al contrario en un debate público porque sospecho, aunque a mí­ no me lo haya mostrado, que tiene un coté implacable, como de asesino de arma blanca, que hace que sus banderillas hieran muy hondo. Una faceta que se confunde a veces con una falta de piedad social que yo nunca he detectado.

La campaña va a ser distinta, ya lo veremos, y no porque aparezca más el tema económico o porque Sebastián sepa lidiar con un problema de endeudamiento; sino porque va ser un choque de personalidades, una confrontación entre dos toreros chulos y valientes.

Pero Miguel cuenta con un activo definitivo: es un explorador de los fondos marinos de los cinco continentes y esto, que no parece que quisiera decir nada, es sin embargo crucial porque los fondos marinos dan tanto miedo como el subconsciente y el que se mueve ahí­ con soltura, citando de lejos al terror, sabe como ganarse la atención de las gentes.

Pero no solo me parece temible como oponente al que defiende su silla y bueno para Madrid, donde vivo pero no voto; sino que me parece una persona integra y cariñosa y es amigo mí­o. Si yo fuera madrileño no lo dudarí­a a pesar del respeto que tengo por el otro candidato.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.