Adaptación

No es fácil moverse hacia el este. Los días se acortan sensiblemente e ir a la playa a la hora en la que me gusta sentir el sabor de la sal en la piel es como acudir a un party nocturno. Se adelanta la hora de las comidas al menos los primeros días y todo suena distinto. En cuanto llego a Foixá y nada más escuchar el maravilloso ruido de la bolita de futbolín en Can Quel a horas en las que ya la campana de la iglesia ha dejado de sonar, mi sentido del oído se agudiza y comienzo a captar matices, silbiditos y sutiles corrientes da aire que, hasta que me acostumbre y comience mi diálogo con ellos, me aturden y no me dejan pensar o intentar trabajar en mis deberes de verano.

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