Juan Urrutia

Juan Urrutia, el autor y el economista

Aburrimiento, Rebeldía y Ciberturbas

Aburrimiento y Ciberturbas

Ya tenemos algunas ideas, propias de Economía Desmercada, sobre rebeldía y ahora pretendo usarlas para hacerme cargo del aburrimiento, como fenómeno de psicología social, y de las ciberturbas como fenómeno social novedoso asociado a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). No pretendo sólo dar noticia o captar la descripción de estos fenómenos; sino desarrollar minitesis, o embriones de teoría, relativos al aburrimiento y a la rebeldía o revolución que encajen con la posible funcionalidad de los encuentres relámpago y permitan interiorizar la problemática que suscitan.

Empezaré por el aburrimiento. Vicente Verdú, en una de las columnas que publica periódicamente en El País, se hacía eco recientemente (a finales de septiembre o primeros de octubre de este año 2003) de un libro de Lars Svendsen (del que no daba referencia bibliográfica precisa) en el que el tedio es presentado como una posible fuerza revolucionaria. Recuerda Verdú que, para Cioran el tedio es un estado superior del alma del que seguramente, imagino yo, se desprenden propensiones suicidas y una lucidez cegadora. Sin llegar a tanto, espero que recordemos el famoso spleen, un estado de ánimo de esas clases acomodadas británicas, que, desde la guerra franco-prusiana hasta la primera guerra mundial, habían vivido una época de tranquilidad económica y de confianza sin fisuras en la estabilidad del poder adquisitivo de sus rentas que, en consecuencia, originaba unas ideas poco convencionales e incluso excéntricas. Una de éstas, muy apropiada para el caso que nos ocupa y que me ha sido recordada por Jesús Zamora, es la que expresa Bertrand Russell en La Conquista de la Felicidad:

El aburrimiento como factor de la conducta humana ha recibido, en mi opinión, mucha menos atención de la que merece. Estoy convencido de que ha sido una de las grandes fuerzas motrices durante toda la época histórica, y en la actualidad lo es más que nunca.

En la columna mencionada Verdú asevera que el individuo aburrido pudo antes parecer un tipo decadente, pero hoy se altera la importancia de su valor. Si unas veces su estado pareció equivalente a la nada, en la actualidad su sufrimiento de la vida como un plomo actúa como fuerte contrapeso social. Porque si lo que propone el sistema oficial no estimula el ánimo, el corazón tenderá hacia otros destinos mejores (subrayados míos).

De acuerdo con esta cita supondré que el aburrimiento puede estar en el origen de la insatisfacción con lo que hay, aunque esa insatisfacción puede tener otra causa distinta. Añado, para aprovecharme de las ideas expuestas más arriba, que esa insatisfacción, cualquiera que sea su causa, podría ser medida por el umbral de rebeldía de cada individuo aburrido, y prosigo insinuando la posibilidad de que el aburrimiento esté en el origen de una revuelta que sirva de contrapeso social y oriente el corazón hacia otros destinos mejores. Pero, ¿en dónde tendría a su vez el aburrimiento su origen?.

Si volvemos la atención hacia la breve explicación ad-hoc que he dado de la Economía Desmercada no debería ser muy difícil aventurar un embrión de teoría del aburrimiento no muy alejada de teorías formales existentes sobre el conformismo (como por ejemplo la que expone Peyton Young en el capítulo citado más arriba). Una sociedad, cuyos miembros individuales siguen pautas que conforman un equilibrio, será una sociedad aburrida que genera el aburrimiento en sus miembros. Y esto es así porque en un equilibrio no hay sorpresas en los comportamientos individuales (ni en el mío ni en el de los demás) que han sido como son durante un largo periodo de tiempo debido a que nadie quiere desviarse unilateralmente de una situación que en cada caso es la mejor para él dado lo que hacen lo demás.

Si volvemos la atención hacia la breve explicación ad-hoc que he dado de la Economía Desmercada no debería ser muy difícil aventurar un embrión de teoría del aburrimiento no muy alejada de teorías formales existentes sobre el conformismo (como por ejemplo la que expone Peyton Young en el capítulo citado más arriba). Una sociedad, cuyos miembros individuales siguen pautas que conforman un equilibrio, será una sociedad aburrida que genera el aburrimiento en sus miembros. Y esto es así porque en un equilibrio no hay sorpresas en los comportamientos individuales (ni en el mío ni en el de los demás) que han sido como son durante un largo periodo de tiempo debido a que nadie quiere desviarse unilateralmente de una situación que en cada caso es la mejor para él dado lo que hacen lo demás.

Sin embargo sabemos muy bien que ese equilibrio de Nash puede ser subóptimo de forma que si todos se pusieran de acuerdo de forma coordinada en cambiar de pauta de conducta, la sociedad que estamos considerando podría alcanzar un equilibrio superior en el que todos mejorarían pero que no se llega a alcanzar porque nadie está dispuesto a dar el primer paso debido a que, si los demás no le siguen, quizá acabe peor de lo que está ahora a pesar del aburrimiento presente. Es tentador conjeturar que el aburrimiento sería ese estado del alma correspondiente a ese comportamiento individual de equilibrio, previsible por parte de todos respecto a todos y que, sin embargo, contiene el germen de una posible mejora, germen éste que justificaría el estado superior del alma del que habla Cioran (consistente en la conciencia de una posible salida que quizá evite el suicidio) y explicaría la emergencia de ideas excéntricas y desviacionistas en el aquejado de spleen.

Esta miniteoría del aburrimiento tiene la ventaja de cobijar, a modo de corolarios, las vicisitudes del germen revolucionario que el tedio incuba. Como sabemos (ver el trabajo de D. Friedman, Evolutionary Games in Economics, Econometrica, 59,3,1991) el conjunto de estados correspondientes a estrategias evolucionariamente estables (es decir a prueba de mutantes) es un subconjunto del conjunto de estados que conforman un equilibrio de Nash. Puede ocurrir por lo tanto, que el equilibrio de Nash subóptimo en el que florece el aburrimiento como repetición de lo mismo, esté conformado por unas pautas de conducta evolucionariamente estables, en el sentido de ser inmunes a cualquier invasión de mutantes, en cuyo caso cualquier revolución, revuelta o rebelión está destinada a no prosperar. Pero puede ocurrir que ese no sea el caso y entonces cabe que la revolución pueda darse siempre que algunos agentes estén dispuestos a mutar su conducta o si la sociedad acogiera a agentes nuevos que practican otra pauta de conducta.

Estos corolarios de la miniteoría del aburrimiento, junto con las ideas de Chew que ya he expuesto, pueden dar origen a un embrión de teoría sobre la rebelión. Es posible que, cuando el equilibrio de Nash no es evolucionariamente estable, quepa la revolución pero ya sabemos por Chew que ésta brotará o no, dado el grado de irritación producido por el aburrimiento y medido por los umbrales de rebeldía, dependiendo de la específica estructura de la red que conecta a los agentes y de la naturaleza y la profundidad del conocimiento que cada agente tenga del grado de irritación de los demás, es decir de su umbral de rebeldía. Un resultado de Chew ya citado y remachado en otro trabajo (Communication and Coordinación in Social Networks), Review of Economic Studies, 67, pp, 1-16, 2000) completa la miniteoría de la rebelión aclarándonos que para irritaciones graves con lo que hay (es decir para umbrales de rebeldía bajos) es tanto más fácil que la llama revolucionaria prenda cuanto más fuertes sean las relaciones entre los agentes que están en red. Y viceversa, también es cierto, muestra Chew, que para irritaciones menos serias (es decir para umbrales de rebeldía altos) es tanto más fácil que la revolución prospere cuanto más débiles sean esas relaciones entre los agentes.

La explicación de esto es intuitiva ya que, cuanto menos grave sea la irritación que el aburrimiento produce, más agentes son necesarios para que brote realmente la revolución y es claro que las redes menos tupidas (como la de la izquierda en la figura 2) conformadas por relaciones débiles, crecen más rápidamente. En otras palabras, comunidades con un coeficiente declustering muy alto (como sería el caso en la parte derecha de la figura 2) serán proclives a una revolución sólo cuando la irritación es muy grande y se necesitan poco compañeros de viaje para mutar las pautas de conducta. (Un resultado que matiza la citada idea de Young -y que no es original suya- de que el contagio (sin conectividad) es tanto más rápido cuanto más local, interconectada y cerrada era la interacción entre los agentes). Esta miniteoría de la revolución se completaría con la idea de que, en la medida en que se necesita conocimiento común sobre los umbrales de rebeldía para lograr que ésta prenda, es muy difícil, dado el mencionado resultado de Rubinstein (que precisamente muestra la enorme resistencia del statuo quo en ausencia de conocimiento común) que observemos una rebelión en toda regla.

Esta última consecuencia de la miniteoría sobre la revolución da pábulo a estudiar cómo pueden influir en la probabilidad de una explosión revolucionaria, las TIC, y más en particular, el fenómeno de las ciberturbas. El resultado de Rubinstein, en efecto, no es aplicable cuando en cada cluster o en la red en general, todos se comunican con todos directamente o, equivalentemente, cuando los elementos de cada cluster, o todos los miembros de la red, pueden juntarse físicamente ya que, en esos casos, no hay duda de que entre todos los agentes, o entre los miembros de cada cluster, hay un conocimiento común de los umbrales de rebeldía. Y es precisamente en este punto de mi argumento donde encaja el fenómeno recientísimo de las ciberturbas como un caso en el que el contacto físico entre mucha gente puede ser organizado por los tejedores de redes por medio de internet y como un fenómeno que puede surgir en una comunidad aburrida, aunque quizá, tal como veremos, no demasiado aburrida.

Me serviré de las noticias que ofrecieron El País (Tentaciones del 15 de Septiembre) y el Mundo (18 de Agosto y 5 de septiembre) para indicar en qué consiste este fenómeno de los encuentros relámpago. Cibernautas sincronizados y coordinados a través de internet se reúnen en un lugar, bien prefijado, bien descubierto en un estadio anterior de la comunicación virtual, realizan algo insólito y absurdo y se dispersan inmediatamente.

A partir de esa fecha, y siguiendo las noticias periodísticas, la moda se dispara. Un grupo se cita brevemente en una zapatería del Soho neoyorkino calzados con zapatos espaciales. En San Francisco centenares de personas dan vueltas sobre sí mismos. En la Soho Square de Londres unos cuantos individuos previamente citados proceden, antes de esfumarse, a intercambiar libros. Otra vez en New York una muchedumbre instantánea imita el sonido de los pájaros en Central Park. Unos cientos de ciudadanos de Hong Kong saltan durante 32 segundo gritando boing, unos cuantos romanos asaltan una librería preguntando por libros inexistentes, en Londres unos cuantos ciudadanos se citan electrónicamente en una tienda de decoración y dirigiéndose a un dependiente le espetan: ¡Oh, vaya sofá!, y en el Toys'Rus de New York adoran a un dinosaurio.

En fin, desconozco si ha habido desarrollos posteriores; pero estos ejemplos son suficientes para que podamos destacar que el mensaje de estos encuentros relámpago es más bien surrealista y que quizá -como afirma Bruce Sterling, guru ciberpunk -no funcionan si se trata de apoyar algo que pueda calificarse de causa. Sin embargo esto último no quiere decir que no podamos aprender de este fenómeno o pensar sobre él desde la Economía Desmercada

¿Qué dirá al respecto la Economía Desmercada? En primer lugar y como primera reflexión obvia se trata de una moda que no podemos estar seguros que sea permanente; dependerá de la naturaleza del equilibrio del juego evolutivo que podría modelar el fenómeno. En segundo lugar parece obvio que se trata de un ejemplo claro de contagio; quizá no como el reportado más arriba mediante una cita de Peyton Young y que no necesitaría de ninguna conectividad especial de carácter global, sino de un verdadero contagio a través de la conectividad, en este caso electrónica. En tercer lugar la organización de estos encuentros relámpago evidencian la facilidad con que se pueden crear (y destruir) redes con conexiones débiles de esas que son más favorables para la rebeldía cuando la irritación producida por el aburrimiento no es muy intensa. Si no pueden ser utilizados para apoyar una causa quizá sea porque las redes débiles desaparecen fácilmente y no porque estén especialmente diseñados para acciones absurdas. Esto es importante pues cualquier innovación en el tejido de redes a través de internet reforzará su eventual uso propagandístico.

¿Qué comentarios sobre el fenómeno de las ciberturbas podemos añadir para que nos sirvan para hacernos cargo más profundamente del aburrimiento y de la rebeldía?.El primero y más elemental es que su conexión con el aburrimiento aunque parece intuitiva no es ni necesaria ni obvia. Es posible que un exceso de aburrimiento acabe incluso con estos encuentros relámpago que podrían haber sido motivados por un aburrimiento menos deletéreo, aunque, en cualquier caso, Bruce Sterling los vea como un signo de vitalidad social. Los dos siguientes comentarios hacen referencia a los requisitos epistémicos para que brote la revolución y son de una importancia evidente.

El primero es que, tal como insinúa Rubinstein a pesar del resultado formal que antes discutí, el problema de la no presencia de conocimiento común puede no ser un gran obstáculo en la práctica para coordinar las acciones de los miembros de una comunidad. La coordinación a través del e-mail nunca puede ser perfecta pues siempre falta la confirmación de haber recibido por parte de alguien la confirmación; pero aún así el encuentro relámpago tiene lugar.

El segundo comentario que surge de existencia de las muchedumbres instantáneas, y el de mayor calado, es que pueden garantizar la presencia del conocimiento común a partir del contacto físico no mediado por mensajes electrónicos u otros artilugios que permiten la comunicación a distancia. Cuando hace cuarenta años un amigo y yo decidimos una tarde que al día siguiente iríamos a la Universidad sin corbata, algo inusitado a la sazón, cada uno sabia que el otro sabía que el uno sabía que sólo cada uno iría sin corbata si el otro iba. Quizás mi amigo pudo pensar que yo le mentía y que no acudiría al aula sin corbata el siguiente día; pero eso es una cuestión distinta más bien relacionada con la capacidad de comprometerse o con una situación de juego de coordinación, no con la naturaleza del conocimiento mutuo.

Como consecuencia de esta segunda lección hemos de concluir que el fenómeno de las ciberturbas puede ayudar a que prenda la revolución, no porque las muchedumbres den miedo o sean en sí mismas una fuerza revolucionaria; sino simplemente porque son una forma de convertir en conocimiento común el número de agentes con un umbral determinado de rebeldía.

Estos comentarios sobre las ciberturbas o desde la ciberturbas sirven para cerrar el triángulo formado por el aburrimiento, la rebeldía y las muchedumbres instantáneas y terminar así con la tarea de hacerse cargo de fenómenos que llamaríamos postmodernos (aburrimiento y cibertubas) y que, sin embargo, pueden ser el caldo de cultivo apropiado para introducir novedades revolucionarios en el comportamiento humano. Veamos ahora algunas aplicaciones.

Aburrimiento, Rebeldía y Ciberturbas | Aplicaciones

Juan Urrutia

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