Artículos

¡Abajo los principios!

El tí­tulo de este post es la conclusión de mi almuerzo con Ignacio Pérez Infante en Las Batuecas, conclusión alcanzada después de emborracharme de hí­gado encebollado, el mejor que he tomado nunca.

Ignacio, que es un muy buen amigo, me escuchó sonriente el discurso plomizo que le ensarté y que coincide con lo que he escrito aquí­ hace unos dí­as como resumen de la conferencia de Alaine Touraine patrocinada por PWC. El final, sin embargo, estaba un poco mejorado y consistia en un pensamiento reciente en el que no habí­a reparado entonces.

Cuando como ahora la sociedad está estructurada por la Cultura y no por el Poder o por el Beneficio, lo que importa es la identidad y el reconocimiento de la misma. Nos organizamos por grupos centrados en un rasgo identitario que puede ser el nacional o el sexual, por mencionar los dos más importantes a los que ya hice referencia. Pero hay otros rasgos identitarios como, por ejemplo, la manera de vestir o el tipo consumo que realizamos o la decoración de nuestras moradas.

Pero como ocurre que ciertos aspectos de los estadios anteriores en la conformación de la sociedad subsisten, tenemos que aprender a hacer polí­tica o a manejar los asuntos económicos en este nuevo mundo. La economí­a se configura como la que he descrito en EL CAPITALISMO QUE VIENE; pero ¿y la polí­tica?. Tiene que atender, si sigue siendo democrática, a los intereses de todos esos grupos mientras pretende atender a los ciudadanos como tales. De ahí­ que las medidas polí­ticas tengan que ser difusas, lo mismo que las maneras con las que se pretende hacerlas aceptables

Aquí­ me paró Ignacio y me dijo que ya, que ya lo entendí­a; pero que el precio era muy caro, pues todo esto comportaba la renuncia a los principios. Y yo me disparé sustituyendo el discurso plomizo por otro más alocado. Los principios en los que él y yo habí­amos creí­do en nuestra juventud antifranquista eran sistemática y torticeramente desvirtuados especialmente desde ciertos ámbitos que usan el principio de libertad, o bien para justificar la corrupción bien diseñada, o bien para sostener posiciones a mi juicio aberrantes en lo que concierne a las libertades concretas.

En aquel momento me pareció claro que los únicos que hablan de principios son o los izquierdistas irredentos o los jacobinos centralistas o los conservadores ricos que aspiran a serlo más. Así­ que afirmé con todo candor lo que he tomado como tí­tulo de este post: ¡Abajo los principios! Prefiero un mundo sin principios que un mundo donde la afirmación de los principios no es sino una cohartada para refugiarse en un mundo que no quiere ni desaparecer ni evolucionar.

Desbarré más, quizá intoxicado por el hí­gado, pero no me arrepiento porque me quedé satifecho. Tení­a ganas de oir cómo sonaba este discurso en los oí­dos de una persona inteligente y de las pocas que quedan con sus principios intactos. Terminé explicando cómo era este discurso posmodermo, y solo él, el que permití­a salvar al mismo tiempo mis proclividades nacionalistas no muy ortodoxas y la polí­tica presuntamente herrática de Zapatero, cosas ambas que quiero defender pues de lo contrario volverá el conservadurismo y volverá, como dicen los anglosajones, «with a vengeance». Pero no solo por eso.

mm

Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.