Dublin

Dublin

Mis paseos obligados de estos días fríos y soleados en Madrid me han recordado a los paseos por el Dublín de finales de verano en aquellos años mozos asociados a mi aprendizaje del inglés en un país más acorde con la ideología paterna que la propia Inglaterra. La mayoría de los jóvenes con los que yo me había encontrado durante el verano habían ya vuelto a su país de origen y yo pasaba mis últimos días más o menos solo en aquella casa del norte de Dublín, más allá de Drumcondra y cerca del cementerio de Glasnevin, famoso a partir de su lugar importante en el Ulises de Joyce.

Durante esos últimos días de mi estancia continuaba tomando el autobús hacia el centro de la ciudad bien abrigado y dispuesto a seguir disfrutando de mi soledad en un medio que me estaba pidiendo mi apreciación. No tardaba mucho en llegar al que para mí era el centro neurálgico de esta preciosa ciudad. Me apeaba en O’Conell street al pie de Nelsonś’s Pilar, un extraño homenaje a quien para los irlandeses era no solo un extraño sino, sobre todo, un enemigo.

A partir de ese punto cerca del río Liffey, me paseaba por un montón de calles no muy largas y llenas de edificios y calles muy distintas de las que yo conocía a la sazón y que iba grabando en mi retina. Casi nunca atravesaba ningún puente para pasar al sur de la ciudad y me detenía solo ante ciertos monumentos significativos como una universidad o alguna iglesia todos ellos muy diferentes de los paisajes de campo de los que había disfrutado el resto del verano.

Desde el principio del verano, en efecto, había disfrutado de algunas playas en medio de preciosos barrancos inclinados sobre el  mar y que me recordaban a esos primeros gritos de Ulyses que en mi ignorancia sobre su dificultad había comenzado a leer ese primer verano irlandés. Así mismo y siguiendo con mi valentía ignorante, había visitado Phoenix Park en donde aprendí a montar a caballo con un trote nada español y totalmente inglés y a acercarme al lugar santo de la producción de la cerveza Guinnes. Además acudí a hipódromos donde mi verdadero interés estaba no tanto en las carreras sino en las apuestas.

Pero a partir de esa última semana la cosa fue diferente. Ahora ya no me limitaba a pasear, sino que dedicaba mi tiempo y mis últimos ahorritos de jóven pijo a aprender cosas serias como era, por ejemplo, ir al cine a ver películas extrañas para mí en cines donde se podía fumar, vicio que todavía no cultivaba, y en donde había que ponerse en pie para escuchar el himno nacional antes de evacuar la sala.

Pero mi recuerdo más importante fue durante tiempo, y sigue siendo, después de tantos años, el de entrar en la cafetería de un hotel importante y encargar un sandwich que hoy llamamos mixto y que en aquel entonces llamé americano.

Cuando estos días me lanzo en Madrid a pasear disfrutando del color de la hojas del otoño y del frío bajo el sol correspondiente, siento nostalgia de Dublín e inconscientemente siento que en el centro, al que me acerco poco a poco sumido en mis ensoñaciones, voy a encontrar alguna novedad que me haga pensar en un futuro sin tristeza. Pero esto ya no ocurre.

Redes

Topología de redes distribuidas

TVE se ha puesto finalmente al día y detrás de la bilbaína Ana Blanco aparece en el telediario del mediodía un cielo en el que se distingue una red, es decir unos puntos pegados unos a otros mediante lineas. Y no solo ahí, sino que, desde hace tiempo, en muchos otros lugares de esta cadena aparecen esas redes más o menos densas.

Esta visión me ha recordado cuando, bastantes años atrás, proliferaron las publicaciones sobre redes. Entre ellas varias de David de Ugarte de hace más de diez años. Durante una buena temporada estas publicaciones fueron cruciales para volver a entender los sistemas económicos de una manera alternativa pero equivalente a la que se fraguó desde la época de Arrow y Debreu.

En el año 2008 escribí aquel librote titulado El Capitalismo que Viene en el que pretendía unificar el tratamiento de muchos problemas económicos y sociales además de políticos en base a estas ideas sobre redes que tanto me obnubilaron en aquel entonces  y me siguen encantando. En una especie de segunda parte del Sindrome del Capataz, que pronto verá la luz, he pretendido apoyarme en aquellas ideas que ya son bastante conocidas para explicar lo que es una Good Life. Parte de la explicación es política, otra es económica y otra política. Centrándome en la económica escribía lo que sigue:

Comienzo por… la manera en que se forman las comunidades a partir de un juego evolutivo consistente en formar parejas aleatoriamente y en cada momento hacerles jugar un juego cualquiera de manera que se va formando una red, un proceso en el que van apareciendo hábitos sociales hasta que se llega a un equilibrio del juego evolutivo que se denomina Estrategia Evolutivamente Estable o también equilibrio a prueba de mutantes pues a nadie le interesa salirse de la pauta de conducta de equilibrio.

Ahora bien en el equilibrio del juego evolutivo se da a fraternidad, término  este que incluye la amistad y el placer de estar juntos. Esta Fraternidad implica dos características cruciales como son  la confianza mutua y la credibilidad de los compromisos. Si  la red en la que estamos es distribuida de verdad nos topamos con la posibilidad de la Abundancia porque, a) disminuyen los costes de transacción por la confianza mutua, b) se da el efecto red o Efecto Mateo según el cual «al que tiene se le dará» debido precisamente a que entrar en en una red disminuye los costes y c) se dan las economías de alcance según las cuales se gana más ampliando el abanico de productos fabricados por una empresa que aumentado la producción de un solo producto. En el límite estamos en el equilibrio de la competencia perfecta en un mundo digital como el de hoy.

Pero la aportación de las ideas de redes no solo ayudan al entendimiento profundo de la Economía, sino que además ahora mismo ayuda a la comprensión de la Política y de los cambios que en esta campo se ven venir como por ejemplo el multipartidismo que ha aparecido tras las últimas elecciones. No es pues de extrañar que hoy, y para entender el cambio político que se acaba de generar, necesitemos ideas de redes y una de esas redes es lo que tanto PSOE como UP pretenden comenzar a organizar ya.

Y más en general parecería que cuestiones casi prohibidas como el nacionalismo o el confederalismo estarán pronto en el centro de la política.

Impresionismo y Expresionismo

Kunsthalle Bremen

Aprovechando el pasado «puente» de Todos los Santos nos fuimos a Las Arenas a fin de pasar allí el mal tiempo que se preveía. No fue para tanto con la excepción de una noche en la que el viento no me dejó dormir; pero cuando amaneció salió un poco el sol y el Abra se puso muy bonita. Así que nos decidimos a visitar los dos buenos museos de Bilbao, el de Bellas Artes y el Guggenheim. Hoy me voy a limitar a reflexionar sobre algunos aspectos de una de las exposiciones de este último, la presentada como Kunsthalle Bremen. Estsala nació hace casi dos siglos en Bremen gracias al esfuerzo de algunas familias ricas de la ciudad, las mismas que apoyaron su desarrollo posterior. Justamente como el Bellas Artes de Bilbao.

La exposición en Bilbao ofrece, en el Guggenheim entre otras cosas, dos salas muy amplias del Impresionismo y el Expresionismo respectivamente con énfasis en pintores alemanes; pero sin olvidar los franceses. No me encuentro con fuerzas suficientes como para disertar sobre los artistas y me limitaré a tratar de plasmar por escrito una idea que explotó en mi cabeza a lo largo de la mañana lo que generó mi falta de atención hacia las otras exposiciones de este Guggen.

Pensé que ambas escuelas se desarrollan alrededor de la realidad. Esta nos llega a través de los sentidos y, cuando uno no es ciego, sobretodo alrededor de la vista. Pero sobre esta naturaleza se ha discutido ad infinitum. Podríamos decir que los impresionistas no ponen en duda la naturaleza de la existencia de esa realidad y tratan de embellecerla, cosa que agradecemos los que no somos artistas sin poner en duda su existencia, mientras que los expresionistas intentan más bien romperla para conocer mejor los intríngulis de esa realidad.

Le dí muchas vueltas a esa idea simple y finalmente concluí que yo mismo en mi trabajo de Economía he utilizado ambas aproximaciones, impresionista en la Micro y expresionista en la Macro, tratando de fundamentar la segunda en la primera. Unas gotitas de Macro permiten la idea de expectativas no racionales y la consiguiente dependencia de lo esperado permitiendo así su influencia.