Golf, Vértigo y Pérdida de Memoria

Club de Golf

Hoy mi mujer me ha invitado al Club de golf de la Moraleja del que es socia mientras que yo no lo soy. Ella quería acudir para enterarse bien de de las condiciones y los costes de algunas actividades en las que estaba interesada bien para ella, bien para sus nietos y yo podría disfrutar de uno de esos día de las primeras fechas de otoño que tan maravillosas pueden llegar a ser. Al mismo tiempo pensaba que me podría sentar bien para mi vértigo que tan malas pasadas me ha generado últimamente en muchas direcciones. Digan lo que digan los médicos no me extrañaría que tuviera que ver también con esa terrible pérdida de memoria de la que adolezco.

He aprovechado la tranquilidad y la belleza de esos campos de golf para serenarme al tiempo que me tomaba un botellín de agua tónica y trataba de realimentar mi memoria acudiendo a la de mi mujer preguntándole por los nombres de muchas personas de nuestra ciudad natal que, como nosotros, hace años que vinieron a Madrid y comenzamos a vernos y retomar una cierta amistad al tiempo que nos asistían en nuestro conocimiento de Madrid. Se trataba de lo que en nuestro origen se llamaba «gente bien» aunque con un encomiable sesgo hacia los intereses intelectuales. Pero por una razón o por otra ese acercamiento no alcanzó su finalidad y hemos ido perdiendo contacto. Había seis nombres que no podía recordar y me irrité mucho conmigo mismo especialmente cuando ella, mi mujer, fue recordándomelos uno por uno.

Cuando ya me encontré un poco satisfecho comencé a prestar atención a mi entorno inmediato, tanto a los socios allí sentados leyendo el periódico como a otros que mantenían tertulias sonoras. Me pareció que esta gente, presuntamente «bien», no estaba a la altura. Los lectores de periódicos escribían sobre ellos, quizá llenando el sudoku o/y el crucigrama con una total falta de respeto con los otros posibles socios que podrían estar interesado por su lectura. Respecto a las conversaciones se llevaban acabo en un tono de voz exasperadamente alto que llevaban hacia mi oído medio sordo y responsable en buena parte de mi vértigo, expresiones realmente groseras e impropias no ya de un club de golf sino de cualquier colectivo medianamente educado. Parecía una competición acerca del mayor número posible de groserías.

Diario antiguo: una pequeña entrada

Continuando con la organización de mis papeles viejo hoy me he encontrado con una pequeña entrada que procedo a colgar en mi blog. Se trata de un comentario a un acontecimiento todavía más viejo que escribí cuaado un querido amigo me apretó la garganta y yo hice ruidos de ahogado para aparentar que realmente no podía respirar y exhorcizar el peligro. Pues bien, hoy recuerdo que en realidad me estaba ahogando.

En algún momento de los años 70 este recuerdo me sirvió para escribir una entrada en el Diario que en aquel curso académico que que pasé en Los Angeles. Refiriéndome a esa entrada escribí que quería sublimar aquel recuerdo:

«La tristeza es la dramatización de esa tristeza con finalidades esperanzadoras. La muerte es la dramatizatización de la muerte con poco éxito por lo que puedo terminar afirmando que se puede evitar.»

Y, naturalmente, terminaba así:

«La muerte se puede evitar y por lo que sí esa muerte es siempre un suicidio»

¿Qué hacer?

Son ya dos meses desde que me juré a mi mismo que retomaría la escritura para siempre; pero no lo he hecho. Las razones aunque verdaderas no consiguen convencerme del todo. He vuelto a sentirme un enfermo con las enfermedades de siempre y añadiendo una especie de mareos que me atacan siempre en momentos inesperados. He utilizado todo ello para vaguear bastante.

Pero el otro día volví a leer Conocimiento y Sabiduría y pensé que aunque no me gusta mucho puede ser mejorado y constituir un nuevo comienzo.