Lucha de clases

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El desorden creativo (II)

Hace un par de días escribí un post que pretendía ser el inicio de una nueva época de mi blog y llamar la atención sobre el desorden que nos abruma. Me refería sobre desorden político que podría derivar en guerras. De todo esto me parece que se deriva una enseñanza, creo yo. Lo indicaba en el párrafo final de ese post:

No me parece que las diferencias hoy vayan a derivar en guerras como las del siglo XX. En la situación en la estamos enfrentamos un dilema crucial. O dejamos todo en manos de tres o cuatro poderosos o quitamos el poder a todos. En el primer caso dejaremos de ser personas realmente libres aunque quizá una cierta idea federal mantenga el orden. En el segundo caso, más que un estado federal, aparecería un confederación de estados con pactos entre ellos, y no iguales para cada dos. En el primer caso primaría la igualdad entre Estados y en el segundo habría desparecido esa igualdad y nos encontraríamos con una infinita variedad justificativa de la admiración mutua y de la justificación del turismo cultural y enriquecedor.

Las reuniones de amigos de las que disfruto a menudo me confirman en esta última idea pues incluso entre amigos no hay forma de ponerse de acuerdo sobre casi ningún tema aunque no sea político. Por ejemplo ayer por la tarde-noche no había forma de convencernos mutuamente de que las serie televisivas se han comido a las películas o al revés y tampoco de que ello sería conveniente o no. En otros temas culturales, como la forma de organizar los museos de arte, por ejemplo, las divergencias eran igual de radicales. Por no hablar de si el turismo destruye a la ciudades o mejora su configuración.

Finalmente ni siquiera podíamos ponernos de acuerdo sobre si no sería ya el momento de volver hacia atrás en el tiempo y reavivar la lucha de clases y la profunda guerrilla anticapitalista. Para algunos ya estábamos en ella y para otros parecía imposible volver a ella. Y es aquí donde entra con toda claridad la movilidad que despliega lo que se lama confederación en política y que también se podría denominar así en la vida civil cotidiana en este mundo en el que entran en conflicto la desaparición de los pueblos pequeños asociada, por ejemplo, con la de nominada aquí la España Vacía y la continua y masiva migración del campo a la ciudad.

Llegará un momento en el que las ciudades se dividirán en barrios dentro de los cuales se instalará una cierta homogeneidad cultural dependiente de los gustos de cada uno, dicho así por simplificar pues hay gustos diferenciales de muy distinto tipo. Y como todos evolucionamos a lo largo de la vida es muy natural pensar en que el mundo no acabará siendo una guerra; sino más bien un continuo transitar de barrio a barrio o de cantón en cantón de modo que la medida del éxito y también de lo que hoy se llama felicidad sea un asunto totalmente personal. Cuando esto llegue, las reuniones de amigos lejos de un debate continuo será como un verdadero desorden creativo.

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