La rodilla izquierda

Musculatura

Muy a menudo recuerdo una especie de protuberancia que me salió en la parte anterior de la rodilla izquierda al final de mi adolescencia. Yo había sido el más alto de la clase en mi colegio hasta el momento en el que muchos compañeros comenzaron a sobrepasarme, ese momento en el justamente emergió la protuberancia de la que hablo. No me cabía duda de que en cuanto esa anormalidad se me pasara volvería a crecer y yo a recuperar la cabeza de fila de los de mi clase siempre ordenados por altura. Pero el tiempo pasaba y yo no hacía más que perder lugares en la fila y confianza en mi mismo. Ahora mismo acabo de usar esa wikipedia tan reciente para enterarme de que eso que me entristecía se llama la Enfermedad de Osgood-Schlatter

Durante un montón de años me olvidé de ella mientras sus presuntos efectos perniciosos sobre la altura no impidieron mis triunfos en las carreras cortas y me convertí en un sprinter casi invencible y en un extremo derecha en el equipo de fútbol súmamente peligroso gracias a mi velocidad. Pero ahora ha vuelto a mi memoria a causa del mal de Paget en la cadera derecha y a dolores posteriores, y yo creo que causados por dicho mal, en el muslo de la pierna izquierda.

En primer lugar el músculo sartorio se puso durísimo y desde la ingle a la rodilla me dolía muy mucho y me hacía preguntarme, antes de ser diagnosticado, si ese dolor no tendría que ver con la tan generalizada entre mis amigos enfermedad de la próstata. Pero a pesar de que el tamaño de mi próstata estaba aumentando, no necesitaba ninguna intervención y solo se trataba del mencionado músculo Sartorio que me molestaba mucho al andar. El Fisio, del que hace tiempo no puedo prescindir, me lo machacó durante varias sesiones y el dolor fue disminuyendo aunque no desapareció del todo sino que fue sustituido por otro nuevo. Esta vez se trata del tendón isquiotibial que, extendiéndose desde la cadera hasta la rodilla y hasta la parte superior del glúteo, es objeto de un dolor punzante que me dificulta bastante el doblar la pierna y, en consecuencia, el andar y con el que el fisio se ha enfrentado de verdad.

Tomo numerosas medicinas para estos dolores, medicinas que se añaden a las que no he dejado de tomar desde el infarto del verano del 2011 y que exigen otra más para que toda esa mezcla no acabe conmigo del todo. Digo del todo porque, en cierta medida, ya está acabando con mi manera de vivir. Pero si ahora me atrevo a contar todos estos males es porque veo crecer en mí la esperanza de que el bulto de mi rodilla del que ya he hablado vaya desapareciendo poco a poco. Resulta que, aunque parezca imposible, me veo más alto en el espejo y en el reflejo que los escaparates proyectan de mí. Y, en consecuencia me pregunto si no podrá ocurrir que comience a crecer de nuevo.

Corea

Paralelo 38 Corea

La muy larga despedida entre el Presidente de Corea del Norte (Kim Jong-un) y el presidente de los Estados Unidos de América (Donald Trump) en Singapur parecía un anuncio de peluquería para caballeros pues hay que reconocer que ambos exhiben un corte original. Pero no pude detenerme en ese detalle pues la vuelta a aquellos momentos me hace retornar a la infancia, recién comenzado el Bachillerato, en plena guerra de Corea.

Recuerdo dos detalles que me gustaría resaltar.En primer lugar está sin duda aquel album de cromos de la guerra de Corea que citaba continuamente ese paralelo 38 que para siempre ha quedado en mi memoria como un hito de la forma de zanjar una discusión. En segundo lugar, y como algo mucho más cercano, no puedo olvidar una costumbre del Padre Cortabitarte S.J. en su clase de religión del colegio al que yo asistía. Cada día de clase sacaba a varios alumnos a la tarima y les hacía preguntas relacionadas con la última clase. Si contestabas correctamente te quedabas sobre la tarima; pero si errabas eras enviado grandielocuéntemente a Pumanjón (lugar de la franja de separación entre las dos coreas) y en donde, casi al final de la guerra, se debía pasar muy mal.

Pero es mi postura ante este segundo recuerdo la que todavía me sirve como guía hacia mi mismo. Cuando me tocaba subir a la tarima y ya había contestado correctamente varias preguntas, erraba a propósito en cualquiera de ellas a fin de compartir mi destino con la mayoría de mis compañeros.

El nuevo proletariado

El entusiasmo: Precariedad y trabajo creativo en la era digital

Han sido unos días difíciles estos últimos porque mi mal de Paget me ha hecho sufrir mucho y de maneras inesperadas, a pesar de lo cual no he tenido más remedio que asistir en Bilbao y en Madrid a las despedidas intelectuales de dos colegas, buenos amigos, que han cumplido los 70 y han decidido no hacer uso de algunas facilidades de sus respectivas universidades y retirarse del todo. Y, además, al tener que tomar un avión para poder acudir a ambos eventos, aproveché para comprarme un libro en Barajas que me ayudó a volar sin concentrarme en mis dolores. Se trata del ensayo de Remedios Zafra al que se refiere Daniel Bellón en su reciente post y del que nos promete seguir hablando en el futuro próximo. A mi también me gustaría poder colaborar al esfuerzo de Remedios Zafra por hacernos ver la Precariedad del trabajo creativo en la era digital subtítulo del ensayo.

En los dos homenajes a los que me he referido el tema genérico, cualquiera que fuera el puramente académico era justamente el del trabajo intelectual y ciertamente en la era digital al menos en algún aspecto. En efecto, no se trataba de señalar en un caso u otro si la posibilidad de que sus trabajos pudieran ser leídos de una u otra manera en la Red, sino, sobre todo, de que la expansión de la informática permitía medir su producción y calibrar su valor de acuerdo con mediciones que se han desarrollado de la calidad de un científico por medio de un número como, por ejemplo el Indice h que mide de forma original tanto las publicaciones como el número de citas por ejemplo que, sin duda, son una aproximación no estúpida de su calidad.

El trabajo de ambos homenajeados es ciertamente muy bueno bajo una medida como esta y en las charlas oficiales casi todos sus antiguos alumnos ahora ya colegas mencionaban ese índice de calidad; pero en los recesos para tomar algo o despertarse con un poco de café, esas personas, hoy en pleno trabajo creativo, recordaban aquella época en la que las publicaciones, su calidad y número aun siendo conocidas no es lo que más recordaban estos discípulos; sino más bien la forma en la que comunicaban el entusiasmo por las ideas que pregonaban. Fueron estas las que les llevaron a continuar con la carrera académica y a sufrir los avatares de una tan extraña carrera cuyo éxito o fracaso se mide no tanto por el entusiasmo que genera o por parámetros universalmente conocidos, sino por otras razones menos santas, pero que, en cualquier caso, exigen cada vez más una movilidad excesiva y, a menudo, prácticamente incompatible con una vida familiar. De ahí la precariedad de la que habla Remedios Zafra y que se extiende más allá del mundo académico al artístico en general con criterios asimilables a los mencionados hasta ahora.

Estas ideas son las que en la realidad del trabajo creativo castran un tanto la creatividad pues no congenian muy bien con la diversidad pues, tal como ya empieza a ser un lugar común, la aplicación de los índices reseñados llevan a la imitación de los mayores más famosos por parte de los jóvenes a pesar de lo que estos querrían. Como no es difícil admitir que esa falta de diversidad limita la creación de nuevas avenidas para el pensamiento, deberíamos rebelarnos un tanto sobre el camino por el que nos lleva la informática en la era digital.

Y la manera que creo Remedios Zafra va a seguir en el resto de su ensayo es precisamente la de poner de manifiesto lo que creo llama en esas pocas páginas que he podido leer hasta ahora «la proletarización del trabajo creativo». No ganarán mucho y tendrán que estar al albur de los gustos cambiantes de los patrones. Se me ocurre pronosticar que, en el mejor de los casos, los más afortunados alegrarán los ocios de los grandes señores con el enriquecimiento intelectual de los salones ilustrados.

Generalización del Concierto

Oteiza construccion vacia

No tengo energía para comentar lo de la moción de censura y el triunfo de Pedro Sánchez; pero sí de reflexionar un poco lo que significa, quizás, el camino que espera a España o que yo pensaría que le espera. Creo que más allá de la globalización no vamos hacia un Estado único, sino hacia asociaciones formadas alrededor de intereses específicos que, a su vez, se coordinarán por medio de asociaciones novedosas y, de momento, experimentales. Justo lo contrario de lo que perseguiría el liberalismo de Mark Lilla. Y si estuviera en lo cierto sería conveniente volver a tomar ideas de hace bastantes años sobre el Concierto Económico vasco, ideas que se pueden leer en mi blog; pero que voy a tratar de resumir aquí no antes, sin embargo, de recomendar la lectura de la explicación reciente de Pedro Luis Uriarte

El martes 4 de octubre del 2005 escribí un post titulado Disipación de rentas y financiación autonómica que ahora voy a recordar a efectos de entender lo que significaría la posibilidad de generalizar el Concierto Económico a todas las comunidades autónomas de España de forma que éstas pagarían a la Administración Central solo el Cupo de acuerdo con el cual esas comunidades pagarían a la Administración Central sólo lo que ésta hace por ellas.

Por un lado me parecía un arreglo óptimo pero cerca de ser imposible. Me parecía óptimo porque estaba basado en el principio liberal de subsidiariedad, porque no era redistributivo, porque, al no confundir lo asignativo con lo compensatorio, conforma un sistema que mantiene el incentivo a maximizar el PIB de la Comunidad correspondiente y porque es compatible con la solidaridad a través del Fondo de Compensación Interterritorial (FCI). Me parecía, sin embargo, imposible, porque pondría en jaque el principio de suficiencia en relación a la Hacienda Central y porque el País Vasco y Navarra tendrían que rehacer el cálculo del Cupo en su contra y porque no todas las CC.AA. estarían dispuestas a cargar con el coste político de recaudar.

Pues bien, para remachar las bondades del sistema de Concierto y para argumentar que las dificultades de su generalización pueden ser vencidas voy a dar un rodeo por la antigua noción de renta, un concepto que no se usa mucho en su sentido técnico aunque debería hacerse y que en el momento actual nos sería muy útil para el objetivo de este post.

En sentido técnico, la renta de un factor de producción es lo que gana ese factor de producción por encima de su coste de oportunidad, es decir por encima de lo que ganaría en su mejor empleo alternativo. Una renta positiva está siempre asociada a la irreproducibilidad del factor de que se trata. En efecto, si el factor del que estamos hablando fuera fácilmente reproducible o, en otras palabras, tuviera muchos sustitutos, no tendría más remedio que aceptar como máxima remuneración alcanzable su coste de oportunidad ya que nadie tendría porqué ofrecerle nada más para asegurarse su servicio.

Ahora bien, esa irreproducibilidad que está en el origen de toda renta, puede estar generada de diversas maneras. Puede deberse a razones más bien naturales (como en el caso de la tierra), a razones de tipo legal (como en el caso de los notarios o de las patentes), y también a razones históricas o consuetudinarias que han hecho que ciertas instituciones (como podrían ser los Conciertos Económicos o la Administración Central con su Hacienda correspondiente) no sean fácilmente sustituibles por otras posibles debido a que, además, están sancionadas por la ley de leyes.

Pero las rentas de cualquier tipo y, por lo tanto, también las rentas generadas o que puedan generarse por ciertas formas de financiación autonómica, pueden disiparse y esa disipación haría del sistema de concierto algo óptimo. Ahora es fácil entender el problema político de la financiación autonómica como un proceso de disipación de rentas históricas.

Primero, las CC.AA. que se rigen por el sistema de Concierto (con el Cupo como su instrumento central) disfrutan de una renta histórica consistente en que parte del mayor gasto per cápita del que parece que disponen se debe a que no pagan la parte correspondiente del gasto central dedicada a la igualación regional, parte por cierto difícil de cuantificar, lo que justificaría esa renta. Segundo, la Administración Central también disfruta de una renta por sus labores coordinadoras que ejercita, digamos, por razones histórico-constitucionales. En este caso esa renta se puede entender como aquella cantidad de la que tendría que prescindir la Hacienda Central si se generalizara el Cupo, es decir si solo ingresara aquello que necesita para hacer las labores que no pueden hacer las CC.AA. con independencia de la dificultad de calcular la igualación regional.

Si se acepta el análisis efectuado hasta aquí, cabe ahora diseñar un proyecto concreto y específico cuyas ventajas son fáciles de entender y cuya previsible oposición no me parece imposible de vencer. Este proyecto consta de tres partes:

Primera, sáquese de los PGE (Presupuestos Generales del Estado) el gasto correspondiente a igualación regional y pesupuéstese ese gasto como parte del FCI, un fondo éste que se dedica a algo que ninguna Comunidad Autónoma, foral o de régimen común, se ha negado nunca a considerar como algo que nos sirve a todos. Segunda, generalícese el sistema de Concierto con su Cupo. Tercera, dótese de capacidad normativa plena en materia fiscal a cada Comunidad pues sin ella no hay verdadera autonomía financiera y sin ésta la autonomía política es ilusoria.

Como ya dije en su día, las ventajas de un proyecto así son bastante evidentes. Para empezar el sistema así creado es compatible en incentivos. Cada Comunidad tiene un incentivo obvio a maximizar su ingreso, su incentivo a ser eficiente en la recaudación es también evidente y la solidaridad se canaliza a través de un Fondo de Compensación interterritorial (FCI) significativamente reforzado. La competencia fiscal que surgiera acabaría disminuyendo la presión fiscal y, además, como nuevo argumento me atrevo a pronosticar que acabaría llevándonos a la implantación de una «flat tax» generalizada en todas las figuras impositivas con verdadera capacidad recaudatoria (IRPF, Sociedades e IVA) con mayor prontitud de la que se puede esperar de la Hacienda Central. Esta implantación iría, naturalmente, acompañada de la eliminación de las diversas desgravaciones hoy vigentes y que no son, una vez más, sino rentas enquistadas en el sistema económico.

Respecto a las dificultades para poner en práctica el proyecto, aunque imposibles de ignorar, me parecen hoy salvables con la nueva administración. Parece que el miedo a recaudar por parte de cada Comunidad Autónoma se está disipando y, por otro lado, la Administración Central, para ejercer sus competencias propias bien definidas, recibiría el mismo dinero que antes con la única diferencia de que una cierta parte de ese total formaría ahora parte de una cuenta separada y con poca discreccionalidad en su manejo. Por otro lado creo que el País Vasco y Navarra no pondría excesivas pegas generales en este preciso momento histórico. Tendrían perfecto derecho a protestar si se pretende redefinir el cálculo del Cupo pero yo apostaría a que no lo haría hoy siempre que se den algunas condiciones. Es cierto que el nuevo esquema reduciría su capacidad de gasto per cápita; pero su no aceptación dejaría demasiado al desnudo una aparente inconsistencia nacionalista entre la presunta insolidaridad del País Vasco, expresada en forma de renta diferencial, de la que tanto se le acusa últimamente, y su manifestación expresa de no desear la ruptura con España sino una especie de sistema confederal con capacidad de veto mutuo.

Para terminar con mi lectura de la posibilidad de generalizar el Concierto a partir de la moción de censura ganada por Sánchez, me gustaría continuar con las dificultades que ya vislumbraba en el año 2005. En efecto, mi optimismo no se mantendría ante la amenaza, no de generalizar el sistema, sino de eliminarlo. Tampoco ante la pretensión de romper la bilateralidad en la relación con la Administración Central. Y finalmente, aunque pudiera parecer incomprensible, la parte no nacionalista del País Vasco y Navarra podría no estar muy contenta con una generalización así. Incluso si pagan más que las otras comunidades autónomas temen muy mucho cualquier tipo de aparente acercamiento al independentismo.