El atractivo de una «causa»

Solo faltan cuatro días para el 1-O, ese día en el que se celebrará o no un referendum en relación a la independencia de Cataluña. Tal como están las cosas no es fácil predecir el resultado y muy posiblemente la participación no será la que hubiera sido en con otras circunstancias. En cualquier caso tal como se han desarrollado los acontecimientos es como si nos encontráramos con dos «causas» frente a frente: la unionista y la independentista.

Todos los argumentos utilizados por unos o por otros son interesantes e incluso importantes; pero lo que quisiera señalar es que ningún grupo de argumentos utilizados por unos u otros conforman una «causa» por la que algunos estén dispuestos a morir. Y esta actitud y solo esta es la que transforma unos argumentos en una «causa».

La cuestión de la independencia ha sido a menudo el fondo de una o dos «causas», la de los rompedores y la de los conservadores y entre los unos y los otros han contado siempre con héroes de una «causa». En el mundo actual en el que el número de países aumenta y su tamaño disminuye (tal como nos dijeron Alesina y Spolaore) esto de la independencia está quedando antiguo como origen de «causas» heroicas. Vamos poco a poco hacia una confederación mundial y en una confederación mundial una «causa» cualquiera puede movilizar tanto y tan poco como un campeonato de futbol.

Carcinoma basocelular

Estaba ya bastante harto de cuidarme cada día, después de la ducha, una especie de grano rebelde en el torax que finalmente tuve que taparme con una tirita todos los días para evitar el sangrado y ensuciar la camisa. Todo empezó ya hace bastantes meses y decidí el otro día ponerme en manos del dermatólogo del hospital del que soy, podríamos decir, cliente. Le quitó importancia y me citó para una semana más tarde para extirparlo. Esto me dio tiempo de enterarme de lo que se trataba en internet:

El Carcinoma basocelular es el tumor más frecuente tanto en la piel como en otros órganos, mucho más que los tumores de próstata o de mama. Sin embargo, es poco conocido y puede pasar desapercibido con el riesgo de ser mortal. De cara al buen tiempo, protegerse del sol y acudir al dermatólogo evita desarrollar este cáncer que empieza como una simple mancha.

Me dio un poco de miedo; pero como apenas si me dolía pensé en otras muchas cosas hasta que llegó el día de la operación. Se trata de un ejercicio médico rapidísimo en el que, primero, te ponen anestesia local, luego parece ser que te lo extirpan aunque yo no me enteré de nada y, finalmente, te cosen la herida.

Salí un poco mareado y desde que desapareció el dolor de la extirpación y el del cosido,continúan doliéndome suavemente los puntos que me cruzan el pecho derecho en horizonatl desde el esternón hasta la mitad del pecho. Ya no es un dolor intenso y esto me ha prmitido leer con cuidado lo que firmé antes de entrar en el quirófano. No es cuestión de reproducir aquí las claúsulas del contrato que supongo son las habituales y destinadas a librar al cirujano de las posibles responsabilidades más evidentes.

Es la primera vez que hago algo así ya que tengo un seguro médico muy generoso; pero las claúsulas no dejaron de llamarme la atención. Me comprometen a

  1. Satisfacer todos los gastos de acuerdo con las tarifas de las que el paciente declara haber sido informado, sea esto cierto no.
  2. Si así lo establece el hospital el paciente tiene que satisfacer estas cantidades antes de ingresar en el hospital o, si tuviera un seguro médico,aportar toda la documentación pertinente.
  3. Como el hospital del que se trata no tiene acuerdo ninguno con una aseguradora médica no cabe ingresar de urgencia antes de pagar.

Seguramente son clausulas estándar y no me quejo de ellas pues se trata de un hospital privado; pero en cualquier caso llama la atención la relación existente entre la vida o la muerte por un lado y el intercambio financiero por otro, de la misma naturaleza que la existente en el caso de las patentes de los medicamentos. Estas últimas han dado tanto de sí en el mundo del pensamiento económico que se me antoja que en un campo como este (de la extirpación quirúrgica y cierre directo de un tumor maligno cutáneo) cabrían toda clase de acuerdos entre el hospital y el cliente que, sin duda, serían muy complicados; pero de un evidente interés. Por ejemplo ¿quién debe pagar el rasurado del dorso? ¿y quién pagará el coste de todo el tiempo en el que un paciente como yo no pueda exhibir su bello pecho?

Escandinavia

Siempre que nos acercamos a LA (Getxo) se me ensancha el mundo. Desde nuestra terraza mirando al mar podemos ver con toda claridad los buques de carga que, provenientes de Finlandia o de Noruega, atracan enfrente, en Santurce. Ayer me decidí a tomar el trasbordador del puente de Vizcaya, pasar a Portugalete y pasear hasta Santurce. Lo que me arrastraba era que, estos dos países, junto con los dos que hemos visitado este verano, Suecia y Dinamarca, conforman Escandinavia, un lugar mítico en mi cabeza.

Seguro que cada uno de ellos es diferente de los otros e incluso yo podría mencionar algunas de sus diferencias y citar personajes, desde escritores a científicos de cada uno de ellos que muestran esas diferencias. Pero el conjunto que conforman tiene un significado especial sobre todo visto desde un país del sur como es España. Están preparados para resistir el frío y nunca sus ciudadanos tienen la tentación de quitarse ropa para defenderse del calor. En cualquier caso cualquier rayo de sol hace de ellos un grupo de silenciosos adoradores de ese sol.

Son países ricos, pero uno no observa la más mínima soberbia en Escandinavia. Disfrutan de sus tesoros artísticos, desde basílicas hasta museos o parques y parecen dispuestos a compartirlos con cualquiera, incluso con esos turistas que comienzan a ser rechazados en muchos otros países y ante los cuales sonríen con simpatía aunque sin ningún esfuerzo de venta.

Pero lo que hace que, para mí, Escandinavia siga siendo un lugar de peregrinación es que, a partir de un momento del día, uno tiene la sensación de que la vida de cada uno de los ciudadanos se convierte en algo realmante privado y propio que no tiene que ser compartido. Uno puede emborracharse sin necesidad de compartir la «mona» con nadie. Pueden todos ellos creer en el uso de la bicicleta para mantener el aire descontaminado, pero ni te abruman con el uso del timbre ni te insultan cuando interrumpes sus caminos especializados que poco a poco parecería que un día de estos van a eliminar las calles permitidas para automovilistas o simples moteros.

Uno tiene la sensación de que estos hombres y mujeres altos y bellos practicarán vicios parecidos a los nuestros, pero, al menos yo, creo estar seguro de que no presumirán de ellos. Su discrección es encomiable y la prueba de esto es que los marineros de estos buques de transportes, una vez terminada la jornada de desembarco o de embarque, saben muy bien cómo y a dónde trasladarse desde Santurce a Bilbao sin llamar la atención de los bilbainos que frecuentan esos lugares con un bullicio escandaloso sin el que parecería que se aburren.

Escandinavos y vascos llevan años conociéndose aquí y allí, siempre en busca de ballenas, pero no parecen darse cuenta de que no son tan distintos. Hace muy pocas semanas escribía yo en este post nuestra escapada veraniega a Escandinavia. Hoy hubiera podido relatar muchas otras anécdotas, pero todas ellas, como ya dije, me llevarían a constatar la inesperada mezcla de civilización cosmopolita y de pachorra aldeana que caracteriza Escandinavia y en la que yo, repito, podría vivir feliz.

Recuperando la forma

La vuelta a Madrid fue muy dura pues, por alguna razón «de peso», tuve una lumbalgia seria. Gracias al fisio, a cuya consulta acudí inmediatamente, ya estoy mucho mejor y hoy, como todos los domingos en Madrid, he dado un paseo largo comenzando por el que más me gusta. Me encanta bajar por el Paseo de las Delicias, atravesar el Matadero y luego tomar Madrid-Río hasta la antigua estación del Norte que es a donde llegábamos los bilbainos en mi niñez. Cerca de dos horas caminando a mi ritmo cansino.

De estas cosas la que más disfruto es la suave bajada desde Atocha hasta el Matadero, ese descenso que termina con esa casa que contrasta con todas las demás y que, vista en solitario, nadie podría decir que forma parte de Madrid, sino más bien de un valle suizo. Hoy se diría que es un barrio pobre; pero las casas te dejan imaginar la elegancia del lugar en su momento y lo cómodo que debía ser vivir por ahí, pues el barrio bulle en restaurantes y cafés, con magníficos churros por cierto.

Los puentes que se han construído sobre el Manzanares son de gran belleza arquitectónica y, si uno se encuentra en buena forma, puede irlos cruzando alternativamente. Y así va descubriendo gentes de todas las edades, desde las señoras ya tan mayores que tienen que ir sostenidas por sus hijos hasta los nietos de estos que aprovechan la ocasión para acompañar a sus propios hijos equipados con patinetes o montados en bicicleta.

Me es imposible renunciar a esa gran idea que tengo de pasar un mes viviendo en un hotel cada noche en barrios como este, en Madrid, y dar con la residencia de ancianos a la que espero retirarme un día. Pero para esto falta mucho todavía y ahora me encuentro en suficiente buena forma como para pensar en estas cosas de una manera más bien literaria.

Ciencia y Mitología

Me encuentro simultáneamente con dos anuncios en los periódicos sobre dos productos de RBA coleccionables.Uno de ellos es una colección sobre conquistas de la ciencia editado por National Geographic con el título Las Fronteras de la Ciencia y el otro, Sobre Figuras Míticas se llama Mitología y está editado por Gredos.

En mis paseos cuasi diarios que he retomado a la vuelta de vacaciones, echo siempre una miradita a cada kiosko con el que me topo y allí están o bien los anuncios correspondientes o bien el primer volumen de cada colección. Me entran ganas de comenzar ambas colecciones haciéndome con el primer volumen de cada una de estas dos. Pero todavía no lo he hecho pues me parece que cada una traiciona la otra y me hace sentir como un bígamo desvergonzado aunque no se muy bien porqué. Saber más sobre el funcionamiento del cerebro puede no ofrecerme ningún ejemplo sobre la vida, la obra y la manera de pensar de Einstein su influencia en el Big Bang y darle vueltas a la figura de Zeus no me va a abrir la mente a la comprensión del origen del mundo.

Ambos ámbitos del saber parecen totalmente compatibles siempre que no pretendamos utilizar uno para criticar al otro. Pero solo hasta cierto punto pues no podré tildar de milagro divino a cualquier fenómeno explicado satisfactoriamente por la ciencia. O sea que me planteo, al menos de una forma retórica, qué colección elegir y me encuentro a mí mismo pagando un Zeus. Vaya usted a saber porqué.