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Trieste o el sentido de ninguna parte

Dentro de un mes hará un año que, acompañados de una amiga con antecedente eslovenos visitamos Trieste y sus alrededores hasta Liubiana, en donde una librera nos contó cosas del profesor Zizek, no muy favorables que he recordado hoy al leer el post del blog de las Indias. Aparte de esta escapadita fuera de Italia, tenemos un recuerdo maravilloso de una ciudad en la que aparentemente no hay nada especial que ver y en la que, sin embargo, se respira un aire familiar, por llamarlo de alguna manera. Manera que, sin embargo, es muy poco adecuada porque el ambiente de esta pequeña ciudad es mucho más agradable que el de cualquier familia aunque no sabríamos cómo describirlo. Solo diciendo que no nos importaría volver y esta vez bajar un poco más hacia Croacia.

No se trata solo de que esta ciudad ha sido y continúe siendo el «hogar» de pueblos muy variados, sino también de que a su puerto han llegado y por sus calles y plazas han paseado personajes muy famosos y con un toque especial (recordemos a James Joyce o a Italo Svevo o a Rilke entre muchos otros).

Se trata de algo más y algo muy distinto. Quizá que es como lo más cercano a lo que llamaríamos Nowhere. Y justamente así (Trieste o el sentido de ninguna parte) se traduce esta novela recién traducida del inglés y escrita por la galesa Jan Morris, libro que nos ha regalado ahora nuestra compañera de viaje.

Nunca he sido muy amigo de los libros de viajes, pero esta vez ha sido distinto y me lo he tragado de un solo bocado. Quizá porque en este caso he encontrado en esta obra el complemento perfecto de mis intentos literarios que se apuntan en el post titulado «Perdido» y que salió el domingo pasado 2 de julio.

Me voy a limitar a copiar una pequeña parte de uno de los últimos capítulos en el que escribe con un tono antropomórfico cómo es hoy esta ciudad con un pasado tan rico y variado. Dice:

Una gran ciudad que ha perdido su propósito es como un especialista tras jubilarse. Se entretiene por la casa. Juguetea con una afición u otra. Lee un rato, ve media hora de televisión…..Pero sabe que la auténtica energía de su vida, la fascinación de una vocación que durante tantísimos años lo impulsó con tanta satisfacción jamás volverá a ponerse en marcha

Y añade algo que es como si estuviera escrito para mí:

Ha dejado de leer las revistas técnicas porque le hacen sentir desfasado. Ha dejado de asistir a las convenciones profesionales… En ocasiones siente que se desmorona, que se desvanece, y evita los obituarios de los periódicos. ¡Al mundo olvida y el mundo lo olvidó!

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Comentario

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  1. Me atrae esa ciudad de ningún lugar, a caballo entre varios imperios, sin fácil adscripción nacional. De allí también es Claudio Magris, un escritor que me fascinó con Microcosmos y con Danubio, y que en torno a estas dos geografías, la del río y la de las islas del Adriático, crea una narración histórica y geográfica como de acarreo, de erosión y depósitos.

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  • ¿Entendemos algo sin un marco? 7 julio, 2017

    […] La idea de cultura básica, sin embargo, no es fácil de entender en toda su profundidad ni yo pretendo abrir una brecha en el abrigo de neopreno que la recubre. Pero, de todas formas, pienso que reflexionar sobre ella es comenzar a conocer nuestras limitaciones y, más en el fondo, ampliar nuestra visión de lo que somos o podemos ser. Es esta última posible ampliación, la limitación del discurso de Zizek el otro día en el Círculo de Bellas Artes, un tema sobre el que ya he escrito algo. […]