Mis «maîtres à penser»

juan urrutia

juan urrutia

Llevo meses reorganizando la biblioteca de mi despacho y, de vez en cuando, topo con obras de maestros del pensamiento económico que dejaron en mí una huella clara, en buena parte, pienso, por su disidencia innata. En el capítulo 1 de el libro de Dani Rodrik, «Economic Rules», que ha devenido un verdadero best seller, este autor cita a Leijonhufvud y a Boulding, curiosamente ambos dos europeos pero que yo conocí en los EE.UU. y de los que ya he hablado en este blog en varias ocasiones.

En su deseo de aclarar lo que realmente hacen los economistas Rodrik cita en primer lugar al excéntrico Leijonhufvud quien en 1973 escribió, en un artículo de antropología del economista, y según la traducción española del libro de Rodrik, que:

lo que define a la tribu de los econ es su obsesión por lo que él llamaba los modlos, una referencia a los estilizados modelos matemáticos que constituyen la herramienta principal en la labor de los economistas

Y, en segundo lugar, al disidente Boulding:

Las matemáticas han traído el rigor a la Economía; por desgaracia también le han traído el mortis

La imagen de los que hacen la ciencia económica que se deriva de estas dos citas no es demasiado bella; pero tanto el uno como el otro de estos dos sabios sabían que no todas las ideas han de ser matemáticas y que el contenido profundo de lo que aspira a ser una ciencia va más allá del uso de las matemáticas o su ausencia.

Por otro lado también he topado, en mi búsqueda, con la primera versión de las Foundations de Samuelson a quien también conocí, pero solo de una manera superficial a diferencia del caso de los dos anteriores, pero sin duda un «maître à penser». Me detuve un rato examinando el ejemplar con el que me hice hace más de cuarenta años y que stá cuidadosamente subrayado.

Volví a disfrutar con el «principio de correspondencia» sobre el que escribí hace ya años al morir su «autor» (Samuelson) y que parecería hoy olvidado . Pero lo que realmente me emocionó fue volver a leer la larga cita que Samuelson, al final de sus agradecimientos hace a Boulding:

One of the finest spirits of our time- economist´s economist, poet, mystic, master of all trades in the social sciences, and my old friend.

Se trata del último párrafo del artículo de Boulding en su recension del Journal of Political Economy:

The Foundations is an important book. It should be studied not only by the mathematically baptized but also by those who, like myself, hang on to n-dimensions by the skin of their teeth. No economist who studies it can fail to profit by it. Never the less, the present reviewer cannot help feeling a certain sens of rapidely diminishing marginal productivity in the application of mathematics to economics. There is an exclusive failure of John Stuart Mill about the Foundations which make it seem less like a foundation than a coping stone, finishing the edifice which does not have much further to go. It may well be that the slovenly literary borderland between economics and sociology will be the the most fruitful building ground during the years to come and that mathematical economics will remain too flawless in its perfection to be very fruitful.

Ni que decir que en esa misma introducción Samuelson recuerda a su amigo Boulding cómo su olfato estaba un tanto equivocado aunque le concede que no hay forma de decir «I love you» en lenguaje matemático. Hoy a la vista de las ideas de Rodrik podemos reconocer que las matemáticas no han sido superfluas en la economía aunque eso no nos libra de ser críticos con muchos nuevos desarrollos.

En cualquier caso pienso que los tres «maîtres à penser» que he mencionado deberían constituir un triángulo mágico a efectos de decidir nuestra manera de proceder en Economía. Sin embargo la verdad es que tanto el Principio de Correspondencia de Samuelson, como la insistencia en el desequilibrio de Leijonhufvud y como la amplitud de la temática que Boulding desea para la Economía, parecen hoy asuntos olvidados a pesar del incremento en la amplitud de esta ciencia. Pero también pienso que ideas como las de Rodrik en ese libro recién traducido o como las de Rubinstein en el artículo reciente del Journal of Economic Literature no pueden enmudecer los ecos del triángulo mágico.

El retraso del The Economist

Soy un lector infiel, pero bastante asiduo, de esta revista de pensamiento económico-financiero y política en un mundo global con muchos años de historia que se llama The Economist. El número 9036 dedicó su portada a Erdogan y el peligro de que Turquía se deslizara hacia la dictadura y cubría, según su portada, desde el 15 al 21 de abril. Como casi cada semana lo adquirí ese sábado 15. El sábado 22 me acerqué a mi kiosko habitual y el kioskero me dijo extrañado que no había llegado. Después de una búsqueda bastante intensa lo conseguí adquirir el lunes 24.Este número 9037l llevaba una portada dedicada a las elecciones francesas cuyos resultados eran conocidos desde la noche anterior.

Durante dos días pensé un poco angustiado que la situación del Reino Unido a partir del anuncio del Brexit podría haber desestabilizado el negocio y quizá habían cerrado esta publicación de gran solera. Ahora respiro tranquilo pues parece que no es ese el caso aunque el retraso puede deberse a algún problema relacionado con la producción física de la revista que consumimos en España. Lo que, quizá podría ser también producto del Brexit.

Ya veremos; pero no quiero dejar pasar la ocasión de mis dos días de angustia para dejar escrito lo importante que es para muchos de nosotros este producto tan británico y que yo, en particular, tanto admiro.

Tapando agujeros y abriendo brechas

Seguro que cualquiera de nosotros ha abierto brechas o ha tapado agujeros en su vida. Todos estamos rodeados de redondas tapas de alcantarilla que eliminan la posibilidad de que nuestras vergüenzas afloren en cualquier momento inesperado. Y pienso que casi todos hemos conseguido abrir alguna brecha en el muro de lo desconocido que nos ha permitido divisar paisajes inesperados de los que estamos más o menos orgullosos. La clave de nuestra postura en el mundo está justamente en la forma que cada uno de nosotros practica a fin de balancear los agujeros y las brechas o, para ser más exactos las tapaderas de nuestras vergüenzas con las huellas de nuestros orgullos.

Y esta forma de moldearnos cambia con el transcurso de la vida y se exhibe cada vez de manera menos disimulada cuando llegamos al comienzo de la vejez o, si se quiere, a la madurez. Cuando ésta llega descubrimos en nosotros mismos y en nuestro entorno profesional o simplemente amistoso las mil maneras de combinar el ocultamiento y la exhibición. Quien no tiene algo que exhibir que crea interesante reforzará su tapa de alcantarilla más o menos dependiendo de los errores o escaseces que quiere ocultar. Y entre estos dos extremos encontramos toda una tipología de caracteres curiosos.

A mi alrededor encuentro sobre todo personas del mundo académico, empresarial o bancario ya jubiladas desde hace algunos años que, cabe sospechar, no encuentran su forma de presentarse al mundo seguramente porque ya no le encuentran un sentido aceptable a esta vida con independencia de patrimonio o herederos y porque ya no tienen ninguna audiencia natural a la que presentarse más allá de amigos de toda la vida ante los cuales es especialmente difícil disfrazarse.

Ante una audiencia así, a la conversación, cuando se está en grupo, le es difícil alcanzar la brillantez pues se trata de un arte que esta gente, acostumbrada a mandar, no domina. Y no es de extrañar pues es mucho más sencillo dirigirse a una audiencia cautiva que se limita a escuchar al conocimiento o al poder o a ambos. Y, como es obvio, el problema se complica cuando la conversación se desarrolla entre personas de la misma ralea y ante un auditorio de la misma condición, como es el caso de planes de entretenimiento entre gente que ya no se siente reconocida.

Y cuando el problema ya llega al enconamiento es muy normal que muchos casi preferiramos estar solos dividiendo nuestro día de jubilados entre lecturas no necesariamnete obligatorias, periódicos varios y paseítos ayudados por el bastón. Pero es muy rara la aceptación de esta muerte en vida, con lo que uno pertenece a ciertos grupos de relaciones de distintos orígenes que se reúnen con cierta asiduidad en lugares, siempre de comer, en los que casi sistemáticamente son los más ancianos y los más condicionados en su dieta.

Después de ser amables y preguntar a los demás qué tal la salud y los descendientes se acaba indefectiblemente cotilleando las últimas noticias más o menos locales. Y en este punto sube el tono pues uno acaba de encontrase con alguien importantísimo que ha solicitado su consejo en relación con esa noticia que está en boca de todos, el otro ha vivido en su pasada vida profesional una situación similar, un tercero declara su falta de interés en la materia pues no es sino un pretexto periodístico y cualquier otro viejo amigo se encierra en su sordera, trata de cambiar de conversación dirigiéndose al de al lado, grita desagradablmente para hacerse oír o, aprovecha para pasarse en su inevitable aprovechamiento de las sobras de los demás.

De modo que cada vez es más normal que al llegar a casa, las diversas píldoras obligatorias y las adecuadas para conciliar el sueño te conduzcan a la liberación. Y la vida se convierte en una dialéctica ridícula entre la autocrítica, la crítica amable al amigo y el sueño en el que todo se olvida. Y esto es muy triste pues el arte de la conversación es una de las bellas artes en el teatro de la vida. Y como cualquiera de las otras artes bellas no se improvisa, hay que cultivarlo.

Consulnor: última sesión

Hace muchos años, cuando todavía las finanzas no habían alcanzado su desarrollo ulterior,nació en Bilbao Consulnor, una empresa de servicios financieros de alto valor dirigida al asesoramiento de propietarios de altos patrimonios. Con el tiempo la tarea se fue sofisticando y hace una docena de años, más o menos, Consulnor se dotó de un Consejo Asesor o Comité de Estrategia al que he pertenecido desde su fundación hasta hace un par de días cuando celebramos nuestra última sesión pues ahora, cuando esta empresa pionera ha sido adquirida por la Banca March, este comité se disuelve. Si siempre estas reuniones han sido enriquecedores dada la calidad de todos los muy variados miembros que han ido pasando por él,con mi posible excepción, no es de extrañar que esta última reunión haya sido más generalista y amplia que otras muchas a las que he asistido.

Es seguramente por esta naturaleza de la ocasión que, sin pretenderlo explícitamente, se fue conformando, en esta reunión de despedida, una especie de modelo macroeconómico soterrado. En un tiempo, se dijo explícitamente, las explicaciones macroeconómicas tenían su parte real, relacionda con el mercado de trabajo y el precio que en él se formaba, el salario; pero con el tiempo, pensaban los presentes, la profesión se ha ido inclinando en este mundo macro hacia un aspecto financiero relacionado con dinero y bancos y, naturalmente, con el endeudamiento así como con los bancos centrales. Con este sesgo actual que responde a la más reciente realidad observada aparece la diferencia entre salarios reales y beneficios empresariales, también reales y, en consecuencia, se explica que los datos nos recuerden todos los días el incremento de la desigualdad.

No se trataba de una reunión de macroeconomistas académicos por lo que no voy a enredarme en la evolución y el estado de los modelos usados por la macroeconomía aunque sí deseo llamar la atención sobre el hecho de que la igualdad, o su ausencia, tomara prioridad en la discusión distendida en la que habíamos perdido la seriedad que exige el ser retribuido. De desigualdad se ha hablado en este blog en varias ocasiones: aquí, aquí , aquí y aquí. Y en casi todas ellas se ha tratado de entender la razón de su existencia y de su paulatino ensanchamiento. Pero lo bonito de la despedida del otro día fue más bien la conversación distendida sobre las consecuencias.

A falta de una terminología más precisa, me limito a decir que parecía haber un consenso sobre las consecuencias más llamativas que se podrían derivar de la desigualdad cuando esta es muy grande. Y este consenso parecía ser la existencia simultánea de cambios políticos recientes o por venir. Aquí salió en primer lugar la figura de Trump, bonito caso de un rico votado por los devenidos marginados, en segundo lugar no podía faltar el caso del Brexit en buena parte promovido, se decía, por gente capaz de unir la voluntad de los que se han ido empobreciendo con el funcionamiento de una macroeconomía dominada por las finanzas y, en tercer y último lugar, se dedicó no poco tiempo a Europa y muchas de las elecciones que se anuncian para pronto en muchos países europeos, comenzando por Francia. Pensemos en las francesas, cuya primera vuelta es este domingo próximo, y en la importancia que la desigualdad tiene en este empate virtual entre cuatro candidatos que parece anunciarse y que no deja de tener un cierta base en la desigualdad.

Naturalmente que no pudimos ni quisimos librarnos de nuestra obligación de dar nuestra opinión sobre las consecuancias que esta desigualdad puede tener sobre el valor de los activos financieros Pero esta obligación no es fácil de cumplir en las circunstancias actuales. ¿Cómo introducir este tema en el discurso económico y cómo sacar consecuencias para la inversión en activos? Claro que hubo opiniones interesantes; pero esta es otra cuestión sobre la que no debo desvelar nada aunque se tratara de la última reunión.

Paris

Han sido unos días no solo agradables sino también llenos de potencial desatascador. Este año 2017 no habíamos cumplido con París pues lo sustituímos por Oporto a principios de año y estos últimos días en la Ville Lumiére han resultado muy claros en su mensaje:no se puede utilizar esa ciudad como un mero destino turístico pues se venga de tí. La venganza es sutil pues consiste en un mensaje evidente que te hace ver que visitas a monumentos o paseos bellos no te aportan nada después de años de hacer una u otra vez lo mismo. Pero si insistes en los mismos lugares como si fueran tu barrio de nacimiento entoces la ciudad te da todo lo que necesitas e incluso algún extra.

Volvimos una vez más a la zona del Saint Germain, a ese hotelito desde el que he escrito muchos posts en el pasado y en donde han germinado no pocas ideas detrás de cuentos o proyectos de novela La mera demanda al taxista de llevarnos al hotel De l´Abbaye, en la rue Cassete numero 10 es ya como un grito de ¡adelante! lanzado por el jefe de las tropas que forman filas en tus tripas. Ningún lujo innecesario, solo la habitación, silenciosa y a la temperatura justa, y el desayuno como en casa, pan y croissant, unas buenas mermelads y un descafeinado tan generoso como el Sena. Los periódicos del día a tu disposición y poca gente que habla bajito en distintos idiomas entre ellos pero todos en francés con el servicio. El momento adecuado para planear el día en cuanto zonas en las que pasear, mirar escaparates e investigar las novedades editoriales.

Esto último es lo más fácil pues estamos al lado de la plaza de Sait Germain y con la Procure en el camino hacia L´Ecume de pages. La primera mañana basta con una mirada general a todas las secciones antes de tomar un taxi enfrente de el café Flore para acudir a cualquier exposición temporal de cualquier museo en cuya librería me topo inmediatamente con la pequeña agendita en blanco cuya ausencia este año está en el origen de mi atontamiento de autor. Hay de momento tanto Picasso en la ciudad que no he podido evitar que mi nueva agendita se identifique por el retrato de femme de finales de los años treinta. Después de una austera comidita francesa y nada de alcohol se impone una vuelta al hotel y una sistecita para luego inmediatamente redactar los primeros apuntes.

Justamente mi entorpecimeinto de las últimas semanas tiene que ver con la fuerza creativa debilitada precisamente por la falta de conexión entre palabras (o ideas), imágenes y sonido para formar un todo que se identifique con la obra de uno. En Paris es imposible librarse de las imágenes, y las ideas están en los libros recientes de los estantes de Economía en mis librerías favoritas. En cuanto al sonido tampoc falta en los muchos conciertos sacros de estos días previos a la Semana Santa. Pero el gran problema es saber cómo trabajar con las tres cosas a la vez.

Y, sin embargo, París ha sabido, una vez más, satisfacer mis necesidades a través de dos vías. En primer lugar por el lío montado en el Palacio de Tokio a través de la unión de no pocos artistas singulares que jugaban con imágenes, desde luego, pero también con performaneces y, en genral, con el Arte de las Cosas que comienza a ser un trabajo de las cosas mismas. En segundo lugar esta visita nos ha aportado una novedad en la medida en que nos hemos dejado un poco de tanto museo y hemos iniciado el seguimiento de las galerías comenzando por la zona del Marais en done encontramos el trabajo de un parece que conocidísimo artista plástico sudafricano, William Kentridge, que prentaba en la galería Marian Goodman un conjunto de imágenes tanto dibujadas en un curioso blaco y negro reprentando personajes cruciales dede Ajmátova a Freud pasando por Trotski como una especie de vieja película en blanco y negro con cinco pantallas simultáneas de entre las cuales destacaba un estupendo discurso de Trotski, las imágenes eróticas de su secretaria y el propio artista parodiando al propio Trotski.

Una vez conocida la postura de Kentridge en el conflicto del Aparthide y seguida diariamente la prensa sobre las posiciones de no pocos candidatos a la Presidencia francesa, parecería que la exposición no es un inocente recuerdo de otros tiempos, sino que las exigencias de hace un siglo siguen pendientes y que nuestra mayor cultura científica y económica no nos va a librar de duros conflictos.

Ordinariez vs. elegancia

Ya en el Ampurdán me ha entrado la cólera siguiendo los comentarios televisivos sobre las formas, buenas o malas, en el Congreso. Infinitos, como si no hubiera cosas más interesantes que comentar.

Esto me ha recordado lo que en su día escribí sobre Nadal y Federer y que reproduzco en parte:

«¿Cómo comparar a Nadal con Federer? El esfuerzo del primero es
una ordinariez y si, además, presume de ello, es todavía peor pues ya no solo es ordinario sino una verdadera horterada. No esforzarse es naturalmente elegante, pero algo más. Es no querer conseguir solo aquello que uno puede conseguir sino sobre todo aquello que no se puede conseguir pero te llega del cielo.»

Como acabo de enterarme que Roger ha ganado a Rafa por 6-3 y 6-4 en la final del torneo de Miami, quiero reiterar que la cuestión de las formas no es solo un tema de educación, sino que, sin duda, influye en el resultado que se obtiene con una actitud u otra. Y ello en cualquier campo, como por ejemplo el del Berxit. Como también decia en otro viejo post:

No hay dos figuras públicas que ejemplifiquen mejor las dos culturas alternativas hoy enfrentadas, la del esfuerzo y la del maná, que la de Rafael Nadal y Roger Federer. Uno es todo bíceps y grita con cada golpe. El otro tiene un físico equilibrado y parece que no supiera gritar o que le pareciera ordinario. El esfuerzo parece adecuado para la tierra batida y la gracia para la hierba, algo sin duda sintomático pues sobre el polvo del desierto uno espera que venza el sudor y que solo florezca un cactus mientras que sobre una hierba fresca florece la suavidad, la armonía y la gracia.