Miró y Bataille

Uno de los últimos posts que he escrito en este blog en esta época de baja productividad es un simple recuento de los libros de Keneth Boulding que todavía conservo. Y mientras lo escribía recuerdo que en Faroladas describía cómo yo había sido admitido en el exclusivo seminario que él dirigía gracias a que le había dicho que quería hacerlo porque quería formarme para llegar a destruir la escasez y por lo tanto la Economía.

Esta anécdota la recordé ayer cuando asistí a una conferencia de Tomás Llorens titulada Joan Miró y Georges Bataille dentro del ciclo Arte y Filosofía. Amistades peligrosas que se está celebrando en el Reina Sofía bajo la dirección de José Luis Pardo. La mayoría de las conferencias previas han estado dictadas por filosófos que utilizaban al pintor correspondiente como coartada para extenderse en su laberinto de ideas filosóficas.

Sin embargo la conferencia de Llorens, que no es filósofo, apenas cubrió nada de Bataille y se extendío ampliamente sobre la obra de Joan Miró en su época juvenil de París en donde conoció a intelectuales como Leiris, Masson o Bataille, un revoltoso este último que influyó mucho en mi juventud sobre todo en su libro La Parte Maldita en el que, mira por donde, se extendía en la necesidad económica de malgastar, de romper con la buena costumbre burguesa de gastar menos de lo que ganas y ahorrar para tus descendientes. O eso es lo que yo entendía en aquel entonces.

Esa asimetría en la presentación me ha permitido utilizar lo que Llorens dijo sobre los años cruciales de Miró como una manera de entender a Bataille y sus amigos rompedores con el surrealismo y con la pintura misma. El «asesinato de la pintura» era necesario como la única forma de liberarse del mercado del arte y sus exigencias. La vuelta a lo sórdido, como diría Bataille. Volver desde la producción compleja de la revolución industrial a la producción sórdida de la tierra.

No duró mucho esta actitud en Miró pero quizá nos hace comprender mejor ciertos aspectos del surrealismo bien representados por Bataille en contra de la corriente principal o, lo que es lo mismo, su negativa a criticar el marxismo naciente en Rusia. Quizá, añado yo, como una defensa de la necesidad de aceptar la escasez en aras de la futura abundancia. De hecho pienso que Miró es, en su obra, un buen representante de esa actitud.

Rubistein sobre la Economía

En el último número del Journal of Economic Literature Ariel Rubistein nos ofrece unos preciosos comentarios sobre el libro de Dani Rodrik Economic Rules, que conforman una rica exposición sobre lo que él (Ariel) entiende que es eso de la Economía y sobre lo que debería ser. El artículo tiene las partes que esperaríamos tales como la discusión del carácter científico de la Economía,la sociología de la Economía, los modelos económicos como fábulas, lo que constituye un «hecho» económico, la enseñanza de la economía y los sesgos en las publicaciones.

En mi opinión leer el artículo de Rubinstein es obligatorio para cualquier economista haya leído o no el libre de Rodrik y tiene algunas ideas que singularizan a este economista como alguien distinto y como una fuente de sabiduría.

No quiero entrar en ningún detalle pero sí que deseo ofrecer la traducción de sus últimos comentarios pues, entre otras cosas, muestran que mi actitud a la que ha sido mi profesión es muy parecida a la de siempre ha nostrado Ariel.

Como Dani, estoy interesdo en el mundo real y especialmente en la manera en la que la gente razona sobre las interacciones sociales. Al contrario de Dani mi atracción personal hacia la teoría económica no nace de un deseo de solucionar los problemas del mundo, sino más bien de mi fascinación con los modelos formales que se transforman en historias reales.

Y no puedo dejar de traducir también sus últimas palabras relativas a nuestro papel como profesores que:

incluye levantar dudas y en ocasiones ser escépticos. Eso es en lo que el lo que el discurso académico debiera consistir. A largo plazo la economía no puede sino beneficiarse de estas críticas.

Fascinación y escepticismo me paren claves para intentar hacer realidad, económica o no.

Perdido

Ayer,como todos los domingos, di un enorme paseo; pero este último fue especialmente largo. A diferencia de antes de abandonar la oficina de Fortuny, ahora pretendo conocer bien el Este de Madrid, en el caso de ayer la Ciudad Lineal. Y, como ya he contado muchas veces, siempre paseo cuesta bajo por lo que tomé un taxi inicándole que me llevara al final de la calle Arturo Soria para luego ir descendiendo por ella con el sol más o menos de cara.

Como el taxista era un jóven que solo había conducido como taxista tres días, tuvimos un enorme lío con eso de arriba y abajo hasta que conseguí hacerle comprender lo que quería; pero la señorita del Tomton continuaba con sus indicaciones confundidas. Finalmente, y con el taxímetro ya bastante alto, le pedí que me abandonara allí mismo sin saber lo que significaba ese allí. Empecé a andar y con el sol en su cenit yo mismo no sabía donde estaba el sur.

No reconocí absolutamente nada, me entusiasmé con alguna pequeña colonia que había por allí y seguí lo que eran instrucciones para vehículos encontrándome cada segundo más solo en un mundo con mercados al aire libre, locales de la EMT, no se qué de los militares y anuncios de hospitales. Solo me cruzaba con jóvenes trotando y me parecía impropio pararles para preguntarles en donde estaba. Así que decidí caminar hacia lo que ya identificaba como el suroeste. En más de una hora no me crucé con ningún taxi y estuve a punto, en mi desesperación, de descender a una autopista desconocida para mí y hacer autostop. Cualquier cosa antes de entrar en una parroquia y solicitar asilo.

Dejé detrás todos los edificios de pisos y entré en un muy grande campo verde en donde me encontré como si estuviera en un Estado perdido de los USA. No contaré cómo volví a casa y cuanto tardé en hacerlo. Solo quiero compartir el terror que pasé durante bastantes minutos pensando que, de verdad, estaba perdido y no podría llegar nunca a encontrar un techo. Aun sabiendo que mi teléfono móvil estaba conmigo y dado que no tengo la aplicación para pedir taxis y que tampoco podría haberles dicho donde estaba yo, no había reflexión alguna que me librara del terror.

Obras de Kenneth E. Boulding

Hace muy poco tiempo recibí un artículo de Óscar Carpintero, aparecido en la Revista de Economía Crítica n· 14, segundo semestre del 2012, y uyo título me hizo rememorar un momento importante de mi vida: Keneth E. Boulding: más allá de la economía.

Este gran econmista pasó los últimos años de su carrera en la Universidad de Colorado en Boulder a donde yo fui a hacer mi doctorado precisamente porque él estaba allí. Los recién llegados fuimos acogidos con una conferencia suya de la que solo recuerdo su tatamudez, la más intensa que haya escuchado nunca, incluyendo la mía.

Los siguientes años el ambiente general desvió mi atención hacia el curriculum standard y solo pude disfrutar de su originalidad e inteligencia en algún seminario especial que no servía para acumular las horas necesarias para poder presentarte a los exámenes finales antes de escribir la tesis doctoral. A pesar de eso no dejé de leerle lo que por aquel entonces estaba disponible y que ahora he encontrado al hilo de la reorganización de mi biblioteca.

A pesar de su lejanía de los graduados uno podía acercarse a él en el comedor de la Universidad de vez en cuando, lo que constituía un honor:charlar con alguien al que Paul Samuelson agradecía en el prefacio de sus famosas Foundations of Economic Analysis. Le agrdecí mucho que asistiera a la presentación de los trabajos incluídos en mi tesis y que me diera su aprobación.

De esta forma abandoné la sabiduría de Boulding y me centré en los siguientes años en la carrera convencional de un economista de la que me he ido separando muy poco a poco pero de una forma tal que cada vez he ido escribiendo menos cosas técnicas y más y más ideas poco convencionales que no me hubieran servido para hacer mi carrera académica en mi juventud.

Y ahora, cuando me digo que estoy comenzando mi última etapa intelectual, trato de ordenar mis libros y me encuentro de bruces con el pasado. Solo como ejemplo voy a tratar de indicar las obras de Boulding con las que me volví de los USA.

Más allá de sus obras completas, Collected Papers, que, en cinco volúmenes editados en Boulder, rocogen todos sus artículos más o menos esotéricos y que a mi vuelta solo habían salido dos que he encontrado subrayados, he topado con los siguientes libros:

Primero, los comprados en la librería del campus de Boulder

  • The organizational revolution, 1964
  • The meaning of the twentieth century, 1964
  • Beyond Economics,Essays on Society, Religion and Ethics, 1968
  • Economics as a science, 1970

Y una vez de retornado a Bilbao, me hice con este otro volumen «La economía de amor y del terror», 1973, en castellano 1976.

Basta echarles un vistazo para darse cuenta que Boulding llevaba muchos años de ventaja a sus coetáneos y que, quizá volver a leerle fuera un ejercicio enriquecedor hoy en día.