Continuidad y Macro

Desde hace muchos años a menudo me encuentro en la necesidad de explicar a gentes ajenas a la profesión porqué, en mi opinión, los modelos agregados de equilibrio no pueden dar cuenta de fenómenos que solo se pueden entender a partir de modelos en desequilibrio tal como explico aquí. Sin embargo este fenómeno no es la única posible explicación de los «fracasos» de la Macroeconomía. Las formas de agregar también están ahí junto con otros muchos fenómenos complejos. De entre todos ellos la falta de continuidad de la realidad macro agregada parecería enfrentar el supuesto de continuidad de los modelos más o menos canónicos.

Pero hasta muy recientemente no he encontrado una explicación bonita y convincente de la importancia de este supuesto de continuidad. Pero hace un par de días al empezar mi paseo diario que, aunque médicamente recomendado, no deja de estar en el origen de muchas de mis fantasías y mis ideas, noté que el deambular me había proporcionado una posible explicación sencilla de los efectos radicales de las discontinuidades. Siempre he paseado, pero el hecho de que odie la naturaleza me ha distanciado siempre de personas como Walzer por mucho que haya leído su libro, (El Paseo) varias veces y conozca parte de su obra. Mis paseos me han servido básicamente como una prolongación de mi análisis psicoanalítico,lo que los convierte en una aventura rara que empieza a darme miedo por los despistes propios de los ruidos ciudadanos que un día me pueden colocar bajo las ruedas de un autobús.Pero hoy ha sido distinto y mi mente se ha abierto directamente a un problema bien definido que está ahí fuera de mi mente.

Al poco de salir de casa camino de la sesión de fisioterapia, he cruzado una calzada generalmente desierta pero que hoy acogía a otro señor que arrastraba tras de sí una maleta de ruedas que, al desplazarse sobre le asfalto escasamente pulido, producía un sonido poco frecuente. Y por primera vez el paseo me ha servido no de intermediación entre una parte de mi cerebro y otra sino como una interrelación entre mi cerebro y la realidad. Como la maleta solo se desplazaba y rodaba cuando el señor adelantaba su posición, el ruido que producía era discontinuo.

Empezando por el ruido del arrastre de una maleta en el inicio del andar de hoy, algo que es sonoramente discontinuo de la misma forma que nuestro andar lo es, me he dado cuenta que modelar nuestro andar como continuo podría ser peligroso lo mismo que podría serlo el arrastre de la maleta. Este arrastre discontinuo puede sortear una bomba disimulada en el asfalto en un envite y hacerla explotar en el siguiente. En efecto, el señor de la maleta podría esquivar la bomba al adelantar el pie izquierdo apoyándose en el derecho y luego toparse de lleno con ella al adelantar el pie derecho apoyándose en el izquierdo.

Pues con la Macro pasa algo así. Es susceptible de explosiones imprevistas precisamente por no poder tener en cuenta la discontinuidad de los fenómenos económicos. Recordemos el viejo modelo de crecimiento de Solow que está modelado como continuo y pensemos en un posible fenómeno a explicar. Por ejemplo el período de transición entre una trayectoria y otra, alcanzada esta última, parecería ser, por un salto en cualquier parámetro como, digamos, la tasa de crecimiento poblacional o la tasa de ahorro. La expresión «parecería ser» encubre la trampa de la Macro. Este período de transición será más o menos largo dependiendo de otros fenómenos que podrían surgir durante ese período de transición. Y esta fase de transición solo se puede estudiar en modelos de desequilibrio que no ocultan la discontinuidad del movimiento de la maleta y por lo tanto, de la posible modificación de ese rodar en el asfalto.

Todo esto me lleva a pensar que esto no puede ocultarse a los estudiantes de Macro, o a los meros interesados en sus enseñanzas o a los periodistas que tratan de hacerse eco y entender los fenómenos que la opinión pública cataloga como macroeconómicos. Y que, en consecuencia, quizá sería mucho mejor no separar la Macro de la Historia Económica en la enseñanaza universitaria.

Pero más importante todavía es que, en la enseñanza, es crucial el pasear, el dejar que la mente vuele sola sin instrucciones de vuelo.

Tomás Ondarra

La bilbainez es una manifestación del ser que, a su vez, puede presentarse de formas distintas.Tomás Ondarra es un diseñador inquieto que se ha movido mucho por el mundo pero que nunca ha podido librarse del bilbainismo. Hace unos días, el 17 de este mes asistí, en la Casa Vasca, a la presentación de su último libro apoyado en comentarios de su colega Juan Cruz.La sala de actos estaba llena de gente que, sin ninguna duda eran bilbainos cualquiera que fuera su función en Madrid. Y tengo que comenzar diciendo sin pudor ninguno que me sentí durante una hora como en casa.

Este último libro de Ondarra juega con el famoso ¿Dónde está Wally? y nos pregunta en la portada ¿Dónde está PATXI en Bilbao? y lo hace en nuestros tres idiomas: español, euskera e inglés.Cada capítulo es una pequeña historia escrita por un bilbaino de pro y relacionada con un aspecto de Bilbao dibujado por Tomásy en donde está PATXI entre otras muchas figuras bilbainas cada una con su aspecto característico y que, seguramente, se podrán autorreconocer. No es fácil encontrar a ese ser de ficción con su camisa azul Bilbao, la bufanda del Athletic al cuello y la boina escorada hacia la izquierda, pero no importa pues lo bonito para un bilbaino como este que escribe es reconocer esas 20 estampas de Bilbao precedidas por el prólogo del actual alcalde de Bilbao. Para mi fue también triste el darme cuenta de que no reconozco las veinte pues han surgido nuevas manifestaciones de ese ser llamado Bilbao que me son desconocidas.

Casi se me saltan las lágrimas a pesar del tono jocoso de la reunión al darme cuenta de los muchos años que llevo fuera y que no me permiten reconocer estas cuatro manifestaciones:el Bilbao BBK Life, el Bilbao Arena, el Herri Krosa y el Desfile de la Ballena del que ni siqiera había oído hablar. Las otras 17 me resultan inolvidables incluso a esta edad en la que se va perdiendo memoria a pasos agigantados. Entre los autores de cada capitulito reconozco a muchos aunque no a todos (lo que también me fustra) ¿quién podría haber olvidado a Jose Angel Iribar héroe de tantas tardes o quién puede no estar al tanto de que que el actual presidente del Athletic es Josu Urrutia?

Pero esa sensación de bienestar que uno asocia al Bilbao de la infancia y la juventud llega sin quererlo en cuanto uno se pone a buscar a Patxi en la ilustración de cada capítulo.El autor nos da pistas además de dibujarlo de acuerdo con ellas:

Patxi es un bilaino cincuentón y solterón enmorado de su ciudad. Legusta formar parte de todo lo que ocurre en la ciudad, desde un concierto de música o una regata hasta una procesión…Todo. allí donde sucede algo excepecional, allí está patxi. Socio del Athletic y del Bilbao Basket, hay domingos que hace doblete.
Lleva txapela negra, no porque le galte pelosino por su bilbainismo, camisa azul Bilbao, bufanda rojiblanca y pantalón gris.

No es cuestión de desvelar la ubicación de Patxi en cada página gráfica correspondiente a cada capítulo, pero sí que me gustaría recordar algunos de los acontecimientos y desvelar los sentimientos que producían – y producen- en mí. Me limitaré a tres de ellos. Sin duda san Mamés, el Gargantúa y el Txupinazo.

El Gargantúa es, como el Athletic, de toda la vida y, con una corta interrupción, en todas las fiestas tradicionales de Bilbao, los niños pequeños han disfrutado de ser deglutido y expulsado después de recorrer un breve intestino. Nadie me invitó nunca a subirme a su boca y a mí me daba mucho miedo de forma que, como niño mimado que era, no hice nunca lo que no quería hacer aunque sí me xtasié ante el valor de muchos.

El Txupinazo es más reciente y anuncia el comienzo de esas fiestas de Bilbao que nada tienen que ver con lo que los nacionales llamaban su liberación. Es un simple y ruidoso cohete que se lanza desde hace ya bastantes años en presencia de esa Marijaia que con todo amor fue pensada y creada por MPH aunque hace ya años que no la elabora esta famosa pintora con sus propias manos.Esta Semana Grande (Aste Nagusia) es un jolgorio permanente durante casi 10 días con toros, conciertos y mucho alcohol además de enormes cantidades de comida.

Y ¿qué decir de San Mamés? Aquí mi comentario sobre el libro de Ondarra se separa un tanto de su obra y se mezcla con recuerdos infantiles llenos de ardor y de un falso enfriamiento. Desde la más tierna infancia recuerdo haber sido socio de este singular equipo de futbol que por su nacimiento recibió un nombre vulgar pero en inglés:el Athletic Club. Y, por supuesto haber acudido cada dos domingos a su terreno de juego, la Catedral, San Mamés. Los partidos eran siempre muy pronto por la tarde pues no había luces para iluminar el anochecer invernal y la ida al campo así como la vuelta era un gran acontecimiento a pesar del obligatorio pago del “emblema” que recuerdo como algo del regimen con fines para mi desconocidos. Tanto mis hermanas como yo no fallábamos casi nunca y ninguno teníamos necesidad de complementar el domingo con ninguna otra actividad. Allí he visto jugar yo a Iriondo, Venancio, Zarra y Gainza pero nunca llegué a ver la famosa delantera completa pues Panizo murió jóven. En un momento posterior recuerdo los partidos del Honved y del Manchester evocados aquí por Patxo Unzueta; pero sobre todo el orgullo de contar con un equipo que era el ejemplo de nobleza ética, una manera de ser con la que todos los jóvenes nos identificábamos.

Confieso ahora una equivocación juvenil de la que me arrepentido muy a menudo. Llegado el momento de pasar de socio infantil a socio normal tomé la decisión, que mis padres aceptaron, de dejar de ser socio pues esa pertenencia me parecía incompatible con la vocación intelectual que yo creía tener y a pesar de mi cierta habilidad con el balón que me llevó a jugar en el Indauchu infantil, una época esa que me permitió un día jugar en el césped de San Mamés.
Mi vocación intelectual no fue lo suficientemente radical como para olvidarme de los resultados semanales de este club mítico al menos tanto como para Ondarra. No ha habido domingo, o más recientemente otro día cualquiera de la semana en la que había fútbol, en el que me hay acostado sin saber el resultado de este club de mis amores disimulados. Y no hay quien me saque de mi cabreo en caso de derrota. Esto es lo que me hace sentirme un hermano de Tomás Ondarra.

Postillas

Las postillas son un ente extraño. Ayer terminó un período que comenzó en Navidades y en el que en la frente no he dejado de exhibir postillas. Siempre he sido propenso a que se me formaran; pero esta vez la razón es muy tonta:el resultado de la novedad. Tenemos un coche nuevo en el que, a primeros de año, viajamos desde Bilbao a Oporto parando en León y, si lo hemos comprado es para poder conducir un vehículo grande y alto que nos evita las molestias de espalda que acarrea la conducción larga. Pero lo nuevo tiene sus peligros y, tanto al trepar al asiento del conductor como al abrir o cerrar el maletero, me he dado mucho golpes en la frente, golpes que, en circunstancias normales, solo habrían dejado la huella de un roce. Pero dado que el estado de mi corazón requiere la fluidez de la sangre y que tomo una medicina específica para conseguirla, los roces acaban convirtiéndose en heridas y en postillas que duran, cada una de ellas, una semana como mucho.

Es inevitable tocarse los bordes de estas postillas e ir tanteando cómo se transforman de ser una parte del cuerpo en algo pegado a éste por alguien misterioso. A menudo la inevitable exploración casi subconsciente de una postilla dificulta su cosificación pues no permite que la herida se seque. Pero de vez en cuando, por la noche mientras duermo, un pedacito de postilla se desprende él solo y lo encuentro por la mañana siguiente entre las sábanas bien duro aunque no tanto como para poder evitar que ese trocito de lo que ya es materia se vaya granulando y convirtiendo en un diminuto montecito de algo como arena.

Ese es el momento en el que ayudándome de un dedo humedo consigo desayunarme el polvo de sangre con una enorme fruición cuyo origen no consigo desentrañar pues, como alimento que ha sido parte del cuerpo y ya está muerta no sabe a nada, y como algo que podríamos soñar vivo no hay forma de sacar placer de esta forma de canibalismo. Y, sin embargo, no deja de ser una cosa muy cercana a algo que está muerto y vivo a la vez, como esas uñas que el lenguaje dice que algunos nos comemos.

Frantz

Como ya dije en el micropost último sobre algunos horóscopos para los Piscis, lo que quiero escribir es sobre esta película, Frantz, a la que fuimos el viernes pasado por recomendación de una buena amiga. No pretendo competir con los críticos cinematográficos profesionales por lo que recomiendo al lector que lea al menos las dos siguientes. La de El País, que le pone a uno muy al tanto de los antecedentes teatrales e incluso cinematográficos de esta historia, y la de fotogramas. Ambas ponen de manifiesto los méritos de su director François Ozon, mal conocido por mí; pero ninguna de las dos se detiene con cuidado a hablar de algo a lo que yo me quiero referir.

No deseo revolcarme en lo terrible de los grandes temas del remordimiento y la culpabilidad ni en la mayor o menor firmeza de carácter que se necesita para seguir viviendo después de matar a otro ser humano aunque sea en el marco de una guerra como la mundial del 14. Ni me parece la ocasión para meditar sobre la significación de esta Gran Guerra que cambió los tiempos en cuanto a la forma de guerrear entre países y, sin duda, hizo que los británicos se dieran cuenta de que la vida no era ese dulce pasar propio de la burguesía posvictoriana que medía su poder no por su cercanía a la corte ni por su patrimonio sino por sus rentas.Y, aunque tengo la tentación, inevitable en un economista, de referirme a Keynes y sus críticas a las reparaciones de guerra impuestas sobre los alemanes en Versalles, puesto que en las cuantías fijadas iban a tener efectos retardatarios en la recuperación alemana e, indirectamente,de todos los otros países contendientes,me voy a resistir a ella para centrarme en otro aspecto de esta película que me interesa más estos días en los que me debato con la estructuración de una segunda novela que debería ser como la continuación de El Síndrome del Capataz.

Se trata de un tema más abstracto y sobre el que de una u otra manera ya he escrito en otras ocasiones como aquella vez que inspirado por otra película (Words and Pictures) trataba de aclararme sobre la complementariedad entre la imagen y la palabra haciendo referencia, mediante a un enlace, a otro post sobre una exposición parisina.En esa ocasión entre mi mujer y yo se estableció, como siempre, una bonita discusión:

El centro de la discusión era siempre el mismo:si la película correspondiente había sido capaz de abrirnos los ojos a la belleza, a lo inefable, a eso que piensas nunca poseerás para siempre y de lo que solo podrás disfrutar durante unos instantes reveladores y misteriosos. Nunca hemos dejado de preguntarnos por el cómo del subidón. En mi caso por lo qué es ese extraño sentimiento que me ocurre en los primeros compases de la Obertura del Buque Fantasma de Wagner. En el caso de mi mujer un cierto concierto de violín ejecutado por Anne Sophie Mutter.

Lo importante de aquella ocasión era la de buscar la clave del enorme subidón (palabra poco fina pero muy expresiva) que produce la mezcla sabia de palabras e imágenes. Desde entonces la idea del subidón se ha ido transformando en la de sabiduría y el sonido o la música pugna por sumarse a las palabras y a las cosas para manufacturar la clave de esa sabiduría que trasciende el conocimiento. Y la Película Frantz ayuda a entender esa manufactura.

Este remake de Lubitch después de unos 70 años es todo un modelo de sabiduría. La imagen y la luz son una preciosa clave para la comprensión de lo que significa para un ser humano el horror de una guerra aunque haya sido el ejército de su país el que ha acabado venciendo. Los tonos del blanco y negro matizan muy bien los avatares de un campo de batalla o las huellas del odio entre países enemigos así como la serenidad de la mentira en la relación entre personas mientras que el color que surge de repente y subraya la épica de una batalla o el inicio del amor entre personas más allá de los odios nacionales. Más allá de la banda sonora, en la trama de Frantz el protagonista masculino muestra brevemente su habilidad con el violín en tres ocasiones,corrigiendo los errores de Frantz en una de ellas y, en otra, acompañado al piano por la protagonista femenina. Y es esta aportación a la obra artística lo que se me antoja misterioso.

¿Habría sido lo mismo si los protagonistas hubieran sido agentes de bolsa y en lugar de hacer música se hubieran visto arrastrados a explicar el porqué de la subida de la Bolsa ese día en el mercado francés o el alemán? Estoy convencido de que no, pero no consigo dar con una clave que asocie el tono de la música con el mensaje que quiere ir más allá de la simple confrontación bélica.No habría podido ser una canción guerrera, sin duda, pero un trozo romántico cualquiera quizá no habría sido capaz de sostener la sospecha de engaño que incuba el espectador. Que la música acompañe a la comprensión es quizá un hecho; pero la explicación de tal hecho sigue siendo un misterio.

Horóscopo

Pensaba hacer hoy la crítica de la película Frantz, pero se me han cruzado algunos horóscopos reveladores pues coinciden parcialmente.No corresponde el contenido de este micropost con la profundidad de los últimos posts de El Correo de las Indias; pero en este blog mío tiene que haber un poco de sitio para las superficialidades.

En el primer horóscopo se dice:

Quizá las dudas se apoderen de estos días ennegrecidos de tu vida. Controla tus pensamientos porque lo que te preocupa quizá no se corresponda con la realidad.

Esto constityuye ya una pequeña esperanza, pero lo que sigue es todavía más reconfortante para un tipo soberbio como yo:

Tu personalidad suscita muchas envidias;ten cautela y no airees tus planes

Por eso anuncio ya que hablaré de cine en el próximo post pues de lo contrario debería hablar de un nuevo futuro que se me impone por razones desconocidas. Pero ese futuro no deja de tener que ver con este otro horóscopo:

Todo el mundo está siendo amable y abierto contigo,aprovéchalo para mejorar tus relaciones con tus amigos y para dejar una buena huella.

Quizá si sigo este último consejo se haga cierto esta otra apreciación para los piscis:

Con Venus (amor, arte, belleza,armonía, placer) en tu signo (PISCIS), doble capacidad de disfrute, vivencia y benevolencia!

Ojalá!

Circuncisión, vegetaciones y la vacuna antitetánica

No es por lo del infarto de hace 5 años, que sucedió en Agosto, pero me he dado cuenta de que todo lo malo me ocurre en verano. En realidad ha sido una noticia reciente sobre un falso especialista que hacía numerosas circuncisiones sin titulación ninguna, lo que me ha traído a la mente algunas incidencias veraniegas ocurridas en el Guecho de mi infancia. Desde la fimosis de muy pequeño hasta las vegetaciones más tarde y una caída sobre el pico de una valla vieja que casi me rompe la rodilla izquierda, todo ocurría en verano en aquella casa de detrás de la Iglesia de San Ignacio que mis padres alquilaban para aquellos veranos eternos en los que el día de San Pedro ya estábamos en pleno veraneo playero y no comenzábamos el colegio hasta bien entrado octubre. Sin duda veranear en Guecho era conveniente para mi padre que continuaba yendo a trabajar todos los días a los Astilleros Euskalduna, excepto en agosto, en el autobús o el tren, ambos fáciles de tomar desde la parada que correspondía a la Parroquia de San Ignacio, cuyo párroco, Don Ignacio Bilbao, rechazó un día darme la comunión por no llevar calcetines cuando todavía usaba pantalón corto. Pero eso ocurrió más tarde cuando ya mis padres no se movían de Bilbao debido al párkinson de mi padre.

No recuerdo las razones físicas, pero un día cualquiera, siendo muy niño, los doctores de la clínica Euskalduna que estos astilleros ponían a disposición de sus trabajadores o directivos, dictaminaron que yo tenía fimosis y que debía ser operado, es decir, circuncidado, aunque ninguna de las dos palabras me decían nada en aquellos años. Solo recuerdo que durante unos días ocupé la habitación principal de esta casa de veraneo, esa habitación desde la cual mi hermana pequeña escalaba al ático donde tenía instalada la morada de sus muñecas. Fueron unos días muy cómodos durante los cuales yo era el centro de la casa. Años más tarde di gracias a mis padres por haberme liberado desde pequeño de una molestia que se lo hizo pasar mal a no pocos amigos años más tarde.

Y esa sensación es el comienzo de ese bienestar que siempre me ha embargado cuando la gripe anual o cualquier otro malestar me mantenía en cama sin hacer nada y sin ninguna mala conciencia. Sensación ésta que se reprodujo a los pocos años cuando en la misma clínica y también en verano fui operado de vegetaciones de una forma rapidísima con varias manos sosteniéndome por detrás mientras por delante un médico me acuchillaba la garganta sin ningún tipo de sedante. Dolió pero no mucho y durante días disfruté, por recomendación médica, de helados a todas horas. Helados nada menos que de Aberasturi.

No es de extrañar que los hospitales o clínicas siempre me traigan al espíritu esa sensación de serenidad que no me abandonó ni un minuto con ocasión de la operación de cambio de válvula aórtica exigida por el infarto que he mencionado más arriba. Mis dolencias solo han sido inquietantes cuando venían acompañados de dolor físico tal como fue el caso de un accidente que me ocurrió en un ensanchamiento de la avenida de Basagoiti en una especie de plazoleta delante de la Iglesia de San Ignacio. En ese lugar había una casa semiabandonada que daba a esa plazoleta y que se separaba de esta por medio de una pared coronada en su día por una verja metálica. Me enteré años más tarde que esta había sido la vivienda del Lehendakari Aguirre mientras fue alcalde Guecho.Un signo de habilidad y valentía era, para los adolescentes como yo, el atreverse a pasear por encima de esa pared. Y un día determinado resbalé y caí hacia dentro del viejo jardín de la casa con tal mala suerte de que mi rodilla izquierda cayó sobre lo que quedaba de una verja oxidada. La cicatriz me lo recuerda casi cada día y en mi ignorancia sigo pensando que la inutilidad de mi pierna zurda en el football se debe a esta herida. Pero el caso fue que fui llevado inmediatamente a un practicante que me puso la inyección-vacuna antitetánica, lo que me hizo mucho daño, y que tuve que estar tumbado mucho tiempo muy dolorido.

Estos acontecimientos que he relatado están en el origen de esa distinción que siempre he hecho entre dolor y malestar sereno y que se podría relacionar con la que últimamente utilizo sin parar entre conocimiento y sabiduría. El primero es insoportable, pero el segundo tiene hasta cierto encanto y sirve como coartada de cualquier desaguisado que uno cometa. Hoy en día ya no tenemos justificación para no estar serenos pues el dolor es siempre eliminable. Y, por lo tanto, la sabiduría es alcanzable sin tener que sufrir por el esfuerzo.

(Des)empaquetándome

juan urrutia

juan urrutia

Han sido unas vacaciones muy largas. Una primera parte muy familiar durante la cual supe ser parco en la comida muy ayudado por un catarrazo que no solo me quitó el apetito sino que, al tiempo,me procuró unas noches muy cortadas por ataques de sol. Esta mala salud no me dejó caminar lo que debo y lo que deseo pues andando a mi paso es como se me ocuren las ideas que luego van a ser escritas y publicadas y que pueden ser ideas técnicas o ideas más generales. En la segunda parte de las vacaciones la cosa fue mejor y dedicamos varios días a acercarnos desde LA a Oporto disfrutando del paisaje y del mero hecho de estar desaparecido. Me sentó muy bien y las ideas comenzaron a revivir con la visita a la libreria Lello.

De hecho,no soy el mismo que hace tres días. Cuando regresamos de Oporto muy lejos de retomar mi rutina comencé a organizarme para romperla excepto en lo que concierne a mis caminatas diarias. Lo más importante era y es ordenar mis libros y los artículos, míos o de otros, que acumulo desordenadamente y que son tantos que hacen casi invivible mi espacio en nuestra casa así como los distintos espacios de la oficina sede de la Fundación UE que visito todos los días.

El destino de la mayoría de los artículos va a ser acumularse en una especie de trastero que poseemos en LA y está vacío de momento. Solo habrá dos tipos de cajas:las que incluen algun artículo mío junto con toda la bibliografía utilizada en su elaboración y luego las que contienen los que fui acumulando para estar al día o porque creía que podía mejorarlos. De momento, entre unos y otros, ocupan veinte cajas de cartón de las que usan los supermercados para traerte la comida a casa.

El destino de los libros ya es más complicado. Por un lado están aquellas cajas en las que estoy guardando extrañas publicaciones que me han sido enviadas durante años y años por institucines a las que pertenecía y con las que colaboraba. Cada una de ellas tuvo interés para mí en su momento;pero creo que puedo prescindir de ellas. Creo pues que estas cajas que seguirán el mismo destino que las del párrafo anterior ocupan de momento unas diez cajas. Pero luego están las cajas en las que ya he acomodado, todavía en desorden, cientos de libros en idiomas variados que me llevan a recordar no tanto mis intereses técnicos sino, sobre todo, mis intereses filsófico-humanístico y que no han sido utilizados nunca para estudiar ninguna técnica sino sobre todo para aprender a vivir es decir a tener opinión sobre el mundo y poder contrastarla con amigos con los que, podría decir, formaba y formo una comunidad.Son estos libros los que me han llevado a perseguir la sabiduría más allá del conocimiento. y muy a menudo han sido adquiridos en mis viajecitos tal como trataba de mostrar en este post.

Estas cajas «cultas» serán estibadas en algún rincón de mi vivienda habitual y el examen de su contenido constituirá mi trabajo de aquí en adelante a fin de poder recordar mis intereses en el tiempo y ser capaz de entenderme a mi mismo y mis fases ideológicas reconstruyendo así el animal extraño que creo haber sido. Cual será mi forma cuando desempaquete todas estas cajas de un tipo u otro en las que he estado hasta ahora empaquetado.

En principio debería ser la misma que la que pueda tomar mi figura a partir de mis propios escritos y, sin embargo, creo que no será así.Bauman, quien desgraciadamente acaba de morir, está bien representado entre mis lecturas, lo he leído en los momentos apropiados y no digo que no haya colaborado a la poca sabiduría que haya acumulado pero y sin embargo no me reconozco en sus ideas en el fondo críticas sobre la liquidez del mundo. Me descubro más bien un surfista de mi tiempo.