Una falsa contemporaneidad

Me encuentro este corto escrito en una agenda sueca que utilicé durante años antes de comenzar este blog y que me servía para pergeñar mis trabajos de negro. No tengo recuerdo alguno de lo que hice con esta pieza; pero la traigo a colación para tratar de vislumbrar hasta qué punto, aun escribiendo lo que el que quiere aparentar ser, y a menudo es, el autor no puede evitar que se cuelen algunas ideas que son totalmente propias del negro.

No hace falta ser un semiólogo ni tan siquiera un humilde crítico cultural para admitir que las formas de trabajar están cambiando. No creo pecar de inmodestia si recuerdo ahora que hace ya más de veinte años dejé escrito que lo que se necesitaba en el mundo del trabajo que se avecinaba era una enorme flexibilidad, algo más cercano al generalismo inútil que a la especialización exigida por el hombre práctico.

A lo que voy ahora es a admirame por lo rápido que se ha visto cumplido la profecía implícita en mi aseveración de aquel momento. Se acabaron el Taylorismo y el Fordismo y el trabajo es cada día más intenso en conocimiento. Este conocimiento incorporado es, hay que admitirlo, cada vez más específico pero, y he aquí el detalle inesperado, no se va hoy a ninguna parte con una sola especialidad con lo que nos vamos acercando a un cierto colmo de la especialización. Pero ¿a donde nos lleva esta «pluriespecialización» contemporánea?

En alguna ocasión al aburrimiento más sublime. Es el caso de la Berlin Statskapelle interpretando a dos sublimes pelmazos como son Schumann y Brahms bajo la dirección del del superespecialista Baremboin. El mejor pianista en los sonoros espacios del Real, el descarado introductor de Wagner en Israel, el descubridor de una nueva (otra más) faceta del mozartiano Don Giovanni, el políglota argentino-israelí (tres especialidades muy exigentes las tres), el animador de una jóven orquesta judío-palestina en Israel y, entre otras muchas cosas supongo,brillante abogado por la paz en Oriente Medio en una publicación con E. Saïd (ambos premios Príncipe de Asturias). Alguien así, como una ventana a las estrellas,va de orquesta en orquesta, de teatro en teatro,y nos hace sentirnos en el centro del mundo por hacer vibrar la cuerda del armónico piano, hacer sonar el metal con la limpieza de un río truchero y, sobre todo, por la oportunidad de acceder a su milagro.Y aplaudimos a rabiar, a pesar de que Schuman sea un histérico mediocre y de que Brahms sea un academicista sin chicha que finge garra. Me pregunto por qué tanta fanfarria por dos músicos que no creo digan nada nadie, ni siquiera los alemanes más burgueses.

No estoy intentando decir que mejor haría Barenboim quedándose a trabajar un poco en su casa de Berlín para ofrecernos una buena versión de algo de Paderewski. Lo único que digo es que, en contra de lo que pensaba hace años no se por qué demandamos pluriespecialistas. ¿Porque somos unos memos?

P.S. Naturalmente las afirmaciones sobre los músicos fueron encargadas.

Shame and Fear

Decía aquí, hace tres días, que la caligrafía es útil para la sabiduría. Desde ese día me afano en poner orden en todos los papeles acumulados en mi despacho desde hace unos 14 años. La labor es ingente y más que ordenar estoy acumulando todos los papeles, mezcla de trabajos propios y extraños, así como de libros relacionados con la temática correspondiente, en enormes cajas de cartón para, cuando todo esté embalado, hacérmelas transportar a nuestra casa de LA (Getxo).

Entre todo este maremágnum ha aparecido una pequeña agenda ORDING&REDA, bastante gruesa y casi llena de pequeños comentarios firmados por tres «negros» que trabajaban para mí. Lo curioso es que están escritos de mi puño y letra. Esta letra es de diferentes colores (negro, verde y rojo) según se tratara de uno u otro de mis pretendidos negros y de su correspondiente especialidad, pero siempre con una caligrafía esmerada y con la finura que solo da un buen rotulador.

Por algún comentario que he hojeado deprisa y corriendo yo diría que están escritos durante mi paciente espera de la sentencia por parte de la Audiencia Nacional sobre mi presunta delincuencia financiera (que resultó ser nada). Lo más curioso para mí es un párrafo diminuto que no está escrito sobre la agenda sino sobre una pieza de papel introducida en la agenda y escrita con tinta azul y una caligrafía no muy cuidada. Dice lo siguiente:

Cuando dar tu opinión desnuda te puede costar el trabajo, el ostracismo social y el desprecio general, sientes irremediablemente miedo, y sentir miedo te da vergüenza, vergüenza de sentir miedo. O te hacen sentir vergüenza por ser diferente y esa vergüenza se transforma en miedo.

Todo eso pasó pero su recuerdo me ha producido un cierto escalofrío y me ha hecho comprender por qué, desde entonces he escrito, además de libros y trabajos técnicos, unos tres posts semanales.

Manos y caligrafía

Hace dos o tres días volví a cruzar el transbordador del Puente de Vicaya (llamado erróneamente el puente colgante) y a pasear por la margen izquierda bajo un solecito invernal bien agradable desde Portugalete hasta Sestao para recordar el poema de Blas de Otero que señala ese punto frente a una escultura en honor de los represaliados por Franco y sobre lo que ya escribí hace casi tres años y acabo de volver a leer aquí Hoy vuelvo sobre ese punto y por razones distintas no sabría decir si más o menos serias.

Aparentemente mi pensamiento no estaba en la memoria histórica sino en el trasero de una paseanta que recibió un sonoro txalo en en ese lugar por parte de quien le acompañaba. Era la más elegante de las mujeres que, solas o acompañadas, caminaban por el paseo de la Ría y tanto era así que muchas de éstas se volvían a mirarle cuando se cruzaban con la pareja. Este homenaje por parte de su pareja me sacó de mi ensimismamiento y me trasladó inmediatamente a las manos y a su uso.

Esta consideración de las manos no fue casual. Por un lado un cuñado mío así como mi hermana, a quienes he visto en la primera parte del puente de esta semana que termina van a ser probablemente operados de artritis o de artrosis en una mano simplemente para evitar el dolor que les produce una u otra de estas degeneraciones. No se quejaron mucho pero cuando te dicen todo lo que no pueden hacer empiezas a preocuparte por ti mismo pues puede ocurrir que acabes no pudiendo escribir a mano y, quieras o no, no tengas más remedio que utilizar el ordenador o la tablet.

A nuestra amiga Emily ya le han operado y, sin embargo, no lleva muy bien su elaboración de esculturas, por cierto preciosas, o su pintura. Yo no esculpo ni pinto, pero sí escribo y cuando hace unos días comencé a apilar mis viejos papeles en grandes cajas de cartón para tratar de sacarlas del despacho en donde hago mis pinitos, para almacenarlas en un trastero, vi con nostalgia viejas intervenciones mías en los cursos de doctorado de hace unos 25 años y que a menudo en forma de transparencias reflejan la caligrafía cuidadosa que se me impuso en los primeros años de colegio.

Pero esto no ha sido todo estos días en lo que a la caligrafía se refiere. Nuestra amiga Sandra ha sido profesora de primer curso de primaria y nos contaba cómo, hace años, se las arreglaba para conseguir que esos niños que nada sabían o entendían comenzaran a aprender cuando ella se las ingenió para que manejando lápices de colores, plastilina o haciendo montoncitos de arena, los chiquillos se dieran cuenta de que las manos son un instrumento de aprendizaje totalmente imprescindible.

Y ya de vuelta me miro las manos con atención y trato de discernir qué he de hacer para que me ayuden en la comprensión de todos los conumdrums con los que me enfrento. No me refiero a los que tienen que ver con la vejez que acecha disimulando, sino con muchos otros que, más bien, están relacionados con mis intereses intelectuales y, más concretamente estos últimos días, con el libro de Tim Harford y con el editado por Wilson y Kirman. Tanto la Diversidad como la Complejidad o la Evolución son asuntos cuyos simples nombres no dejan traslucir la dificultad de saber moverse por sus jardines. Y, sin embargo, ya llevo años tratando de desentrañar su importancia y la belleza de los lugares secretos que cobijan.

Muchas de las ideas al respecto han aparecido en muchos de los papeles que que he he estado tratando de sacar del despacho en donde casi siempre trabajo. Ahora pienso que lo que he de aprender es quizá una cuestión de manos y que debo volver a mis cuadernos con páginas blancas y a escribir en ellas con una pluma estilográfica que me permita pensar mientras me explico en lugar de vigilar constantemente si mi ortografía es la correcta. Me atrevo a decir que estos días he entendido que la caligrafía es un elemento básico de la sabiduría.

La sabiduría del silencio

comercial-deusto

Hace un par de días me enteré de que el año que viene (2017) corresponde al cincuenta aniversario de la obtención del título por parte de quienes formábamos nuestra promoción de La Universidad Comercial de Deusto. No es difícil de calcular, pero como no lo había hecho nunca me llevé una sorpresa cuando el tema se impuso en la última de esas comidas que de vez en cuando celebramos los de aquel curso que ahora, y quizá desde hace muchos años, andamos por Madrid y que en esta ocasión tocó en el Paradís.

Encontré a estos compañeros de Universidad muy jóvenes y tremendamente despiertos, dos características que me acomplejaron un tanto durante la comida pues no las veo tan claramente en mí, sino que más bien me encuentro anciano y bastante atontado.

Lo de la ancianidad no tiene paliativos pues aunque no soy el único que ha perdido ya mucho pelo y tiene cano el que le queda, mi voz es ya muy queda, necesito más ropa y de más abrigo para sentirme a gusto en un local que, como es el caso del Paradís, está bien caldeado, no me suenan la mayoría de las anécdotas que se recuerdan con simpatía y, desde luego, había olvidado a lo que se dedicaba cada uno de los asistentes antes de jubilarse.

Lo referente al funcionamiento de la materia gris es ya otro cantar pues tengo algo que añadir a la brillantez de mis compañeros de curso, una brillantez que conservan desde aquellos tiempos en mayor medida que lo hago yo. No recuerdo ningún soneto gracioso así como tampoco ninguna regla nemotécnica de aquellas que nos ayudaban a recordar algunas cosas que, como es obvio, no recuerdo cuales eran más allá dela definición de «Tesoro» en Derecho Romano (est vetus quaedam depositio pecuniae ut iam dominum non habeat). Algunos son capaces de revivir con detalle muchas y variadas experiencias de nuestras salidas por aquel Bilbao no muy divertido, incluídos los nombres y señas de identidad de la guapas del momento: sus nombres, con quien salían y cómo encontraron a ese compañero, quizá ya fallecido, que devino su marido. Y prácticamente todos siguen pudiendo recitar muchas de las ideas que nos imbuyeron los profesores que hicieron de ellos buenos gerentes, empresarios valientes, funcionarios de tronío o banqueros con poder. Pero creo que hay algo en mi manera de pensar que a pesar de todas mis deficiencias no me tiene del todo insatisfecho.

Pero, como es de esperar, no sé muy bien cómo expresarlo. Para empezar me asusta la medida en que conservan las ideas y valores que les fueron comunicados ya que, en lo que a mí concierne, no hay ningún conservadurismo en ese sentido ya que desde aquel entonces he deambulado por barrios altos y bajos pero en todo caso muy diversos. Y este deambular ha hecho que mis ideas sean mías y solo mías de verdad y no tengan nada que ver con lo que me enseñaron o quisieron enseñarme. Y para continuar no solo mis ideas son mías, sino que, además, han cambiado de naturaleza pues ya no conforman un enorme fardo de conocimientos más o menos útiles en uno u otro momento, sino que, convenientemente entrelazados, me proporcionan una simple clave de sabiduría que rara vez puede ser utilizada para algo que no sea la crítica radical de lo que se escucha en los medios o en las conversaciones. Y cuando esa crítica habría de ser utilizada contra los que son, han sido y seguirán siendo mis amigos, no cabe más que el silencio. La sabiduría a la que me refiero y de la que he escrito a menudo es, cuando se ha alcanzado, una señal de autenticidad tal como decía en este post