¿Hay zona de confort para mí?

La invasión del inglés en nuestro hablar cotidiano es llamativa. Y no es solo que se importen vocablos, sino que a menudo se importan expresiones enteras. Este es el caso de «zona de confort» que se usa para indicar ese cúmulo de circunstancias con las que nos encontramos cómodos y que conforman como un hogar del que somos expulsados en cuanto algo nuevo viene a incomodarnos. Dentro de este hogar no arriesgamos nada o solo lo habitual; pero en cuanto salimos de él, o somos expulsados, corremos riesgos, a menudo sin ninguna perspectiva de ganancia posible.

En el fondo esto es de lo que habla Libertad González en Nada es Gratis cuando elucubra sobre la elección entre trabajo y ocio como dos formas de emplear el tiempo y sobre la felicidad que cada una puede proporcionarnos. Siguiendo esta entrada de Libertad González me atrevo a pensar que, como ella, yo también me encontraba muy cómdo y no aspiraba a más ocio mientras estuve ocupando mi cátedra en la Universidad, mi zona de confort. Dedicaba mi tiempo a preparar las clases, darlas lo mejor posible, tratar de decir algo nuevo en ese mundo de la investigación y a disfrutar interactuando con aquellos que parecían interesarse en lo mismo que yo. En cierta forma me sentí como el Dirk Bogart de Oxford en «Accident», la película de Losey antes de que esa su zona de confort se rompiera y se encontrara en un mundo lleno de sentimientos encontrados.

Yo salí de esa mi zona de confort en primer lugar por experimentar otras zonas desconocidas para mí que se convirtieron pronto en mi nueva zona de confort hasta que circunstancias especiales (un accidente) me expulsaron de esa nueva zona y me dejaron al descubierto y desnudo pues mi antigua zona de confort ya no me atraía. Exploré otras actividades pero me aburrí pronto o, más bien, no encontré dentro de mí las fuerzas suficientes para construir un nuevo hogar laboral y sesteé una temporada. Pero este sesteo también me resultó muy duro y ahora, ya jubilado, pienso que debería retirarme a mi zona de confort. Pero, y he aquí lo desesperante, me he puesto a buscarla y no la encuentro.

Puedo utilizar mi último post de hace unos tres de días para ofrecer una versión pictórica de mi ansiedad. En efecto, utilizando unas líneas de ese post dedicadas a Rothko yo diría que no hago más que levantar capas de pintura para encontrar nuevas capas de pintura sin llegar nunca a mi yo profundo. Decía que:

Rothko sigue siendo mi favorito y esta vez pude no solo disfrutar de alguna joyita figurativa de juventud sino además seguir disfrutando de sus capas de pintura solapadas que te hacen sentir la ambivalencia de una fachada que participa de lo exterior, a la vista, y de lo oculto en el interior. Y esa fachada muestra toda clase de emociones a base de simples(?) capas de pintura cuyos tonos ligeramente diferentes pueden expresar muchas cosas. Recuerdo que durante mi (psico)análisis pensé muchas veces que esa era la tarea de la analista, ayudarme a imaginar lo que había debajo de cada pincelada que, aparentemente, tapaba una y otra capa. Yo me sentía entonces un autorothko y me temo que continúo añadiendo capas aunque ahora no sirven para ocultar sino para continuar construyendo.

O sea, que ya he perdido toda esperanza de encontrar una nueva zona de confort en la que descansar. En algún momento pensé, especialmente mientras trabaja en El Síndrome del Capataz, que este nuevo hogar tranquilo podría se la literatura de ficción pues me bastaría continuar levantando capas de pintura. Pero no es tan fácil pues, a pesar del análisis, tengo miedo de encontrarme conmigo mismo y tener que dejar de engañarme. No hay confort para mí.

Dices que quieres una revolución?

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Fue este último un estupendo fin de semana en Londres. Fuimos tres parejas arrastradas por una pintora que no podía dejar pasar la exposición sobre el Expresionismo Abastracto en la Royal Academy aun a sabiendas que en un futuro inmediato estará en Bilbao. Yo me alegro de esa impaciencia pues me encanta Londres y hacía mucho tiempo que no había estado.

Respecto al alojamiento alquilamos por tres noches un apartamento en pleno Soho y pefectamente montado con ventanas dobles para evitar el jaleo de los jóvenes que disfrutan de los servicios de los pubs que florecen a montones en el barrio. Deberíamos haber disfrutado más de este apartamento, pero no paramos ni un minuto en él y, como si fuéramos jovenzuelos, nos dedicamos a patear esta ciudad que tantos recuerdos me trae a mí a la cabeza empezando por los que todavía conservo de aquella primera visita a los 16 años camino de Dublín, donde llegué en avión desde Londres después de llegar a esta ciudada mítica en varios trenes saliendo desde Bilbao.

wilfredo-leamTeníamos reservados tickets de entrada para lo de la Royal Academy para la tarde del viernes, así que por la mañana nos lanzamos a conocer el nuevo edificio de la Tate Modern, pegando al antiguo, al otro lado del río y un buen ejemplo de arquitectura bella y funcional simultáneamente. Al socaire de ambos, por así decirlo, ha surgido el Borrough Market en el que, además de vender comida fresca y con muy buen aspecto, hay pequeñas casetitas de comida para muchos de los jóvenes empleados de la City que cruzan el río y parecen disfrutar del break del mediodía apoyados, como siempre, en la cerveza.

No pudimos renunciar a visitar con tranquilidad la exposición de Wilfredo Lam aunque todos conocíamos bien su obra y sus paseos por el mundo además de su progenie oriental y su ciudadanía cubana. Un buen aperitivo para lo que luego disfrutamos y no solo en la Royal Academy.

pollock-numero-8Pero la exposición que habíamos ido a ver sobre Expresionismo Abstracto no nos defraudó en absoluto como algunos temíamos y, quizá por la edad del grupo, nos transportó a una época en la que conocíamos bien a estos pintores, sobre todo en los EE.UU., y en la que nuestra aventura académica americana comenzaba y nos podíamos sentir parte de una nueva era. Ellos eran nuestros precursores. No todos compartimos favoritos y tuvimos discusiones en voz baja sobre el significado de unos u otros y especialmente de Rothko vs Pollock sin olvidar a otros de entre los que yo sigo admirando a Motherwell. Pero Rothko sigue siendo mi favorito y esta vez pude no solo disfrutar de alguna joyita figurativa de juventud sino además seguir disfrutando de sus capas de pintura solapadas que te hacen sentir la ambivalencia de una fachada que participa de lo exterior, a la vista, y de lo oculto en el interior. Y esa fachada muestra toda clase de emociones a base de simples(?) capas de pintura cuyos tonos ligeramente diferentes pueden expresar muchas cosas. Recuerdo que durante mi (psico)análisis pensé muchas veces que esa era la tarea de la analista, ayudarme a imaginar lo que había debajo de cada pincelada que, aparentemente, tapaba una y otra capa. Yo me sentía entonces un autorothko y me temo que continúo añadiendo capas aunque ahora no sirven para ocultar sino para continuar construyendo.

Incidentalmente quisiera añadir que, a diferencia de una cena cualquiera después de una película en Madrid, por ejemplo,la bandeja de comida india cerca de Carnaby st. no pudo evitar la continuación de nuestra conversación sobre nuestra experiencia vital y cómo ésta estuvo influída por toda una tradición pictórica genial y no solo por rupturista. Esto es la gracia de salir de casa, que la novedad libera el habla, algo cuya posibilidad hay que agradecer a quien corresponda. Dicho lo cual no comentaré más nuestras cenas y me concentraré en las experiencias artísticas del siguiente día, el sábado.

Bell, Vanessa, 1879-1961; The Memoir Club (Duncan Grant; Leonard Woolf; Vanessa Bell; Clive Bell; David Garnett; Baron Keynes; Lydia Lopokova; Sir Desmond MacCarthy; Mary MacCarthy; Quentin Bell; E. M. Forster)Nuestro apartamento no estaba lejos de Trafalgar sq. y allí nos dirigimos a fin de visitar la parte correspondiente al retrato en la National Gallery pues la otra de nuestras pintoras continúa intrigada por la fuerza de esta forma de pintura. Para mí, sin embargo, la experiencia tenía también otra arista. Allí estaban pintados mis amigos del Círculo de Bloomsbury, incluídos los propios pintores, como Duncan Grant por ejemplo, o dramaturgos como Lyton Strachey, como otro ejemplo entre muchos. Pensé que hay que ser británico para procurar que todo el mundo pueda contemplar al mismo nivel a gente que pertenece desde la nobleza al arte pasando por la política o la ciencia. Pero es que además había una exposición especial sobre los retratos de Picasso que también nos cundió mucho para disfrutar luego de una pizza rápida. Yo pretendo en general hacerme pasar por un destructor anipicassiano, pero esta vez tuve que claudicar ante la variedad y la facilidad con la que retrata a familia, amantes o amigos en general.

La tarde de este último día en Londres (pues por la mañana siguiente temprano tendríamos que tomar un vuelo de vuelta) nos deparó la gran sorpresa de la escapada y para uno de los amigos la justificación del viaje. En un sitio tan serio como el Victoria and Albert Museum se nos apareció de improviso una preciosa exposición sobre algunos aspectos del 68 como se suele denominar a esta época que empieza a mitad de esos años y dura casi una década.

El título ya choca:

You say you want a revolution? Records and rebels 1966-1971.

Revolution exhibition photography 06-09-2016Pero el contenido es un viaje a lo mejor de la vida de los que juntos habíamos ido a Londres sin saber que nos toparíamos con esta sorpresa. Somos de edades muy parecidas y aterrizamos en diversas universidades de los EE.UU. más o menos en la misma época y encantados de dejar España, a pesar de que ya se vislumbraba una cierta liberación desde la Universidad, y expectantes a lo que nos esperaba allí tanto en el medio académico como en el medio cultural general pues ya nos estaba llegando la música y la literatura de una nueva época. Los Beetles eran ya de hace años pero aparecían nuevas bandas, como por ejemplo Pink Floyd, o The Who para no hablar de los Rolling Stones. La música no solo sonaba sino que, además, las portadas de los vinilos solían ser obras de arte, iniciando así una mezcla que siempre me ha seducido hasta tal punto que sigo meditando sobre la claridad de ideas que genera la fusión de estas dos artes sin conseguir entender ese por qué que intuyo.

Records and rebels casi agota el contenido de esta sorpresa inesperada, aunque no del todo, pues la moda jugaba un papel fundamental, bien resaltado por la mención de la minifalda de Mary Quandt y la nueva juventud que reflejaba Twiggy, y la política andaba por allí.

dutschkePara los que llegamos a este mundo de libertad y cannabis como complementos de los estudios, la política estaba poco representada en esta exposición pues nos faltaba casi toda la historia de aquel mayo de 68 que desde París se extendió por casi todo el mundo. Ni Daniel Cohn- Bendit, ni Rudi Dutschke ni Mario Savio aparecían por ninguna esquina de la exposición y solo las efigies de Che Guevara y de Mao daban fe de que esta convulsión no se acabó, ni se empezó, con el amor libre y un cierto comunitarismo. Fue un momento de verdadera convulsión mundial y nosotros estábamos allí, sufriendo la invasión de Camboya decretada por Nixon.

De despedida pudimos tumbarnos en el suelo para seguir embobados canciones de la época y solo después de darle unas cuantas vueltas a la cabeza sobre lo que fuimos y lo que pudimos ser pasamos a la tienda donde sin nigún recato me compré el catálogo de la exposición y volví a ver y a recordar las portadas de muchos libros que compitieron durante años con los estudios de Economía.
Cierro con un recuerdo especial, el Herbert Marcuse y su Hombre Unidimensional, herederos de la Escuela de Frakfurt ya para siempre asociados a California.

Diversidad en Tesalónica

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El final de la semana pasada tuvo lugar en Tesalónica (Grecia) la reunión anual de ASSET, una institución nacida, yo diría que en Bilbao en comandita con Toulouse, Marsella y Barcelona, a fin de poder liberarse del poder académico del centralismo español y francés. De eso hace más cuarenta años y hoy ASSET comprende cerca de veinte instituciones, entre ellas la Universidad de Macedonia en Tesalónica. El próximo año ASSET 2017 tendrá lugar en Argelia con lo que ya deja de acomodar solo a investigadores europeos del sur. Un éxito, sin duda.

La FUE, en el 35 aniversario de ASSET comemoró la fecha en Estambul y fue allí donde y me lancé a afirmar con entusiasmo que podríamos hacer más y me comprometí a dotar un premio anual que se otorgaría a aquel economista que, trabajando en una institución pertenciente a ASSET, se hubiera distinguido por la calidad y la diversidad de su producción académica. Debía tratarse de un investigador con excelentes publicaciones en áreas diferentes.Mi propuesta estaba basada en mi rabia ante la evidente inclinación de los referees hacia a aquellas publicaciones que aportaban un epsilon a un área bien conocida y su, posiblemente inconsciente, sesgo contra la innovación que representa la apertura de un área nueva o la disposición a trabajar en áreas diferentes tratando de encontrar las posibles relaciones entre ellas.

Desde ese momento han ganado el premio investigadores de gran calidad cuya identidad y méritos pueden leerse en la página de la FUE. Pero el año pasado hubo que declarar el premio vacante debido a la falta de candidadtos. Ante ese hecho el Patronato de la FUE decidió organizar una mesa redonda conformada por los previos ganadores a fin de discutir los méritos de la diversidad en la construcción de la ciencia económica. Y esa mesa reonda tuvo lugar en Tesalónica el 11 de este mes de Noviembre.

No es cuestión de resumir aquí y ahora las opiniones expresadas por quienes confromaban la mesa redonda. Ya habrá tiempo de subir a este blog las opiniones expresadas si a sus autores les parece bien, pero si que creo que merece la pena que plasme a mi manera lo que hoy puedo leer en mi cuadernito de notas.

Parece claro que la diversidad se puede mirar o ver de distintas maneras. La más inmediata es la noción que se opone a la especialización y ya este contraste puede someterse a un cierto examen entre la posible alta productividad de esta última y la apertura de ojos que, a veces, puede llegar de una aparente frivolidad. Pero hay otras maneras de mirarla ya sea como la ingerencia en otros campos intelectuales o el uso en economía de nociones provenientes de esos otros campos. Esta dos últimas formas de entender la diversidad nos llevarían inmediatamente a considerar la práctica de colaboración interdisciplinar de la que ya hay experiencia suficiente como podría ser, por citar algo,la colaboración con los psicólogos para introducir sesgos empíricamente detectados en los modelos económicos que incorporan el comportamiento de los sujetos.

Pero no solo los costes posibles de la especialización pueden servir para entender la diversidad. Como enfatizó un ponente, sin necesidad de acudir al ejemplo de la victoria de Trump, el mundo se desmorona desde hace tiempo. Por eso es muy posible que los economistas tengan que levantar su vista de los modelos actuales en distintos campos y dirigirla hacia otros lugares intelectuales más relevantes para entender el desmoronamiento y tratar de arreglarlo. La idea de complejidad lleva muchos años alrededor de los problemas económicos; pero no acaba de integrarse en los modelos relevantes. La complejidad no forma parte de la diversidad pero no se va a integrar en la economía relevante sin un toque de diversidad.

Además de la complejidad hay otras ideas que aunque se reconoce su utilidad no son todavía demasiado utilizadas. Nociones como la de redes o de evolución parecen muy adecuadas para entender,entre otras muchas cosas, los efectos de fenómenos como la la digitalización o la globalización respectivamente, ambos campos sin duda necesarios para arreglar un mundo en descomposición.

Podríamos sin más continauar con otras ideas que se discutieron, pero prefiero ir terminando a la sombra de un tema escabroso. Se trata del tema de la importancia que se da a las publicaciones en las grandes revistas y en las exigencias para progresar en la profesión. Las publicaciones son sin duda esenciales para ascender en el mundo académico y para conseguir que esas publicaciones acepten tus ideas parece que es necesario que tu trabajo no se vaya por los cerros de Úbeda por bellos o útiles que puedan ser esos cerros. Es más seguro para el éxito académico aportar un epsilon a un modelo ya conocido que montar un nuevo modelo más apropiado para un problema concreto. De ahí que se pierda mucho talento y que sería mejor, como sugería un ponente en el turno de preguntas, que las ideas salieran en el blog de los autores y que se sometieran a la competencia entre todos los colegas de modo que después de ganar en ese campo se pagara por su publicación en una determinada revista.

La noche madrileña y el seminario de Joe

thumbnail of ostroyseminar16Hace dos semanas, y de camino a Florencia desde Los Angeles, una pareja amiga desde hace cerca de cuarenta años, nos visitó en Madrid. Disfrutamos, como siempre, de la comida cenando en Gaytan y también de un revival cabaretero en el nuevo, renovado, Florida Park que también nos dió de cenar.

Aprovechando esta visita el marido, Joe, ofreció un seminario en la Carlos III sobre el Equilibrio Walrasiano y el Equilibrio Correlacionado de Aumann, un paso más en su continuo preguntarse sobre cuestiones centrales de la Microeconomía. Asistí al seminario después de haber echado una ojeada al paper correspondiente que me había enviado previamente el autor, tomé algunas notas durante su presentación y aprovechamos nuestros largos paseos terapéuticos para desvariar serenamente sobre esa manera rara que ambos hemos compartido, y seguimos compartiendo, de mirar a esto que se llama Economics. Y entre notas y raras elucubraciones se me forma un pequeño lío en la cabeza que me gustaría compartir con los lectores de este blog.

Respecto a la parte técnica del paper baste con resumir la moraleja de la siguiente manera:

Tanto el Equilibrio Walrasiano como el Correlated Equilibrium son soluciones de un ejercicio que corresponde al dual de un cierto problema de programación lineal.

Es decir que con este resultado aprendemos un poco más lo que estamos haciendo cuando pensamos acerca de una economía. De hecho cuando pensamos en una economía podemos no estar excluyendo las externalidades y, además, en esos equilibrios de esta clase común puede no haber optimalidad paretiana.

En la medida en que tanto una solución como la otra corresponden a una misma clase son como equivalentes y eso nos lleva pensar que para pensar un sistema económico no necesitamos un agente externo al problema como es -de hecho- un auctioneer.

Ideas nuevas y planes para el futuro inmediato

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En las dos últimas semanas he estado muy ocupado con asuntos sobre los que preferiría no hablar pues no son muy alegres. Sin embargo, y usando una de esas agenditas que siempre me compro en los museos para tomar notas cortas sobre la marcha, he tratado de no perder las ocurrencias que me asaltan pensando que alguna utilidad tendrán para mi continuidad como novelista aficionado.

Con solo un breve intervalo de tiempo estuve en el parque de educación ambiental El Campillo de Rivas-Vaciamadrid con su lagunita y en LA frente al Abra de la Ría de Bilbao. Mis notas me llevan a comparar la naturaleza en un lugar y el otro.

Respecto al primero, los pedregales de este lugar del sureste de Madrid me recuerdan mucho a ese otro lugar en Dakota del Sur en donde están esculpidos en la piedra las efigies de algunos presidentes americanos. Se llama Mount Rushmore y a mí siempre me ha parecido una muestra de la omnipotencia divina contra la que no se puede luchar frente a frente. Por el contrario el Abra que contemplo mientras me ducho se me antoja ser un ejemplo evidente de lo que es luchar mano a mano contra alguien en un combate en el que ningún contrincante puede ganar de una vez por todas.

Este contraste trajo a mi cabeza la discusión entre el Big Bang y el Steady State como formas de concebir el universo, discusión a la que me he referido en este blog en alguna otra ocasión como, por ejemplo esta de hace cinco años:

Cuando se piensa el futuro político del mundo los hay que piensan como si estuviéramos frente al enigma del Universo y se atuvieran a la teoría del Big Bang tan acorde con nuestra visión temporal de todo con su principio y seguramente con un fin, aunque no sabemos cómo sería o si lo habría. Pero ¿si eso fuera solo pura inercia intelectual como me contaba poco tiempo antes de morir Fred Hoyle y lo sensato fuera renunciar a pensar en un principio y en un fin ya que no podemos verificarlos del todo, y nos limitáramos a alguna versión aggiornata de la Teoría del Steady State según la cual la estructura básica es, de siempre y para siempre, la misma?

A un nivel distinto ahora entiendo algo mejor la decisión de Felipe II entre El Escorial y Lisboa a a favor del primer lugar como capital del Reino, esa locura con la que siempre tomo el pelo a mis conocidos madrileños que me toman el pelo con mi bilbainismo.

En cualquier caso mi visita a la ducha de mi casa en LA se debió al deseo de contemplar las exposiciones del Guggenheim (sobre Bacon y sobre la escuela de París) y otra de mi amigo Enrique Ojembarrena con el que además tuve ocasión de charlar sobre arte y literatura. Él es un magnífico escritor, además de pintor, y me dio muy buenos consejos a partir de sus comentarios sobre El Síndrome del Capataz. Me dice que escribir es ser uno mismo y que por lo tanto cabe cualquier cosa en una pieza literaria. Además me dice que me falta entender a la mujer como una sola entidad junto con su hombre. Y sobre todo tiene la amabilidad de escuchar mis comentarios sobre la secuela de esta mi primera novela.

Respecto a esta próxima novela que me ronda la cabeza y cuyo tema central le relaté a Enrique como la continuación de la primera describiendo el cambio de naturaleza de Jon a lo largo de unos cuantos años que pasa en Latinoamérica transformándose y cómo se desarrolla su vida posterior en Madrid. Me aconseja que, de momento, la dedique solo a contar los cinco años durante los cuales Jon (ahora Juan) deambula por Latinoamérica reconstruyéndose. Y añade que dedique mucho tiempo a procesar información, sacada de donde sea, sobre esos países.

Yo le comento que, además, así tendría material para una tercera novela sobre conocimiento y sabiduría que, según él, debería llamarse El Carro y la Paloma. El conocimiento acarrea muchos datos, pero es solo la paloma la que es capaz de remontarse a los cielos.

De esta forma, pienso, dejaría sitio para una tercera novela dedicada a la nueva manera de ser de Juan. En esta tercera novela es donde me debería concentrar en como Juan se va haciendo devoto de la complejidad y de la geometría no euclidiana que no pasa por alto los detalles. Y también cómo va tomando fuerza la decisión de la pareja formada por Machalen y Juan de casarse cuando todavía no había vuelto Juan de Latinoamérica. Y, sigo pensando yo, podría dejar bien sentada la problemática de unir en un solo cuerpo las ideas económicas con la pintura, la música y quizá la dramaturgia o la literaratura, cada área constituyendo un posible capítulo independiente.

Por otro lado pensé que las exposiciones del Guggenheim se refieren a algo parecido a esto último aunque no recuerdo cómo llegué a entenderlo. Lo que ahora recuerdo es más bien cómo era París cuando entre guerras era el centro del mundo, pero no solo artístico sino también científico y tecnológico. Me interesó esencialmente eso de que el cubismo pretendía hacer vital o artístico lo tecnológico ejemplificado por los cubos. Estos son describibles por la geometría euclidiana y un cuadro de Bacon, influido más o menos por los clásicos o los predecesores inmediatos o por quien sea, necesita la geometría fractal.

Después de todo, estos días últimos no han sido tan estériles.

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