Fallo neuronal

teclado volanteEn un par de días dejamos esta tierra del Empordà que tan ensalzada ha sido este verano por las páginas de cotilleos de los periódicos locales. Aparentemente es la zona donde se ocultan los catalanes importantes poco ostentosos. Hemos decidido dejar el coche, ya envejecido y lleno de rozaduras, en un garaje al lado de la estación de tren de Flaçà a cargo del dueño del ultramarinos y también de un conjunto de plazas de garaje que incluye la que nosostros alquilamos. Eso quizá nos permita acercarnos más a menudo a esta región tan hermosa.

En cualquier caso facilitará siempre nuestra llegada aquí, algo que creo empezar a necesitar. Se me cruzan las neuronas de manera tal que comienzo a tener miedo del estado de mi mente. Ayer, justo después de subir el último post al blog tomé el volante para acudir a una cena de despedida con unos amigos locales y me di cuenta que estaba confundiendo los movimientos de los pies sobre freno y acelerador del automóvil con los movimientos de los dedos sobre el teclado del ordenador. Así, cuando veía que tenía que girar hacia la «izquierda, por ejemplo, movía el pie derecho hacia la i del teclado y luego el pie izquierdo hacia el freno para «escribir» la r de «recto».

Pensé que en mi lista de tareas pendientes que ya estoy elaborando tendría que añadir la de acudir a un neurólogo, cosa que quizá haga pero que, dado mi horóscopo, no me asusta tanto:

Hay una concetración planetaria enfrente de tu signo que te ayudará a romper con lo que te desequilibra facilitándote armonizar tu vida.

Ya veremos y ya lo contaré.

…y volví

uc3m

Casi hacían ya cinco años desde mi huida en el timbal y me reincorporaba a España por primera vez con una nueva identidad que se reflejaba no solo en los papeles. También había cambiado mi cara y mi volumen y, desde luego, mis ideas básicas en relación a mi profesión de economista ya que la idea de la verdad no me parecía obvia o fácil de entender ya que, a mi juicio, poco tenía que ver con la correspondencia entre la palabra y la cosa tal como se suele decir entre eonomistas quienes, al menos en esto, siguen la herencia vienesa. Pero también habían pasado cinco años de calendario y había yo alcanzado una edad en la que preocupaciones muy humanas, como la posible descendencia o el matrimonio, resonaban en mi cerebelo y trastocabn mi claridad mental. En estas condiciones no era fácil tomar decisiones definitivas que contaran con el visto bueno de Machalen con quien seguía manteniendo una relación conyugal que nunca había pasado por el entusiasmo de futuro de la temprana juventud y se había conformado en una especie de estadio cuasi final de confianza mutua y de compromiso firme inapropiado para nuestra edad pero sostenido por la separación física que nos mantendría alejados una en Granada y otro, yo, en Madrid.

Encontrar el lugar adecuado para alquilar un pisito en Madrid no fue fácil tanto por la incetidumbre de lo que deseaba como por mi ignorancia sobre la idiosincrasia de los distintos barrios. Claro que debería ser relativamente barato pues mis finanzas no habían vuelto conmigo ni creía yo que lo harían en breve, pero con ese límite todavía podía jugar con la localización en sí misma, con la distancia a esa nueva universidad y con la tranquilidad ambiental, todo ello relativo al precio. Es justamente en este asunto en el que Ramón me ayudó generosamente después de pocos días de conocernos en el bar de la universidad y contarnos nuestras vidas respectivas certificando que teníamos no pocas cosas en común aunque solo en un sentido genérico. Ambos estábamos interesado en las instituciones, tanto en su nacimiento como en su influencia en el devenir económico, pero en estos primeros momentos no entramos en detalles técnicos sobre la aplicación del modelo general que compartíamos, al menos en principio. Uno y otro aceptábamos el ranking de revistas especializadas, por lo menos como punto de partida, para entender por donde iba esta rama de la ciencia que compartíamos y, quizá lo más importante, ni él ni yo nos limitábamos a la economía como campo de interés sino que leíamos y estábamos al tanto de otras áreas como la antropología, la sociología, la física o las matemáticas por no mencionar la política mundial y local. En este último punto, así como en cuestiones literarias no profundizamos mucho pues, yo diría, que, a ambos, los primeros escarceos nos parecieron poco compatibles entre una sensibilidad de izquierdas como la suya y mi inclasificable anarquismo teñido de cierto repelús por los estados centralizados.

Como este último extremo me pareció delicado decidí concentrar mi atención en una zona de Madrid alejada de aquella en la que él vivía con su mujer y un hijo. Esto, el alquiler y las facilidades del transporte público, determinó mi elección dentro, eso sí, del barrio de los austrias pues es el que me pareció más distinto a lo que yo había conocido hasta entonces en Europa y en América. En pocos días dejé la pensión en la que me había alojado a mi llegada y me instalé en ese piso, no tan pequeño y que formaba parte de un edificio de pocas alturas y sólidamente construido que, curiosamente, dada su ubicación, era bastante silencioso al tiempo que podría albergar mi tonta colección de arte gráfico propio y también me permitiría escuchar música sin molestar al vecindario.

Ni qué decir tiene que este pisito pasó por la inspección de Machalen quien viajó ex profeso a Madrid desde Granada antes de firmar el contrato de alquiler y dio el visto bueno al barrio, al piso en sí y a los muebles con los que se alquilaba y que dejaban el suficiente espacio para las pinturas que iban configurando mi verdadero C.V. completamente intraducible al formato convencional. Dos semanas después volvió y esta vez invitamos a cenar a Ramón y a su mujer que resultó llamarse Mercedes, estar interesada en el arte plástico y trabajar para la sección internacional de un banco. Cocinamos entre ambos una cena poco sofisticada y me temo que escasa aunque este fallo fue posiblemente compensado por el alcohol disponible para aperitivo, primer plato, segundo y postre. Esta variedad siempre fue señal de este nuestro extraño hogar y un lubricante para las divergencias en general y, en esta ocasión, para las que empezaron a surgir desde esa primera noche. Esta tensión era difícil de aliviar pues comenzaba justamente entre Ramón y Mercedes en cuannto surgía el primer tema ya fuera político o estético.

Fue justamente este tema estético reflejado en mi C.V. plástico el que sentó las bases de nuestras discrepancias y acuerdos. Resultó que Ramón también trataba de reflejar sus ideas en pequeños cuadros que, sin embargo, no llegaban, contó en esa primera cena, a formar parte de uno más grande que, como en mi caso, incluso iba cambiando de tono a medida que cambiaban o bien mis intereses o bien mis deseos de colaborar con el apoyo al saber, desde la mera palabra o desde la política universitaria. Esa extraña apoyatura en lo plástico para entendernos a nosotros mismos fue siempre un lazo de unión. Sin embargo tanto Mercedes como Ramón nunca llegaron a entender las ideas musicales de Machalen en las que ella creía firmemente y que, a juzgar por sus exitos como directora, no debían de ser muy raros aunque tengo que reconocer que me llevó años compartirlos. En aquel preciso punto de nuestras vidas ya Beethoven o Brahms, a diferencia de ellos, no eran el centro de nuestro mundo musical, sino que, aunque por distintas razones, Stokhausen y Ravel ocupaban el centro del trabajo de Machalen y, por lo tanto, de mi interés. Solo compartíamos nuestra falta de entusiasmo por la música barroca, falsamente complicada, o por Mozart al que, los cuatro, nos negábamos a adorar debido a lo que yo, menos técnico que Machalen, llamaba su infantilismo.

Curiosamente Ramón y yo discrepábamos sobre el teatro lo que, más allá de lo que pensaran las dos mujeres, nos impidió organizar veladas de reafirmaran una amistad que nacía sin ninguna garantía de éxito. Pienso que nuestra discrepancia se reflejaba con toda claridad en la distinta forma de enseñar y en la correspondiente evaluación estudiantil que ya era obligatorio recabar. Ramón era un reputado mal profesor y yo siempre he sido muy bien valorado. Ahora en Madrid he empezado a entender esto. Las clases de Ramón eran perfectas y siempre estaba claro lo que el tema que tocara en el programa pretendía hacer comprender y la forma que habría de tomar esa comprensión. Cada sesión planteaba un problema y terminaba con la solución de ese problema, con un Q.E.D. en el extremo inferior izquierda de la pizarra a la que no renunciábamos ni él ni yo. En cambio yo solía comenzar con un comentario raro sobre alguna noticia del periódico y con el paseo por entre las mesas inquiriendo sobre la relación entre esa noticia y el tema que correspondiera a esa clase en concreto tratando de demostrar que el resultado formal, aparentemente complicado de obtener, correspondía justamente a la conclusión intuitiva del problema correspondiente a la noticia del día. El sonaba como su denostado Mozart, yo como el para ellos desconocido Stockhausen.

Como nunca dábamos la misma clase, las comidas en el bar eran distendidas y tocaban en general temas poco técnicos de forma que todo fue bien hasta el final del curso y la aparición pública de las evaluaciones estudiantiles. Ahí cayó la semilla de las desavenencias futuras y, en esa tierra germinó y creció firmemente de manera muy obvia. Si bien las evaluaciones estudiantiles me eran favorables, no así las evaluaciones de expertos que le otorgaban una ventaja considerable sobre mí.

Manuel y David

podio disco olimpiadas rio

Mi posts anteriores «Burkini en Cannes y dobles mixtos en Río» y «Tenis, dinero y the good life» han sido honrados con muchos comentarios que merecen un post adicional en el que trataré de enfocar el problema que algunos de ellos ponen de manifiesto. Me centraré en dos de ellos, el de Manuel y un par de los de David, lo que hace la labor difícil especialmente porque tanto el post como los comentarios hacen referencia escritos antiguos.

Manuel escribe tratando de hacerme ver que en ocasiones prima el mercado por encima del nacionalismo. Desde luego y cabe discutir, como haré a continuación al comentar las ideas de David, si esto es bueno o malo y porqué. Sin embargo mi intención en el asunto de la retirada de la pareja de dobles mixtos formada por Muguruza y Nadal no era esa sino criticar a la prensa que trata asimétricamente dos asuntos concernientes a mujeres: este y el del Burkini. Y sigue sin caberme ninguna duda de que es mucho más fácil defender a las mujeres en el segundo caso por limitar su libertad que en el primero en el que prima el dinero de Nadal, decía yo, que la carrera de una mujer como Garbiñe. Ahora Manuel me hace ver que igual también Garbiñe prefería retirarse de los dobles mixtos por idéntica razón. Si este fuera el caso sí que podríamos decir, como quiere Manuel, que en esta ocasión ha primado el dinero sobre la nacionalidad (no necesariamente el nacionalismo).

Y, en cualquier caso, añade que el espíritu deportivo se desarrolla mejor en un mercado global que restringiéndose a ponerse en juego por parte de personas que solo pueden formar un equipo si han nacido en el mismo pedacito de tierra. Pero esta última afirmación me lleva a discutir las ideas de David que creo que en el fondo están relacionadas precisamente con el mercado y con el nacionalismo: no creo que «el éxito sea una cuestión de orgullo nacional en ninguno de los sentidos que se me ocurren: ni creo que el nacionalismo sirva para tener más éxitos, ni creo que sea otra cosa que una alienación disfrutar de un jugador o un equipo por la federación nacional de la que forma parte en vez de por cómo juega/compite.”

Ya más en concreto David insiste en distinguir una comunidad real, cuyas relaciones o pertenencia simultánea no está relacionada con el mercado, de una comunidad imaginada en cuyo seno cabe el funcionamiento del mercado. Aunque yo no trataba de hacer una égloga del nacionalismo en mi post, el uso del ejemplo del Athletic de Bilbao a efectos de ensalzar el espíritu deportivo puede hacer pensar que sí era esa mi intención en cuyo caso entendería que se me tachara de tratar de vestir al pobre emperador desnudo.

Sin embargo mi intención era la de tratar de mostrar que estamos quizá ante una ocasión en la que el mercado, sea éste nacional o internacional no sirve o, dicho de otro modo, lo que el mercado se come es justamente el espíritu deportivo que es lo que yo pretendía ensalzar. Tanto el Barça (que se mueve en el mercado internacional) como el Athletic (que lo hace en un mercado solo regional) pueden construir internamente una pandilla real de amigos que no ahorran esfuerzos por triunfar en cada partido, eso es cierto, pero, dada mi temprana experiencia, no puedo llegar a creerme que el sentido de la vida que tenga un Messi o un Ronaldo sea ni parecido al que experimenta un jugador del Athletic cuando unos y otros pasean por las calles de la ciudad que les acoge.

Se trata de un fallo de mercado puesto que el espíritu deportivo es, de hecho, un bien público del que disfrutamos todos, jugadores y espectadores o fans y que importa para casi todo y no solo para un subidón de vez en cuando. Es bien sabido que el mercado infraproduce el bien público correspondiente y, por lo tanto, ese espíritu deportivo debe producirse al margen del mercado único y éste debe ser sustituido por una miriada de mercados locales. Es entonces cuando podríamos esperar que floreciera el espíritu deportivo como parte de la «good society» y contribuyera a su vez a the «good life»

Elucubrar sobre la naturaleza de bien público del espíritu deportivo es un asunto que bien podemos dejar para otra ocasión.

Tenis, Dinero y The Good Life

murray nishikori del potro

Me asombra que mi post sobre Burkini y Tenis haya tenido tantos comentarios en La Matriz centrados en el nacionalismo que revela la forma de organizarlos y de contar el medallero como si, podríamos concluir, el éxito, incluso bien medido, fuera una cuestión de espíritu nacional. Esta es la visión de David de Ugarte.

La visión de Manuel Ortega se centra más en el tenis que aprecia muy mucho y afirma o sugiere que mis críticas de la persecución del dinero por parte de muchos tenistas están desenfocadas puesto que lo que los grandes persiguen no es poder ganar el próximo torneo sino sumar puntos que cuenten para la clasificación general lo que, según él no perseguiría ni dinero ni resonancia nacional, sino quizá solo hambre de éxito y fama.

Me gustaría que la afirmación de Manuel fuera cierta, pero no entiendo muy bien como deslindar la fama del dinero puesto que la fama puede acarrear consigo ingresos de otro tipo. Al menos la fama como profesional del deporte de que se trate. Parecería que por un lado y por el otro el nacionalismo y el dinero-fama son dos enemigos del espíritu deportivo y uno está inclinado a aceptar los corresppondientes argumentos. Pero en ese instante aparece el Athletic de Bilbao que me parece una clara excepción a las ideas de David y de Manuel.

Para radicalizar la situación séaseme permitido simplificar diciendo que este equipo no acude al mercado de verdad para conformar su plantilla y que se trata más bien de un equipo transversal al que aplauden nacionalistas y centralistas por igual, o casi. Y expresé todo eso en la revista Capital en una columna que reproduje en este blog haca unos tres años y que convendría volver a leer.

Allí reflejaba yo lo que entiendo por el espíritu deportivo genuino: ese deseo loco de ganar a tu amigo justamente para seguir jugando uno contra el otro empujado este por el deseo de revancha que florece entre amigos que quieren seguir siéndolo.

Y es ese espíritu competitivo el que hay que fomentar como parte fundamental de lo que se llama la buena vida, un concepto dificil que se identifica por su entronque con la sociedad digna o good society y que procuré aclarar en este post asimilándola la que los de Bloomsbury pretendían para sí. Basta quizá con esta cita de Keynes, miembro eximio de Bloomsbury, en el opúscuo «¿Soy un liberal?»:

Tenemos que decubrir una nueva sabiduría para una nueva época. Y entre tanto debemos, si hemos de hacer algo bueno, parecer heterodoxos, molestos, peligrosos y desobedientes para con los que nos han engendrado.

Podríamos empezar a ser heterodoxos tratando de explicar que, si fuera cierto que estoy tratando de eliminar el mercado de futbolistas, además de los juegos olímpicos, esto no me convertiría en un enemigo del mercado sino que simplemente mostraría que me hago cargo de una idea bien establecida que explica que en ciertas condiciones el mercado no tiene ninguna superioridad intelectual o práctica.

Y pasó el tiempo….

bogota

No se me hizo muy largo este curso en Santa Fe en donde, además de aprender una nueva forma de mirar a los fenómenos económicos, utilicé mi tiempo y las recomendaciones de la faculty para tratar de encontrar un puesto de trabajo en cualquier sitio que no fuera España en donde todavía no sería difícil que mi presencia y mi historia imaginaria pudieran levantar sospechas. Hice varios viajecitos rápidos a lugares de América discretos ya estuvieran en los Estados Unidos o ya en algún lugar de Hispanoamérica. Finalmente me decanté por Colombia y la más generosa de las ofertas, la de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, perteneciente a la orden de los jesuitas, la que me daba una ventaja por haberme ya acostumbrado a la manera general de trabajar de estas instituciones en Monterrey y despúes de cerciorarme de que entre su plantel de profesores no había ninguno que yo hubiera conocido ni en mi formación en LA ni en el último curso en Santa Fe ni en cualquiera de los seminarios a los que acudí por el mundo durante mi época docente.

Me concedí casi dos meses de verano libres y los pasé en Monterrey afianzando mis lazos de parentesco y ordenando bien las finanzas de mi nuevo yo. Y poco a poco fui descendiendo hacia América Central para llegara Panamá y finalmente a Colombia en donde desde el primer momento quedé prendado del acento de sus moradores más allá de los matices regionales, tal como pude apreciar antes de recalar finalmente en Bogotá no lejos del campus al que llegaba rápidamente a lo largo de la Carrera Séptima. Mis obligaciones docentes eran perfectamente razonables pues solo daba un curso de licenciatura todo el año y un curso de doctorado de medio año que empezaría hacia febrero

El curso de licenciatura versaba sobre Microeconomía y era ofrecido en el último año del programa de grado en el que podría fajarme conmigo mismo sobre la manera de introducir el dinero y un sector financiero en un modelo agregado que debería responder a las principales preguntas de un gobierno o de un banco central,como el Banco de la República cuyo gobernador justamente provenía de esta Universidad Pontificia en la que comenzaba a sentirme bien pues me permitía, a diferencia de la universidad de esa Ciudad de la que huí, no solo charlar con toda paz con mis colegas, sino sobre todo ser capaz de volar hacia otras esferas más elevadas del pensamiento. Me concentré en el modelo general y traté de mover la mente de los alumnos hacia situaciones en las que no todos los mercados existen dando así una oportunidad de dotar de sentido a la existencia de dinero y a la necesidad de abrir los mercados cada día.

Y aquí, en este primer punto, algo se removió en mi interior relacionado simultáneamnete con la inteligencia visual y la sonora de forma que me compré los instrumentos de pintar al tiempo que me hacía con el abono para la temporada de música clásica que tendría lugar en el magnífico Teatro Central de esta capital por el que pasaban variadas orquestas de calidad y no pocos cantantes famosos. Ser profesor de la Javeriana me abrió muchas puertas entre los intelectuales y los mandamases del país que, como ese Gobernador del Banco de la República, resultó ser un ávido lector de literatura, tanto colombiana como hispana en general, así como un gran aficionado al arte pictórico que se exhibía generosamente en las muchas salas de exposiciones de la capital y, a juzgar por su presencia en todos los conciertos, tenía el oído hecho al sonido sin que eso le llevara a hablar a gritos.

Fue él quien me introdujo en esos lujos de los sentidos y me fue presentando a los encargados de las galerías de arte y los responsables de pequeñas sociedades musicales no solo durante su posición al frente del Banco Central sino también cuando, en mi tercer curso, le tocó abandonar estas responsabilidades y dedicarse a negocios privados en cuyas entretelas nunca entramos y acabó siendo enviado a la embajada en Washington en un cargo dificil de describir a juzgar por todos los esfuerzos que hizo para describirlo falsamente. Pero nada de esto me importaba pues supe disfrutar de mi estancia en este país y compartir con Machalen todas mis conexiones que siempre pensé podrían sernos útiles en ese futuro ya próximo en el que esperábamos asentarnos, uno y otro, en Madrid o, al menos, en algún lugar de España que nos permitiera vernos a menudo y a mí hacer excursiones furtivas a la Ciudad para ver a mi ya mayor madre.

Así que durante el primer semestre no solo me fui haciendo un personajillo del lugar sino aprendiendo a usar los pinceles en una especie de pintura abstracta de diversos tonos del rosa, tonos que chocaban entre ellos como lo hacían entre sí las notas de Sostakowitz en cuya múisca nos había introduido Machalen, al gobernador y a mí mismo, en los muchos conciertos que con la presencia de ella y de la esposa de él asistimos aquí y allá. Ambas esposas, podríamos decir aunque el matrimonio no fuera exactamente nuestro caso, se hicieron amigas y ella servía, bajo la sonrisa indugente de él, de carabina de mis tentaciones, bien necesaria por cierto pues ya empezaba a pesarme mi soledad solo interrumpida de vez en cuando. Con enorme alegría de mi parte, eso sí.

Empezó el segundo semestre y mi trabajo docente se hizo más pesado pues tenía que simultanear el curso de Microeconomía en la licenciatura con el curso de Macroeconmía en el doctorado, un conocimiento éste por mi parte que empecé a pintar antes que a diseñar para la mejor comprensión de los estudiantes con ambiciones tanto profesionales como intelectuales. Además de hacerles ver con total nitidez la necesidad de pensar en términos agregados a fin de poder decir algo con cierto sentido sobre cuestiones relacionadas con la inflación, el empleo o la balanza comercial de un país como, por ejemplo, Colombia y la exigencia inevitable de aprender a describir dinámicamente ese dujeto económico colectivo a fin de generar información util para el Gobierno y el Banco de la República cuando las cosas no van como todo el pueblo quisiera. La dinámica era, eso quiero decir, un asunto complejo tal como aprendí en Santa Fe y no era algo que podría aprenderse como un simple recetario memorizable. Era necesario utilizar mis nuevas armas y, con la ayuda de mi nuevo amigo el gobernador, ya ex, comencé a entrenarme en los intríngulis de las líneas curvas y de colorido más variado.

El éxito en esta enseñanza tan poco ortodoxa me animó a intentar escribir artículos serios en revistas así mismo serias y reconocidas de manera que para este tercer año en el que me encontraba a la sazón ya tenía dos papeles bien colocados y otros dos en camino de aceptación. Recuerdo con deleite cómo muy a menudo trataba de simultanear el diseño académico de estos trabajos con mi nueva forma de pintar al tiempo que variaba la música siguiendo las noticias de Machalen sobre lo que preparaba con su orquesta para conciertos locales y presentaciones en teatros fuera de España. En este tercer año contemplo mis cuadritos rosas diseminados por mi apartamento y los comparo con los nuevos cuadros de mayor tamaño y de un extraño contraste visual. Me pareció que era hora de tomarme en serio comenzando por la necesidad de encontrar un nuevo fondo de cuadro de un tono casi único y de un tamaño casi mural que me permitía modificarlo cada vez que mi mayor conocimiento de esta sabiduría tan rara como es la Economía me llevaba a modificar mis cuadros docentes.

Tanto el matrimonio amigo como Machalen insistieron en que ya era tiempo de acercarme a España donde un pintor con buen oído y aparente conocimiento de Economía podría con cierta facilidad ser aceptado en alguna de las nuevas universidades que se estaban montando en muchas Comunidades Autónomas e incluso ganar con cierta rapidez una posición permanente a pesar del lío de nacionalidades con las que me movía.

Entre una cosa y otra el tiempo había pasado y hasta mi aspecto físico había cambiado para no mencionar mi acento irreconocible en sí mismo y todavía más cuando, para disfrazarlo, introducía muchas frases hechas en inglés con acento sureño. Dos años después de esa primera posición, en la que ya topé con Ramón, mi posición adquirió lo que yo llamaba para desesperación de los colegas, la calidad de tenure y tanto mis clases como mi investigación como mis otras aficiones semiocultas se fueron afianzando al tiempo que me dejaba llevar por una preocupación por la verdad que a nadie confesaba pero que me obligó a usar mucho de mi tiempo en lecturas y pensamientos de esos que llamarían, y llamaban, filosóficos.

Burkini en Cannes y dobles mixtos en Río

burka en paris
Quiero criticar la prohibición del uso del Burkini en Cannes y la retirada del torneo de dobles mixtos de la pareja Nadal-Muguruza en Río 2016. Y quiero citicar no solo ambos hchos sino también y sobre todo el tratamiento diferencial con que la prensa ha reaccionado ante los dos hechos.

Aunque he estado fuera creo poder decir que a grandes rasgos solo un periódico ha criticado, y no de forma editorial, lo del Burka usado como bañador y que ninguno ha hecho más que mencionar la retirada Muguruza-Nadal justificándola por el mucho trabajo que esperaba al pobre chico, y lo cansado que debía de estar, sin que nadie se preguntara por los sentimientos de Garbiñe.

La prensa durante las vacaciones de agosto juega con suplentes y eso se nota en muchos detalles como los titulares, la sintaxis e incluso el vocabulario sin contar la enorme proliferación de temas simplones como las vacaciones de los famosos especialmente cuando ocurren en playa y se puede mostrar un poco, al menos, de desnudismo femenino.En este contexto no parece extraño que se haya ecrito mucho sobre la prohibición del uso del Burkini en la playa de Cannes, la primera, y luego en otras de Francia. Puede parecer normal, por la misma razón que casi nada se haya dicho sobre la retirada de Nadal-Muguruza en la prueba de dobles mixtos en el concurso de Río.

Lo del burkini es tan arbitrario que no sabría como tratar de explicarlo. A mí me parece un simple rebuzno (como ya insinuó Valls) contra el islamismo en un país que, sin embargo, debería ser el adalid de la libertad. Tienen derecho los franceses a estar bastante enfadados con los numerosos ataques que han sufrido directa o indirectamente por parte de las gentes del EI, pero no lo tienen a reaccionar como chiquillos por un asunto de exceso de faldas.

garbiñe muguruzaEn el caso de Garbiñe Muguruza me parece un escándalo que pretendan que creamos sin más que la muñeca de Nadal se pueda resentir y corra el peligro de no poder ganar la medalla de oro sea en dobles masculinos o en singles masculinos o ambas. Demuestra un rarísimo desprecio por una prueba frente a otra (lo que choca con el continuo y diario conteo de trofeos) e, indirectamente, es también un desprecio a una mujer de la que no se ha vuelto a hablar, más que para decirnos que junto Con Carla Suárez han sido eliminadas del dobles femenino, mientras nos han aburrido continuamente con las tonteriitas del Rafa nacional.

Ya de vuelta

trieste estatua joyce
Fuimos a Trieste tras los pasos de Joyce y Svevo tal como contaba en el último post. De hecho esos pasos nos fueron fáciles de seguir pues no solo nos hicimos con sendos libritos sobre el itinerario de cada uno, sino que, además, esos itenerarios están marcados con claridad en un ciudad pequeña y, para colmo nuestro hotel estaba en la misma calle en que vivió Joyce, en dos números distintos, y donde estaba la Berlitz School en donde dio clase de inglés.

castillo de duinoAsí mismo visitamos en varias ocasiones el museito dedicado a esos dos literatos y abrazamos su correspondiente escultura de cuerpo entero aunque evité que me fotografiaran pasándoles el brazo por su hombro. Pero esta extraña ciudad da mucho más de sí. Como ya dije está en el medio de todo, entre el norte y el sur y entre el este y el oeste. Así que hay Iglesias de todos los cultos, museos de artes varias, monumentos de casi todas las épocas y construcciones acastilladas que te permiten hacerte una idea de cómo se vivía allí cuando era parte del Imperio Austrohúngaro. El castillo Miramare contruído por orden del pobre Maximiliano, hijo de De Sissi, nos pareció en su interior y en su exterior justo del tamaño ideal para nosotros; para encerrarse en él a mirar el mar y pasear por una naturaleza amabilísima. Y para colmo no está lejos del castillo de Il Duino en donde mi admirado R.M.Rilke escribió las elegías correspondientes que tantas veces cito y en donde vivía casi como un indiano.

liublianaY aun con todas estas cosas bellas no han sido estas las que más he disfrutado. Hacía tiempo que no me paseaba por una ciudad nueva para mí y de límites razonables. He paseado tanto que he podido practicar mis dotes fisiognómicas. He reconocido a la alcaldesa Manuela Carmena, a Mari Puri Herrero, Oscar fanjul, Pilar Ros, Iniesta y una extraña mezcla de Alvaro Escribano y Miguel Sebastián. También he gozado bastante pasando casi un día entero en Liubliana, capital de Eslovenia y de aspecto totalmente austríaco. Sus habitantes son muy distintos de los triestino a pesar de estar a unos 100 kms escasos; pero unos y otros se ocultan bajo la marea de turistas de paso que bajan del norte hacia el sur. Ahora entiendo mejor a Zizek del que nos habló y en términos no muy elogiosos una exalumna que ahora lleva una galería de arte fotográfico.

Pero sin duda alguna lo que hace necesarias estas salidas a lugares desconocidos pero que tienen algún punto de conexión con tu cultura es que mientras paseas mirando a los habitantes acudir sin prisa donde sea, es que se te ocurren pequeñas historias. Esta con la que termino se me ocurrió ante la escasez de kioskos en Trieste.

leonor finiEncontrar un periódico en español es tarea imposible y en el hotel solo te dejan hojear el periódico local:Il Piccolo. Suficiente para ponerte al día de lo que pasa en el mundo, pero algo sin duda poco corriente. Pero ahora creo que entiendo la razón de esta escasez. Joyce vivía tan precariamnete mientras escribía Ulises que junto con su amigo Italo Svevo y su también amigo Umberto Saba, también con estatua, como poeta que era, y librería en esa calle en donde vivió Joyce en algún momento, decidieron que este último, de posibles, pusiera el dinero para comprar y cerrar los pocos kioskos que por entonces estaban abiertos. Creían que esa medida sería suficiente para que la gente leyera más libros que los dos primeros escribirían y este tercer amigo vendería en su librería.

No es muy bueno el cuento pero nos hace pensar que todo es posible en este ombligo del mundo.

Una semana de paseo

trieste
Desde mañana lunes hasta el sábado siguiente no escribiré nada en el blog y me limitaré a tomar notas de nuestra visita a Trieste. ¿Por qué Trieste? Porque está en ninguna parte, porque desde nuestra posición en el mundo está justo en el centro de Norte y Sur, de Oriente y Occidente. O sea porque en Trieste están todos los lugares de interés. Espero topar con Joyce y Svevo y pasear con ellos.

Agur Alberto, ikusi arte

alberto-lafuenteYa estarás en, o cerca de Guetaria, pero no voy a poder irte a dar un apretón de manos, así que me limitaré a recordar algunas anécdotas o simples rasgos de nuestra amistad en los tres primeros años de la Universidad Carlos III de cuya Comisión gestora fuimos miembros. Otros muchos de sus méritos están siendo ya glosados por otros amigos comunes. Ayer David de Ugarte se las arreglaba aquí para fundir sus méritos políticos (en el muy buen sentido de la palabra) con los académicos y los meramente personales. Y quizá hoy o mañana aparezca en el Heraldo de Aragón un obituario escrito por su gran amigo y colega Vicente Salas.

Yo compartía con él nuestra formación en distintas épocas (pues él era mucho más jóven que yo) en lo que llamábamos La Comercial de Deusto lo que me llevó a tratar de contar con él y Vicente en una primera intentona de poner al día esa que fue la primera business school en España. Nada salió de ese deseo de ponerse al día hasta hace muy pocos años cuando por fin la Deusto Business school se hizo realidad, pero aquel intento me hizo mantener el contacto con aquella persona que se interesaba por la Sociología, las Empresas, la Economía General y el Arte y que era un lector empedernido en todos esos campos.

Cuando fraguó nuestra amistad, sin embargo, fue bastante más tarde cuando en septiembre del 87 la citada Comisión Gestora comenzó su periplo. El no se andaba con tonterías y a los tres años decidió seguir otro camino, pero nunca perdimos el contacto y nos veíamos de manera bastante regular a fin de compartir nuestras experiencias y hablar de la evolución de todos nuestros intereses comunes. Durante años nosotros dos y otros dos miembros de la Comisión Gestora procurábamos vernos de manera regular para disfrutar de una buena comida a la que Alberto nunca prestaba demasiada atención, pues comía como un pajarito.

Durante esos tres años también nos centramos a veces en acontecimientos artísticos a menudo junto con Maike, su mujer y, pasara lo que pasara, yo procuraba aprovechar su ignorancia de la conducción para servirle de conductor desde Getafe hasta la correspondiente salida de la M-30 que nos acercaba al Parque de Berlín, donde él vivía, y desde donde yo no tardaba nada en llegar a mi propia casa.

Era en esos viajecitos que nos poníamos de acuerdo sobre nuetra gestión universitaria y, sobre todo, hablábamos de nuestras hijas, Nahia (la suya) e Itziar (la mía), ambos embobados de tal forma que ese sentimiento compartido ha estado siempre por debajo de nuestra simpatía y nuestra comprensión mutuas ya habláramos de industria, loterías, energía o cualquier pensamiento esotérico a cuya consideración nos llevaban nuestras lecturas.
Agur Alberto. Ikusi arte.

El curso en Santa Fe II

santa fe institute
Si quiero ser veraz debo decir que el contacto con Juan Larrondo que comencé en Santa Fe y que he continuado durante años me interesó sobre todo por esas cosas generales pero nada comunes de las que he escrito en el capítulo anterior. Pero creo que para cumplir con el editor de esta novela debo tratar de resumir aquí algunas de las ideas que Juan desarrolló en Santa Fe a partir de aquellas con las que llegó allí. Creo que, en este sentido debería comenzar por aquello de lo que partíamos todos los economistas que estábamos allí y que un día Juan fue obligado a resumir como premisa para comenzar a derribarlo. Mi misión es complicada pues esas ideas eran completamente ortodoxas y habían alcanzado ya una formalización que las hacen muy poco adecuadas para una novela por muy distinta que ésta pretenda ser.Pero me temo que no tengo más remedio que expresarme de una forma que parece casi pedante.

Me basaré en el resumen de Juan que he mencionado. Comenzaba de la siguiente manera.

La economía es un sistema, complejo o no, en el que se mueven los seres humanos desde el comienzo de los tiempos y la Teoría Económica o Economía con mayúscula es un intento de entender la asignación de recursos entre esos agentes, ya sea para el consumo ya sea para la producción, a partir de una caracterización de esos seres humanos, incluida la racionalidad instrumental, y de una institución que se llama mercado.

A continuación Juan se vio obligado en beneficio de los compañeros legos en Economía a describir el corazón de este intento intelectual: el Sistema de Equilibrio General. Otra vez me oculto debajo de lo que dijo literalmente Juan: en este modelo central hay

un número muy grande de agentes individuales, dotados de cantidades finitas de un gran número de bienes, que intercambian en el mercado determinando un precio para cada mercancía en cada fecha y en cada posible estado de la naturaleza hasta llegar a una situación en la que no hay otra asignación posible unánimemente preferida. Los estudios sistemáticos de este modelo central constituyen la médula de la microeconomía y aquí los economistas han generado resultados muy potentes y muy útiles para la organización de una sociedad en la que quizá no tengamos siempre todos los mercados abiertos, en la que surgen nuevas instituciones para poder trasladar poder de compra entre fechas o entre estados de la naturaleza que reducen el riesgo o para poder servirse de bienes públicos que nadie quiere contribuir a sufragar. En estos estudios se ha avanzado mucho en generar ideas respecto a la regulación o a la lucha contra los monopolios; se ha relajado la hipótesis de la racionalidad instrumental y se ha comenzado a elaborar lo que se llama Behavioral Economics en la que la que se estudian todos estos temas en un contexto en la que los agentes individuales se mueven por motivos e incentivos bien entendidos por los psicólogos y que conforman una racionalidad menos estereotipada en la que cabe el altruismo e incluso la racionalidad expresiva (en la que uno no solo compra bacalao porque le gusta sino porque eso le identifica como bilbaino); se han entendido mucho mejor los mercados financieros, incluidos los de derivados raros, se ha elucubrado sobre la posibilidad de emergencia de burbujas y se han estudiado los mecanismos de gobernanza de la empresas etc.

Muchas de las areas que citaba Juan en aquel año forman ya parte de lo que se entendería como complejidad; pero lo que le interesaba a Juan y para lo que había venido a Santa Fe tenía que ver con la macroeconomía. Tal como él decía

Este modelo central básico es sin embargo lo suficientemente ambiguo como para no poder ser utilizado sin más para estudiar ciertos problemas como el paro, la inflación, las balanzas de pagos o los tipos de cambio. Estos problemas exigen la agregación de las variables micro en variables que al no ser muy numerosas pueden ser manejadas con relativa facilidad y nos permiten esperar ser capaces de recomendar medidas de política económica entendibles, implementables y sobre las que se puede discutir sin tener que estar en punta de la investigación teórica.

Juan quiso ser un poco más explícito en beneficio del lector y añadió cual parecía ser la tarea del macroeconomista

Tomemos el modelo central, agreguemos todos los agentes en uno solo y todas las empresas en una sola -perdiendo la menos información posible- y dejemos correr el modelo a lo largo del tiempo, con unas gotitas de aleatoriedad, observando su comportamiento que puede generar ciclos en el empleo o la inflación, períodos largos de aburrimiento y extrañas reacciones por parte de un país frente al comportamiento de otros.

Y continúo por mi parte tratando de poner al lector en situación. La Economía, como toda ciencia más o menos dura, suspira por la unidad y no es de extrañar que se haya hecho un esfuerzo enorme por unificar el modelo central o básico microeconómico y el modelo macroeconómico con el que nos manejamos para lidiar con los problemas mencionados y tomar medidas adecuadas de Política Económica. Ahora bien, esta unificación puede realizarse de dos formas alternativas. O bien comenzamos por el modelo central acompañado de un cierto rozamiento que hace que no todos los mercados estén en equilibrio en todo momento, o bien iniciamos nuestro trabajo a partir del modelo central puro y duro en el que todos los mercados posibles están siempre en equilibrio. En el primer caso podríamos permitirnos introducir problemas de falta de información y de formación de expectativas sobre el valor de ciertas variables en un futuro hoy desconocido y, en consecuencia, el asunto del dinero fiduciario como un depósito de valor que nos permite trasladar poder de compra entre períodos de tiempo. Esto dio origen a la Macroeconomía del Desequilibrio aparentemente prometedora durante mediados de los sesenta pero que fue desvaneciéndose durante el inicio de los setenta. En el segundo caso no podemos permitirnos introducir mecanismo alguno de formación de expectativas pues toda la información disponible será usada y, en este modelo, toda ella está disponible. Es pues necesario, tal como nos avisó Lucas en 1970, que no quede información sistemática sin utilizar o, lo que es lo mismo, que las expectativas sean racionales. Como no hay manera de modelar la racionalidad de las expectativas de manera operativa en situaciones de desequilibrio, si estas expectativas han de ser racionales solo se pueden introducir en este segundo caso y por lo tanto nada se puede decir sobre la introducción del dinero. Sea como fuere este segundo caso da origen a la Macroeconomía del Equilibrio que se plasma en su modelo canónico, el «Dinamic Stochastic General Equilibrium (DSGE) model».

Juan nunca aceptó que este problema estaba solucionado y de ahí su interés por las posibilidades de la complejidad. A mi me toca tratar de llevar al ánimo del lector la firmeza de las convicciones de Juan. Como él decía por cual de las dos versiones de la unificación de la micro y la macro nos decantemos no es algo trivial. En efecto, un ejemplo un poco más técnico, pero que no puedo evitar, nos hace ver que esta diferenciación en la forma de unificar la Economía nos lo hará ver la necesidad de evitar la indeterminación. Pensemos en la llamada curva de Phillips que relaciona la tasa de inflación y la tasa de desempleo y cuya forma es crucial a efectos de la toma de medidas ante una situación, por ejemplo, de desempleo. Si en su representación habitual la curva tiene una pendiente negativa quiere decir que una relajación de política monetaria que incremente la inflación traerá consigo una disminución de la tasa de desempleo. Si esta curva es vertical no hay manera de reducir el desempleo mediante la generación de inflación. Pues bien, un partidario de la Macroeconomía del Desequilibrio usando su modelo con expectativas adaptativas -no racionales- pensará que la curva de Phillips puede llegar a tener incluso pendiente positiva y no solo vertical -una aportación de Juan- y se convertirá en un intervencionista sin reparo alguno. Análogamente un partidario de la Macroeconomía del Equilibrio con su modelo firmemente anclado en la racionalidad de las expectativas pensará que la curva de Phillips es vertical y se convertirá en un partidario de no intervenir.

No hay acuerdo general entre los economistas académicos. Los economistas de agua dulce -como se llama a los académicos de Chicago y Minnesotta- continúan con su paseo triunfal por el camino de la elaboración teórica como si éste nada tuviera que ver con la realidad mientras que los economistas de agua salada -los de Nueva Inglaterra digamos- insisten en su intervencionismo más basado en intuiciones prácticas que en el desarrollo de una Economía del Desequilibrio. A los primeros se les llamaría nuevos clásicos y a los segundos nuevos keynesianos y en el lenguaje popular se enfrentan el clasicismo y el keynesianismo.

La Economía ha seguido desarrolándose por estos dos caminos sin esfuerzo alguno por la unificación, todo un caso para quien se interesa por la complejidad en la forma de pensar, un caso que merecería ser examinado; pero lo que creo que es interesante para el lector en este momento es entender un poco esta forma malsana de desarrollo. La globalización nos ha llevado al intento de entender el comportamiento de grupos de países y, como además, cada país es un sistema complejo en sí mismo, nos encontramos con un artefacto cuyo funcionamiento querríamos conocer pero no sabemos con que herramienta, pues las existentes no parecen dar más de sí más allá de servir como factores que determinan el progreso en la carrera académica, algo que irritaba muy mucho a Juan. No es este el lugar de intentar una introducción a los sistemas complejos o a la unión entre distintos sistemas complejos. Baste ahora con leer una larga cita de Juan de Mercado (seudónimo de un cierto grupo de economistas envuelto en el esfuerzo de mantener Nada es Gratis, un blog que no existía cuando Juan escribía en Santa Fe), cita en la que afirma para empezar que «los sistemas económicos son complejos» y en la que continúa haciendo un dibujo impresionista de esos sistemas en los que

cada variable depende de los valores actuales y futuros de muchas otras, las cuales a su vez dependen de los valores actuales y futuros de las primeras. Es más, estas relaciones de dependencia son cambiantes en el tiempo, dado que las decisiones que toman los agentes económicos varían en función de sus expectativas sobre el comportamiento actual y futuro de otros agentes

Hay maneras conocidas de saber algo sobre estos sistemas pero las matemáticas adecuadas están tan lejos de la tradición de la Economía que no hay intentos generales de cambiar el paso y estudiar, por ejemplo, el sistema económico global como un sistema complejo único y someter su equilibrio a un examen de lo que ocurre cuando hay un shock externo significativo. Y respecto a preguntas menos ambiciosas como podría ser, digamos, la conveniencia de reducir la jornada laboral para aumentar el empleo, Juan de Mercado solo añade que

Es por ello por lo que la evaluación de medidas de política económica requiere el uso de modelos económicos (que, necesariamente, han de ser dinámicos, es decir, han de tener en cuenta el futuro, de equilibrio general, es decir, han de tener en cuenta la determinación conjunta de todas las variables, además de lógicamente coherentes, es decir, adecuados a la cuestión que se quiere analizar).

Pero la admisión de la conveniencia de entender el sistema económico como un sistema complejo no nos libra de la necesidad de modelar este sistema complejo con lo que volvemos a la interrogación básica de cómo hacerlo, si hacerlo como en equilibrio o como en desequilibrio, con lo cual hemos de continuar preguntándonos cómo aceptaremos un modelo complejo determinado frente a otro alternativo. Dejando de lado esta cuestión difícil recordemos alguna de las características de los sistemas complejos. Por un lado en general esperamos que la solución no sea única con lo cual no sabremos muy bien qué nos aconseja en materia de Política Económica, si, por ejemplo, reducir la jornada de trabajo o no hacerlo. Por otro lado, una manera muy natural de entender las soluciones dinámicas de un sistema complejo es como «path dependent» (dependientes del recorrido) de manera que a dónde llega nuestro sistema o a dónde le lleva la medida de Política Económica que estemos analizando depende de por donde empieza o de qué medidas consideramos que se introducen en cada momento.

Yo, como invitado a coescribir esta novela en lo que se refiere a este tema técnico, quiero ir terminando volviendo a lo ya hace bastantes años Juan y yo comentábamos. Pensábamos que esta dependencia del recorrido hace que el incentivo a meterse de lleno en el uso de modelos de sistemas complejos para entender el funcionamiento del sistema a través de su equilibrio dinámico, de mucha pereza. Entre otras cosas porque, si procediéramos así, cuando la solución no sea de nuestro agrado como gestores del sistema no quedaría más remedio que volver atrás y explorar otro cambio de política y volver a examinar su trayectoria ante ese cambio paramétrico. Da pereza pero no veo yo, ni veía Juan entonces otro remedio posible especialmente cuando caemos en la cuenta de que nuestro mismo pensar económico, en cuanto es el resultado del quehacer del sistema complejo formado por la actuación de aquellos que lo conforman, es también dependiente del recorrido y puede llegar a una situación final que, al no ser la mejor o la que esperábamos, exija volver atrás y tomar una de la bifurcaciones abandonadas.

Por lo tanto, insistía Juan, quizá tenemos que abandonar ese criterio que presuntamente utilizamos a efectos de seleccionar teorías, ese falsacionismo que nos permite mantenerlas mientras no hayan sido probadas falsas y nos obliga a abandonarlas cuando «idea» y «cosa» no coincidan. Lo que está ocurriendo, y eso le parecía grave a Juan, es que se mantienen aunque estén muy cerca de haber sido probadas falsas y ello por razones sociológicas relacionadas con el mantenimiento del poder académico de quienes practican esta rama del saber. Nos encontramos por lo tanto en una situación en la que quizá no podamos aspirar a poder decidir cual sea la buena manera de pensar. En estas condiciones no podemos aferrarnos al falsacionismo popperiano y deberíamos-pienso yo- admitir la diversidad en nuestras maneras de teorizar.

¿Qué queda entonces de la noción de verdad? creo que a Juan le gustará esta cita de William Egginton de la John Hopkins University:

La verdad es lo que se percibe al contrastar mentiras y desaparece cuando solo crees en una.