El Curso en Santa Fe

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Cuando el autor de esta novela se dirigió a mi para solicitarme que le hiciera el favor de relatarle alguno de los detalles que, sin duda, debía recordar de aquel curso que Juan pasó en el Instituto de Santa Fe, no lo dudé ni un segundo y me puse a escribirlas con cierto cuidado pues, aunque a alguien le pudieran parecer un tanto sosas, su influencia en en mi desarrollo vital fue importante en no pocos aspectos. Llegamos al mismo tiempo a New Mexico y enseguida comenzamos a vernos a menudo y a contarnos nuestras experiencias aunque él era bastante mayor que yo que venía directamente de la Universidad Javeriana de Bogotá después de haber alcanzado un título de Master en Teoría Económica y pensaba realizar el doctorado en solo tres años dada mi formación matemática. Juan, que ya era doctor por UCLA, se quedó solamente un año siguiendo su olfato que le arrastraba hacia ciertas novedades en el centro mismo de esa Teoría Económica que no acababa de convercerle en no pocos detalles de su modelo central. Cuando años más tarde tuve ocasión de pasar un año a mi vez en Madrid me di cuenta de algunas de las cosas que Santa Fe enseñó a Juan y que no tenían mucho que ver con aquellas técnicas de análisis que le habían llevado hasta allí, o eso decía él al menos, aunque nunca me resultó fácil distinguir en él sus fantasías de la realidad.

Tengo que comenzar esta narración, que espero encuentre su sitio en la novela que el editor dice preparar, declarando que no tardé ni un minuto en abandonar mis prejuicios ante alguien que venía de España y que no mostró ningún entusiasmo por la memoria histórica de la Conquista ni, en consecuencia, se acercaba a los monumentos históricos tan visitados por no pocos turistas estadounidenses sin ningún respeto reverencial ni deseo alguno de conocer detalles de aquellos conquistadores que, a pesar de su relativa irrelevancia, ocupan un lugar en la historia local de Nuevo Méjico y mantienen su nombre en los numerosos documentos a los que tienen acceso los turistas mínimamente ilustrados.

santa fe university artsAparte de cumplir con los deberes académicos que a él le llevaban relativamente poco tiempo a partir de su formación previa, lo que no dejó de asombrarle todos y cada uno de los días de aquel curso fue el color azul del cielo y la pureza del aire que se respiraba en aquella tierra tan alta. Me habló de las variantes de azul pretextando que a alguien de puerto de mar como era, según decía a menudo pero con poca y extraña convicción, el caso de Gijón, ese color removía algo interno que tenía mucho de inspirador. Y también reconocía, aunque menos a menudo, que el aire no era allá, a nivel del mar, tan puro como lo era en esta altura de las Montañas Rocosas. Llegó a decir un día allá al comienzo del curso que ese color y ese aire muy bien podrían constituir el contenido de la felicidad del cielo de los católicos y que pretendía en el futuro investigar un poco las diferencias en esa Conquista tan vergonzosa entre las dificultades que en un sitio u otro encontraron los recién llegados. Nunca supe si llevó a cabo esta tarea, aunqueo años más tarde volvimos a coincidir en la una nueva Universidad de Madrid. En aquella época Juan no era consciente de su hipertensión y los efectos de la altura los tomaba como parte de la felicidad celestial aunque algunos de los síntomas le debía haber llevado a tomar precauciones cardiológicas.

Es cierto que por razones que yo desconocía Juan sabía bastante de música y que utilizaba muchos de sus conceptos originarios como forma de entender la propia teoría económica y sobre todo la complejidad como formas musicales que le recordaban a compositores clásicos famosos. Pero lo que me pareció que era una novedad para él, la pintura, comenzó a cruzarse en su camino, sobre todo a partir de la obra de Georgia O’Keeffe de la que no puedes escaparte no solo en Santa Fe sino en todo Nuevo Méjico. A pesar de mi relativa juventud y el respeto que siempre manifiesto con los mayores me sentí obligado a llamarle a capítulo para que se dedicara a la Economía y a la teoría de la complejidad y no dedicara todo su tiempo a la pintura de Geogia O’Keeffe de la que quedó prendado.

nubes OKeeffeCuriosamente esta recién nacida afición a la pintura le puso en contacto con coleccionistas privados que poseían ranchos en los alrededores de Santa Fe y en ellos colgaban cuadros de esa pintora y que, aparentemente, estaban dispuestos a enseñárselos a cualquier aficionado en el que notaran algo más que mero coleccionismo o pura curiosidad. Acompañé a Juan a muchas de estas residencias y quedé asombrado de la existencia de una clase social que no encajaba con mis prejuicios sobre los EE.UU., asociados con la imagen fría y lluviosa del norte, y que en sus formas parecían encajar con la exquisita educación formal de Juan.

Esta gente acudían a esta tierra rara en cada ocasión que el calendario laboral se lo permitía y esa costumbre propició algunas amistads que Juan trabó con miembros des as failias. El me hablaba sobre todo de un economista algo mayor que él casado con una rica heredera propietria ya de un rancho con una buena colección de paisajes de O´Keeffe. Debió ser en conversación con esta pareja que de manera regular vivían en New York que Juan fue elaborando su manera de entender las diferencias entre la buena y la mala economía como formas alternativas de mezclar el sonido y la visión llegando a la conclusión que, al menos, deberíamos ser capaces de rechazar las alharacas que no nos abren los ojos.

No me encajaba la facilidad general que mostraba Juan con aquellas formas sofisticadas que con toda seguridad debía mostrar él para hacerse aceptar en aquellos círculos sociales que, por otro lado, seguro que colaboraban con el mantenimiento y engradecimiento intelectual del Instituto. Era sin duda la unión entre estas dos artes, además de su esmerada educación, la que hizo de Juan una figura imprescindible en la pequeña sociedad que, durante las vacaciones se organizaba entre los propietarios de todos esos ranchos de los alrededores. Nadie le hubiera considerado un capataz dado su aparente gusto por las clases pudientes.

okeeffe florCosa esta que me tenía descolocado. Debía haber otras razones para que Juan forzara su imagen de europeo rico que no fueron fáciles descubrir. De hecho tuve que esperar a mi año sabático en Madrid años más tarde para hacerme idea de la relativa fama de Juan en círculos muy restringidos por sus aportaciones a la reflexión metodológica en Economía basadas extrañamente en la apertura hacia cualquier idea como una vulva femenina a lo Corot lo está hacia el mundo. Las flores de Georgia O’Keeffe vinieron a mi cabeza inmediatamente. Pero no me permitiré a mí mismo que el lector de esta novela en la que intervengo a instancias de su editor saque la idea de que Juan no se preocuba por cuestiones técnicas.

Sentía una preocupación seria a la que dedicaré un capítulo aparte, pero de la que cabe hacer como un anuncio ahora. Fue quizá el primer día que nos conocimos cuando me habló de su viaje de Monterrey a Santa Fe. Me contó cómo, en la autorruta que une estados capitales, tuvo su primera visión de la complejidad al observar las largas filas de camiones que se forman como en paquetes y que nunca podríamos explicar a no ser teniendo en cuenta la diferencia de potencia que existe entre los motores de unos y otros, aunque no solo eso pues la variedad de paquetes solo se explicaría añadiendo la correspondiente dificultad de adelantamiento por la convivencia con turismos que se impacientan ante lo lento que resulta el adelantamiento de un camión por otro.

Había que tener en cuenta varias variables, no bastaba con una y tenerlas todas en cuenta a la vez no era tarea fácil. De ahí que el modelo central de la Ciencia económica parezca a veces tontamente simple. Y esta intuición se unió a sus viejas elucubraciones sobre las ventajas e inconvenientes que tienen los planteamientos entre equilibrio y desequilibrio que muchos años más tarde pudo explicar sin cortapisa ninguna y sin mucho éxito académico, pero que produjo en él un cierto desprecio por la ciencia en general.

Monterrey y Santa Fe

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Acompañar a la orquesta de Euskadi por Hispanoamérica después del desembarco en un punto del río Magdalena no fue difícil. Juan había dejado la Ciudad con bastante dinero en el bolsillo y acompañar a Machalen reducía mucho sus gastos pues muy a menudo, entre concierto y concierto, viajaban juntos con independencia de la orquesta y Machalen parecía no tener problemas de índole financiera o fingir no tenerlos y se encargaba de la mayoría de los gastos.

Durante el verano de la huída, nombre que durante muchos años designó esa época en el vocabulario de ellos dos, Juan Larrondo, tal como ahora se llamaba y nombre que comenzaba a aparecer en algunos de sus papeles elaborados aquí y allí con el apoyo de personas locales del mundo de la economía, consiguió sosegarse un poco, lo suficiente como para ir diseñando sus planes en conversaciones con Machalen.

Ya habían decidido que este idilio tristón duraría hasta Monterrey donde él visitaría a esos familiares de los que siempre le hablaba su madre, tantearía la posibilidad de ordenar sus finanzas, esa legítima que ella, su madre, había conseguido trasladar a esa gran ciudad mejicana y exploraría la posibilidad de enseñar en la universidad privada que era una especie de copia o réplica de aquella universidad privada de la que en su día había huido para irse a Salzburgo. A los pocos días era un ciudadano con doble nacionalidad que pasaría el próximo curso en esa universidad tan jesuítica como la suya de origen.

Todo salió de perlas, fue como si las circunstancias y la justicia poética se dieran la mano y en poco tiempo ellos, junto con la orquesta, se encontraban en Santa Fe, al otro lado de la frontera casi al pie del comienzo sur de las Montañas Rocosas a una altura sobre el nivel del mar a la que no es fácil acostumbrarse. Ahí acabaría la gira de la orquesta de Euskadi, en el contexto del festival de ópera de esa ciudad pequeña y llena de novedades intelectuales y en donde se separarán sin planes de futuro Machalen y Juan.

Monterrey creó a Juan Larrondo, un medio gringo con doctorado en Los Angeles y Santa Fe; lo perfiló a través de unos estudios que comenzaría dentro de un año en un instituto especializado en métodos de estudio de la complejidad y por donde pasan los economistas mejores y más ortodoxos a fin de poner un poco al día su técnica. En dos años volvería cerca de Machalen y podría recomenzar una vida que, al final, sobre se habría visto cortada solamente dos años.

Monterrey y Santa Fe serían a partir de ese momento futuro dos hitos básicos de su peripecia vital. La ciudad mejicana nunca dejaría de estar en el centro de sus finanzas poco ortodoxas y Santa Fe sería su carta de presentación en su futuro académico centrado en una nueva manera de mirar a los fenómenos de naturaleza económica.

A pesar de no estar lejos una de otra, Santa Fe era mucho más atractiva que Monterrey para Juan especialmente por el azul de su cielo y la luz que parecía dar vida cada día cuando amanecía esa altura que la aislaba del resto del mundo. Además, claro está, de la posibilidad de asociarse de alguna manera a ese intento de manejar la complejidad a efectos de dar respuesta satisfactoria a muchas cuestiones económicas que seguían sin ella adhiriéndose a las respuestas muy generales que estaban en el centro de la economía como ciencia social. Juan aprovechó uno de los cuatro días que estuvo apoyando a Machalen en el último y más difícil compromiso de la gira para preentarse ante el alma mater y diríamos fundador del instituto como un profesor de la universidad privada de Monterrey con doctorado en LA hacía ya unos cuantos años. No pretendía la gratuidad de su estancia, lo que hizo nacer un inicio de sonrisa en la cara del profesor Arthur. Un inicio que se convirtió en una amplia sonrisa cuando en el contexto de esa conversación inesperada Juan confesó que su interés en la economía estaba centrado justamente en su desaparición acabando con la escasez para lo cual, según él improvisó, era necesario ir más alla de la noción de equilibrio y pasar a modelos en los que, por ser de desequilibrio, ofrecerían multiplidad de soluciones varias, al tiempo que la forma de elegir entre ellas, cosa esta a la que él, Juan, quería aportar us ideas. El Profesor Arthur pareció convencido y le ofreció tomarse un café en la cafetería mientras continuaban con su conversación que pronto derivó a las condiciones de su próxima estancia dentro de un año.

Como prueba práctica de que la complejidad no es ajena al interés por el beneficio propio, sirvan los dos acuerdos a los que llegaron en la cafetería. Juan alquilaría una casa sencilla de la que el profesor Arthur se había mudado recientemente (a una pequeña mansión más cerca del campus si así se pudiera llamar a los escasos edificios recién construidos en esa ciudad tan antigua) y el profesor tendría una entrada gratis para el concierto de dentro de dos días.

No podía imaginar Juan todo lo que Santa Fe le daría una vez agotado su curso en Monterrey en donde las ideas o la investigación no iba ser su tarea principal. Debería más bien afianzar sus relaciones con su familia lejana y organizar sus finanzas de forma que, si algún día pudiera volver a un lugar más cercano a su lugar de nacimiento así como el de Machalen, no tuviera que ocuparse demasiado por sus ingresos ni depender de los de ella.

Su mente, sin embargo, iba estar ocupada durante los dos próximos años por su renacimiento como alguien con un C.V. falseado en buena parte y ocupado en cuerpo y alma por mejorarlo a lo largo de líneas novedosas. Todo debía comenzar por una despedida de Machalen que fuera indicativa de su genuino deseo de no abandonarle nunca ni dejarse abandonar por ella a pesar de todas las ocasiones de alejamiento y engaño fácil que ella iba a encontrar.

Todo ocurrió con normalidad y no poco entusiasmo por el éxito de la orquesta y su directora y por el savoir faire de Juan en cuestiones de amor.

Hiperrealismo

Al día siguiente del final de la huelga de empleados del museo de Bellas Artes de Bilbao se inauguró por fin la exposición temporal sobre escultura hiperrealista, una reacción curiosa al prevalente arte abstracto del aquel inicio de los años setenta. Este último ha triunfado y quizá por eso el contenido de esta exposición resulta curiosamente novedoso en todos los aspectos en que se ha dividido su contenido, desde la figuración perfecta hasta la escutura polícroma, etc.A pesar de que las vacaciones se notan en la ciudad, montones de extranjeros hacían cola para recrearse con hombres y mujeres tumbados o apoyados en cualquier pared y que reclamaban su atención ya fuera para ayudarles a levantarse o para echarles una mano al hombro y ofrecer ayuda.

Esa intención de verosimilitud no agota el realismo y entre las excepciones me permito resaltar las eculturas monocromas y, entre ellas, una de John Davies que juraría ya había pasado por el Bellas Artes y que incluso tiene algo de épico y una de cuyas cabecitas alegra y extraña en la escalera de nuestra vivienda de Madrid.

Hay otros grupos escultóricos, pero me limitaré a exponer el correspondientes a mujeres despatarrads que harían las delicias de un coleccionista de vulvas como el protagonista de El Síndrome del Capataz.

En cualquier caso no me demoré mucho en la contemplación de la exposición pues inmediatamente mi mente cayó prisionera de esa extraña relación entre realidad y verdad tan querida para los científicos, sean duros o blandos, y tan prevalente hoy en el mundo del pensamiento. Me marché atesorando la idea de que uno puede llegar a ser un descubridor de la verdad sin necesidad de ser realista. Este problema está abierto se diga lo que se diga desde la banda de empresarios o similares que solo abogan por la verdad si es realista.

Oteiza vs Chillida

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Acabo de leer en El País que la tensión entre el gobierno Vasco y la familia Chillida en lo que concierne a la explotación de Chillida Leku está a punto de aflojarse. Fundacion por un lado, explotacion por otro, son los elementos del arreglo.

Este areglo pone en juego una vez más, al menos en mi cabeza, la fisura básica en la apreciación de la cultura vasca. ¿Se trata esta cultura de algo único e indescifrable o es más bien un ejemplo datado más de lo que llamamos cultura? Hubo un tiempo en el que uno tenía que decantarse entre los dos popes de la escultura vasca, rama artístico-cultural ésta que es la más gráfica de la confrontación a la que me quiero referir. Nadie creyó nunca en un significado profundo del abrazo entre Oteiza y Chillida, dos escultores vascos paradigmáticos, el famoso abrazo de Zabalaga.

oteizaLa confrontación subyacente permanece y se manifiesta en diversos campos. Ayer tuve ocasión de charlar de esto en una agradable sobremesa, continuación de una estupenda comida, con personas que saben de arte plástico porque lo practican y con otras que, expertos en ciencias sociales han reflexionado sobre la idea de cultura.

Como en una cierta época de nuestra vida mi mujer y yo invertimos en arte vasco, sobre todo en pintura, somos conscientes de que las obras de la escuela vasca de pintura están, o estaban, infravaloradas en el mercado lo que evitó un excesivo dispendio por nuestra parte, pero nos llevó a interesarnos justamente en la cuestión de la identidad del arte vasco.

Podría ser dudoso que formaran parte de una genuina escuela vasca personas de nuestra edad que, buenos viajeros, con Chillida a la cabeza, habían asimilado ideas y formas de hacer de los artistas de aquellos países que habían visitado y estudiado con asiduidad y cuidado.Pero ¿no es cierto que debería bastar con que estos artistas autóctonos fueran capaces de integrar en su obra elementos de su tierra? La pregunta sobre si se puede ser genuinamente de un lugar y, sin embargo, pertener al arte universal, ha de tener una respuesta positiva; pero lo que trato de poner en juego es la pregunta alternativa, es decir si se puede ser universal justamente por no tener ninguna influencia fuera de la que uno capta de manera natural debido a su nacimiento y vida en un lugar determinado. La obra de Oteiza en la fundacion acoje al museo que lleva su nombre en Alzuza parecería ser una respuesta positiva a esta pregunta.

La idea del vacío sería, puesta en práctica en la escultura de Oteiza y teorizada, como un intento de explicar el alma vasca en Quosque Tandem la respuesta positiva esta última pregunta. Una idea con huellas en casi todos los campos culturales incluída la antropología del Rh- o de los monumentos prehistóricos estudiados por Aita Barandiarán o, desde luego, el propio euskera, sin origen definido y puesto al día y unificado por Koldo Michelena. Y, pienso yo, junto con muchos,una idea por debajo del radicalismo nacionalista.

caja metafísica oteizaDe ahí que una forma de suavizar ese radicalismo sea precisamente apelar a la idea bien enraizada de que toda cultura es hija de influencias varias por muy primitiva que parezca. Para muchos esta aparente evidencia es suficiente para adoptar posiciones antiindependentistas, pero esa táctica no parece sostenerse facilmente pues tiene que confrontarse con la idea del vacío y porque esta idea del vacío puede ser el origen o el destino de un pueblo o tribu que cree ver en ella justamente la única posible representación de la totalidad. Y esto ya es más serio pues esa representación es un problema intelectual nada fácil.

Estas ideas malamente expresadas aquí me parecen que corresponden en el ámbito de la cosmología a la teoría, hoy más bien una reliquia para los científicos, del estado estacionario en contraposición de la del Big Bang. Sin embargo aunque la evidencia observacional parece inclinarse hacia el big bang, las matemáticas casan mejor con el estado estacionario, tal como me decía Fred Hoyle y dejé reflejado aquí. En este último post además procuré hacer ver que el estado estacionario casaba mejor con mis ideas acerca del principio y el fin de la política. Por eso a nadie extrañará que, equivocado o no, yo apueste por el estado estacionario y por el vacío como única forma de totalidad y que me quede con Oteiza como mi hermano más cercano.

Tiqqun y Niza

niza desolacion
Niza está mucho más cerca que Dallas o el mismo París y la barbaridad del camionero, justo el día de la conmemoración de la liberación de la Bastilla, nos hiere mucho más que otras brutalidades similares cuya frecuencia empieza a acelerarse de manera evidente o eso nos parece a los simples lectores de periódicos.

eiilLa prensa generalista, los periodistas especialistas e incluso los intelectuales que escriben en esos periódicos generalistas atribuyen estos crímenes bien a cuestiones geopolíticas (como las relacionadas directa o indirectamente con el ISIS) a menudo trufadas de racismo o de matices religiosos, bien a cuestiones económicas herederas de la Gran Recesión y que han propiciado una desigualdad a menudo reforzada por el cruce de razas generado en buena parte por el fracaso de las políticas de integración que quizá hayan podido ser hasta bien intencionadas.

No es una locura pensar, ni produce sorpresa escuchar, que lo que está ocurriendo a nivel global es, a fin de cuentas, el fracaso de un capitalismo que ya no es lo que era, no acaba de ser otra cosa distinta y solo se las arregla para acallar el malestar generalizado que produce en el contexto de un mundo nuevo (indefinido tecnológicamente, globalizado e informatizado) mediante el uso de unos arreglitos parciales sin atreverse a mirar nunca al origen del malestar ni, por lo tanto, lanzarse a la generación de verdaderas posibles soluciones.

mayo 68 parisY leyendo estos días un librito reciente sobre Tiquun he recordado un malestar más profundo, posible origen de otros que en su día, fue bien caracterizado por intelectuales franceses que mi generación leía compulsivamente pues, aunque tienen nombre específicos y son bien conocidos y numerosos, no dejan de ser herederos de un existencialismo menos técnico pero que mi generación admiraba por su capacidad de reflejar un mundo cuyas oportunidades no encajaban con nuestras aspiraciones y deseos de librarnos de un destino que parecía ya decidido y no nos proporcionaba el sentido que buscábamos para nuestras vidas.

Este revoltijo de ideas explotó en el año 68 tanto en Francia como, de rebote, en el resto de Europa y en los EE.UU. de América de donde muchos sacamos esa idea nunca bien definida de ser fieles a nosotros mismos y no dejarnos aprisionar por aquello que el sistema propiciaba a fin de no solo subsistir sino también desarrollarse a pesar de no pocas crisis como la doble del petróleo u otras posteriores menos traumáticas.

indianosPero el deseo de ser uno mismo y no un juguete en manos de ese sistema que subsistiría mientras su discusión se centrara en la contraposición entre el capitalismo liberal y el comunismo marxista, seguía ahí insatisfecho y, al respecto, ni la caída del muro de Berlín ni el toque desregulatorio de la Dama de Hierro, aportaban ni un resquicio de esperanza. Quizá ésta renace con el cambio de siglo y aquel primer anuncio de la revolución de las puntocom. El sistema acabó rápidamente con la continua conversación sobre estas últimas, pero la influencia de las TIC ya no era fácil de ignorar y proporcionó una nueva oportunidad de eliminar la contradicción entre la fidelidad a uno mismo acompañada del rechazo al sistema por un lado y su sostenibilidad económica por otro.

El grupo cooperativo de Las Indias lleva años insistiendo en que las TIC permiten [[economía directa|dejar de pensar en términos de economías de escala]] y permite explorar las economías de [[alcance]] que en este nuevo mundo que nos llega pueden ser la clave para caminar hacia un nuevo sistema que permita conciliar la realización personal con un sistema económico que no genere tensiones sociales y permita el sotenimiento del crecimiento bien repartido.

manifiesto-comuneroY aquí entra lo que se podría llamar el comunitarismo futurista, heredero de las nunca extinguidas ideas ácratas y el mundo de la abundancia cuya lógica puede vislumbrarse aquí y que hasta ahora se había creído imposible. La gran tarea intelectual pendiente es el diseño de un mundo conformado por diferentes figuras e instituciones políticas que han de permitir la organización de la población en comunidades, también de distinto tipo, cuyas relaciones a lo ancho del mundo sean posibles y relativamente fáciles de organizar porque se habrá acabado con los enormes egoismos de las instituciones actuales.

Estamos lejos de poder llevar a cabo esa empresa intelectual, pero su mero planteamiento elimina un poco la rabia en la que muchos vivimos y nos confronta con una tarea intectual fascinante que, al menos a mi generación, nos proporciona un sentido de continuidad pues no es por casualidad que muchos no hayamos podido alcanzar del todo nuestra ambición de vivir en un mundo marcusiano (en el sentido antirrepresivo de Eros y Civilización) en el que ya se ha superado lo que él denunciara en su día como unidimensionalidad. Durante el último boom económico muchos pensamos que igual estábamos equivocados y que eso es lo que, en el fondo, habíamos deseado siempre, de manera que las protestas en forma de arrebatos asesinos no tenían ya sentido. Pero la Gran Recesión nos lleva a aquellos viejos sesentayochistas a actualizar el sentido de nuestros locos deseos y a aspirar a vivir nuestros últimos años en el camino al mundo de la fraternidad y la abundancia.

El lobo solitario no tiene porqué ser solitario y no ha de ser necesariamente solo lobo, los nacionalismos exacerbados no tienen necesidad de sangre pues sus aspiraciones pueden alcanzarse y continuar desarrollándose por influjo precisamente de muchos hermanos venidos de fuera. Y que todo esto se puede hacer consiguiendo la reconciliación personal con nosotros mismos es algo que espero nos mueva a muchos a repudiar la violencia porque hay una verdadera alternativa que no es una trampa más del sistema.

natY todo esto puede empezar a funcionar a partir del comunitarismo tal como muestra el Manifiesto Comunero. Un comunitarismo que no puede dejar de estar basado en la idea de comunidad, idea esta sobre la que Tiqqun y sus herederos dicen esto en este librito:

Una comuna nunca es algo dado, no es algo que está aquí, sino que es algo que sucede. La comuna no son dos personas que se reúnen, ni diez personas que compran una granja. Una comuna son dos personas que se reúnen para llegar a ser tres, para convertirse en cuatro, para convertirse en un millar. Para la comuna la única cuestión es su propia potencialidad, su constante devenir. Es una cuestión práctica: ¿convertirse en una máquina de guerra o colapsar en medio de un gueto? ¿Acabar solo o empezar a amar a los demás? La comuna no enuncia lo que organizamos sino cómo nos organizamos, lo que siempre es a la vez una cuestión material. Una comuna sólo es su propio devenir.

Hacia una nueva universidad

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Hoy, y de manera totalmente casual, he tenido dos conversaciones sobre la penosa situación actual de la universidad y sobre formas posibles de ponerla al día. No se puede hablar de esto sin estar al tanto de la precaria situación económica de la Universidad, precariedad ésta que no le permite ponerse al día y tomar posición en la discusión que, quieras que no, los periódicos reflejan acerca de la naturaleza de sus enseñanzas.

Para quienes están en posición de ayudar con sus patrocinios, la universidad y la investigación que se desarrolla en su seno deberían estar orientadas es a reducir sus costes, es decir los costes de esas presuntas empresas patrocinadoras. Y esto lleva hoy a poner atención a la complejidad, los llamados big data, la robótica y las nuevas tecnologías en general. Sin embargo, aparecen algunas voces que señalan la importancia de mezclar estos conocimientos con otros de carácter más humanístico no exclusivamente porque no solo de técnica vive el hombre, sino también porque los costes de las empresas en general se reducen también con la colaboración del pensamiento crítico, reflexivo y filosófico sabiamente mezclados.

Si volvemos por un instante a las formas de inteligencia de las que hablaba en el último minipost nos encontramos con las siguientes formas que Howard Gardner, profesor de psicología en Harvard, premio prícipe de Asturias distingue, según acabo de leerle a Xavier Sala i Martín: 1. La lógico-matemática; 2. La lingüística; 3. La musical; 4. La visual-espacial; 5. La corporal y cinestética; 6. La interpersonal; y, 7. La intrapersonal. No es difícil imaginar las razones por las que diferentes empresas querrían personal con ventaja comparativa en unas u otras dependiendo del sector en el que se desenvolvieran y del tamaño del negocio; pero no son capaces de expresarlo con claridad de forma que la universidad no sabe muy bien cómo mezclar unas con otras.

Una forma de hacerlo podría consistir en exigir en cada grado un cierto número de créditos que provinieran de otras especialidades tratando de mezclar formas de inteligencia de manera tal que algunos estudiantes cumplirían tomando algunos cursos especializados bien en teatro, bien en literatura, bien en música y en pintura u otras artes pues son estas artes, o mejor dicho, su poso, lo que las empresas requieren junto a los conocimientos específicos de una determinada profesión. Pero ¿cómo se hace esto?

No es fácil pues esto exigiría al menos dos cosas nada fáciles de conseguir. La primera es que estas posibles clases extras no estuvieran integradas en la estructura general de la universidad pues si lo estuvieran aparecerían inmediatamente los conflictos propios de cualquier departamento relacionados con la promoción o con lo que hay que hacer para conseguirla. Debieran pues formar parte de una institución aneja conformada por profesionales de esas artes cuya financiación debería de venir de infinitud de instituciones de naturaleza cultural que, a su vez, cuentan con financiación propia o pueden conseguirla. La segunda cosa que habría que conseguir es que los estudiantes, entre los que se encuentran los profesores de mañana, fueran conscientes del tipo de inteligencia que tienen y de la que se va a necesitar en la profesión que desearían ejercer. La escuela secundaria debería interesarse por los datos de sus estudiantes que quieren acceder a la universidad y las empresas por los tipos de inteligencia de la que les gustaría dotarse. Y ninguna de estas dos cosas son fáciles de conseguir pues escuelas y empresas piensan que es la universidad la que tiene que encargarse de estas tareas.

Y, sin embargo, esto tendrá que llegar y cuando llegue yo tendré una envidia cochina de quienes en ese momento formen parte del profesorado y no solo porque todo funcionará mejor sino sobre todo porque los mismos profesores podrán disfrutar de las posibles enseñanzas de esa nueva institución asociada. Yo me apuntaría inmediatamente a los cursos elementales de dramaturgia pues es para mí evidente que una parte fundamental de la docencia de hoy en día es justamente el saber montar el teatro que capte la atención de los estudiantes y que, cuando los profesores sean meros tutores de las enseñanzas recibidas a través de YouTube, o similares, deberán brillar por otros tipos de inteligencia como la intrapersonal o incluso la musical o la pictórica.

Espero seguir elaborando estas ideas.

Nuevas lecturas

Economía en coloresEl Empordà no me perdona ningún verano: piedras en la vejiga, infarto, etc. Este año, y aparte de un divieso en mi ombligo, el que ha sufrido es el ordenador que, después de dos días de impecable comportamiento, decidió, sin previo aviso, negarse a funcionar. Es esa la razón que explica la ausencia de posts estos últimos días. Mal que bien he conseguido hacer las paces con él ya de vuelta en Madrid y lo voy a utilizar para simplemente recomendar mis dos lecturas de 400 páginas cada una y que han sustituído a los posts.

La primera es Memorial del engaño, de J. Volpi,la aparente confesión bajo nombre falso de un pequeño Madof que más allá de utilizar el formato operístico para explicar la burbuja inmobiliaria y los derivados que sirvieron para sostenerla, describe toda una época de su familia en la que cabe también una bien contada descripción de la vida cotidiana de las gentes de NY dedicadas a estas cosas, muchas de ellas descendientes de miembros del partido comunista y espías para Rusia durante la guerra fría.

La segunda lectura tiene una naturaleza muy diferente. Se trata de Economía en Colores de Xavier Sala i Martín, que este economista de Columbia University escribió como guión de un programa de TV3 que consiguió con éxito llevar al prime time nociones básicas de economía en un lenguaje asequible para el gran público. Se trata de una lectura recomendable para personas interesadas en esta ciencia social, la economía, pero que no tienen formación específica en ella.

A efectos de imaginar eso que ahora todo el mundo quiere modificar, la educación, voy a listar las 8 formas de inteligencia que Howard Gardner profesor de psicología en Harvard distingue según Sala i Martín: 1. La lógico-matemática; 2. La lingüística; 3. La musica;. 4. La visual-espacial; 5. La corporal y cinestética; 6. La interpersonal; 7. La intrapersonal; 8. La natural.

Tendré tiempo de hablar de las ocho, pero de momento baste con darnos cuenta de que una clase cualquiera es una combinación más o menos aleatoria de gentes con distintas proporciones de estas inteligencias y que esto hace del problema de la enseñanza una de las tareas más arduas de cualquier sociedad.

Tres hitos

Cap CreusQuizá los hitos ocurren en verano o quizá es en esa estación cuando uno está más abierto a observar lo raro, lo único.

La noche de san Juan hubo luna llena, todo un acontecimiento que observado desde la terraza de mi casa madrileña me hizo sentirme totalmente solo en un mundo lleno de otros muchos solos. Es la distancia espacial que intuyes la noche más corta bajo la iluminación más potente la que proporciona esa sensación de pequeñez e irrelevancia. Todo un hito.

Y a los pocos días y por primera vez en todos los veranos que hemos pasado aquí, en Foixá, viajamos con toda la paciencia del mundo al Cap de Creus, esa punta oriental de la Península Ibérica desde la que uno tiene un horizonte de mar a su alrededor de unos 270 grados. El mar parece rodearte totalmente y las infinitas olitas blancas sobre un azul bilbao te llegan a asustar como si tú fueras el último ser sobre una tierra cada minuto más pequeña. Asomarte a la barandilla puede darte vértigo; pero es una sensación especial pues es un vértigo que te hace sentir como a un segundo del fin de toda la sordidez del mundo que dicen que queda detrás de ti hacia occidente. Es otro hito, el de el último aliento.

Y esta mañana conduzco solo desde Foixà hasta Bellaterra para asuntos profesionales en la UAB. El campus está desierto, los únicos seres humanos con los que te cruzas parecen turistas orientales y tienes que aporrear muchas puertas antes de que alguna se abra. Aun así en este páramo, en el que yo leí una de mis dos tesis doctorales, veo como se prepara la celebración de la lectura de una cierta tesis doctoral con muchos vasos de cava todavía vacíos. Dentro de unos días volveré para asistir a la lectura de otra y hoy no me atrevo a visitar a ese doctorando inmediato a pesar de mi respeto y mi amistad pues seguro que llora porque se encuentra solo en estos días previos a un hito importante en su vida y yo no le consolaría sino que solo empequeñecería la grandeza de este tercer hito mío que me hace sentir en un mundo de extraterrestres.

Foixà en Junio

foixa
Nunca habíamos llegado tan pronto pues casi nunca habíamos podido abandonar las obligaciones propias del fin de curso, cuando todo el mundo quiere dejar todo terminado para comenzar las vacaciones o, al menos, comenzar a pensar en ellas. Pero este año tenemos un gran fiestorro en Rupià y decidimos llegar unos días antes para captar el aire del Baix Empordà.

Pero cambiar las costumbres tiene su precio. Cierto es que los girasoles están en su mejor momento, aunque nunca culminé mi proyecto espartaquista, el colorido general puede competir con el de la cercana Provenza, nuestra casa es un remanso de paz en el que este año todo parece funcionar y el silencio general hace que el cántico de los pájaros suene diferente, como si fueran ellos los veraneantes y tú el nativo que trata de sacar provecho. Pero nos damos de bruces con dos disgustos esperemos que temporales. El más serio es que el gran restaurante Can Quel ha cerrado, temporalmente dicen en el cartel que han pegado a su puerta cerrada, pero para siempre según el chismorreo local. En ese cartel dejan un número de teléfono al que pienso llamar para solicitar explicaciones que acaben con mi desconsuelo. El otro disgusto es que el Ayuntamiento ha decidido reparar la carreterita que llega a nuestra casa y, en consecuencia nos vemos obligados o casi, a dejar el coche en el parking de la Iglesia. No tenemos ningún miedo a que alguien utilice esto para aprovecharse de la aparente disponibilidad del vehículo; pero lo que me mata a mí, y solo a mí, es que para iniciar el paseo mañanero he de comenzar cuesta arriba con una pendiente descomunal. Merecería la pena el esfuerzo si al final pudiera disfrutar de un chocolatito con churros, pero como Can Quel ya no está, no sé si me va interesar salir de casa para disfrutar de los girasoles.

Pero si me quedo encerrado podré disfrutar de algunos de los libros que he traído conmigo. De momento estoy con el ya pasado pero misterioso libro, Memorial del engaño, del desconocido J. Volpi, del que ya les contaré cosas cualquiera de estos días.