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O Zarra o Arteche

cruyffMe cambié el número por él. Me desprendí del 9 y pasé al 7. La mitad que el de Cruyyf (q.e.p.d.). En mi imaginario pasé de Zarra a Arteche (q.e.p.d.) en un tiempo en el que mis neuronas se sofisticaban y pasaban a apreciar sobre todo la finura del diseño de la jugada: correr la banda y regatear hasta el primer palo de la portería enemiga.

Nada de explosiones ni saltos, solamente la perpetua sonrisa que mostraba el disfrute de ganar bellamente y no solo ganar. Como Cruyyf podía bajar y manejar el centro. Era bueno en matemáticas pero podía también memorizar poesía, escribir ensayo o ficción o incluso distinguir un resto geológico.

Y desde entonces puedo o bien acabar obien coquetear con las dificultades que la vida nos pone delante de nuestros ojos y de nuestro corazón. Pero siempre sonriendo pues, si bien me encanta vencer en lo que sea, tanto más me emociona enfrentar algo en cuyas entretelas puedo convertirme en conocedor.

Esto es todo lo que he sido capaz de pensar en estas vacaciones en esa tierra a la que refería al comenzarlas.

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