O Zarra o Arteche

cruyffMe cambié el número por él. Me desprendí del 9 y pasé al 7. La mitad que el de Cruyyf (q.e.p.d.). En mi imaginario pasé de Zarra a Arteche (q.e.p.d.) en un tiempo en el que mis neuronas se sofisticaban y pasaban a apreciar sobre todo la finura del diseño de la jugada: correr la banda y regatear hasta el primer palo de la portería enemiga.

Nada de explosiones ni saltos, solamente la perpetua sonrisa que mostraba el disfrute de ganar bellamente y no solo ganar. Como Cruyyf podía bajar y manejar el centro. Era bueno en matemáticas pero podía también memorizar poesía, escribir ensayo o ficción o incluso distinguir un resto geológico.

Y desde entonces puedo o bien acabar obien coquetear con las dificultades que la vida nos pone delante de nuestros ojos y de nuestro corazón. Pero siempre sonriendo pues, si bien me encanta vencer en lo que sea, tanto más me emociona enfrentar algo en cuyas entretelas puedo convertirme en conocedor.

Esto es todo lo que he sido capaz de pensar en estas vacaciones en esa tierra a la que refería al comenzarlas.

Hace 100 años

mas de torrent
Quedé enamorado de esta región, mezcla de la Provenza y la Toscana. O sea que llevamos por aquí unos veinte años ya que dos amigos,marido y mujer, hoy ya recien cumplidos los setenta, conmemoraron sus respectivos 50 años de edad y celebraron su centeneario, ocasión esta en la que vinimos por primera vez al Mas de Torrent, en donde cenamos ayer. Creo que, desde hace esos veinte años aquí, en el Baix Empordà hemos pasado cada verano y casi todas las semanas santas.Aquí inicié y di los últimos toques a El Síndrome del Capataz, esa novela que se presento el 10 de marzo.

Hoy no se me ocurre nada para este blog que no sea una especie de colección de ideas que no han merecido su transformación en posts. Hoy, que esto de los posts y sus blogs están perdiendo exposición pública a favor de otras formas menos difíciles, creo que merecería la pena romper una lanza en su favor. En mi caso listando algunas anotaciones que no he sido capaz de elaborar esta última temporada en la que he estado tratando de prepararme para la segunda evaluación del curso básico de euskera al tiempo que ideaba una presentación del Síndrome que resultara aceptable.

Por cierto, en cuanto esté en mi poder prometo colgar aquí o en donde sea el brillantísimo análisis literario que realizó María Lozano y que creo encandiló a la audiencia además de ponerme un poco colorado. En un principio tuve celos pues no podía aspirar a competir en brillantez con ella una vez me llegara el turno a mí. Pero a medida que ella continuaba, tanto [[María Rodríguez]], la editora-presidenta de El arte de las Cosas, como yo, el autor de «el Síndrome», íbamos siendo absorbidos por la brillantez de la Lozano.

juan abcCon relación a esto he descubierto que el ABC de hoy publica una entrevista que me hicieron hace tres días y que agradezco pues refleja muy bien mis respuestas a las preguntas de Pablo Pazos. Pero lo interesante es, seguramente, que soy incapaz de disfrutar de este éxito y que la mente se me va hacia otras noticias o ideas que hace dos semanas se me escapan entre los dedos.

Pienso en efecto que debería escribir algo de Lloyd Shappley, pero se me va el santo al cielo en parte porque el cielo de hoy aquí es maravilloso y en parte porque creo que ya escribí lo que pensaba sobre él con ocasión de su Premio Nobel aunque no encuentro ese post. Y, en cualquier caso, es mejor que lean lo que escribe Jordi Masó en NeG.

Y en todo caso debería haberme hecho eco de muchas de las noticias seleccionados en El Correo de las Indias como lecturas recomendadas para comenzar cada día. Por ejemplo de este resumen que nos ofrececían el otro día en relación al establecimiento de de objetivos, un resumen que deja bastante claro la ambivalencia de esta manera de conducir la vida.

Goal setting is one of the most replicated and influential paradigms in the management literature. Hundreds of studies conducted in numerous countries and contexts have consistently demonstrated that setting specific, challenging goals can powerfully drive behavior and boost performance. Advocates of goal setting have had a substantial impact on research, management education, and management practice. In this article, we argue that the beneficial effects of goal setting have been overstated and that systematic harm caused by goal setting has been largely ignored. We identify specific side effects associated with goal setting, including a narrow focus that neglects non-goal areas, a rise in unethical behavior, distorted risk preferences, corrosion of organizational culture, and reduced intrinsic motivation. Rather than dispensing goal setting as a benign, over-the-counter treatment for motivation, managers and scholars need to conceptualize goal setting as a prescription-strength medication that requires careful dosing, consideration of harmful side effects, and close supervision. We offer a warning label to accompany the practice of setting goals.

Y podría seguir enumerando ideas perdidas; pero creo que es mejor que celebre este vigésimo aniversario del centésimo aniversario de mis amigos locales poniéndome al día de algunas lecturas en la línea que está tomando El Correo de las Indias y que pueden allanarme la continuación de aquel Capitalismo que Viene que no iba tan descaminado.

Peripatetismo Paget

pagetHace ya días trataba de consolarme de mis diversos fallos de persona de edad fingiendo una ironía de sabio que no hacía sino ocultar mis temores de viejo. Como los mareos que me preocupaban desaparecían durante mis largos paseos con la mochila al hombro, me imaginé como un filósofo peripatético de la era digital que no necesita no ya papel y lápiz sino ni siquiera audiencia pues se puede escuchar en la red y dictar los pensamientos propios al ordenador de uno.

Pero a estas edades nada se cura sin el empuje de un desarreglo adicional. Los mareíllos han desaparecido, pero me he hecho con un nuevo mal identificado al principio pero ahora amenazador. Llevaba ya tiempo con un cierto dolorcillo de lo que creí era mi cadera izquierda y decidí consultar con el médico de familia en una de mis visitas rutinarias. Me envió al radiólogo y acabo de descubrir que un huesito, que no es de la cadera, muestra signos de la enfermedad de Paget.

He recordado que hace ya unos 20 años un médico de la Clínica Universitaria de Pamplona creyó detectarla en mí y me metió el miedo en el cuerpo recomendándome el acudir a un especialista, cosa que hice inmediatamente. Después de un examen cuidadoso este especialista descartó que se tratara de semejante tara y seguí viviendo sin ese miedo a añadir a otros que ya se han ido manifestando. Hasta esta semana pasada. Lo curioso del caso es que ante el paso del tiempo parecería que la enfermedad detectada por este médico inglés del siglo XIX ya no parece tan seria como la me presentaron en su día. ¿O quizá es tan seria que no me quieren hablar de ella?

No pienso investigar esta posible gravedad y me voy a limitar a tomar una pastillita más al día, algo que solo sirve para mitigar cualquier dolor y que, de momento, solo consigue trastornarme el aparato digestivo. Así que me he puesto a reflexionar sobre el impacto posible de esta enfermedad sobre un filósofo peripatético como ése en el que yo me puedo convertir. Creo sinceramente que solo va a tener ventajas respecto a la difusión de mis ideas pues ya no solo podrán llegar a todas partes a través de las novedades digitales, sino que que además podré recuperar discípulos anónimos que se acercarán a este anciano ya cojo para ese momento y que muy posiblemente se mueva en sillita de ruedas.

Este atractivo final no tendrá nada que ver con la belleza o la sabiduría sino con la deformidad pues el Paget puede convertirme en un enano cabezón y totalmente zambo que, cuando se levanta de la sillita de ruedas consigue formar un corro a su alrededor que comienza riendo y acaba retirándose poco a poco con la cabeza gacha. Por fin habré alcanzado la cima de mis aspiraciones: llegar a ser un bufón.