Un día de cine

charlot
Ayer me vi a mí mismo como he visto mil veces a Charlot en cualquiera de sus películas en las que parece ir corriendo de aquí para allá un tanto enfadado pero tratando de exhibir ante sí mismo una sonrisa complaciente.

Tenía que acudir a la UAB, situada en Bellaterra (Barcelona) para asistir a la reunión del Patronato de MOVE para lo que, la noche anterior solicité a teletaxi que me enviaran un coche a mi casa a las 7.45 de la mañana del día siguiente para trasladarme con tranquilidad a Atocha y coger un AVE directo a Barcelona.

Procuré acostarme un poco antes de lo habitual, lo que no me fue muy costoso dada la pobre calidad de los programas de televisión, y puse el despertador del teléfono movil a la hora pertinente. En estas ocasiones siempre duermo mal pensando que igual no suena el despertador. Me desperté antes de tiempo y después de constatar que todavía tenía un par de horas para seguir durmiendo antes de que sonara la alarma caí en un sueño profundo del que fui despertado por la insistencia del timbre de entrada a la casa.

Naturalmente era el taxista avisando que ya había llegado. Si quería no perder el tren, lo que hubiera equivalido a no poder cumplir con mi deber de acudir a la reunión a la que había prometido asistir, tenía que darme una prisa loca equivalente a no asearme, no afeitarme y a salir de casa con la ropa en la mano apenas cubierto por una camisa sucia y unos pantalones sin abrochar convenientemente. No pude menos que reir cuando me vi a mí mismo vistiéndome en el taxi. Para cuando llegamos a Atocha todavía estaba atándome los cordones de los zapatos; pero lo conseguí: ocupé mi sitio justo un minuto antes de que el tren de alta velocidad se pusiera lentamente el marcha.

Para cuando me tranquilicé mi cabeza fue asentándose y las consecuancias de mi despiste se me fueron apareciendo con nitidez. La mochila, en la que la noche anterior había tenido la precaución de almacenar los papeles necesarios para la reunión, se había quedado en casa junto con otros variados y numerosos documentos y lecturas pendientes. No solo no podía preparar la reunión sino tampoco aprovechar el tiempo leyendo estos otros papeles, entre los que estaba un borrador de un trabajo propio de hace unos años que había encontrado entre los papeles desordenados de mi despacho. Se trataba de A la Individuación por la Pertenencia que fue publicado en la revista mejicana de filosofía de la ciencia Energeia. Así que fueron tres horas largas de charlotadas yendo y viniendo del asiento al coche bar, desayunando dos veces, saludando al baño de vez en cuando y leyendo tres periódicos que no se cómo encontré o, mejor dicho, robé.

Lo curioso es que con los pantalones a lo Charlot, pues no me había dado tiempo a salir de casa con el cinturón, al menos en la mano, mis paseos por el tren solo se diferenciaban de los de Charlot en que no uso bastón todavía. Pero lo realmente inusitado es que, como a menudo le ocurría al personaje del genial Chaplin al que las buenas ideas le venían a la cabeza justo en esos momentos en los que se deja llevar por los engranajes de una máquina o se come educadamente una suela de zapato a mí, ayer por la mañana, se me abrió la cabeza y no solo preparé con cierta brillantez mi intervención en el Patronato de MOVE, sino que de repente me vino a la cabeza algo que supuse, y he confirmado hoy, debería de haber estado en el artículo cuyo borrador introduje la noche anterior en esa mochila que ayer, con las prisas, olvidé en casa.

Se trata, acabo de confirmar, de una versión elaborada de esa idea que a veces llamo el «elogio de la traición» y que, además de desesperar a muchos amigos y a los indianos en particular, estaba buscando inconscientemente hace días para dar fundamento y lustre al artículo que estoy escribiendo para el libro de homenaje a un amigo. Naturamente no voy a entrar ahora y aquí en el contenido y en la fundamentación de esa manera de llegar a alcanzar una personalidad genuina. Lo que me interesa destacar es que todo esto volvió a mi cabeza cuando ésta, gracias al fallo del despertador, funcionaba libremente sin apoyatura ninguna, un poco a lo Charlot. Constaté que el origen de las ideas válidas está en la autoconcesión de tiempo libre insospechado más allá del cumplimiento de las obligaciones que nos exige la convivencia.

Aprendizaje vs. enseñanza

el sueño balthus
Han sido solo unas escasas 48 horas, pero ha merecido la pena. Se pueden encontrar vuelos relativamente baratos y pequeñas residencias hoteleras muy céntricas y apañadas. Y, en cualquier caso, merece la pena si el objetivo es contemplar dos buenas exposiciones de Balthus en Roma. Una en la Scuderia del Quirinale y la otra en la Academia Francesa sita en Villa Medicis. Eso es lo que hicimos con unos amigos interesados en pintura y concretamente en este pintor que, aparte de su idiosincrasia temática, entre la pedofilia y lo angelical, vivió una época marcada por aquellos intelectuales y artistas franceses que tanto admiramos los de mi generación como, por ejemplo, Picasso en pintura, Camus en filosofía o literatura o Artaud en teatro y cine, por no mencionar a su hermano escritor y filósofo Pierre Klosowski. Por cierto que sobre la madre de los hermanos Klosowski y amante de Rilke ya escribí hace años en este blog. Pero volvamos al camino.

La vuelta es siempre dura pues cambias de mundo en un par de horas y la cabeza y el alma cada día están menos ágiles y ya prácticamente incapaces de cambiar y adaptarse instantáneamente. Pero para eso algunos tenemos la suerte de ser adictos al Correo de las Indias que no solo nos prepara cada día unas noticias seleccionadas desde primera hora de la mañana, sino que además cuenta con «indianos» que elaboran unos posts impecáblemente informados y bellamente escritos que, a menudo alrededor de un tema específico, nos hacen volver a una realidad que muchos compartimos y sobre la cual pensamos que deberíamos aportar algo.

Me encuentro nada más llegar con dos posts muy importantes, uno de [[Natalia Fernández]] y otro de [[David de Ugarte]] que aunque aparentemente no tienen nada que ver están relacionados entre sí. Aunque ya hoy otro post que ha aparecido escrito por [[María Rodríguez]], me voy a limitar en este post a comentar los dos primeros.

Un mundo sin rentas, una «good life» comunitaria

Si entran ustedes en el blog mencionado encontrarán que David nos presenta con admiración la película The Big Short basada, claro está, en el ensayo del mismo nombre de Michael Lewis que tanta claridad aportó para llegar a entender los problemas financieros en el origen de la crisis que por este origen se denominó financiera. Han pasado años pero, según David, esas ideas no han perdido actualidad y ahora resultan ser interesantes para distinguir entre ingresos normales y las «rentas» que se generan cuando esos ingresos no provienen de una actividad productiva diríamos que legítima sino de alguna forma de [[escasez|falsa escasez]] producida a propósito o, lo que es equivalente, a través de un engaño que, en este caso, aseguraba estar ante activos financieros seguros cuando en realidad habían sido elaborados a partir de activos malos, un engaño apoyado por firmas de calificación semi-ignorantes y semi-timadoras. Y entender bien lo que significa una «renta» nos lleva a comprender [[disipacion de rentas|lo bueno que sería un mundo sin esas «rentas»]] algo que se podría ir alcanzando si tratamos de convertir el mundo en el que vivimos en un sistema económico que propicia la vida buena ( good life que no parece conveniente denominar «buena vida»), la producción realmente necesaria, la propiedad comunal y el reparto según necesidades y que, como Natalia explica en su correspondiente post exploratorio de comunitarismo americano de finales del siglo XIX, no es incompatible con el gusto por las cosas bellas o por el arte en general o por la sabiduría, algo esto último que va más allá del conocimiento que puede adquirirse en las escuelas también comunitarias.

Estudiar vs aprender

Y este último comentario me lleva a un asunto también relacionado, ese que genéricamente denominamos Educación. La distinción entre aprender y enseñar es ya una idea clásica en «las Indias» y viene de lejos, de cuando David sugería comunicar a los estudiantes que dejaran de estudiar y comenzaran a aprender. Natalia en su post es fiel a esta idea y, curiosamente, topo casi al mismo tiempo que termino de leer su post, con una entrevista en El Confidencial con David Roberts, el Presidente de la Singularity University, la Universidad de Silicon Valley.

Un curriculum para un nuevo mundo

el gato mediterraneo balthusEn esa entrevista se puede otear como por una rendija un futuro al que nos llevan las nuevas tecnologías entendidas en toda su amplitud y que se tratarían de todas las novedades a las que se está llegando y cuyo futuro se vislumbra a partir de la idea de que casi todo puede ser convertido en un conocimiento cifrado informáticamente. En estas condiciones puede uno jugar a futurólogo tal como hace Mr.Roberts, pero no hace falta esa exhibición de ideas, basta con entender que en esas condiciones los costes fijos son muy pequeños y, por lo tanto, las economías de escala no juegan un papel crucial en el crecimiento de un sistema económico. Más importantes son las economías de [[alcance]] que se derivan de la capacidad de diferenciar mucho las aplicaciones del conocimiento a diversos campos convirtiendo así a los miembros de una comunidad en [[pluriespecialismo|pluriespecialistas]], algo que ayuda disfrutar de una vida buena, digna y hasta divertida.

Las ideas comienzan a converger y así se va formando todo un posible curriculum que se me antoja más rico que el de la Singularity University aunque solo sea porque no se pretende disminuir los costes de las empresas en general, sino encontrar esa manera de pensar y de vivir que asociamos a la sabiduría como estado superior del conocimiento y que creemos poder asociar a la forma de vivir del comunitarismo.

Ahora caigo en que en Balthus hay mucha de esa sabiduría que sabe entender lo angelical de las actitudes de niñas adolescentes aunque a veces parezcan contener dosis de pederastia. En «las Indias» a veces parecería haber una dosis de ingenuidad pero no hace falta escarbar mucho para captar que se trata de sabiduría que no se deja atrapar por los lugares comunes en los que la ingenuidad parece tonta y solo se aprecia la [[escasez]] sin lograr vislumbrar la inteligencia de la [[abundancia]].

Gramsci, Fontana y Ramoneda


Dos detalles de la actualidad reciente han propiciado en mí una vuelta al pasado, a aquellos tiempos en los que el nacionalismo (vasco) se me representó por primera vez como algo de interés intelectual y, por ende, pensé yo, de relevancia bien práctica. El primero de estos dos detalles ha sido sin duda la retirada de Artur Mas de la carrera por la presidencia de la Generalitat y la elección de Puigdemont como nuevo President gracias al acuerdo de última hora alcanzado entre Junts pel Sí y la CUP. El segundo de estos detalles, no comparable con el primero en cuanto su importancia, es la tranquila discusión entre amigos que se dedican a la gestión patrimonial y se encuentran nerviosos estos días respecto al futuro de España como destino financiero dependiendo del gobierno que se forme finalmente a la luz de lo ocurrido en Cataluña.

Lo que se me plantea es la interrelación entre la ideología socioeconómica y la ideología o sentimiento nacionalista. Este problema conformó en parte mi despertar al nacionalismo como resultado de aquella visista de Josep Fontana a la facultad de Económicas de Sarriko, todavía dependiente de la Universidad de Valladolid. Ocurrió a mediados de los años sesenta del siglo pasado y en su conferencia Fontana explicó, escandalosamente para muchos,que había dos vectores estructuradores del espacio político. El vector sociopolítico que separa las derechas de las izquierdas y el vector nacional que separa a los nacionalistas con estado de los independentistas o nacionalistas sin estado. Posiblemente se expresó con la terminología bélica que todavía privaba en España y diferenciaba a los nacionales de los nacionalistas; es decir los soberanistas con estado propio a partir de su victoria en la guerra civil y aquellos otros que no lo tenían a causa de su derrota. Me parece que después de muchos años estamos verificando la idea de Fontana y asistiendo a un acuerdo entre la derecha independentista y los independentistas de izquierdas. Un claro ejemplo de lo que para Fontana era la política.

Y esto deviene importante en un escenario que nada tiene que ver con aquella época. Las negociaciones posteriores a las elecciones generales del 20 de diciembre del año pasado ponen en juego los dos vectores de los que hablaba Fontana. La gente de derechas prefiere el llamdo gran pacto y ello por razones de seguridad económica disfrazadas de las relativas al orden público y a la no violencia mientras que la gente de izquierdas prefiere el pacto progresista por razones de igualdad disfrazadas de nacionalismo patriótico.

Pero de todo esto ya había hablado Gramsci especialmente cuando desarrolló de manera original su idea de hegemonía cultural, es decir esa teoría según la cual los ciudadanos procuran convertir su ideología en la fuente de donde derivan las únicas ideas de circulación permitida convirtiendo cualquier otra en un vehículo prohibido que no consigue sino aparecer como algo inútil y extravagante cuando no como un delito. Lo que está en juego, en la lucha de clases o en la confrontación entre cualquier conjunto de grupos enfrentados, es quien manda aquí o lo que es lo mismo quien controla el Estado y la violencia que éste detenta en monopolio.

Y es justo aquí aquí donde dos días antes del nobramiento del nuevo President entra el bisturí intelectual de Josep Ramoneda, mi columnista preferido en esta columna de El País.

En un primer párrafo nos hace ver con toda claridad la contradicción entre el nacionalismo español que no consigue, a pesar de controlar el Estado, una homogeneidad cultural hegemónica y el nacionalismo catalán que parecería haber alcanzado esto último para horror de quienes son conscientes de falta de hogeneidad cultural de España por mucho que se hable a voz en grito de nuestros valores propios incluso por parte del Rey. Esto es lo que dice Ramoneda:

Éste es el punto que me desconcierta siempre del discurso crítico con el soberanismo catalán: lo que se presenta como algo ominoso en Cataluña, es lo mismo que parece normal si se trata de España: la hegemonía ideológica del nacionalismo

Ramoneda no se recata, en el segundo párrafo, en criticar al nacionalismo catalán o poner en duda su pretendida hegemonía; pero lo que más me ha interesado es un detalle del tercer párrafo de su columna. Dice

Fenómenos como el renacimiento del independentismo catalán no son ajenos a la lógica de la globalización, no sólo porque las redes sociales lo primero que refuerzan son las relaciones más próximas, sino porque frente a la entelequia de la comunidad global, es en el ámbito más local dónde, para bien y para mal, aparecen nuevas vías de creación de espacios comunitarios

Y no se recata en sacar la consecuencia obvia de de esta idea:

Si el nacionalismo sin Estado es pernicioso y el nacionalismo con Estado es un marco natural de convivencia, ¿no será el Estado propio la mejor forma de acabar con el nacionalismo malo? La doble vara de medir de cierta crítica del nacionalismo, en el fondo, es un argumento a favor de la independencia.

Y ahora me gustaría terminar saliéndome por la tangente diciendo que el dilema de un nacionalista de hoy es ejercer su deseo de hegemonía cultural basándose en razones tradicionales como etnia, lenguaje etc. o convertirse en un crítico de la cultura en cuanto arma para adquirir el poder. Toda la palabrería que nos ensordece sobre ley, democracia, Estado, etc. no es sino una manera de inclinarse por una solución de este dilema sin hacer un esfuerzo por reconocerlo.

Sí, París de nuevo aunque…

el asesinoParís nos pareció más soso que otros años; pero nos estimuló bastante en diversos sentidos. Al volver a Madrid uno se da cuenta que estas dos ciudades nada tienen que ver la una con la otra, ni geográficamente, ni urbanísticamente, ni arquitectónicamente. París es mucho más cosmopolita a pesar de que Francia atraviesa un momento de nacionalismo republicano estrecho. Pero aun así se puede decir sin exagerar que ha atravesado peores momentos. Es cierto que los periódicos han perdido peso intelectual, pero todavía comunican más que los españoles, lo mismo que ocurre con la televisión.

Es muy posible,sin embargo, que esta sensación se deba a que esos días los medios estaban tomados por el aniversario del crimen del Charly Hebdo al que dedicaban todo su espacio a pesar de que la matanza del Bataclán había sido, no solo más reciente, sino sobre todo mucho más cruenta.

Pero hay algo más, posiblemente de corte económico, que hace que París este año nuevo pareciera otra ciudad.Los taxistas parecen hasta amables, las propinas ya no tienen que ser desmesuradas para librarte de la mala cara del camarero, han cerrado librerías míticas y los actos culturales son menos atractivos, y supongo que más baratos, que otros años. Sin embargo siempre hay algo que ver que parecería único. En esta ocasión ha sido la exposición de Anselm Kiefer en el Pompidou la que nos proporcionó un subidón de los que se agradecen. Conocíamos su trabajo, sobre todo por las enormes telas que el Guggenheim de Bilbao cuenta entre sus pocas obras propias. En este punto, y aunque este Kiefer merece una reflexión más pausada sobre lo que añade a la combinación nunca bien resuelta entre la imagen y la palabra, solo quiero protestar aquí por las muchas ocasiones en las que en Bilbao descuelgan sus obras para acomodar exposiciones temporales. Pero lo demás tendrá que esperar a otro día pues hoy solo quiero añadir unas palabras para simplemente hacerme perdonar el abandono de este blog durante unos días.

Llama la atención la fe que parecen tener los franceses en sus valores como dice Holland y como si éstos fueran realmente universales o imposibles de contradecir. Y así se entretienen los periodistas aliados con los filósofos mundanos y los políticos afirmando que han sido mancillados lo que sería una afrenta a la humanidad ya que Francia sería su mejor representante. Pero esto debe estar en el aire pues nada más volver me encuentro que Felie VI imita al presidente francés y su discurso del día de la Pascua Militar tiene la misma estructura. De esto, de los valores y su utilización más o menos torticera también habrá que escribir, pero se acumulan los temas serios más allá de la crisis de la Bolsa china. Los cambios de Arabia Saudí en su política regional e interna también merecen reflexión asociada a la comprensión de las diferencias entre chiiés y sunníes. Pero lo realmente sorprendente es el pobre tratamiento mediático que ha merecido el escándalo de la Nochevieja en varias localidades alemanas (que parecen dar la razón a Cañizares) y el anuncio del experimento con la bomba H realizado por Corea del Norte.

Este último asunto me llama mucho la atención, especialmente la reacción de los poderes poseedores de armas atómicas y el acompañamiento de la ONU. No creo que este extraño país haya firmado el tratado de no proliferación nuclear y esta bomba H es su manera de decir que están ahí y que siguen creyendo en su camino propio.

Y esto, lo del camino propio, sí que merece una larga entrada pues parece que fuera un sacrilegio salirse de un cierto camino marcado de antemano y que es justamente el que parece estar en crisis. La pérdida del entusiasmo que un día nos proporcionó la Ilustración parecería justificar la experimentación política.

Perdónenme la falta de enlaces en este post, pero es que mi ordenador protesta en cuanto le abandono unos pocos días.

Nostalgia vs. Esperanza

puente colgante
Hasta estas fiestas navideñas Getxo era pura nostalgia: de mi infancia y de mi juventud. Recuerdos imborrables reflejados en las caras de los paseantes de hoy, no así los nombres que han quedado enterrados en el pozo del olvido que ya empieza a rebosar. Mirar u oír hacia atrás me hace sentir viejo y comienzo a confundir las generaciones, casi de dos en dos, de abuelos de mi edad y sus nietos. Y los recuerdos no son siempre agradables. Junto a aventuras ingenuas relacionadas con el mar o la pesca o, por otro lado el tenis, ahí están también el infierno de cualquier pueblo pequeño que, encima, se encogía todavía más, al limitar mis movimientos a una muy pequeña parte del municipio, allí donde veraneaban los que querían sentirse «gente bien».

El número de habitantes ha crecido y, de manera natural, los paseos extienden su radio de acción con el apoyo, claro está, de este metro que dispone de varias paradas en este municipio y no es la carraca que solía ser el ferrocarril. Mis paseos, ahora obligatorios, han seguido hasta hace poco limitándose a aquellas zonas que frecuentaba en la adolescencia acompañado de una pandilla bien heterogénea que, me temo, mantienen viva la pretensión de ser los únicos habitantes genuinos de un reducto selecto. Nos miramos y quizá recordamos vagamente algunos rasgos faciales que asociamos a una particular ocasión. Hace unos días, por ejemplo, reconocí a un señor de mi edad que creo ya se ha retirado de la medicina que practicaba por aquí y que, sin duda alguna, fue la última persona con la que peleé físicamente siendo ambos muy niños.

Desde mi jubilación paso días señalados en este lugar y empleo mi tiempo en volver a pasar por todos aquellos lugares donde lo mismo hacíamos deporte que nos peleábamos que competíamos en carreras de bicicletas por carreteras sin apenas circulación. Durante esos paseos cultivaba tontamente la nostalgia de un mundo aparentemente feliz o, al menos, sin las tensiones de todo orden que se fueron luego acumulando, intelectuales, políticas y de clase. Esta nostalgia parecía poder suavizar las penas que la vida, de una u otra forma, te va trayendo, penas físicas, desilusiones afectivas o fracasos de tipo intelectual que han permanecido ocultos. Todo este sufrimiento parecía disiparse ante la nostalgia de aquel mundo que para mi era la felicidad ignorante de tensiones bien heredadas bien creadas ex novo.

Pero todo ha cambiado este fin de año con sus fiestas a las que hemos acudido una vez más. Todo lo veo de otra manera , en buena parte a través de los ojos de la siguiente generación para la que la sacralidad del recuerdo no existe y para la que la nostalgia o no ha surgido o está asociada a otros lugares lejanos.

He descubierto lo obvio, que el pueblo es muy extenso y lleno de gente variada repartida por barrios que quizá reflejan no solo las diferencias de clase que yo ya no percibo, sino sobre todo las distintas formas de orientar la vida en cualquier campo, desde la vestimenta al estilo de barba o de peinado. Tengo las piernas destrozadas de caminar, al borde del mar o tierra adentro entre nuevas barriadas que no reconozco e integran comercios que se me hacen verdaderas novedades. No necesitaría bucar un escondite en los barrios periférico de Madrid y podría deaparecer aquí mismo en esta tierra y este municipio que iluminó mi sonrisa de felicidad ingenua.

Pero lo más sorprendente de eta estancia que pronto acabará es que parecería que, de golpe, ya no necesito un escondite, que no me importa nada permanecer expuesto al ojo público pues ya no estoy aquí. Me siento como si estuviera en un puerto galés, irlandés o escocés, como esos que aparecen en no pocas series de las que ahora se alimenta mi espíritu y en los que el sol cae pronto y la guarida nos proteja de crímenes cualesquiera que no sean los propios (como creo recordar decía Juan Carlos Eguillor). Y, así, mis paseos que acaban ya de noche y con nadie por la calle me hacen sentirme en un mundo extraño en el que cualquier cosa puede pasar y en el que la esperanza es posible.

Este silencio oscuro que me rodea ya tarde me hace pensar en el futuro y sentirme joven. Joven y abierto a nuevas sensaciones e ideas que asocio a la marinería que a bordo de barcos de carga colaboran con sus sirenas al jaleo de petardos y fuegos artificiales que acompañan al cambio de año. Entre estos he descubierto a un buque de carga de las Finnlines que ofrece una síntesis de lo que me gustaría ser: alguien que no aborrece la nostalgia sino que utiliza el recuerdo como un simple diccionario que le sirve justamente para acomodar las novedades esperanzadoras que vienen a través de estas líneas de transporte marítimo.