Viento del este

Mapa diputadosTodas las proas me miran desde el Abra esperando quizás a que mi tximeleta les diga qué hacer, hacia donde girar. Quizá asustadas de que este su vecino vaya a ser el nuevo presidente independiente de una coalición de partidos de izquierda y partidarios de la autodeterminación. Pero el viento va rotando un poco y ahora las proas miran al sur quizá pensando en un(a) unionista irredento(a).Por otro lado los periódicos de hoy después de un día de asueto dicen lo mismo que las proas y no saben explicar cómo y por qué el gobierno recaería en un presidente de una u otra coalición de partidos, de izquierdas o de derechas, que piden o niegan el derecho de autodeterminación.

El único que, en el lenguaje que las gentes encuentran apropiado, ha dicho algo es Felipe VI quien subraya la unidad indisoluble del Reino desde el salón del trono de un Palacio Real que, según él resalta, nos pertenece a todos los españoles. Ahora, mientras veo el caer del sol sobre el horizonte del mar, pienso que cuando una u otra región de España piense en independizase muy bien podría reivindicar la parte que le corresponde de ese palacio afrancesado.

Todavía les queda a los políticos el día de mañana antes de volver a hablar entre ellos para ver de encontrar un cambalache que les permita evitar unas nuevas elecciones que, por otro lado, no está claro a mi mirada cual de ellos las aprovecharía a su favor. Desde hace muchos, muchos años, desde que escuché en el aula magna de Sarriko (la facultad de económicas de la UPV, entonces de Valladolid) a un gran historiador catalán hablar de la manera de diseñar un mapa de las fuerzas políticas, pienso que hay que ser consciente de la evolución de cada grupo en las coordenadas formadas por la izquierda y la derecha por un lado y cuestión nacional por el otro. Lo que hoy está más lleno que nunca es el cuadrante formado al este del eje socioeconómico de izquierdas y al sur del eje sobre el que se mide el sentimiento nacionalista de las naciones que forman parte de España.

Pero se pone definitivamente el sol y voy al estreno de Macbeth y me entran las dudas sobre el destino anunciado por las brujas o sus sustitutas. No es la astucia y ambición de Lady Macbeth la que está en el origen de la ambición ciega de su marido ni la predicción de las brujas la que desencadena el frenesí. Es más bien este último, oculto durante años, el que despierta un día aprovechando una ocasión cualquiera y arrastra en su desenvolvimiento todo lo que pilla por delante.

Los independentistas han hablado a la oreja de los izquierdistas y unos y otros van a aprovechar la ocasión para hacerse con el poder como Macbeth. Es posible que lo hagan para desaparecer inmediatamente como este loco shaekespiriano… o no.

Efectivamente no veo la razón para que el separatismo rojizo pierda su ascendiente intelectual en un mundo en el que todo cambia y nos percatamos que buscar algo permanente es una quimera. Así entiendo yo este último párrafo de Sánchez-Merlo en El Español:

Y la reflexión obligada: nada de lo que tenemos es absoluto y sólido. Todo es contingente y tiene pies de barro. Incluso nuestra querida idea de democracia occidental carece de una base a prueba de preguntas insidiosas porque tener una larga tradición histórica detrás no es suficiente. Más historia que la de las monarquías tradicionales, que ya son sólo símbolos representativos, no la ha tenido nadie. Por lo mismo, nuestro concepto de «frontera» es, visto con perspectiva, efímero y cuestionable.

Una reflexión muy apropiada en estos momentos de confusión en España. Debiéramos enfocar nuestras reflexiones sabiendo de antemano que lo que nos parece firme como una roca es un mero faro que de vez en cuando gira su luz lo mismo que las proas de las embarcaciones de recreo ancladas delante de mi ventana y que por un momento han virado siguiendo el viento «francés», un signo de buen tiempo.

Dos películas (mediocres) para viejos

Nadie_quiere_la_nocheDesde siempre la Navidad ha sido ocasión de ir al cine. Mi padre nos llevaba siempre a mis hermanas y a mí al cine el día de nochebuena para dejar trabajar a las señoras en la preparación de la cena, decía él. Un año, mientras disfrutaba de una película de romanos, tuve mi primera turbación sexual con la visión de muchas romanas que enseñaban la tripita. Mi señorita Carmen me explicó que era más pecaminoso enseñar las piernas que la barriguita. Lo entendí años después; pero en cualquier caso en esas Navidades se encuentra el germen de mi pasión por el cine, una pasión que no es ajena a la belleza femenina, pero que no se agota en ella.

Esta año, y antes de que llegue la Nochebuena, mi mujer y yo hemos acudido al cine con esperanzas y recuerdos de aquella nuestra pasión juvenil por este arte que permanece viva sobre todo por estas fechas. Nos lanzamos a ver en dos días seguidos «Nadie Quiere la Noche» y «45 años». Ambas han sido generosamente premiadas y quien sabe si con con razón; pero hoy no se trata de enumerar detalles a fin de elaborar una crítica homologable; sino de entender nuestro cabreo. El cine como todo arte o apela a nuestro entusiasmo o no merece la pena por muchas elaboraciones inteligentes de detalles que eleven una producción a un pedestal. Estas dos películas nos han dejado fríos y nos han aburrido. Quisira exponer las posibles razones de este aburrimiento por mi parte.

¿Será una cuestión generacional? Son películas para el disfrute de mi generación a través de actor y actrices míticas; pero mucho me temo que están hechas por gente de una generación posterior y uno resiente la diferecia. Los cineastas de mi generación están acabados y no basta con que los actores y actrices actúen pues, si bien es cierto que siguen haciéndolo bien o muy bien, uno siente la falta de entusiamo, de habilidad o de fe en los jóvenes productores o directores que estarían llamados a renovar el género y la industria.

¿Es una cuestión económica? Creo que no hay duda: las películas a las que me refiero son muy baratas aunque filmar en el polo norte no debe ser fácil y, en cuanto a hacerlo en la campiña inglesa sin salir de una casita más que para visitar un pequeño pueblo con lo que parecía cámara oculta, tampoco creo que sea la ruina de ningún productor. El cine sufre la competencia de otros medios y los distribuidores lo deben estar pasando mal, así que estrenar cualquier película casi simultáneamente con el último episodio de «La Guerra de las Galaxias», una producción extremadamente cara de producir, debe ser algo molesto, algo como competencia desleal.

Pero mi cabreo no proviene de estas obviedades sino que proviene de los detalles que se siguen de todo ello. Pensemos en la iluminación por ejemplo. En el invierno polar de «Nadie Quiere la Noche» no se ve nada y aunque sea dificil rodar con esa falta de luz hay que hacer lo que sea para poder ver qué pasa dentro de un iglú en donde ocurren aquellos acontecimientos que dan sentido a la historia principal: el amor patético entre dos seres humanos, un amor que no resiste ni cinco minutos la posibilidad de salvación de una de ellas. En 45 años no hay problemas de iluminación a pesar de que se nos niega en todo momento cualquier referencia a la época del año de que se trata.

Y ¿qué pensar de la sastrería? De primeras parece que sobraría este oficio en un film rodado cerca del círculo polar ártico por mucho que en aras de un realismo, que parece equivocado aunque no lo sea, esta satrería sobraría especialmente cuando la señora protagonista aparece con sombrerito decimonónico con esa especie de velito quitamoscas cubriéndole la cara. Por otro lado no tengo nada que objetar a la vestimenta de esa señora tardíamente celosa después de cincuenta años de la muerte de la primera mujer de su actual marido con el que ha estado casada esos 45 años del título.

Las objeciones provienen de la persistencia de la memoria pues los viejos conocemos bien a las dos protagonista de una y otra película. Me frustra enormemente encontrar a una señora antigua en el cuerpo que, allá en su juventud, nos hizo pensar el mal en Portero de Noche. El tiempo no pasa en balde y las piernitas que la Rampling cubre con vaqueros pitillo así como los arreglos de su cara son de lo más deprimentes. Como lo es en otro sentido la dificultad para andar del que fue un gran long distance runner en un cine turbador como fue aquel cine británico que tanto prometía y tanto nos dio.

Pero ni eso es lo importante. Lo que todo lo rompe, es la falta de emoción que provocan las situaciones retratadas. No se si el obsoleto soy yo por razones físicas o el obsoleto es el cine de esta generación que no comprendo o no me comprende ella a mí. Claro que acabaré viendo innumerables episodios de cualquier serie en la pantalla de la televisión y dejaré de acudir a la sala oscura en donde el silencio ya no es el resultado de la concentración emocional, sino del puro aburrimiento.

Euskera

euskeraDesde principios de octubre asisto a clase de euskera básico en la «Escuela Oficial de Idiomas». Son dos clases a la semana de dos horas cada una más otras dos horas un viernes al mes. No se puede esperar aprender gran cosa en apenas dos meses, eso está claro pero aun así me comían los nervios en la primera evaluación. No contaba con eso cuando empecé y me limitaba a disfrutar del recuerdo ya remoto de aquellos tiempos en los que sentarse en un pupitre era entrar en un mundo mágico que me desvelaría secretos llenos de sugerencias. Y lo pasaba estupendamente siguiendo el libro de texto y las aportaciones propias del profesor. Poco a poco creí que recuperaba un cierto euskera de mi niñez cuando en realidad nunca supe nada, pero supongo que sí que había sonidos en mi mente que despertaban haciéndome entender el significado de lo que me querían decir hace muchos muchos años.

Pero nunca pensé que el placer debería haber sido acompañado de un serio estudio del libro oficial y de una concentración en los etxeko-lanak o deberes de casa. Solo sentía entusiasmo y curiosidad por mis compañeros de clase, todos bastante más jóvenes que yo, y entre los que se encuentran personas de muchas regiones españolas e incluso una italiana y un jovenzuelo austriaco. Así que cuando entendí que en unos días tendríamos una evaluación me puse muy nervioso e intenté recuperar los conocimientos que se desvanecían en mi mente, cosa imposible, de manera que llegué angustiado a la evaluación pensando que iba a quedar fatal. Una sensación que me recordó a los exámenes de mi juventud y mi extraña competitividad que me llevaba a intentar ser de los mejores aunque ahora sin estudiar y solo basado en mi pertenencia al pueblo vasco. No dudé que en esa especie de falso examen sacaría una nota alta.

A diferencia de aquellos años salí de la evaluación con la conciencia clara de que ni siquiera sabía si lo había hecho bien o mal pues no estoy acostumbrado a moverme en el contexto de una lengua no solo aglutinante sino también ergativa. Y el tiempo corrió en mi contra y durante dos días no solo hice cuidadosamente los deberes sino que además me preparé psicológicamente para el ridículo del fracaso. De ahí que cuando el profesor me devolvió el examen corregido y conté mis errores di un salto de alegría pues seguramente esos errores no justificaban un suspenso.

¿Y ahora qué? Me pregunto cuanto tengo que estudiar para asegurar el aprobado y el paso al siguiente nivel. Me parece que mucho y de momento esto me entusiasma. Para empezar, voy a dedicar las vacaciones de Navidad para ponerme al día y ver si realmente soy capaz.

¿Lo seré?

Homenajes académicos

Se retira uno de su puesto en una institución académica y recibe el correspondiente homenaje de los colegas.

Pero no se retira del todo pues, sin obligaciones, ha de imponerse deberes para no sentirse tan viejo como es y esos deberes normalmente tendrán que ver con su profesión académica a la que ha dedicado su vida.

El homenaje es muy ambiguo pues si es organizado por colegas jóvenes siempre habrá algo de esa alegría encubierta que acompaña a la emergencia de una plaza libre para uno de esos jóvenes discípulos. Si se involucran los de su edad o bien están ya homenajeados o no han recibido ese honor. En el primer caso lo hacen con entusiasmo malsano y en el segundo con una envidia que tampoco tiene nada de sano.

En cualquier caso si el homenaje incluye la publicación de los trabajos presentados en el acto del homenaje estos trabajos no son un genuino homenaje pues se trata de una publicación más para alimantar el terrible ego de los intelectuales jóvenes o viejos.

Son pocos los que aproechan la ocasión para, de una forma u otra, hacer balance silencioso de su propia vida a la luz de la vida ajena y a esos se procura no prestarles mucha atención pues no hay nadie que no quiera evitar el enfrentamiento con lo inevitable.

La única unanimidad está en la alabanza de la comida que siempre acompaña a estos actos y que es devorada con ansia pues parece justificado saltarse la dieta en una ocasión como esta.

La vida misma.

Hitz egin ezin daitekeenaz hobe da isiltzea

red bay balleneros vascos
Sí, ayer la recogí en Correos. Esa documentación troglodítica necesaria para votar por correo el próximo día 20 pues ese día no estaré en mi sitio, es decir no me encontaré en ninguna de las LAs de las que hablaba el otro día subrayando que es en una u otra de ellas en las que me anonado. Y hay que anonadarse para que el voto de uno, que no vale nada, tenga sentido cuando se contempla como parte de un proceso democrático en el que nadie es nada mirado individualmente y en donde lo que importa es el demos. O sea que si no tengo demos al que pertenezco no soy nadie y, en consecuencia, nunca podré tener y ejercer poder alguno.

Este anonadamiento es pues necesario para ser alguien lo que ya es algo raro; pero lo que parece sería todavía más raro es la pertenencia a varios demos simultáneamente ya que no eres nadie en varios sitios a la vez. Este tipo de aparentes paradojas nos lleva a preguntarnos cuantos nadies has de ser para ser alguien y consecuentemente no sentir ninguna responsabilidad pública pues en ningún sitio podrás votar.

Claro que todo lo anterior no significa nada relevante más allá de la duda sobre el demos de los nómadas quienes, como ya nos contó en su día Wim Wenders en esa extraña película sobre el cielo de Berlín, son como ángeles a los que les gustaría tener sombra y sentir dolor como todo el mundo.

Cuando el nomadismo de uno oscila entre LAs el deseo de dejar de ser ángeles y bañarse en alguna realidad se hace más urgente; pero esa urgencia paradójicamente otra vez no se satiface permaneciendo en algún sitio concreto,sino más bien incrementando la multipertenencia entre arenas, más o menos movedizas, y ángeles invisibles y ubicuos. Así que hoy pasaré por la ciudad de Los Angeles en Villaverde y mañana viajaré a Las Arenas de Guecho para una reunión de ángeles que no saben que lo son y para el jueves homenajear a un colega y amigo en Bilbao justo a tiempo para llegar al aeropuerto de Leioa a fin de tomar un avión y llegar a la primera evaluación de mis capacidades en la lengua vasca, ese euskera que se me resiste y me recuerda que no soy un ángel.

Y, como siempre nos ocurre a los nómadas, no podemos salirnos del reino de las palabras. Palabras intercaladas en la conversación en el festejo que reúne ángeles unidos por lazos de sangre; palabras discursivas en mi intervención en el homenaje y palabras para tratar de pasar mi primera evaluación en esta bella lengua que hablaban mis ascendientes lejanos y algún descendiente inmediato.

«Palabras, palabras» decía el Hamlet de Shakespeare posiblemente ya harto de leer y no pasar a la acción vengativa y amorosa. El deseo de prescindir de ellas nunca se realizará; pero quizá podemos limitarnos utilizar aquellas imprescindibles para la compra del pan, o para solicitar información sobre la dirección de la panadería, y olvidar poco a poco todo lenguaje pretencioso rindiendo así tributo al Wittgenstein del Tractatus en su útimo aforismo:

Wovon man nicht sprechen kann, darüber muß man schweigen

Aforismo este que podría traducirse así:

Hitz egin ezin daitekeenaz hobe da isiltzea