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De puertas y cinturones de seguridad

Con este título tan esotérico me quiero referir a elementos retóricos, cinematográficos en este caso, pero más bien generales. He pensado en ellos depués de ver dos películas de cuyos méritos no quiero hablar ahora ya que pueden descubrirse en cualquier crítica de internet reciente ya que se trata de dos películas recién estrenadas. La primera es 3 Corazones, francesa, y la segunda es esa famosa película iraní ganadora el último oso de oro en Berlín: Taxi Teherán.

Lo que quiero en este minipost es servirme del hecho de que ambas exhiben un elemento retórico propio que, en cada caso, se me antoja más o menos adecuado a su finlidad aparente.

En el caso de la película francesa llena de concesiones al gusto burgués del entretenimiento, madia película se pierde en abrir y cerrar puertas de dos casas distintas de la Fracia proviniana en donde habitan tres mujeres, madre y dos hijas y en donde ocurre la acción de una casualidad amorosa sin interés mayor. O con interés para esa burguesía francesa que piensa que un affair amoureux es todo lo que hay más allá de el orden en las comidas.

En la segunda película, la iraní, todo el metraje es denso en puertas que se cierran y abren pero esta vez de un automóvil que podría ser un taxi o un simple elemento de la narración. Pero, en este caso, este abrir y cerrar va acompañado, no solamente de ese sonido especial propio de esas puertas, sino especialmente de los gestos inusitados propios de ponerse y quitarse el cinturón de seguridad. En este caso, a diferencia del francés, ese gesto con su ruido especial no es inocuo sino que parece obvio que podemos atribuirle al sentido especial relacionado con la denuncia que se nos quiere relatar sobre la inseguridad a la que cualquiera de los ciudadanos de Irán puede estar sometido, libre ahora mismo y en el momento siguiente bajo las garras de una represión entre cruel y estúpida.

La retórica no es algo trivial y juega un papel fundamental en nuestas conversaciones y discusiones y no solamente en nuestros relatos a los que ya sabemos les proporciona el tono y buena parte de su credibilidad.

Si últimamente estoy bastante irritado y no se muy bien por qué ahora, después de ver esas dos películas, pienso que en buena parte mi mal humor igual se debe a la falta de una retórica que acompañe al amor y a la política en nuestra vida diaria.

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