Ilustración al pil-pil

the filthy sixHace solo una semana acudimos a una sesión de jazz del grupo inglés Filthy Six en la sala Clamores, todo un mito para mi generación y dentro de unas horas tomarenos el AVE a Córdoba en donde, entre otras aventuras con viejos amigos, espero visitar la Mezquita, en la que no he puesto un pie desde hace demasiados años y trataré de escaparme para asistir a algún espectáculo flamenco.En menos de diez días Clamores y Mezquita por un lado y jazz y flamenco por el otro. Ambas parejas me inspiran.

Esa música de origen americano y con mucho de racial siempre me ha encantado por lo bien que suenan algunos trompetistas de mi juventud y el maravillos e incomprensible inglés con el que acopañan a veces esos números musicales en los que cabe la improvisación crativa de música y letra. En cuanto al flamenco, cuyas letras tampoco entiendo muy bien, también me parece creativo y de fácil improvisación para quien es un buen cantaor o bailaor. Podría dar nombes de jazzmen y de músicos flamencos e insistir en que he dedicado mucho tiempo a ambos desde un lugar, Bilbao, que se caracteriza por lo contrario de lo que se le supone. Nos encanta too exótico y todavía más si hay relaciones semiocultas entre una forma de exotismo y otra

La Mezquita, hoy medio catedral también, no se parece en nada a la sala Clamores, pero creo detectar que la gente visita una y otra con la misma esperanza de ser totalmente sorprendido y de poder ser sacado de los caminos por donde transcurre su vida cotidiana. Una y otra son mestizas y este mestizaje es el origen de toda creatividad.

Se me ocurre que estos días cercanos a la fiesta de Acción de Gracias es un buen momento para escuchar esos párrafos de la Marsellesa a menudo silenciados, incluso estos días trágicos y en los que, contrariamene a su intención, se mezclan dos sangres, la impura de los enemigos que acabarán regando los surcos de los campos y la pura ya derramada de los nuestros. ¿No será esta mezcla el origen de lo que los bilbainos entendemos por Ilustración? Sí, Ilustración al pil-pil.

Anonadándome en una LA

barrio euskalduna madrid
La tentación de la desaparición me parece algo muy común entre la gente de nuestro tiempo pues se sienten agotados de la exposición continua a los demás. No es que tengamos cosas que ocultar, que también, sino sobre todo que tenemos necesidad de tranquilidad para cultivar todas o, al menos, muchas de nuestras capacidades. Y esta tranquilidad no se logra más que en algúna ciudad o barrio en el que la salida de casa no sea algo muy atractivo, pero en los que la novedad enriquezca esa tarea u obra en la que queremos trabajar en serio.

Estoy hablando de una especie de pseudónimo de la existencia que no atrae solo a los escritores sino a cualquiera que quiera pensar y necesite desaparecer para hacerlo.Pero no cualquier sitio vale pues cada actividad exige una privacidad especial.

Estos días aparecen noticias sobre famosos que ya repudian la exposición a los medios y hacen público ese repudio en aparente contradicción con su principal fuente de renta o riqueza. Este es el caso de Clara Lago y Dani Rovira que manifestaban su repudio de la fama en el programa de Atresmedia el Hormiguero solo para disculparse directa o indirectamente a través de twitter, creo. Si sus quejas fueran serias actuarían como aquel gran escritor de serie negra, Raymond Chandler, que inventó al detective Marlow y que cambiaba de casa continuamente en Los Angeles acompañado siempre por una esposa mucho mayor que él.

Pero cambiar de casa es una manera de vivir alerta y de convertirse en un gran fisgón, pero no la más radical. Todavía lo es más el cambio de ciudad o incluso de país. Así que ahora entiendo muchas de mis aventuras y de mis huídas, todas ellas relacionadas con los ángeles, esos seres tan distantes que no tienen problemas de sobrexposición y pueden observar todo, o con los arenales bajo cuya arena fina puedes fingir ser un muñeco moldeado por un niño. Yo he escrito sobre LA, esa extraña ciudad californiana del sur a la que podría denominar LAC y en la que tienes que moverte en automóvil para pasar desapercibido. También lo he hecho sobre Las Arenas, ese barrio del municipio de Getxo al que denomino LAG y en el que me escondo pues nadie repara en una cara que conocen desde hace demasiados años. Y desde este último domingo escribiré sobre o desde la Ciudad de los Angeles,LAV, ese barrio del distrito de Villaverde (de ahí la V) en ese Madrid en el que se encuentra nada menos que la Colonia Euskalduna completamente desconocida en el Madrid de dentro de la almendra.

Los tres LAs son formas de desaparecer que me atraen. LAC corresponde a uno de mis yoes, el que hace referencia a poner un chiringuito de tortilla de patatas en la playa de Venice y vivir al sol con lo puesto, sin necesidades, mientras imito a Chandler. LAG es mi vida real junto con la de down town Bilbao. Pero en este último creo que me conocen porque yo conozco a todos mientras que en LAG pienso erroneamente que no reconozco a aquellos con los que me cruzo y que, por lo tanto, soy ajeno y no me conoce nadie de forma que puedo esconderme mirando los ataradeceres al acecho del rayo verde.Y ahora encuentro LAV ese lugar en el que desaparecería, nadie sabría nada de mí y desde el que comenzaría una nueva vida charlando con los ancianos como yo que vieron a sus padres ayudar a Secundino Zuazo a construir la Colonia Euskalduna.

¿Qué escribir? ¿Cómo hacerlo?

eiil
¿Qué escribir? No se me ocurre nada que no tenga algo que ver, directa o indirectamente, con los atentados recientes del llamado Daesh en París o con sus posibles conexiones con la solución que algún día dará Europa al problema de los migrantes que intentan llegar a esa Europa que todavía hoy podría ofrecerles oportunidades de vida digna.

Pero sobre todo eso no quiero escribir porque ya se ha prostituido el tema por medio de los medios sociales generales que nos hablan sin parar de «guerra» y sobre las posibles represalias contra ese Daesh que, sinceramente, no se lo que pretende más allá de seguir los consejos del profeta de Alá sin importarle los medios.

Y solo eso, caminar al ritmo del profeta, puede generar ese entusiamo del que nos habla Marina en La Vanguardia y que creo desconocido desde hace mucho tiempo por nuestros lares en los que esa sensación divina parece olvidada y solo malamente remedada por un triunfo deportivo aunque sea a través del dopaje. O, más cercano, por el deseo de independencia manifestado en la calle abrazado a tus hermanos patrios.

Recuerdo el entusiasmo que me produjo el ensalzamiento del realismo soviético del gran pintor Deineka en su exposición en la Fundación March. O el asombro entusiasmado de la visualidad deslumbrante de Leni Riefensatahl, aquella gran cineasta y musa de Hitler a la que solo conocí en los años setenta y en Estados Unidos. Y, en ambos casos, recuerdo ms sensaciones con cierto malestar, aturdido por el estruendo de la contradicción entre mis convicciones morales y políticas y ese entusiasmo que hoy todavía descubro por debajo de esas obras artísticas y que no estoy dispuesto a creer que viene forzado por el miedo o un simple reflejo del deseo de supervivencia.

Pues bien ¿dónde está el entusiasmo de la yihad? En algún lado debe de estar y quiero encontrarlo, no para dejarme contagiar por él sino para tener otro ejemplo de algo de lo que, estoy convencido, comparto con soviéticos, nazis y yihadistas y cuya falta de reconocimiento en mí mismo no me hace más humano ni más civilizado.

Mi obligación autoimpuesta es no romper las normas de la convivencia fraternal y discutir sobre formas de vida alternativas dentro de esas normas, de la misma forma que no me permito dejarme llevar por el deseo y llegar a ejercer la fuerza para alcanzar el paroxismo sexual en una violación. Ese ejercicio de la fuerza violaría esas normas autoimpuestas de igual forma que el regimen nazi o la llamada dictadura del proletariado lo hicieron. Pero una cosa es mi convicción político-moral y otra cosa es el reconocimiento en mí del entusiasmo que me eleva a los cielos y muy a menudo de la mano de mis hermanos.

Pero ¿cómo escribir de esto? Y si no lo hago ¿cómo recuperar el entusiasmo?

País Negocios del domingo 8 del XI

Deaton
Antón Costas trata de utilizar la figura del reciente Nobel, Angus Deaton, para recomendar que se acabe la arrogancia intelectual que ha imperado desde al menos hace treinta años entre los economistas, quienes buscaban su impronta en la realidad económica a partir de ideas fascinantes pero no sostenidas por datos como, por ejemplo, la teoría de los mercados eficientes o la noción de expectativas racionales. Ambas construcciones intelectuales sostenían su importancia aparente en la continuidad con la teoría prevalente y en la unificación de las distintas áreas, dos empujones a la arrogancia que propició el liberalismo como ausencia de intervención y frenó los intentos intervencionistas en favor del bien común como una vieja receta sin atisbo alguno de inteligencia.

Costas utiliza esta crítica al neoliberalismo intelectual para reconocer los méritos de Deaton con su énfasis en esos datos que no pueden estar ausentes de un análisis cualquiera con pretensiones de relevancia y especialmente en el caso de este economista escocés que gracias a su énfasis en datos siempre fue escéptico sobre la no intervención liberal. Sin embargo yo me permitiría aquí un aviso a navegantes. El énfasis en los datos puede derivar en los estudios económicos hacia una forma de trabajar consistente en elaborar desde diferentes fuentes una bonita tabla de datos sobre cualquier cosa y someterla luego a un análisis estadístico que arroja conclusiones aparentemente útiles e interesantes. El aviso consiste en que nada explica por qué se elaboran hoy tablas de datos sin una idea teórica previa a no ser la posibilidad de publicación y por lo tanto de promoción.

Por otro lado, de hecho en la siguiente página, Krugman condena lo que denomina el sombrío legado de la austeridad que, basada en no se sabe qué, condenó el gasto público por sus pretendidos o supuestos efectos a largo plazo. Pero el largo plazo está ya aquí y esa creencia sacada de ningún sitio que no fuera la metáfora de la familia, se ha mostrado equivocada pues no hay manera de remontar. El anteponer la lucha contra el déficit público (que generaría esa deuda que nos empobrece) a la lucha contra el paro ha probado nefasta pues se ha generado deuda a través del inevitable déficit público y no se ve por donde se va a crear el empleo suficiente para generar renta que disminuya el paro.

Vemos pues cómo esos modelos macro a los que se refería Costas y que de forma intelectualmente conservadora trataban de mantener la idea de equilibrio en la construcción de un corpus técnico, no debieran seguir reinando. Pero ¿cual es ahora el sustituto de la idea de unificación? Pues a mi juicio las ideas de desequilibrio macroeconómico que, a diferencia de los modelos de equilibrio general macroeconómico, y tal como explicaba aquí, permiten la intervención e introducen ideas tanto sobre el pasillo neoclásico como sobre un menor duración del periodo de ajuste del sistema frente a un shock grande que nos saca del pasillo neoclásico.

De puertas y cinturones de seguridad

Con este título tan esotérico me quiero referir a elementos retóricos, cinematográficos en este caso, pero más bien generales. He pensado en ellos depués de ver dos películas de cuyos méritos no quiero hablar ahora ya que pueden descubrirse en cualquier crítica de internet reciente ya que se trata de dos películas recién estrenadas. La primera es 3 Corazones, francesa, y la segunda es esa famosa película iraní ganadora el último oso de oro en Berlín: Taxi Teherán.

Lo que quiero en este minipost es servirme del hecho de que ambas exhiben un elemento retórico propio que, en cada caso, se me antoja más o menos adecuado a su finlidad aparente.

En el caso de la película francesa llena de concesiones al gusto burgués del entretenimiento, madia película se pierde en abrir y cerrar puertas de dos casas distintas de la Fracia proviniana en donde habitan tres mujeres, madre y dos hijas y en donde ocurre la acción de una casualidad amorosa sin interés mayor. O con interés para esa burguesía francesa que piensa que un affair amoureux es todo lo que hay más allá de el orden en las comidas.

En la segunda película, la iraní, todo el metraje es denso en puertas que se cierran y abren pero esta vez de un automóvil que podría ser un taxi o un simple elemento de la narración. Pero, en este caso, este abrir y cerrar va acompañado, no solamente de ese sonido especial propio de esas puertas, sino especialmente de los gestos inusitados propios de ponerse y quitarse el cinturón de seguridad. En este caso, a diferencia del francés, ese gesto con su ruido especial no es inocuo sino que parece obvio que podemos atribuirle al sentido especial relacionado con la denuncia que se nos quiere relatar sobre la inseguridad a la que cualquiera de los ciudadanos de Irán puede estar sometido, libre ahora mismo y en el momento siguiente bajo las garras de una represión entre cruel y estúpida.

La retórica no es algo trivial y juega un papel fundamental en nuestas conversaciones y discusiones y no solamente en nuestros relatos a los que ya sabemos les proporciona el tono y buena parte de su credibilidad.

Si últimamente estoy bastante irritado y no se muy bien por qué ahora, después de ver esas dos películas, pienso que en buena parte mi mal humor igual se debe a la falta de una retórica que acompañe al amor y a la política en nuestra vida diaria.

Discurso «Becas Alumni»

Biblioteca Carlos III

Queridos amigos:

Me es especialmente grato colaborar con esta institución de las Becas Alumni por dos razones principales más allá del respeto y el reconocimiento por el trabajo bien hecho que su mera existencia revela. En primer lugar porque conozco de cerca el interés y el cariño que las personas que las gestionan ponen en que su utilización sea realmente una muestra del énfasis que esta Universidad muestra por el éxito académico en sí mismo. En segundo lugar porque me permite agradecer a estas instituciones y empresas colaboradoras, que muestran con la financiación de estas becas su sensibilidad hacia el futuro común de todos nosotros, futuro que, sin ninguna duda, depende en buena medida de la calidad de la enseñanza universitaria y de uno de sus frutos principales: la investigación básica y su eventual aplicación tecnológica o del tipo que sea.

Expresada así mi gratitud séaseme permitido ahora reflexionar muy brevemente sobre la enorme importancia de la integración de los antiguos alumnos en esta organización joven y ya reconocida que es la Universidad Carlos III de Madrid. Ni que decir tiene que la cooperación en la financiación de estas becas por parte de los que han llegado a ser antiguos alumnos sin disfrutar de sus beneficios es muy de agradecer y un motivo de satisfacción para los que se afanan cada día en el funcionamiento del centro. Pero es que además, y a partir de una cierta fecha que ahora no se calcular, los antiguos beneficiarios de estas becas comenzarán a ser patrocinadores de las mismas devolviendo así parte de lo que recibieron.

También se menciona a menudo que otro de los frutos de este programa de Becas Alumni es que acerca este centro universitario a otros centros punteros en el mundo en los que los antiguos alumnos más exitosos aportan generosamente financiación para que ese centro que consideran suyo siga siendo uno de los mejores en materia de instalaciones, de enseñanza y de investigación. Y esto nos recuerda que no debemos olvidar que iniciativas como esta ayudan a crear una red de contactos que contribuye a reducir la falta de información a la hora de la contratación y por lo tanto también parte de los costes de esa contratación tanto para las empresas contratantes como para los que entran en el mercado de trabajo.

Soy consciente de que en este punto se podría contra-argumentar que estas redes de contactos son propias de las clases pudientes y que en ese sentido forman parte de ese capitalismo de amiguetes que dificulta la movilidad social. Esto me lleva a preguntarme si no se podría criticar esta iniciativa desde ese punto de vista. Ciertamente se puede hacer esta crítica de una manera general, pero quiero terminar diciendo que pienso que no aplica a este programa de Becas Alumni en particular pues, tal como está organizado, sirve para, en cierta medida, generalizar las ventajas de la reducción en los costes de contratación a personas que, por no pertenecer a los amiguetes, encuentran dificultades a la hora de la búsqueda de empleo.

Podríamos decir que colaboramos a generalizar el círculo de amiguetes de forma tal que en un futuro todos, o muchos al menos, de los estudiantes y sus familias pertenecerán al club de amiguetes y nos acercaremos, de esta manera paradójica, a eliminar el tono despreciativo con el que erróneamente se habla de la amistad cuando de facto esa amistad -la teleia philia aristotélica- es la que hace una sociedad vivible.

Muchas gracias.

Irracionalidad epistémica y valor de Shappley en el caso de Cataluña

cu-cut cataluña
Ahora que parece que estamos en un momento crítico del comienzo del proceso de independencia de Cataluña, que se iniciaría con una declaración de la mesa del nuevo Parlamento catalán, se me antoja obligatorio e interesante que dejemos un momento de lado las reflexiones propias de los políticos, constitucionalistas y académicos e incluso las disquisiciones de bastantes economistas sobre el signo de la balanza fiscal entre las partes según empleemos un criterio u otro de valoración, para pasar a pensar si no habrá algún desarrollo teórico conocido y supuestamente profundo que nos diga algo inteligente y diferente respecto al conflicto catalán.

En este post voy a tratar de utilizar la teoría de juegos, tanto estratégicos como cooperativos, con esta finalidad aclaratoria. Como ya me ocupé de esto en Expansión en dos columnas (reproducidas aquí y aquí en este blog) con ocasión de la concesión del premio Nobel a Auman (junto con Schelling) en el 2005,ahora me puedo limitar resaltar la parte de aquellos comentarios que me parecen pertinentes.

En el primer artículo que publiqué en Expansión me refería a los juegos estratégicos con respecto a los cuales decía:

La Teoría de Juegos trata en realidad de la racionalidad; pero en situaciones más complicadas que aquellas que se presentan en la toma de decisiones cuyos resultados no dependen de lo que hagan los demás. Y hablar de racionalidad lleva inexorablemente a la consideración epistémica de cómo saber que sé y, en el ámbito más general de los juegos, a cómo saber que el otro sabe que yo sé, etc. Este problema subyacente tiene un alcance inusitado tal como ahora trataré de hacer ver mediante un ejemplo archiconocido.

Utilizaba en aquel momento de hace diez años una cierta interpretación concreta del dilema del prisionero de Nash referido al juego entre el Sindicato (que decide sobre subir o no el salario nominal) y el Gobierno (que decide sobre subir o no el nivel de precios a tavés dela Política Monetaria), un juego que se puede ver en el post original.

Tabla Aumann

Pues bien, en ese juego concreto, el único equilibrio de Nash (es decir el único par de estrategias en el que cada uno de los jugadores está haciendo lo mejor para sí dado lo que hace el otro) corresponde a la situación en la que el Gobierno sube el nivel de precios y el Sindicato eleva el salario nominal, es decir a la casilla sureste de la tabla. Y esta solución, que es subóptima (porque la casilla noroeste es mejor para ambos) no puede ser evitada debido a que el Gobierno no sería creído si tratara de comprometerse a no subir los precios: el Sindicato sabe que el Gobierno, no pudiendo técnicamente atarse las manos y comprometerse a no subir el nivel de precios, va a subirlo pues esa es su estrategia dominante en todo caso sabiendo, como sabe, que la estrategia óptima del Sindicato es subir los salarios.

Ahora bien añadía una consideración de irracionalidad estratégica. En efecto, aunque el Sindicato sepa que el Gobierno, de hecho, quiere subir los precios, es posible que sospeche que el Gobierno no sabe que él (el Sindicato) lo sabe y que, en consecuencia, ese Gobierno pretenda aprovecharse de esa presunta ignorancia sindical disfrazándose de anti-inflacionario manteniendo los precios, en cuyo caso al Sindicato le conviene jugar también a mantener los salarios.

Como por arte de magia hemos conseguido que se alcance el resultado óptimo gracias a que el conocimiento de la racionalidad es conocimiento mutuo de orden 1 y no es [[conocimiento común]] (según el cual cada jugador sabe que el otro sabe que él sabe que el otro sabe que él sabe que el otro sabe…. y así hasta el infinito). Algo como la cooperación (macroeconómica en el ejemplo utilizado) es un resultado que surge de la irracionalidad o, más precisamente, de algo que no se puede distinguir de ella como es la ignorancia de esa racionalidad. En otras palabras, el equilibrio de Nash no es robusto a cambios en la especificación de lo que los agentes saben. A mí esto me parece inquietante e interesante.

De este post quiero resaltar ahora su último párrafo:

Pero lo realmente fascinante es que un poquito de irracionalidad pueda dar origen a soluciones que nos parecen mucho mejores que las que se pueden obtener con racionalidad total. Cuando la irracionalidad se entiende, como aquí, en términos de una cierta ignorancia sobre la racionalidad ajena, resulta que podemos poner en jaque la propia noción del equilibrio de Nash o, yendo a las aplicaciones, poner en jaque la necesidad de un Banco Central. Desde un punto de vista más filosófico, supongo que deberíamos revisar algunas ideas de la Ilustración. Pero aquí me paro.

Pero hoy quiero continuar un poco pensando hoy sobre la relevancia de este toque de irracionalidad. Es bueno recordar el resultado mencionado justo cuando las discusiones de los genéricamente mencionados expertos que discuten las balanzas fiscales no parecen llevarnos a ningún lado. El equilibrio de Nash que no tiene nada de cooperativo nos lleva a una solución nada óptima a menos que con un toque de irracionalidad (consistente el hacer como si no conociéramos exhaustivamente la racionalidad ajena) podamos alcanzar esa optimalidad lo que, no cabe duda, sería bueno socialmente hablando puesto que esa solución es dominante para ambos jugadores: Cataluña y el resto de España.

Pero no solo aprendemos de los juegos estratégicos y de sus requisitos sobre racionalida mutua o común. También aprendemos algo de los juegos cooperativos tal como expliqué en el otro artículo sobre Auman ya mencionado en el que explicaba dos teoremas de equivalencia entre el conjunto de asignaciones de equilibrio competitivo y el Núcleo por un lado y el Valor de Shappley por otro. Terminaba diciendo que estos dos Teoremas de equivalencia tienen dos implicaciones iluminadoras:

La primera que me interesa destacar es que el equilibrio competitivo de una economía de mercado es una noción muy general. Tanto que no caben esas distinciones, tan queridas por algunos autores que quieren buscarle tres pies al gato, entre el cuerpo a cuerpo propio de las relaciones sociales en la mayoría de sus manifestaciones y el contacto distanciado propio de las relaciones entre individuos mediadas por los precios que surgen en los mercados.

La segunda implicación, derivada de la equivalencia entre las asignaciones de equilibrio competitivo y el Valor de Shappley, es obvia. En dicho equilibrio se está dando a cada agente individual lo que él contribuye socialmente, no más. Esto es exactamente lo que ocurre en ausencia de «rentas» marshallianas derivadas de situaciones de privilegio venga éste de donde venga, que cada cual recibe su coste de oportunidad: lo mínimo que se puede pagar a alguien es lo máximo que obtendría en competencia perfecta.

A los efectos de este post de hoy lo que aprendemos de estos juegos cooperativos es algo doble. Por un lado, y a efectos del llamado problema de Cataluña, es que no hace falta esa especie de fidelidad mutua para llegar a una solución sino que se puede llegar al mismo sitio con una especie de cuerpo a cuerpo que, por otro lado, será suficente para eliminar ls rentas que pudieran existiren un capitalismo eamigotes. Un resulyado este que hay que añadir al óbtenido sobre la base de un toque de irracionaldad.

Termino este examen superficial de la teoría de los juegos con un comentario muy general. Aunque quizá el tono de este post pueda ser entendido como una defensa del derecho a decidir, en este caso de Cataluña (y quien así lo pensara no iría muy descaminado), lo que realmente quiero subrayar es que menores pretensiones intelectuales que las que subyacen a la discusión diaria serían buenas consejeras y que, si nos ponemos todos a jugar el papel de racionales ilustrados, podemos ser arrastrados hacia un resultado menos satisfactorio que ese otro al que nos llevaría el permitir que los ciudadanos se «peguen» un poco a partir de un toque de irracionalidad.

Constant

Juan Urrutia y Juan Pop
Quizá la impresión más nítida con la que regresé de Gijón, en donde se celebró el Somero 2015, fue esa sensación que creí era compartida por muchos participantes y que consistía en el subidón que genera el haber encontrado claves para cambiar el mundo.

Con ese trasfondo volví a mi blog en un intento de ir analizando los componentes de esa sensación entusiasmante y escribí sobre el aspecto teatral de cualquier intento de enseñar algo a una audiencia cualquiera, un aspecto éste que no podrá faltar en el club de la abundancia. Pretendía ser el inicio de algo, pero desde entonces, hace ya más de diez días, he sufrido un verdadero suplicio a causa de la obsolecencia de algunos arreglos dentales ya muy antiguos y las consecuencias de dicha obsolescencia que, como mínimo, han dificultado mi alimentación justamente en unos días llenos de cenas y comidas con amigos muy queridos que se apiadaban de mí aunque esa fraternidad no les impedía ponerse ciegos de suculentos manjares mientras yo me limitaba a alimentarme de «potitos» por así decirlo.

laberinto de escaleras móviles constantPero este malestar no me ha privado de alguna visita cultural propiciada justamente por las obligaciones del buen anfitrión que me llevaron a visitar el Museo Reina Sofía y disfrutar de la exposición de Constant, un personaje holandés muy complejo (arquitecto, pintor y pensador utópico) que a personas de mi edad nos trae recuerdos de acontecimientos ya lejanos en el tiempo pero que remueven el pozo de los deseos exhuberantes que una día llenaron nuestra capacidad de entusiasmo y que hoy parecen volver con característica novedosas asociadas a la noción de Abundancia y de sus diversos matices.

Desde un marxismo civilizado propio de la posguerra, y que alimentó nuestra juventud de niños aburguesado, hasta el situacionismo pasando por la actitud de los provos y otras connotaciones del mayo del 68 han contribuído a que nuestra sed de absoluto no haya podido ser saciada del todo quizá porque está en su naturaleza el no poderse saciar. Y quizá por eso mismo el impacto de Constant sea grande y hagan de esta exposición algo obligatorio para los buscadores de la [[Abundacia]].

Además de su obra pictórica, encuadrada al principio en el grupo CoBrA y, en mi opinión admirable, o de su faceta panfletera nos encontramos con que en la parte más intelectual de La Nueva Babilonia, nombre bajo el que se exhibe en el Reina muchas de sus obras más originales, aparecen muchas ideas que hoy me parecen actuales y que, aparte de su obra pictórica, sorprende al visitante. Y, en este sentido, merece la pena recomendar que el posible visitante atienda a las explicaciones del curador escritas en la en la pared de cada sala y que incluyen citas del mismo Constant quien en su arquitectura trató de imaginar cómo podría ser la ciudad de un futuro en el que la Abundacia sería la «nueva normalidad» tal como ahora se dice sin saber muy bien lo que esta expresión significa.

Hace ya una docena de años escribí sobre el amigo de Constant que asociamos al situacionismo (Guy Debord) y sobre su obra «La Sociedad del Espectáculo» que, creo, merece la pena revisitar.

Tal como se lee hoy, la Sociedad del Espectáculo es una profecía clarividente que nos augura que acabaremos siendo lo que no somos, idea no muy brillante, pero que se complementa con la afirmación implícita realmente sorprendente de que ese no ser lo que somos es la condición necesaria de nuestra existencia, o si se quiere, nuestra verdadera esencia.

Y continuaba después diciendo que:

… para entender lo que Guy Debord creía entrever en el núcleo mismo del capitalismo que apuntaba ya hace casi cuarenta años tenemos que dar un rodeo para llegar a aceptar que no hay un ser debajo de las apariencias observables. No tiene, en efecto, sentido afirmar que soy un actor frustrado si llevo treinta años enseñando contabilidad como profesor asociado y practicándola en la empresa. Lo que soy es un contable y si me niego a que esa profesión agote mi pretendido ser podré efectuar toda clase de aspavientos para dramatizar mi angustia.

Un comentario este que nos acerca a la distinción que quería hacer yo:

Un banco hace hoy muchas cosas que no parecen pertenecer a su esencia como, por ejemplo, administrar patrimonios. Una concesionaria de autopistas puede doblarse en restauradora; una constructora en bodega y un portal vertical en el equivalente virtual de un panel publicitario. En estos ejemplos …. no acaba de diluirse el soporte último de cada negocio. El banco sigue intermediando plazos y riesgos, una concesionaria de autopistas sigue proporcionando transporte en ciertas condiciones de seguridad, una constructora no deja de hacer obra civil y un portal vertical consigue, tal como pretende, reducir algunos costos de transacción.

Pero en estos ejemplos observamos que, aunque se difumine el ser este sigue ahí como soporte de todos los demás avatares. Por eso precisamente no hay nada de espectacular en los ejemplos económicos manejados.

Para que cualquier actividad devenga espectacular tienen que darse, en efecto, otras circunstancias adicionales. La primera consiste precisamente en que desaparezca el soporte de lo accidental, en que el ser se diluya y no quede más que lo que parecían accidentes de un ser subyacente. La segunda circunstancia necesaria para que una actitud sea espectacular es que constituye un acontecimiento que congregue a un público numeroso y específico.

Debord no sabía la razón que llegaría tener porque

… no llegó a vislumbrar que llegaría un momento en el desarrollo del capitalismo en el que ya sólo hay espectáculo, que no hay nada por debajo de lo que congrega a multitudes. Lo que representa una mala noticia en esta constatación es que quizá los individuos no somos más que vehículos de los memes (o genes sociales) que persiguen su finalidad autónoma. La pésima noticia será que esos memes igual no saben a dónde van. Pero todo tiene su parte buena. Al saber que no hay ninguna realidad subyacente, sabemos con toda seguridad y por primera vez que podemos construir el mundo como queramos siempre que seamos capaces de domesticar a los memes..

Esta es finalmente la idea a la que quería llegar después de un largo rodeo. En La Nueva Babilonia se nos muestra con nitidez que en algún momento vislumbramos, la idea de [[Abundancia]], aunque no supimos explotarla. Los tiempos que corren son hoy propicios para recuperar el entusiasmo que en aquellos años pretéritos despertaron las posibilidades del final de la guerra y las alterantivas sociopolíticas que parecían posibles.

Hoy, una vez más cabe pensar que podemos ser los autores de todo.