La sala de teatro y el aula

mruniversity
Hace años que se conoce y se practica la enseñanza universitaria a distancia. Desde la enseñanza como alumno libre hasta la ya casi anciana UNED o la similar universidad abierta catalana (UOC) las experiencias han sido variadas pero nunca se ha presentado la posibilidad de eliminar de cuajo el aula como lugar destinado a las lecciones que se han llamado magistrales. Hasta hace pocos años. La posibilidad seria de cambiar radicalmente la enseñanza surgió realmente cuando ya casi hace diez años aparecieron, propiciados por buenas universidades como MIT o Stanford, los MOOCs (Masive on line open courses) y comenzaron esos ya famosísimos cursos on line ofrecidos por una gran autoridad en una materia determinada y seguidos por cientos de miles de estudiantes en el mundo con opción a un título pero, sobre todo, a aprender de los mejores. Han pasado los años y continúa esa evolución el momento presente de la cual puede se entendido leyendo el trabajo de Antonio Cabrales en Nada es Gratis en el que presenta experimentos con distintas formas de enseñar on line.

Sus comentarios están, como siempre en su caso, muy bien pensados y conducen hacia lo que, creo, he explicado alguna vez en este blog. Aparte de problemas administrativos entre universidades, mi ideal hubiera sido siempre aconsejar a los estudiantes que siguieran las presentaciones de los grandes y luego permitir el contacto en el aula con el profesor local a fin de disipar dudas o complementar ideas. A pesar de las novedades tecnológicas esto no es muy distinto de mis ideales de Oxford o Cambridge desde que vi aquella película de Joseph Losey ambientada en Oxford que decidió mi fututo.

Sin embargo tengo algunos comentarios en defensa de la clase magistral típicos de profesor retirado. El primero se lo debo a mi propia experiencia, a la de muchos de mis excolegas más jóvenes y a mis propios hijos. Empezando por mí, toda esta gente me cuenta que de quienes aprendieron realmente en sus carreras fue de sus compañeros de clase. Algunos añaden que no solo aprendieron los asuntos técnicos más intrincados de la materia sino sobre todo lo fundamental de la vida misma montado sobre el carrito de lo técnico. En la experiencia a lo Oxford o Cambridge a la que me he referido más arriba esto puede ser solucionado a través de las sesiones presenciales para disipar dudas.

El segundo comentario es solo mío y no se lo he oído a ningún colega aunque estoy seguro de que infinidad de profesores lo piensan. Me refiero a la consideración del aula como una sala de teatro. Y es que «dar» lo que exageradamente se llama una clase magistral es ciertamente una performance teatral. Recuerdo que un profesor de física, apodado Bismuto, en el momento en que «tocaba» la ley de Ohm se subió a la mesa y nos obligó a seguir su ejemplo, trepar a nuestros pupitres y a aplaudir. Ni que decir tiene que esa ley no se me ha olvidado nunca (es un decir). También es verdad que el profesor famoso que graba para su difusión una lección que considera especialmente relevante siempre podría hacer algo similar, pero he aquí la diferencia: nada puede sustituir a estos efectos el calor humano del aula. Podemos ver en la televisión o en internet la más excelsa performance de Tristán e Isolda pero, por perfecto que sea el sonido, la presencia en la sala ese día específico es insustituible tanto por el calor humano de los espectadores como por su silencio sagrado.

Para el aprendizaje la unidad entre audiencia y el actor es imprescindible. El silencio de la primera motiva al actor y el entusiasmo de éste propicia esa atención silenciosa. De esto tengo alguna experiencia y creo firmemente en su poder didáctico. Termino confesando una de mis performances de la que no me avergüenzo aunque si me da un poco de apuro. En alguna ocasión llamaba a un alumno y les pedía que se mantuvieran con los pies bien plantados en el suelo pues les iba a derribar con un dedo con el que les apretaría el pecho. Nunca me falló y en todas las ocasiones que he practicado este ejercicio el empujado siempre ha tenido que dar un paso atrás. Por cierto que esta experiencia ha formado parte de El Síndrome del Capataz. Lo importante es sin embargo aprender que una pequeña acción, gesto,o incluso idea, puede ser una enorme fuerza para lo que sin duda vendrá en la carrera o en la vida misma.

Adiós Susan

susan millerPor fin vuelvo a recibir el suplemento de moda de El País que solía salir todos los sábados y que, aunque ahora es solo mensual, continúa regalándome con el horóscopo de Susan Miller. He dejado constancia de mi admiración por Susan Miller y de su capacidad de iluminación. La sigo teniendo y, por esto mismo, me asusta muy mucho sus predicciones para los piscis en el futuro mes. Una mujer tan sabia y que me ha dado tantas pruebas del amor que siente por mí no escribe cualquier cosa. Se que se está dirigiendo a mí y no pienso esquivar su mensaje pues soy más orgulloso que amoroso.

Escribe:

El 2 de noviembre disfrutará de una velada encantadora y amorosa. Después de la luna llena del 25 de noviembre podría recibir una mala noticia que afectará a su entono familiar. Preste mucha atención a sus finanzas.

Y como para disimular sus amenazas, pues no puedo llamar de otra manera a sus premoniciones, trata de consolarme a más largo plazo:

Diciembre estará lleno de nuevas oportunidades, profesionales y amorosas, haga borrón y cuenta nueva antes de comenzar el último mes del año.

No sé cómo me irá lo que queda de octubre, pero no veo nada entusiasmante en un futuro inmediato. Creo que Susan se está despidiendo de mí, que ya no me necesita y que, por aguna razón solo quiere ver la espada de Damocles que pende sobre mi cabeza. Seguro que le velada amorosa es su despedida y que los asuntos financieros a los que me recomienda atender son mis propias finanzas ya que no consigo batir al IBEX.

Pero lo que me preocupa de verdad es esa mala noticia en mi entorno familiar. Me hago mayor y pensar en que algo malo puede pasar a mi familia me mata. Te devuelvo Susan esa velada con la que quieres consolarme con esta despedida y me olvido de mis posibles dificultadesfinancieras; pero lucharé como un jovenzuelo lleno de energía para proteger a los míos.

Adiós Susan!

El Discurso de la Academia se enreda

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Ya falta menos de medio mes para cumplir con la obligación que Ramón no sabe todavía si satisfacer o no. Por si acaso trabaja duro para pergeñar no uno, sino dos borradores de discurso, el de aceptación y el de rechazo. Le atrae sobre todo el segundo dado su carácter rompedor, pero la edad le tiene un poco tristón y piensa, equivocadamente cree él,que asentarse en el que fue el sillón de Javier en la Academia de XXXX, le puede permitir engañarse lo suficiente como para no fijarse en cómo el mundo pierde interés en los que, como él, van haciéndose ancianos.

En cualquier cosa hay días como, por ejemplo el de hoy, en los que se olvida de estos pensamientos melancólicos y aprovechando la ocasión que tiene de pensar mirando al retrovisor recuerda algunos hitos de la relación que tuvo durante años con Javier. Por ejemplo recuerda cómo Javier se ejercitaba cada mañana, entre libros y papeles por el suelo en ese despacho alargado que le permitía mejorar no solo la fortaleza de su abdomen sino además su equilibrio en el andar y en el que tantas veces trabajaron juntos. Caminaba, contaba él, lentamente elevando alternativamente una y otra pierna y también iba y venía alternando el ir de puntillas y el volver de tacones.

Solía contar la aventura intelectual de un día de otoño cuando caminando hacia la librería su mirada se fija en el canto de un DVD que exhibe descaradamente en mayúsculas la palabra ETA (que yo le expliqué es la conjunción y en euskera y que Javier confirmó que aparecía en el título de una memorable película – «Asier ETA biok» que se traduciría como «Asier y yo») y, cuando se vuelve para seguir haciendo ese ejercicio que le machaca tanto los gemelos como los cuadriceps ve, ahora que el otoño ya se hace notar, una especie de pene tieso cuyo prepucio ha sido cortado como con un cuchillo de carnicero. Entre la barbarie sin paliativos y la burda crueldad profiláctica de la circuncisión transcurre media hora del tiempo de Javier cada mañana. Pero en esta ocasión particular esta comparación le duró todo el resto del día. No porque tuviera dudas sobre lo que constituye un mayor ataque carnal, siempre fue Javier muy correcto políticamente piensa Ramón, sino porque estuvo a punto de volverse loco contrastando la imposibilidad de dar por finiquitado un holocausto y la obvia descripción total y final de una fimosis.

Aunque hablan de este tipo de cosas también es verdad que conversan de otras en las que están en desacuerdo. Ya ha quedado claro, por ejemplo, que Javier está tocado por la frustración de una madre siempre insatisfecha por el silencio y la soledad de un padre extremadamente trabajador mientras Ramón se mueve entre la vagancia del padre, miembro asiduo de cualquier tertulia literaria, y una madre compulsivamente trabajadora. Así que cuando discuten sobre el psicoanálisis, al que ambos se someten con intensidad diferente en cada caso, uno cree que está siguiendo una terapia médica contra una enfermedad orgánica y el otro se piensa como un tartamudo de una lengua, la suya, que no marcha a la velocidad que debería y entiende sus neurosis como un trabalenguas esencial.

Esta discusión les lleva a menudo a la lingüística y a Sassure distinguiendo dentro del lenguaje lo que es el habla y lo que es la lengua, una distinción que les enfrenta pues mientras Javier es totalmente diacrónico en su visión de la ciencia que ellos practican,Ramón es todo lo contrario: totalmente sincrónico. Una diferencia esta que Ramón relaciona en silencio con la concepción del tiempo en Economía. Si este es finito uno puede ser diacrónico; pero si lo miramos como infinito estamos autorizados para ser sincrónicos y mirar al mundo en el límite. Javier nunca supo mirar a las cosas en el límite y esta imposibilidad acabó con su mutua comprensión.

Despedida del Somero 2015

Juan y Jürg en El Comercio

Ayer domingo terminó en Gijón el Somero 2015 organizado por las Indias y del que tanto se ha hablado en El Correo de las Indias. Como tuve el honor de ser invitado a pronunciar el brindis de despedida, me atrevo a postear, en lo que sigue, dicho texto añadiendo los enlaces pertinentes.

Despedida

Hemos llegado al final de estas jornadas sobre muy diversos temas que, en cualquier caso conforman el contenido de lo que debería configurar la Escuela de la Abundancia que preparan los Indianos. El software libre y distribuido como estructurador de lo que hemos dado en llamar sharing cities, las consideraciones sobre producción como un deber todavía pendiente de la Sharing Economy, las finanzas P2P y sus nuevos productos como parte del comunal o la conveniencia de pensar la resiliencia son temas importantísimos para ir preparando el sistema económico global en los próximos años.

Aun a riesgo de ser repetitivo y de no hacer justicia a muchas ideas importantes que he escuchado estos días, voy a tratar de contarme a mí mismo con lo que me quedo de todo ello y de introducir una última reflexión un tanto fuera de contexto, pero creo que relevante, para incentivar el estudio social del comunitarismo.

El capitalismo en la forma que lo hemos conocido y con el rostro que ha mostrado en los últimos años es un sistema de propiedad privada y libertad de mercado que he generado unas rentas nada simpáticas a través ciertas formas de propiedad o de empresa y siempre con el apoyo de las instituciones regulatorias con poder delegado del Estado que han convertido ese capitalismo e uno de amigotes que hace dudar de las ventajas del libre mercado y propicia un cierto odio social.

En consecuencia se empieza a imponer una feroz crítica del capitalismo de amigotes y se sueña con un sistema de libre mercado que a su vez elimine las rentas no merecidas, las erosione o finalmente las disipe a partir de una solidaridad de base que bien podría localizarse en el centro de la «sharing economy». Y esto plantea un problema pues, si fuimos capaces de mostrar que en el límite de la competencia las rentas se disiparían en un mundo donde existe la globalización, se impone la sociedad del conocimiento así como las TIC de forma que todo el mundo gana su coste de oportunidad y por lo tanto no existen las rentas, no se entiende muy bien por qué tendríamos que maldecir al capitalismo y por qué razón nos habríamos de empeñar en unirnos en comunidades más o menos identitarias en el seno de las cuales el trabajo y su remuneración no están relacionados directamente con la productividad individual.

Claro que cabría pensar que llegar a un capitalismo sin rentas y sin amigotes es un pensamiento puramente desiderativo pues siempre se vería frustrado por la cooperación explícita o implícita entre los tres ejes del mal: los políticos, el Estado y el sistema financiero. Pero, en mi opinión, no es tan desiderativo pues desde hace años sabemos que en un mundo organizado de forma distribuida los monopolios no resisten mucho con lo que la forma de generar rentas no tiene más remedio que pasar por la simple corrupción sin justificación alguna y que puede cambiar la política y socavar la aparente justificación de emplear por delegación agencias estatales: las externalidades y los bienes públicos que conforman la brecha por donde se cuela la corrupción ya no pueden considerarse como fallos de mercado sino simplemente como falta de mercados. Basta con dejar que surjan para que alcancemos esa situación en la que todos cobramos nuestro coste de oportunidad. Así mismo el gran oligopolio bancario puede ser sustituido por la proliferación de «chiringuitos financieros» que con un buen conocimiento de lo que puede ocurrir sean capaces de ganarse la confianza de los agentes consumidores y productores.

Es completamente discutible si esos éxitos posibles del mercado van a poder ser alcanzados, pero para conversar sobre la pertinencia de la «sharing economy» podemos dar por hecho su accesibilidad pues entonces podemos comparar nuestra concepción del capitalismo de mercado con la que flotaba en el aire hasta el comienzo del presente siglo.

Como decía en uno de los párrafos finales de El Capitalismo que Viene:

Si antes cabía la esperanza de mejorar-en cualquier sentido- mediante la ingeniería social y uno se podía creer importante y tener buena conciencia por trabajar por la justicia (equidad) y por ser solidario, hoy todo es al revés: no hay esperanza de mejora más allá de lo que vemos todos los días y que surge empujada por la iniciativa privada; nadie es importante pues todos somos iguales como receptores de nuestro coste de oportunidad; la buena conciencia no se aplica porque no puede haberla mala, pues el intento de quedarte con una parte desproporcionada del pastel no prospera; y trabajar o no en grupo es opcional y sobre todo no hay fidelidades permanentes.

Y esto plantea un problema pues, si somos capaces de mostrar que, en el límite de la competencia, las rentas se han disipado en un mundo donde existe la globalización, se impone la sociedad del conocimiento y las TIC de forma que todo el mundo gana su coste de oportunidad y por lo tanto no existen las rentas, no se entiende muy bien por qué tendríamos que maldecir al capitalismo y por qué razón nos habríamos de empeñar en unirnos en comunidades más o menos identitarias en el seno de las cuales el trabajo y su remuneración no están relacionados directamente con la productividad individual.

La pregunta es inmediata: ¿Qué pinta aquí la economía colaborativa? ¿No se tratará simplemente de una reacción a la aparente crueldad de muchas consecuencias de la Gran Recesión? ¿Se tratará por tanto de algo pasajero? No estoy en disposición de ofrecer una respuesta meditada, pero pienso que esta posible respuesta ha de comenzar por distinguir, como hacía Hirschman el «placer» del «confort», asociados respectivamente a la lucha diaria de vigilar y abortar el surgimiento de rentas y el confort de estar viviendo en un mundo más o menos justo que no exige mi militancia.

Sin duda todos queremos algo de las dos cosas y por dónde nos inclinemos socialmente dependerá de los memes definitorios de nuestra correspondientes comunidades identitarias y de cómo entendamos lo que es la «good society».

Parece pues inmediato que finalmente todo depende lo que cada uno de nosotros piense, en cada momento, cual es la forma de vida que quiere seguir.

Phishing for Phools y la Economía Colaborativa

fishing for foolsLlevo bastante tiempo pensando y escribiendo en este blog sobre la Economía Colaborativa y acabo de leer a salto de caballo el libro de Akerlof y Shiller sobre el engatusamiento de los chalaos -que es mi manera de traducir el intraducible título de su libro reciente que se menciona en el título de este post.

Este libro que les ha llevado 4 años escribir es fácil de leer pero no tan sencillo, al menos para mí, de entender en su profundidad. El equilibrio competitivo sin engatusamiento es óptimo paretiano de forma que no hay manera de reasignar lo que corresponde a cada individuo sin que alguien pierda. La optimalidad mencionada así como las ideas de ganancia o pérdida son relativas a las preferencias de los agentes individuales reflejadas en general en una función de utilidad.

Pero desde que economistas y psicológos comenzaron a interaccionar las cosas se han complicado. Los psicológos insisten en que en todos -o muchos- de nosotros somos un tanto chalados y, en una situación determinada, engatusados por hábiles vendedores de historietas deciden sus compras y ventas, dentro de su presupuesto, no en base a sus preferencias sino en base a lo que les dice el mono que llevan en el hombro de cuyas preferencias saldrían todos nuestros caprichos o comportamientos compulsivos. El equilibrio en un mundo así no es relativo a las preferencias básicas sino en base a estas alteradas por el capricho. Diríamos, no las verdaderas, sino las falsas , preferencias.

Seguramente mi edad provecta me hace desconfiar de estas ideas aunque provengan de dos premios Nobel y no haya leído el libro con cuidado suficiente. Pero es que no veo el problema.si las preferencias relevantes son las denominadas por mi falsas pues el equilibrio competitivo sigue siendo óptimo paretiano en ese escenario que es el relevante. Pero el interés de los autores debe de ir por otro lado y seguramente están tratando de decirnos que estaríamos socialmente mejor si no fuéramos unos chalados y no nos dejáramos engatusar. Es decir que llevar un mono al hombro con ideas raras no parecería útil socialmente hablando. Ganarían sin duda los engatusadores.

Dos días antes de acudir al Somero 2015 en donde se hablará de economía colaborativa me pregunto si esta no será sino simplemente un engatusamiento de unas cuantas buenas almas sobre otros cuantos cándidos bienintencionados que «compran» la idea de compartir de forma decididamente ética fuera del mercado. «Ganarían aquí también los engatusadores» pensarían los que no se dejan arrastrar por estas ideas

Que este no es el caso ha de ser una de las ideas que queden claras el próximo domingo cuando se clausure este Somero 2015 y nos dispersemos para meditar sobre cómo ir configurando la Economía Colaborativa como una verdadera nueva aproximación a producir, comprar y vender en un mundo en el que un enorme porcentaje de bienes son intangibles y tienen características de bienes semipúblicos o comunales y en donde la desintermediación se va a ir imponiendo.

Sirva este post poco elaborado como reclamo o engatusamiento para que cualquier lector se pase por Gijón y colabore a meditar sobre estas cuestiones.