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¿Para qué las cejas?

cejas mojadas
De vez en cuando entro en una especie de trance que trastoca mi percepción. Un ejemplo es esa sensación que a veces tengo, de que los rostros humanos son pinturas o dibujos que transforman los agujeros de la nariz de todas y cada una de las personas en dos toques de pincel o dos machas grises de lápiz.

Es una impresión con consecuencias filosóficas pues me quedo aturdido como si pensara en quiénes somos nosotros los seres humanos más allá de una visión de un artista imaginativo. Pero ¿por qué orificios nasales? Entiendo que la pregunta parece menos interesante que las que, al concentrarse en la conciencia o los límites de la percepción, son las que dan a la reflexión llamada filosófica todo su empaque. Lo entiendo pero no puedo dominar mi imaginación y desde hace pocos meses he comenzado a verme a mí mismo mirando a todo prójimo un poco por encima de los ojos, los suyos, y sorprendiéndome de las cejas y su trazo. ¿De quien nos queremos diferenciar? Y esa es la pregunta pues la habitual sobre la función de nuestras propiedades físicas no parece pertinente.

Y la respuesta me llegó por una vía totalmente inesperada: un buen chubasco. Hacía tanto tiempo que no me ocurría que me hizo ilusión y gracia. La tormenta nos cogió a R., a N. y a mí a dos kilómetros de la presa de Colomers. Ya no tenía sentido volver a Foixá y seguir hacia Colomers parecía la única decisión sensata pues allí podríamos esperar a que M. nos viniera a buscar en coche resguardados en algún sitio. Pero ese sitio protector estaba muy lejos y arreciaba la lluvia que como inocente addagio acompañaba a los timbalazos de los truenos. No se lo que les ocurrió a mis compañeros de paseo pero yo llegué al refugio del puerto de kayaks chorreando agua y calado hasta los calzoncillos. Comprendí de pronto para qué sirven esa ridículas cejas que casi todos tenemos. Sirven para que la lluvia no sea como una cortina cegadora sino que dosifiquen la catarata cegadora en dosis diminutas de gotas que te permiten distinguir el terreno que pisas.

Y es eso, saber el terreno que se está pisando, lo que nos distingue a los seres más evolucionados.

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