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Los dos Juanes que hay en mí

As republicano de Jano BifronteYa tengo edad de salir del armario y lo voy a hacer hoy apoyándome en una simple aplicación de la mecánica cuántica o, más bien, de su imagen para legos imaginada por Schrödinger y su gato.

Hasta este año he insistido ante todos los que me felicitaban este 24 de Junio sobre el presunto hecho de que mi santo patrón era el San Juan Evangelista, ese hombre jóven que no falta en ningún cuadro del descendimiento incluyendo ese con el pelo rizadito que, siempre cerca de María, está representado en esta maravilla que aparece en el cuadro homónimo de Van Der Weiden, pero no solo ahí sino en otras obras de este pintor mágico que hemos podido admirar en el Museo del Prado. Pero a pesar de mis protestas he de agradecer que muchos amigos y amigas insistan en enviarme hoy su felicitación sin duda porque, al coincidir con el solsticio de verano, las noticias laicas de muchos medios recuerdan al bautista Juan.

A esta edad se ha acabado ya la confusión entre unicidad y autenticidad y puedo deshacerme de la predilección por el lírico Evangelista y admitir que mi auténtica personalidad incluye también al bélico bautista.

Estaré siempre dispuesto a dejarme cortar la cabeza si de lo que se trata es de la desesperación de una bella princesa enamorada a la que no he podido atender enfrascado en la acción por la liberación de mi pueblo; pero al mismo tiempo tendré que dormir menos para poder escribir no solo recuerdos intencionados y selectivos sino además mi visión del futuro que nos espera a pesar de todo el optimismo con el que la fe o la ciencia intentan consolarnos de nuestra finitud.

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Comentario

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  1. Los «dos juanes», San Juan «de verano» y San Juan «de invierno», coincidentes con los solsticios recibieron todo el simbolismo de Jano, el dios de las dos caras, al punto de que esta identidad entre un Juan de dos caras y el dios de las puertas es perfectamente reconocible en las celebraciones gremiales medievales y prácticamente explícita en la francmasonería dieciochesca.

    Frente a la peremne tríada cristiana que lo divide todo en tres personas y tres tiempos (vivo en nuestra obsesión por las triadas explicativas o en el contrapunto de Bach), el dualismo clásico y su verdad: no hay presente, solo hay pasado/conocimiento y futuro/hacer. Y en realidad ambos son uno, la puerta siempre está abierta y siempre está cerrada (aprender/conocer es también hacer).

  2. Felicidades, Juan. Me ha gustado esa dualidad que propones. Recuerdo que una señora de Palencia muy mayor y a la que guardo en mi corazón, me felicitaba siempre llegado el 29 de agosto, festividad de San Juan Degollado, con esa sagaz ironía de la gente de pueblo que sin embargo escondía ternura y cariño.