El giro performativo de la realidad económica

Fundacion lui vuitonThe Provoked Economy, el ultimo libro de Fabiän Muniesa, que ayer sirvió como pretexto para mantener una interesante tertulia sobre nada más y nada menos que la realidad. Para que tengan una idea de su autor y de la variedad de sus conocimientos copio aquí una parte de lo que dice la wikipedia sobre él.

Fabián Muniesa: Fabian Muniesa is a senior researcher (professor) at Mines ParisTech (the Ecole des Mines de Paris). Originally trained as a sociologist, he has developped expertise in fields such as science and technology studies, economic sociology, economic anthropology and organization studies. His current areas of interest and research projects include: the sociology of finance, the anthropology of capitalism, the history of experimental methods in the social sciences, the pragmatics of calculation, and the politics of innovation. He is the direction of the Observatory of Responsible Innovation and the holder of an ERC Starting Grant

Todas estas facetas están presentes en «Provoked Economy. Economic reality and the performative turn». Yo creí haber batido un récord cuando en la publicación de Puzzles and Problems titulé: E(S(SK)) en donde E quiere decir Economía, S significa ciencia y SK quiere decir conocimiento científico en general y económico en particular. Es decir que me interesaba en aquel momento la economía del estudio científico del conocimiento científico. Yo entendía por semejante cosa la manera que un economista puede tener de entender cómo se decide científicamente lo que es cierto o no es cierto en los resultados que se pretenden científicos. En resumidas cuentas que ese título muestra que siempre me ha interesado la Metaeconomía y que sigo creyendo que esta cosa sería útil hoy cuando dudamos no sólo de la utilidad de la Economía, sino también de cualquier forma de distinguir entre unos y otros de sus resultados. Los campos de estudio de Fabián que he citado pueden ser una gran ayuda para sacarnos a los economistas de un pozo que pocos niegan. Todas esas líneas de estudio junto con la idea de reflexividad en general y la de retórica en particular acabarán siendo bienvenidas en un mundo, como es el de los economistas, que se encuentra un tanto mortecino.

Algo diré de todo esto tomando como pretexto este giro performativo del que escribe Fabián desde hace años pero, de momento, comienzo con una anécdota que pone en la línea de salida. Durante las vacaciones y con el libro de Fabián en la mochila hice, con un grupo de amigos, una escapada a París. Aprovechamos la ocasión para ir a visitar las exposiciones permanentes y las temporales de la Fundación Louis Vuiton localizada en el edificio de Frank Gehry en el Bois de Boulogne. No teníamos entradas compradas on line e hicimos una cola no muy larga que, en cualquier caso me hizo pensar algo a lo que me he referido en el blog después de la vuelta a casa. Escribí lo siguiente:

Mientras hacíamos cola para sacar entradas me percaté de que había otra cola por la que accedían aquellas personas que ya venían con la entrada sacada por internet. Esta cola era mucho más corta que la que yo estaba haciendo, un hecho este que me pareció incomprensible. En efecto, en el mundo de hoy en el que cualquiera puede acceder a internet la decisión de si sacar la entrada por la red o llegar al museo sin entrada parece ser un problema de decisión que depende de lo que pensamos que harán los demás que se plantean el mismo problema. Y como tengo que pensar que todos piensan como yo lo sensato es pensar que, dado que todos dudarán lo mismo que yo dudo, nos encontraremos que como media, las dos colas serán de la mismo longitud. Por si no se entiende este razonamiento piensese en el caso en que todos utilizaran internet con el resultado de que la otra cola estaría disponible para el primer despistado que llegara de forma que, ante esa evidencia, una vez conocida, nadie sacaría entrada on line. Pero entonces ocurriría lo contrario con el resultado ya indicado, de que esperaríamos encontrar dos colas de longitud similar hiciéramos lo que hiciéramos nosotros. Me pareció que este era un ejemplo de constructo social basado en la información y la racionalidad.¿Por qué no ocurría eso hace unos días? Solo se me ocurren dos explicaciones. Una, que todavía no ha pasado el tiempo suficiente como para que todo el mundo sepa que todo el mundo lo sabe. Otra, que los costes salariales totales de los porteros en una u otra solución sean distintos. No me puedo decantar por una u otra de estas dos posibles causas de la diversidad de colas pues me faltan datos. Me temo que tendré que volver dentro de un tiempo para saber si las cosas han cambiado.

Esta anécdota no es sino un pequeño ejemplo de cómo es la manera de pensar de un economista, una manera que tiene mucho de reflexivo y que, a través de esta reflexividad, puede llegar a hacer de su teoría algo performativo. Es decir algo que acaba conformando una realidad en algún sentido. Ya no es un misterio esa idea de la que escribí un post titulado John Austin: How to do Things with Words, especialmente cuando, siguiendo a Bruno Latour, creo, nos dejamos enseñar sobre la distinción entre Things and Objects, algo relacionado con la concepción de la ciencia en general como una forma, la única conocida, de transformar los enigmas (puzzles) en problemas o en otros puzzles que abren nuevos frentes.

Ahora bien, si he querido comenzar con esta anécdota es para enfatizar que en el libro de Fabián Muniesa se mezclan las dos culturas entre las que nos debatimos en España: la anglo y la franca. Esta primera afirmación explica cómo el libro es difícil para un anglo como yo. Y, sin embargo, sumamente retador pues se trata de una extensión (sin duda) y de una extensión en varias diferentes direcciones de la idea de Performatividad sin reducirla a la dirección Metaeconómica. El reciente libro de Muniesa tiene una vocación «inspiracional» y se desempeña muy bien en esa dirección en lo que respecta al mundo de los business compuesto por todo lo que se enseñan las business schools cada día más numerosas e internacionalizadas.Pero un economista se siente un poco extraño en ese mundo poblado de «cosas» como el back stage de un Banco de Inversiones, la presentación de un modelo de negocio para una firma cliente, la valoración de las cotizaciones en un mercado bursátil, el examen experimental de las preferencias de los consumidores, la realización de una campaña de publicidad como esas que tanto hemos disfrutado en Mad Men o el estudio de cómo manejar la administración pública. Estos no son sino casos prácticos del fenómeno que filosóficamente o sociológicamente nos tiene cautivados: el del status de la realidad.

¿Es esta realidad algo independiente de todo y que está ahí fuera esperando a ser encontrada y explicada por distintos instrumentos o es algo «construido» por esos mismo instrumentos de análisis que se utilizan para comprender?

Desde que François Lyotard nos complicó la vida con esto del posmodernismo no hemos podido librarnos de estos puzzles intelectuales en los que los francos son expertos; pero también los anglos, por simplificar, han hecho lo posible para arruinarnos la alegría de vivir de los economistas que creíamos que nuestra presencia en el mundo era similar a la de un científico natural ante un mundo externo prácticamente imposible de modificar.Pero ya hace tiempo que hemos perdido la inocencia y que nos hemos planteado problemas de performatividad cuyo examen quizá sirva para enriquecer la conversación entre sociólogos, antropólogos, etc. y economistas, esa conversación que tanto necesitamos los economistas en estas épocas en las que hemos perdido confianza en nosotros mismos. Una conversación que muy bien podría tener hoy su línea de salida. Yo traté de iniciarla hace años en un pequeño ensayo que en su día escribí para la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía y dentro el volumen dedicado a La Economía y sus Métodos sobre la entrada Reflexividad.

En ese pequeño ensayo hay algunos ejemplo de Performatividad. 1) La curva de Phillips con expectativas racionales que en la medida que permiten que los agentes económicos sepan lo mismo que el economista no pueden permitir que se les engañe por la política económica que querría aumentar la inflación para reducir la tasa de desempleo. Ese engaño no es posible y, diría Lucas, la curva de Philips es vertical y por lo tanto inútil a efectos de Política económica. En la medida en que la política monetaria se ha revelado poco eficaz en la solución del problema del desempleo quizá podríamos decir que Lucas ha creado realidad, que la Teoría, en este caso económica, es performativa. 2) Otra área que sin duda se presta a seguir pensando sobre performatividad es la de las burbujas especulativas, un tema muy de actualidad tanto en la economía real como en la financiera (que no deja de ser real como bien nos recuerda Muniesa). Si todos supiéramos que no pueden existir en un mundo racional ejemplificado por el modelo standard de equilibrio general, pues quizá no existirían (salvo casos excepcionales) tal como nos mostró Tirol ya en el 82. Sin embargo, sabemos que en horizontes finitos o en situaciones en las que hay activos varios y diferenciados alternativos sí que pueden existir. Es decir que la performatividad en economía no es algo automático. 3) Unos cuantos años más tarde se podrían hacer ejercicios similares en el mundo de las finanzas tratando de sugerir que, una vez conocida la fórmula de Black and Scholes por parte de todo el mundo y en la medida en que todos sabemos que todos saben esa fórmula, no hay manera de ganar algo arbitrando de forma que el precio de los activos será el que es. En esta dirección se puede ir muy lejos tratando de entender cómo la performatividad genera incentivos al cambiar detalles de las formas de hacer las cosas para dar ocasión a la posibilidad de ganar dinero arbitrando en un mundo en el que existe el High Frequency Trading, algo de lo que se hablaba en este mismo escenario hace no mucho tiempo.

Y de estas novedades financieras, además de de la generalización de su extensiones se habla, entre otras cosas, en el libro de Fabián que, insisto, es una rica generalización de la performatividad hacia la Provoked Economy. Una generalización que se detiene en asuntos de los que los economistas deberíamos aprender como son la descripción, la simulación casi teatral o la «eficacia» en el sentido de «effect» o traer al mundo de la realidad a la antigua. Pero una generalización que no entra explícitamente en el mundo de la Metaeconomía o de la Metasociología quizá, en este último caso, porque la sociología siempre ha estado en ello. En la medida en que los economistas o algunos economistas se han planteado estas cuestiones me parece oportuno acabar mi contribución inicial a esta presentación llamando una vez más a la conversación entre economistas y sociólogos.

Un primer punto de interés de esta conversación consistiría en juntar fuerzas a efectos de avanzar en la discusión sobre la performatividad de esa Meteconomía (o Metasociología) en el sentido de saber si esas ideas meta generan instrumentos metateóricos como ocurría, por ejemplo, en el caso de la Teoría Financiera que generaba nuevos activos financieros. He aquí una idea que copio del ensayo citado y que se refiere a una forma de separar las ideas buenas de las malas mediante un mercado de ideas tal como sugería hace años Jesús Zamora

Si, por ejemplo, la metateoría que llamamos “mercado de ideas” se impusiera parece evidente que algunos metateóricos se considerarían llamados a instrumentar ese enfoque diseñando algunas formas de publicación de las ideas que permitieran el conocimiento suficiente de sus características como para que el mercado funcionara. De la misma forma que se puede pensar sobre la propiedad intelectual y su influencia en la innovación, se puede también pensar sobre ciertas formas alternativas de publicación que por cierto ya apuntan. En el primer caso cabe llegar a cambios legislativos. En el segundo a cambios en la manera de comunicar ideas. En el primer caso las nuevas formas de propiedad intelectual o su desaparición son el resultado de una teoría económica determinada, en el segundo caso las nuevas formas de circulación de las ideas pueden ser el resultado de una metateoría determinada: la que entiendo el quehacer económico como un mercado.

Un segundo punto de interés de la conversación que sugiero es crucial para los economistas que, como resultado de la crisis, se han dado cuenta (aunque no todos) de que necesitan abandonar su orgullosa independencia y acercarse a otras ramas del conocimiento sobre la realidad social, sea este la historia o, desde luego, la sociología del quehacer teórico-económico.

Podría añadir, como tercer punto de interés, lo que sería mi contribución a este inicio de conversación. Se trataría de lo que en su día denominé la Potencia semántica de la Retorica. Hay dos ideas que recuerdo. La moda como una forma de performatividad y, en segundo lugar, las diversas formas de filtrar las ideas, en paralelo o en batería que resultan, cuando los filtros no son perfectos y estamos en presencia de sesgos confirmatorios, en beneficios epistémicos diferentes dependiendo de la arquitectura del filtraje y de la riqueza ideética inicial.

Y termino reiterando mi deseo de comenzar esa conversación entre culturas que puede ser tan enriquecedora.

Salta la chispa

neptunoCreo que, a pesar de mi sentido del ridículo, me estoy enamorando de una mujer a la que no conozco. Se trata de Susan Miller mi astróloga favorita de la que ya he escrito en este blog. De ella dice cada semana el suplemento de moda de El País lo siguiente:

Es la astróloga estadounidense más respetada y seguida del mundo. Solo en internet sus predicciones son leídas, cada día, por seis millones de personas. Con 25 años de carrera, sus libros son superventas en todo el planeta.

Semana tras semana me inspira y a mi edad esta admiración no puede acabar más que en el amor. Esta semana lo he comprendido pues me dice que:

su ingenio comunicativo continuará siendo de gran utilidad

Y aunque no me dice para quien será de utilidad he de suponer que será para aquellos que tengan a bien escucharme en la tertulia que, con ocasión del reciente libro de Fabián Muniesa (The Provoked Economy) tendrá lugar el próximo miércoles en el medialab de Madrid. En efecto, mi admirada Susan continúa:

Y su creatividad alcanzará la cima el 29 de abril cuando su regente Neptuno esté en un ángulo bueno con respecto al sol

Justo el día en que tengo que explicar por qué la Economía puede aprovechar mucho en estos momentos de crisis la sabiduría de los sociólogos de la ciencia y, en particular la de estos de entre ellos que se dedican a estudiar aspectos sociológicos de algunas «cosas» económicas. La sabiduría que acompaña al misterioso astro me será muy útil

Como se comprenderá ya no puedo vivir sin ella.

Cultura post crisis

sardinasCada vez es menos improbable que el día que podamos decir que los efectos de la Gran Recesión han desaparecido nos encontremos con la evidencia de la existencia de ciertos cambios culturales profundos que parecen ya insinuarse. Es difícil imaginar la desaparición de la economía de mercado, pero no lo es tanto hacerse una idea de lo que posiblemente vaya a ser Sistema Económico Capitalista. Se apuntan muchos cambios aquí y allí; pero sobre todo hay dos signos difíciles de obviar.

Por un lado está el énfasis claro en el problema de la desigualdad, un fenómeno que, se mida como se mida, parece aumentar en todas partes. Curiosamente y de momento no se ha vuelto la atención hacia ideas antiguas sobre la cuestión de la distribución que nos ilustrarían bastante al respecto. Me refiero a los problemas de distribución y de la evolución de las participaciones del capital y del trabajo en la producción. Esto influye en la desigualdad, pero lo interesante era a la sazón su influencia posible en los propios precios de manera que resultaba obvio que las diferencias de clase no solo impactaban en el capitalismo sino también en la economía de mercado. Como ya dije hace algún tiempo haríamos bien en releer a Srafa o la polémica sobre el Capital que tuvo lugar entre los dos Cambridges, el de Inglaterra (con Joan Robinson, o Passineti) y el de Massachusetts (con Paul Samuelson).

Pero por otro lado está un movimiento claramente perceptible que aunque pueda parecer menos técnico y menos científico, se me antoja de más largo alcance en lo social y en lo técnico. Me refiero a la economía colaborativa (o sharing economy) que va reclamando su espacio sobre la base de las nuevas tecnologías digitales y el estudio de redes así como sobre ideas cooperativistas y sobre instituciones que nacieron y siguen naciendo para la creación y gestión razonable de los [[comunal|bienes comunales]] entre otras muchas cosas. Destellos de este movimiento se ven en partidos políticos nuevos; pero sería un error anunciar a bombo y platillo el advenimiento inmediato de una nueva cultura económica.

Pero mientras todo esto llega no estaría mal que cada uno de nosotros empezara a entrenar para contribuir a una nueva forma de convivencia. Y la mejor manera de hacerlo creo que es ensayar nuevas formas de conversación que encuentren su lugar entre la palabra profesoral o patriarcal propia de una iglesia establecida y la mera verbalidad desatada muy útil (supongo) para apoyar a tu equipo de fútbol, pero totalmente inútil para alcanzar las formas propias de una comunidad que es la que da sentido a las palabras.

Expertos y diversidad

russell keynes strachey
Enredando en los borradores de este blog me encuentro con este post sobre Expertos y Diversidad que es posible que apareciera en la revista mensual Capital; pero como, aunque así fuera, no soy capaz de encontrarlo, me permito subirlo al blog, con mínimos retoques, pues no creo que haya perdido actualidad.

¿A quién le importa la diversidad? La observación casual del entorno más inmediato nos llevaría a pensar que lo normal es aborrecerla a juzgar por la xenofobia, de cada día mayor intensidad, que se nota por la calle y sobre la que leemos en los periódicos. Y, sin embargo, Santo Tomás de Aquino en su Summa contra Gentiles dice que

un ángel es más valioso que una piedra. No se sigue, sin embargo, que dos ángeles sean más valiosos que un ángel y una piedra.

Debe haber alguien por ahí que, en lugar de aborrecer la diversidad, la aprecie incluso si no ha leído a Santo Tomás. Pero no es fácil encontrar personas que, por poner un ejemplo tonto, aprecien Nueva York, no tanto por ser todavía el centro del mundo cultural o financiero, como por la variedad de razas, idiomas o colores de las personas que nos cruzamos en una cualquiera de sus avenidas o calles o por la variedad de la comida étnica que nos ofrecen sus restaurantes. Quizá merezca la pena por lo tanto dedicar unas líneas a tratar de entender al Doctor Angélico desde una esquina de nuestro mundo de hoy que tanto aprecia a los expertos y su pericia nada diversa.

La cita del párrafo anterior abre la primera investigación teórico-económica seria de la que soy consciente sobre la diversidad y ya tiene más de diez años, casi trece. Se trata del trabajo de K. Nehring y C. Puppe aparecido en el número 50 de Econometrica el 3 de mayo del 2002. Estos autores prueban, en efecto, que bajo la vigencia de ciertos axiomas, más o menos familiares para los economistas, existen unas denominadas funciones de diversidad cuyo valor alcanzado puede entenderse como el grado de diversidad del conjunto al que se aplican y que, en consecuencia, pueden asimismo ordenar cualquier subconjunto de acuerdo con ese grado de diversidad.

Y ¿para que nos sirve esta medida de la diversidad y esta capacidad de ordenación? Pues, entre otras cosas, para ordenar comunidades identitarias distintas y concluir, por ejemplo, que Cataluña es más diversa que Euskadi lo que culturalmente puede ser muy importante pero económicamente es ambiguo pues los vascos serían más homogéneos y enfrentarían menos problemas para la asignación óptima de bienes públicos, mientras que los catalanes se aprovecharían mejor de las complementariedades productivas y podrían mostrar una mayor productividad. Estas mediciones tienen su interés a efectos, por ejemplo, del diseño de la estrategia de política económica para cada una de estas CCAAs en España y, también sin ninguna duda, pueden aplicarse a problemas de organización política en general o al diseño de instituciones.

Pero hay otras razones menos obvias para prestar atención a la medida de la diversidad y que deben ser destacadas. Se me antoja que la ciencia, tan importante para la innovación y el desarrollo de nuevos productos, sería más potente si se desarrollara en una atmósfera mucho más heterogénea que la que percibo a mi alrededor aunque en estos últimos, y muy recientes, tiempos comienzo a vislumbrar una cierta defensa de la heterogeneidad especialmente para la gestión. Como dije en este otro post sobre esta diversidad en la que insisto:

..si el monoteísmo científico moderno creía en el espesor de una realidad que hay que perforar, el politeísmo posmoderno vislumbra más bien una superficie plana inmensamente grande que hay que ir descubriendo. Disciplina contra orgía, en esa oposición veo yo el interés del asunto de la diversidad aplicado a la reflexión sobre la ciencia

Y a mí, contrariamente al espíritu de sacrificio con el que hoy nos fustigan, la orgía me gusta mucho más que el rigor de la disciplina. O visto de otra manera, y por utilizar la famosa dicotomía de Isaías Berlin, siempre me he decantado por la zorra, que sabe de todo un poco, frente al erizo que sabe mucho de una sola cosa. Pero percibo que últimamente, y contrariamente al posmodernismo presuntamente reinante, lo que importa es la pericia,entendiendo por tal ese conocimiento de los expertos que tanto se reclama ahora para casi cualquier discusión política o social sin advertir, pienso yo, que en la pericia está siempre presente la homogeneidad del pensamiento y la consiguiente sospecha de esterilidad. Al menos por mi parte.

La folie pratique II

Iwan-Baan-for-Fondation-Louis-VuittonNuestra folie propia es imparable en París aunque es dudosamente práctica. El gusto por las novedades artísticas nos condiciona el día y a veces no comemos o no cenamos bien porque se nos ha pasado la hora al mediodía o bien porque ya no nos quedan fuerzas para volver a salir después de un pequeño descanso al atardecer. Después de nuestras visitas al Louvre y al Museo de Artes Decorativas de las que daba cuenta en el último post hicimos una especie de cena temprana que me permitió descansar como si hubiera subido al monte para estar dispuesto para el siguiente día, un día que necesariamente debía pasar por la Fundación Luis Vuitton alojada en el último edificio de Frank Gehry, ese arquitecto al que ayer asociábamos al art nouvau, algo poco sexy y adecuado solo para abuelitas amables.

Esta fundación, bien reciente pues se inauguró en el último cuatrimestre del año pasado se encuentra en el maravilloso Bois de Boulogne, al oeste de Paris como si fuera el parque particular de los señoritos del arrondissement XVI y, dada su juventud, sus exposiciones permanentes no son lo suficientemente atractivas como para merecer una visita si no fuera por el edificio o por las exposiciones invitadas, como ocurría estos días con El Nacimiento de una Pasión, pasión ésta que no se sabe muy bien si se refiere a una cierta pasión por un tipo de arte o a la pasión del señor Louis Vuitton por el arte que quizá comenzó por este tipo de arte que la Fundación ha sabido juntar en este edificio que en esta ocasión no se come al contenido. Embarcamos en una navette que nos trasladó desde la Plaza del Arco de Triunfo hasta la mismísima Fundación en unos pocos minutos hacia el oeste.

fundacion louis vuittonEl examen del edificio nos llevó mucho tiempo pues se trataba de compararlo con el que alberga al Museo Guggenheim de Bilbao tanto en sí mismo como forma decontinenete de obras de arte que merecen ser vistas con atención. Tengo que confesar que no estuve muy despierto a esta discusión pues me rondaba la cabeza un problema de “dinámica de fluidos”, como si dijéramos, algo que es ahora cuando empiezo a encuadrar. Mientras hacíamos cola para sacar entradas me percaté de que había otra cola por la que accedían aquellas personas que ya venían con la entrada sacada por internet. Esta cola era mucho más corta que la que yo estaba haciendo, un hecho este que me pareció incomprensible. En efecto, en el mundo de hoy en el que cualquiera puede acceder a internet la decisión de si sacar la entrada por la red o llegar al museo sin entrada parece ser un problema de decisión que depende de lo que pensamos que harán los demás que se plantean el mismo problema. Y como todos piensan como yo lo sensato es pensar que, dado que todos dudarán lo mismo que yo dudo, nos encontraremos que como media, las dos colas serán de la mismo longitud. Por si no se entiende este razonamiento piénsese en el caso en que todos utilizaran internet con el resultado de que la otra cola estaría disponible para el primer despistado que llegara de forma que, ante esa evidencia, una vez conocida, nadie sacaría entrada on line. Pero entonces ocurriría lo contrario con el resultado ya indicado de que esperaríamos encontrar dos colas de longitud similar hiciéramos lo que hiciéramos nosotros. Me pareció que este era un ejemplo de constructo social basado en la información y la racionalidad.¿Por qué no ocurría eso hace unos días? Solo se me ocurren dos explicaciones. Una, que todavía no ha pasado el tiempo suficiente como para que todo el mundo sepa que todo el mundo lo sabe. Otra, que los costes salariales totales de los porteros en una u otra solución sean distintos. No me puedo decantar por una u otra de estas dos posibles causas de la diversidad de colas pues me faltan datos. Me temo que tendré que volver dentro de un tiempo para saber si las cosas han cambiado.

matisse la dance 1909Acabamos entrando y, además de explorar cada rincón del edificio intentando discernir si cada tuerca o cada viga era adorno o necesidad, acabamos pasando rápidamente por la obra propia y deteniéndonos en lo preciosos cuadros de la exposición no permanente. Cuando uno tiene que disfrutar de tanta belleza hay que utilizar alguna estratagema y la mía es siempre la misma:pensar qué cuadro me llevaría a casa. una operación esta que exige mucha meditación y tiempo para distinguir el material, la técnica o el colorido. Descarté El Grito, de Munch, por una razón frívola: que ya lo tengo en casa aunque sea en forma de imán pegado a la superficie del frigorífico. A continuación descarté a Picasso por mero gusto de ir a la contra y luego a Picabia justo por lo contrario, porque su obra pictórica es sutilmente realista y eso contrasta con el resto de la exposición. Y me centré en dos obras entre las que no me podía decidir y que examiné varias veces. La Dance, de Matisse, llena de movimiento y el cuadrazo de Rothko, parte de una serie denominada Black, Ochre, Red over Red, nada más que forma y color y, sin embargo, sugerente de suaves olas marinas.

No acaban aquí las excursiones artísticas; pero basta ya con el arte o los museos como viviendas más o menos adecuados para ese arte. Necesito tiempo para reflexionar sobre lo que he llamado «dinámica de fluidos» y encontrar otros ejemplos de surgimiento de pautas de conducta arbitrarias y quizá locas pero que acaban por ser muy prácticas.

La folie pratique I

salvar el mundo michel bauwensEl TGV de la Gare de Lyon a Girona, dormir en Foixá y luego conducir de vuelta a Madrid. No es un simple paseito y se me ha hecho largo aunque ha valido la pena. No solo por la paz del Baix Empordà y el buen tiempo que ha permitido que los paseos que mi corazón exige fueran un placer raro para un urbanita como yo; sino también por esa visita a París que se va haciendo regular y que me permite paseos urbanos entre librería y librería y entre museo y museo. Como siempre, he traído la mochila llena de libros incluyendo el de Michel Bauwens en el que trata de salvar al mundo a través del P2P; pero no he podido robar ningún objeto artístico por lo que procuraré en lo que sigue escribir algo sobre ellos.

victoria de samotraciaEl Louvre sigue siendo el lugar de una espera interminable, pero había que ver la última restauración de la Victoria de Samotracia. La imagen de la victoria es más expresiva que nunca, la mujer a punto de volar está más guapa que nunca aunque le falte la cabeza, su color ha dejado de ser cenizo y las piedras que la sostienen consiguen por fin hacernos creer que ella, la victoria, está en la proa de un barco navegando en un mar que consigue elevar la proa hacia ese mundo que Bauwens pretende salvar. La gente que se agolpa a su alrededor o que pretende enterarse de los detalles de su restauración constituye una multitud de fotógrafos implacable, por lo que decidimos concentrarnos en Poussin del que se expone unos cuantos cuadros geniales bajo el título poco brillante de Poussin et Dieu. Son escenas de las escrituras, singularmente del nuevo testamento que reflejan con una claridad asombrosa y unos colores arrebatadores la maestría de este pintor que pintaba estas escenas ejemplares por encargo.

Eucaristía (1647) Nicolas PoussinMe hubiera llevado la mejor última cena que nunca me ha sido dado contemplar, la única que no ve la mesa como lo hace una cámara de televisión; pero aunque no hay mucha gente no me parece que podría sacar este cuadro dentro de mi mochila y pasar por delante de los vigilantes que parecen estar muy alerta ante la eventualidad de un ataque yihadista.

Quizá valdría por hoy, pero no nos resistimos a visitar una exposición, entre otras, en el aledaño Museo de Artes Decorativas en la que se muestra el trabajo de Fornasetti al que citaba en el último minipostpost y al quien se debe la foto que lo acompaña. Esta exposición lleva por título uno que no me gusta nada: La Folie Pratique, La Locura Práctica.

la folie practiqueEs cierto que la locura que siempre subyace al impulso creativo puede aplicarse a mesitas de café u otros utensilios de la vida ordinaria pero tener que añadir que se trata de una locura práctica me molesta tanto como me molesta cuando las escuelas de negocios se atrincheran contra la locura del querer saber afirmando que, en su caso, ese saber es útil implicando que en general se trata de algo inútil. Me compro un pequeño carnet de notas con copias en miniatura de autorretratos de este habilísimo artesano y comerciante y me dejo llevar a dos pisos más arriba de este museo a fin de contrastar el Art Nouveau y el Art Deco. La piezas son escasas y es fácil contrastar a efectos decorativos una y otra de esas áreas decorativas que también corresponden a dos formas de entender la arquitectura representadas hoy, por ejemplo, por Frank Gehry y por Rem Koolhas según nos comentaba hace unos días Vicente Verdú. Si se me permite una improvisación yo veo en estos dos pisos de decoración la misma diferencia que entre lo teórico y lo práctico. Lo deco es una mujer que te mira retadora sin límite en lo que expresa y lo nouveau es una abuela que te abre los brazos como a cualquier otro nieto.

Hay otras muchas cosas que ver en París, pero ya son las cinco de la tarde y estas discusiones, una vez acabadas, nos recuerdan que no hemos comido y que el desayuno está ya en los talones. Mañana más.

Información, conocimiento y sabiduría.

Piero-FornasettiExplorando el blog me doy cuenta que mi interés en la sabiduría viene de antiguo (aquí y aquí) aunque muy recientemente parece que ha vuelto a mi cabeza aunque con un tinte más específico (aquí y aquí). Sin embargo hace ya algún tiempo que no posteo nada sobre esta idea de sabiduría como un estadio superior del conocimiento.

Pero llegar a París me hace ponerme alerta al respecto pues, debido a mi edad, sigo considerando a Francia como la cuna de la sabiduría o de un cierto tipo de sabiduría. He traído conmigo un ejemplar de La Vanguardia y he leído un reportaje sobre la celebración del décimo aniversario del BSC-CNS (Barcelona Supercomputing Center- Centro Nacional de Supercomputación). Refiriéndose a la creciente capacidad de computación y la abundancia de datos, decía el director asociado de el dicho centro, Francesc Subirada: «veremos cosas que no podemos ni imaginar».

Pero sí que, en su opinión hay una tendencia clara. Como la cantidad de datos que generamos es cada vez más ingente habrá que desarrollar tecnologías de la computación para extraer significado de esos datos. Para que sean útiles y mejoren la vida de los ciudadanos «hay que convertir los datos en información, la información en conocimiento y el conocimiento en comprensión».

Y es esa comprensión la que constituye una forma de sabiduría que merece la pena explorar como algo que no puede surgir sin esfuerzo del mero conocimiento generado por la información. ¿Qué tipo de esfuerzo hay que realizar para ser sabios hoy en el mundo de los infinitos datos?

Quizá la respuesta esté en el título de una exposición a la que he dedicado horas esta mañana en París «La folie pratique». La exposición era de Fornasetti.

Edmond Malinvaud

Edmond MalinvaudUna vez aclimatado a estos aires ampurdaneses el «deber» me llama a seguir elucubrando sobre el estado de la economía académica de la que hablaba el primer lunes de la semana santa Joaquín Estefanía en El País en una columna titulada «El economista y las manos sucias». En esta columna, muy propia de ese espíritu sereno que los periódicos impostan cuando parecen desaparecer las prisas de la actualidad, trataba de criticar a la profesión de economistas académicos por su incapacidad para la autocrítica a pesar de los acontecimientos de la Gran Recesión señalando algunas excepciones puntuales entre las que destacaba Estefanía la de Philip Mirowski de la universidad de Notre Dame quien atribuye la responsabilidad de la deriva peligrosa a las ideas que desde hace años se atribuyen a la Escuela de Chicago y a su liberalismo antiintervencionista, su énfasis en la expectativas racionales o su contribución a la elaboración y «pricing» de productos financieros derivados.

La pregunta de Estefanía sigue sin ser contestada doctamente por el cuerpo de economistas académicos a pesar de la necesidad obvia que existe hoy de revisar con cuidado la dirección que han tomado juntas la macroeconomía del equilibrio y las Finanzas a pesar de intentos encomiables como el INET que Soros fundó hace años. Por eso me parece muy interesante el ciclo de conferencias que llevadas a cabo en New York podemos hoy seguir con paciencia en el número de la «New York Review of Books» correspondiente al 29 de marzo de este año y que también ofrece los correspondientes «youtubes» de las intervenciones que un selecto grupo de profesionales ofreció en su día.

Algunos de los intervinientes mencionan, aunque sin enfatizar, que quizá la insistencia en el equilibrio constante y en las expectativas racionales están en el origen de la deriva de la teoría macroeconómica actual, pero uno puede detectar una especie de sesgo constante hacia la salvación del quehacer teórico de los últimos años y una falta de valentía en reconocer los errores, con las excepciones de siempre. Y es quizá esa valentía lo que más echo en falta de alguien como Malinvaud que, fallecido hace un mes a los 91 años (según leo en «Nada es Gratis») no necesitó arroparse en grupo académico alguno sino que supo ser respetado por todos y pensar con independencia sin necesidad de dedicar todos los minutos del día a la teoría. Espero que alguien más adecuado que yo hará un obituario pertinente y dedicará un in memoriam de su trabajo que tanto señaló a economistas de mi generación intelectual como directamente Laffont o indirectamente Tirole.

Por mi parte, y una vez más, trataré de aprovechar la ocasión de su triste fallecimiento para recordar que quizá lo que Estefanía echa en falta sin saberlo es aquel movimiento prometedor de la Macroeconomía del desequilibrio del que, sin duda, Malinvaud formaba parte con el distanciamiento correspondiente. Basta echar un vistazo a esta entrada de la Wikipedia para recordar lo que fue aquello y cómo el movimiento fue perdiendo capacidad de arrastre. Ha hablado y escrito tantas veces de esto que ahora me limitaré a decir que casi todos los nombres mencionados en esa entrada forman parte de mi formación intelectual y que la eliminación de su influencia en el devenir de la teoría macroeconómica fue para mi la raíz de mi desencanto con la teoría, el origen de mis ideas sobre la ciencia como constructo social sometido a reglas sociales relativamente arbitrarias y también de la falta creciente de interés en mi carrera académica con la desorientación correspondiente.

Y eso a pesar de que la figura de Malinvaud consiguió mantener a un conjunto de jóvenes (en su momento) economistas franceses trabajando alrededor de la idea de precios fijos como una consecuencia del desequilibrio y de la dificultad de modelar la racionalidad de las expectativas fuera del equilibrio. Su aportación está muy bien descrita aquí y su libro fue una de mis últimas trincheras en este campo de batalla de la economía académica.

Se ha ido sin conocer un posible renacer de sus ideas, pero me alegra terminar diciendo que los deseos de repensar los fundamentos de la teoría macroeconómica acabarán pasando por esta senda abandonada en su momento pero que puede ser un buen comienzo para algunos intentos de renovación.