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Inflación y Eurobonos una vez más

globosMe permito comenzar recordando que la Crónica de una Crisis que termina más o menos a finales del año 2013 ya contenía la receta semikeynesiana de Inflación y Eurobonos. Desde el principio parecía lo obvio por lo que «Hacia un Nuevo Relato» se inició aquí como una serie de más de ochenta posts tratando de focalizar la forma nueva de pensar y no únicamente en macroeconomía. La idea era solo semi- keynesiana pues no consistía solo en gasto público financiado por deuda y bajadas de tipos de interés en caso de que la trampa de liquidez no las esterilizara, sino que ponía el énfasis en generar inflación para hacer más llevadero el proceso de endeudamiento, es decir en una combinación inteligente de política monetaria y de política fiscal.

Tal como explican con gran claridad Peter Temin y David Vines este tipo de solución hoy ha de tener en cuenta lo que hoy ya sabemos sobre la equivalencia ricardiana y el tamaño de los multiplicadores del gasto para calibrar bien el tamaño de gasto adecuado pero, por lo demás, la receta es la de siempre. Así se aplicó en los EE.UU. desde el principio de esta Gran Recesión todavía bajo la presidencia de Bush con el apoyo decidido de su Secretario de Estado Paulson. Pero parecía que no hacía falta o que la receta no era adecuada.

La cosa pareció que se solucionaba hacia el 2010, pero los problemas financieros de todo el mundo estaban ahí latentes y la actividad volvió a ralentizarse para reactivarse de nuevo hasta hace poco cuando hemos topado con el problema de Europa, que no se atrevió a seguir la receta de siempre aunque no por antigua sino a fin de aplicar la cataplasma todavía más antigua de aguantar el chaparrón con austeridad, es decir, envolviéndose entre las mantas de la cama no nos fuera a pasar como a los japoneses que solo se libraron del shock del enorme peso de la deuda porque casi toda la deuda era interna y porque los japoneses son seres humanos muy civilizados capaces de acomodarse a largos periodos de languidez.

Tuvo que venir Draghi y enfrentarse con la rigidez europea y las crisis financieras, como la resaca de la griega, mediante una finta que amenazaba con saltarse informalmente su mandato mediante una frase mágica («todo lo que sea necesario») para ir acercándose hacia la receta de siempre y que seguía funcionando. Pero tuvo que hacerlo poquito a poco y con la vigilancia continua de Alemania y su Banco Central. Han sido necesarios casi dos años, pero a pesar de esta oposición parece que ya no caben dudas de que hay que generar inflación mediante la compra condicionada de ciertos tipos de deuda para que, finalmente, y a través del G-20, hasta Alemania acepte la intervención del BCI para construir infraestructuras, una aceptación frente a la cual alguien como Joaquín Estefanía se muestra un tanto escéptico en su ya diaria columna de El País correspondiente al reciente día 16.

Por fin hemos llegado a la receta por la que yo abogaba: Inflación y Eurobonos. Pero hoy cabe preguntarse: ¿Incluso con esta enorme deuda que Europa ha acumulado por no actuar antes? El optimismo me lleva a pensar que se puede inflar la economía mediante una especie de QE, versión open markets operations, siempre que sepamos construir un bono especial y ponderado de acuerdo con el peso en Europa de sus componentes. Por fin encuentro, no imagino yo, y más tarde de lo deseado, la clave para que funcione algo así como los eurobonos. Se halla en un articulito obligatorio de dos mentes claras, las de L. Garicano y L.Reichlin, sobre como crear un «bono europeo» que premia el funcionamiento del QE que nos saque del peligro de Devaluación en Europa. La idea de un bono ponderado es tan sencilla que uno se pregunta cómo no se le había ocurrido a alguien.