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Un par de lágrimas

carltonLos años de plomo pasaron y llegó una época menos dura, pero tampoco idílica, allá por mediados de los noventa. La Ertzantza me llamó a su cuartel de María Díaz de Haro y me dijo que, aunque lo que ellos (no ellos sino «ellos») tenían de mí no era el resultado de un seguimiento sino mera información de medios públicos, les parecería prudente por mi parte no tener unas costumbres demasiado regulares. Más en concreto y puesto que en la época yo venía a Bilbao cada quince días por cuestiones de trabajo, me recomendaron no dormir en mi casa cada vez que viniera por aquí. La siguiente vuelta a Bilbao les hice caso y con los ojos un poco empañados pedí habitación en el hotel Carlton. La siguiente vez decidí olvidarme y me fui a mi casa de LA sin ningún gesto de desafío a nadie. Desde entonces han pasado muchos años y nunca había pisado un hotel bilbaino hasta hace dos días.

Vinimos a Bilbao y no para negocios sino por motivos familiares, pero nuestra casa está en obras, casi totalmente derruida por dentro como si LA fuera Alepo. En ese momento recordé mis congojas de aquella vez en el Carlton y el Hotel del Embarcadero en LA me pareció una especie de Guantánamo que, de todos modos sobrellevo con dignidad. Está al lado del piso en obras y las vistas al Abra son las mismas.

Pero el caso es que si vuelves a casa y ésta se te oculta, vuelve la cara para no verte, tu humor cambia y lo que es una serie amable de recuerdos se convierte en una película mala y llena de cortes. Ya no hay proyeccionista y nadie arregla ese celuloide que corre el peligro de desaparecer llevándose contigo una buena parte de tu alma.

En mi paseo durante la única ventana de calma que la meteorología local parece nos iba a conceder inicié el camino de mis rememoraciones tratando de continuar con las que escribí aquí; pero todo era distinto y hasta la casa del músico Andrés Isasi que da nombre al Conservatorio de LA y de cuyo parentesco lejano presumo a veces me pareció descuidada y sin gracia. Nada está ahi para ser visto. Todo está en nuestra cabeza y es ella quien controla nuestra mirada.

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Webmenciones

  • Transgredir 31 enero, 2014

    […] ella y que los de LA no creen estar escuchando nada valioso cuando escuchan la misma pieza en el Andrés Isasi. Sí, quiero delatar la estupidez humana que nos lleva distinguir lo que el oído no distingue […]