DiverXo

diverxoLa televisión está consiguiendo que la comida, y especialmente la gastronomía, se esté convirtiendo en una de mis principales fobias. Odio el lenguaje que se desarrolla a su alrededor y siempre rebosante de diminutivos correspondientes a ese toque personal y definitivo que el chef proporciona mediante una muy pequeña dosis de un ingrediente poco usual. Los rankings de restaurantes solo se pueden comparar en su monotonía a las crónicas del fútbol envilecido por el dinero. El ingreso de la gastronomía en el mundo académico, con su mezcla de ciencia y humanidades acabará envileciendo esa iniciativa de hibridación tan prometedora. Y los experimentos sobre formas de vivir relacionadas con la comida dan un poco de dentera cuando hay hambre en muchas partes del mundo, incluso en las grandes ciudades de los países más desarrollados.

Y a pesar de todo esto quiero hacerme eco de la tercera estrella Michelin concedida al restaurante DiverXO del barrio de Tetuán en Madrid. Solo he comido en él una vez en mi vida para celebrar el fin de carrera de mi hija hace unos meses y tengo que decir que me gustó lo mismo que las novelas negras que inundan el mercado global con pequeñas especializaciones geográficas: te gustan mientras estás inmerso en ellas y luego ya no puedes distinguir unas de otras.

Por supuesto que no recuerdo lo que comimos unos u otros de los comensales de aquella celebración, pero sí recuerdo que, en cada parte de un menú largo, el llamado lienzo (plato que aparece como una superficie blanca que llama a ser decorada) se fue pintando poco a poco con el cuidado repelente de los propios cocineros o camareros o dueños que conformaban figuras y colores bien combinados usando como pintura la comida elegida. No digo que no tenga gracia, pero ¿tiene eso algo de diverso o diferente? ¿aprendes algo nuevo?

Los propios interrogantes sugieren que mi respuesta tiende a ser negativa y, aunque no sé muy bien porqué es así, tiendo a creer que la diversidad es algo que me gusta, pero que no es todo lo enriquecedora que podría ser si le falta la rebeldía. Ahora recuerdo que llevo años predicando como un cura viejo acerca del mundo de la ciencia o del pensamiento en general que es precisamente este par -Diversidad y Rebeldía- el que consigue un progreso no meramente imitativo y repetitivo. Y hoy la rebeldía puede estar justamente en la falta de sofisticación, en la falta de contrastes de sabores y en una cierta limpieza de líneas.

Lo malo de Bilbao es…

Los intelectuales de mi aldea - Zubiaurre 1912-13Bilbao es mi patria, en ese sentido en el que un amante diría a su amada que ella es su única patria. Es algo que está más allá de nacionalismos y mucho más cercano al reconocimiento en uno mismo de las convenciones de un tiempo y un lugar determinados, pautas de conducta de las que uno no podría librarse ni aunque lo intentara, cosa que no está en mi mente. Y aun así no estoy del todo ciego y me doy cuenta de que son solo mis recuerdos infantiles los que hacen de mí un bilbaíno irredento pase lo que pase.

Más tarde creces, viajas y llega un momento en el que quisieras ser suizo o veneciano o incluso bávaro o austriaco teniendo en cuenta que por razones histórico-industriales, y en parte también familiares, ya eres bastante británico. Pero este es un caso bastante común en esta ciudad de mis amores y un ejemplo de este fenómeno era Isabel, cuyo obituario escribí con tristeza y veracidad hace pocos meses.

Nuestra común britanofilia se mostraba en muchas de nuestras conversaciones mientras paseábamos por cualquier sitio, pero especialmente por Salzburgo. Y una de esas conversaciones recurrentes comenzaba por la pregunta retórica de quiénes conformaban nuestro Bloomsbury bilbaíno, esa mezcla de afectos, competencia, gusto por las artes y pasión por el conocimiento que pueden considerarse como pilares de una vida interesante, en medio de una época incluso peor que la actual.

Pero, mucho me temo que el Bilbao en los 70/80 no era el Londres de las 20/30 y que nuestra ambición se vio frustrada a menudo. Ni tuvimos profesores como los de Cambridge, (véase G.E. Moore) ni nuestro entorno más inmediato era intelectualmente ambicioso, sino que estaba contaminado por el aspecto meramente pragmático de la ingeniería, ni el servicio público tenía nada de respetable.

En un mundo así los que habíamos viajado lo suficiente como para echar de menos Russell Square, Lady Ottoline Morrell y los demás, nos sentíamos un poco decepcionados especialmente si cualquier intento de elevar los estándares estaba encaminado a no llegar a ningún sitio. Como ejemplo de esto recuerdo ahora uno de mis mayores fracasos en materia de servicio público en los principios de los años 80 del pasado siglo.

Se trataba, en medio de mi sorprendente y breve decanato, de conmemorar el 25 aniversario de la instalación de la Facultad de Económicas de la Universidad de Valladoloid en los locales de lo que era y sigue siendo la Escuela de Comercio en la calle Elcano de Bilbao, hoy denominada Escuela Universitaria de Estudios Empresariales. Para ese momento esa Facultad de económicas ya pertenecía a la recientemente creada Universidad de Bilbao e inmediatamente, del País Vasco. Me sentía muy honrado de estar en medio del cambio desde un ambiente ingenieril exclusivamente hacia otro menos práctico y más abstracto y, desde luego, disfruté mucho planeando las festividades que marcarían la conmemoración del de ese aniversario. ¿Qué hacer además de un acto académico en el que presentaríamos un libro de ensayos escritos por los miembros de los distintos departamentos y que yo tuve el honor de prologar agradeciendo a todos los catedráticos que habían estado a la cabeza de la creación de la Facultad?

Había que hacer algo más pues era poco probable que ese libro de ensayos causara ningún impacto memorable, una estimación correcta ya que soy incapaz hoy de encontrar en la Red ni siquiera su referencia. Y lo único que se nos ocurría a mí y a mis colegas y amigos más cercanos estaba relacionado, ¿cómo no?, con Bloomsbury.

En primer lugar deberíamos traer a nuestra ciudad una muestra del Taller Omega para comparar su obra con Gaston y Daniela un signo eminente de nuestra ciudad. Esto podría ser además una muestra temprana de la colaboración entre la universidad y la sociedad que la sostiene. Desde luego el Museo de Bellas Artes, nuestro museo, aprovecharía la ocasión para traer a Bilbao una muestra de la obra de los artistas ingleses centrados en Bloomsbury y especialmente Duncan Grant.

Y, naturalmente, organizaríamos un congreso sobre Keynes con la presencia y dirección de Axel Leionhufvud, Herschel Grossman y otros que todavía estaban orgullosos de haber introducido en la academia la Macroeconomía del Desequilibrio. Los amigos más cercanos, otros patriotas bilbaínos, soñaron conmigo sobre el cambio copernicano que este aniversario iba a constituir y pronto se establecieron los contactos oportunos en el mundo del Arte y de la Economía.

Todo el mundo rebosaba entusiasmo y no parecía que el presupuesto se fuera a disparar dados los contactos personales con los responsables de las correspondientes instituciones inglesas. Pero la organización de los eventos necesitaba su tiempo y para cuando las cosas estaban maduras como para presentarlas ante lo que entonces era el Patronato de la UPV/EHU yo ya había saltado del decanato a caballo de mi impaciencia y falta de ductilidad. Todo se desmoronó como un castillo de naipes cuando el Patronato, hasta entonces entusiasta, se quitó líos de encima y lo dejó todo en manos del nuevo decanato. La decana renunció a todo, sospecho que con una sonrisa de complacencia ante el fracaso de estos recién llegados que no entienden nada de la idiosincrasia local.

Y termino contando que aquí está justamente mi desencanto y mi desesperación acerca de la existencia de un Bloomsbury bilbaíno. Bilbao estaba atrapado y quizá lo esté todavía (aunque espero que no) en un círculo vicioso que ha arruinado la alegría de no pocos conciudadanos. Bilbao no se atreve a confrontar un mundo verdaderamente intelectual precisamente por la falta secular de una Universidad y, en consecuencia, no apoya una Universidad de calidad por falta de una ambición intelectual asociada a un pensamiento abstracto al que se mira con recelo.

A pesar de todo no tengo dudas de que un día Bloomsbury llegará a Bilbao.

Y ahora The Economist

reniPearson PLC aprovecha las sinergias y, si hace unos días lo hacía con un editorial del FT, ahora lo repite de forma ampliada en el último The Economist correspondiente al pasado viernes: proponer una nueva forma (nada nueva) de enseñar Economics. Es una columnita un poco más extensa que la del FT y, además, reporta sobre un experimento que está teniendo lugar en el UK ahora mismo. Me ha llamado la atención porque, al extenderse un poco más, lo que predica se corresponde exactamente con el programa con el que comenzó la Carlos III hace 24 años en sus estudios de Economía. Historia Económica era una rama fuerte que poco a poco fue adquiriendo su independencia administrativa formando su propio departamento. La Historia del Pensamiento Económico y la Metodología formaban parte del curriculum inicial aunque no de forma obligatoria, sino opcional; pero poco a poco fueron desapareciendo a pesar del entusiasmo de algunos profesores. Pienso que alos pocos años la maquinaria del momento y la forma de prosperar en el mundo académico arrumbó estas dos últimas asignaturas y el entusiasmo y calidad indiscutible del claustro puso el énfasis en la teoría y la econometría, sin perder un solo minuto en lo que parecían disquisiciones poco útiles. Tanto El FT como el The Economist nos están diciendo que hubieran sido muy útiles a la luz de los acontecimientos de los últimos seis años.

¿Nadar? ¿flotar?

hunter-s-thompsonHace menos de un año, Patsy Ostroy colgó en mi blackberry Brain Pickings, la página de Maria Popova que, de manera regular, ofrece ideas de pensadores conocidos en diversos campos y que, pienso yo, resultan ser de utilidad en algún sentido para una gran variedad de gentes.

Hace unos días recibí a través de este canal un trabajo en el que Popova hace referencia a la edición de una colección de cartas entre las que comenta una de Hunter S. Thompson, un icono de aquellos años jóvenes que he evocado al leer a Alan y en los que nos parecía que la escasez no era tan rígida y que podíamos prescindir de ella mientras explorábamos una nueva manera de vivir a partir del existencialismo y de la búsqueda sana del placer. Los tiempos actuales están muy lejos de esa manera de plantearse el sentido de la vida y por eso mismo es maravilloso echar un ojo a un producto de aquel tiempo rescatado por Popova en su columna de brain pickings titulada «20-Year-Old Hunter S. Thompson’s Superb Advice on How to Find Your Purpose and Live a Meaningful Life».

O sea que un veiteañero en el 58 H.S. Thompson va autilizar una carta a un amigo para dejarnos a los lectores de sesenta años después su idea del sentido de la vida. Despues de disculparse por abordar una misión imposible, se apoya en Shakespeare para iniciar su perorata:

To be, or not to be: that is the question: Whether ’tis nobler in the mind to suffer the slings and arrows of outrageous fortune, or to take arms against a sea of troubles…

Y continúa diciendo que efectivamente la cuestión está en si flotar con la marea o nadar hacia un objetivo. No queremos realmente ser bomberos, banqueros, policías o doctores, sino que queremos ser nosotros mismos. El objetivo es absolutamente secundario, lo importante es nuestra manera de funcionar en el camino hacia el objetivo y esto nadie nos lo puede dictar puesto que permitirlo sería renunciar al acto de la voluntad que me [[individuación|convierte en un individuo único]].

Y aquí termino yo este primer post después de haber recibido el alta de una intervención delicada y ridícula. Un post que me obligo a escribir para mantener una cierta continuidad con lo que he escrito últimamente y, sobre todo, para rendir homenaje a la nueva dirección de «el Correo de las Indias».

Un decepcionante editorial del FT

Casi siempre lo mejor de un editorial del FT suele estar en el título y su correspondiente subtítulo. En este caso, correspondiente al 13 de noviembre, esta ley no se cumple y mientras el título es prometedor- The new economics- el subtítulo es inusitadamente ramplón: «Teaching of the discipline needs to rely less on abastract models».

Si este conjunto de dos frases resulta un poco decepcionante es, primero, porque lo que promete el título se queda en una mera mención del INET (Institute for New Economic thinking) del que ya se ha hablado en este blog en repetidas ocasiones, que se creó por la iniciativa de Soros y que, aunque prometedor, todavía no es del todo rompedor ni de gran poder lumínico y, segundo, porque decir que la enseñanaza de la economía debiera ser menos abstracta y más práctica no es decir nada y parece como un slogan de una Business School.

Lo único reseñable que cuenta este editorial es que se debería estudiar historia económica. Ya lo decía siempre Axel Leijonhufvud y no por un toque de erudición. Creo que era por un deseo creciente de romper con la manera de pensar teórica en la que él estaba formado y de la que estaba tratando de salir hacia formas de hacer hoy ya casi respetables, tal como he procurado señalar en el aniversario de Cuadernos de Economía

¿Será que el FT se está desmoronando como tantos otros medios? No me lo puedo creer. Espero que sea solo un lapsus tonto.

Un triste día de otoño

foixaHa sido un fin de semana largo en Foixà. Nos «saltamos» el viernes y así pudimos cenar con buenos amigos ese mismo viernes y ya el sábado celebrar por todo lo alto el día de Thanks Giving con una semana de adelanto. Es buena esta reunión cada dos años pues ves a amigos de verdad a los que no tienes ocasión de tratar asiduamente por la distancia geográfica. Todo el festejo comienza con una comilona muy a la americana y no acaba hasta bien entrada la noche después de cantos, bailes, bebidas, sin y sobre todo con, así como un resopón tardío del que ya ha desaparecido ya el acento gastro-americano y ha sido sustituido por la correspondiente tortilla de patatas. Y casi no hay tiempo de charlar con todos y saber de la familia, profesión y aventuras de cada uno de ellos.

Pero el tiempo pasa y uno empieza a sentirse viejo y a verse un poco triste en el espejo de los otros. Es ahora, en ese momento, cuando a uno le entra la tristeza y cae en que hace frío, el sol no ha lucido nada, la tramontana se renueva, el alcohol me sienta mal, las tripas se me han revuelto y tengo ganas de devolver. Volvemos a Foixà y nada más entrar en casa comienza a llover lo que tenía que haber llovido hace una semana para haber evitado el incendio. Nos despertamos tarde y con dolor de cabeza. No nos da tiempo más que de reconocer La Carretera de McCarthy en la zona quemada, de cerrar bien la casa, olvidarnos toda clase de cargadores y salir corriendo para atrapar ese AVE que nos devolverá a casa a una hora razonable para meditar sobre la semana entrante.

Una semana en la que toca una junta general que certifique el cierre a mis efectos de un negociete que le recuerda a uno a aquellas épocas en las que parecía que todo era posible, el ingreso para una intervención quirúrgica que no es grave pero que siempre es molesta y uno cree que delicada estéticamente. Hace frío y llueve y me llaman de Foixà que ha habido una inundación en casa y la cocina está encharcada. Se me olvida la bufanda y se me hiela el aliento a medida que me acerco al lugar de celebración de la Junta General. Apenas hay gente pues a nadie le gusta este tipo de funerales. Todos o casi todos han delegado su voto y no tardo mucho en largarme a volver a pasar frío y hacer bíceps manteniendo el paraguas abierto pues no he encontrado la boina que, seguramente, debe estar con los cargadores olvidados y esperemos que a salvo de la inundación.

Me pongo a llorar sobre este teclado y me interrumpe una encuesta telefónica. Por alguna razón que no entiendo bien, mi vieja faceta profesoral se me impone y me largo a poner unas magníficas notas a unos servicios profesionales que quieren saber cómo lo hacen. Pienso que me da igual, que la chiquilla que me llama debe ser joven y parece ganarse la vida de una manera que no es la peor del mundo. Me la imagino sentada en una silla cómoda y en una habitación caldeada. Cuelgo el teléfono y sin saber cómo o porqué ya me encuentro mejor. ¡Quién sabe, quizá consiga resistir hasta la primavera!

Me entran ganas de que se prolongue el ingreso hospitalario sine die para no pensar en incendios o inundaciones y concentrarme en Europa Central, esta novela de Vollmann que tanto me recomiendan, mientras disfruto de las bellas imágenes de la anestesia mezcladas con una extraña prosa.

LXVIII: Un continuo retramar

Interrogating the real

interrogatingtherealEn el trabajo en curso al que hacía referencia el otro día trato de encontrar la clave para no caer en el cosmopolitismo desiderativo de aquellos que se creen muy viajados y ciudadanos del mundo seguramente arrastrados por la vergüenza que les da que les vean como gente enraizada, de pueblo. Este cosmopolitismo tan apreciado en los curricula de cualquier profesional es, sin embargo, una añagaza del llamado Sistema que nos lleva por un camino que no lleva a ninguna parte en la construcción de nuestra individualidad única. Tal como arguyo en ese documento que no sabría donde publicar, solo una «traición» secuencial a algún rasgo de la [[comunidad imaginada|comunidad identitaria]] del momento que vives te permite llegar a la individuación, a convertirte en una persona auténtica y no una pieza de una máquina desconocida.

Ese trabajo fue escrito hace bastantes años y, de repente, descubro que en el año 2005 Zizek publica un prefacio, denominado The Inhuman, a una compilación de artículos que conforman «Interrogating the Real». Yo diría que en ese prefacio Zizek escribe eso mismo aunque en tono más general y más lacaniano como no podría dejar de ser el caso tratándose de este pensador poco clasificable.

Y ¿qué entiende Zizek por lo Real? Naturalmente lo que Lacan trataba constantemente de enseñarnos, que lo Real no está en lo sustancial o percibible, sino justamente en lo que aparenta ser insustancial, lo que está en los intersticios geométricos del entramado en que consiste este mundo nuestro de lo humano constituido por piezas que pareciendo tener sustancia y estar «ahí fuera» no son sino fantasías de la geometría que quizá ayudan a vivir. Lo que no pertenece a ese mundo humano, lo que está solo en esos intersticios de nuestro mundo resulta ser justamente lo inhumano, lo incomprensible tanto desde la individualidad como desde lo comunitario.

Ser humano auténticamente es pues la reconstrucción constante de la trama de la aparente realidad de manera que siempre tengamos oportunidad de pensar desde ese no-lugar nunca igual a sí mismo. No porque allí esté la verdad y eso nunca cambie, no, justamente lo contrario, porque en las costuras de la trama está la semilla de la «retrama», la semilla de una nueva plantación que nunca será igual a ninguna otra o un nuevo plano de la organización arquitectónica de un mundo hasta entonces no imaginado.

Y eso, dice Zizek, es la filosofía como ejemplo de un saber de nada, de un pensar que no conforma sino un recordatorio constante de que nada se puede saber de verdad; pero que es necesaria para abrir los ojos a nuevas vistas que no son ni verdaderas ni buenas ni se aceran a serlo; pero que sí son nuevas. No hay pues pensamiento respetable que no sea novedoso, radicalmente novedoso sin que quepa disfrazar como tal cualquier comentario erudito sobre cualquier comentario erudito de ayer.

Solo es verdad el incendio de lo humano.

La última cena

porrasychocolateVoy al Rubber a concretar los detalles de la intervención del próximo día 20 y a pedir recetas de la droga que compartimos mi mujer y yo. Como el doctor de familia que me ve y me sigue hace ya muchos años está pasando consulta en ese momento aprovecho la espera para acercarme a la cafetería y acelerar mi deterioro consumiendo un descafeinado con el acompañamiento de mi veneno favorito: churros y azúcar. Como mi estómago los rechaza empleo mi tiempo en observar a mis compañeros de exilio del mundo de los sanos y lo que veo es la repetición múltiple de una última cena de condenado a muerte que ha usado del privilegio cruel de forrarse antes de, en la madrugada, arrastrar los pies de la celda al cadalso o la cámara de gas. Son caras de «misión cumplida», de despedida de uno mismo ya convertido en un niño goloso que prefiere una porra a unos años de vida. Y, sin posibilidad de evitarlo, mi imaginación condicionada se va a la ultima cena del Cristo y sus discípulos. El tiene el privilegio de no solo arreglar su propio sacrificio sino también el menú y la compañía. Los discípulos saben que algo se acaba pero se dejan llevar por la ansiedad bucal por el pan y el vino y disfrutan de sus efectos reclinando cabezas en hombros ajenos. Menos el único lúcido que no puede dejarse engañar y pretende acabar con esa pantomima. Pero la lucidez perdió la partida, como siempre.

4th. Diversity Prize

paul-seabrightAyer terminó el congreso de economía correspondiente a la reunión anual de ASSET organizado este año 2013, como todos los años, por esta asociación y en el seno de la cual se entrega el Diversity Prize a aquel investigador en Economía que, trabajando en una de las instituciones pertenecientes a ASSET, destaque por la diversidad en su trabajo siendo capaz de obtener resultados brillantes en numerosas distintas áreas y así lo reconozca un jurado formado por Claude d´Aspremont, Alan Kirman, Salvador Barberá y yo mismo.

Aunque ya soy mayor, esta reunión anual, que este año se ha celebrado en Bilbao, en donde nació esta asociación hace ya muchos años, siempre me emociona un poco, no tanto porque no olvido fácilmente mis años de profesor en esta ciudad (en la que nací) sino, sobre todo, porque uno se siente no del todo inútil al ver cómo las generaciones se van solapando en el mundo de la investigación y cómo esto ocurre a hombros de profesionales que ya son estudiantes de aquellos primeros estudiantes que uno mismo «engañó» para que se dedicaran a esa profesión de pensar en problemas de teoría económica.

Sin embargo esta emoción no es del todo limpia pues al mismo tiempo uno se asombra de que el número de investigadores continúe creciendo junto con el número de publicaciones de calidad y de que, visto desde la obsolescencia propia, uno no pueda dejar de pensar que esta labor de búsqueda lúcida se haya convertido en una rutina acumulativa que, hasta cierto punto, ha ensombrecido el ansia revolucionaria por descubrir claves ocultas.

Pero lo que más me ha enriquecido esta última reunión ha sido la conversación con el ganador del cuarto premio a la Diversidad instituido por la FUE (Fundación Urrutia Elejalde) hace cinco años en Estambul y que fue entregado el viernes pasado a Paul Seabright por las razones que el jurado ha destacado y que pueden leerse aquí. Creo que le gustó la escultura de M.P.H. (Thinking Head) que se entrega al ganador de cada convocatoria anual y ya empezó a dar le vueltas a qué organizar el año que viene en Marsella donde se celebrará la siguiente reunión de ASSET.

Hablamos bastante de ello, de la importancia de la Diversidad en general y para la generación de riqueza en particular. La pregunta que Paul quisiera hacerse al tiempo que invita a otros a acompañarle en la búsqueda de respuestas es si la mano invisible de Adam Smith con su correspondiente división del trabajo genera la suficiente diversidad. Hay bastantes ideas sobre diversidad tanto en general como en el mundo de la cultura en concreto, pero me parece que aquí se podría abrir un campo de investigación novedoso en cuyo comienzo uno puede respirar hondo y sentirse cerca de descubrir una nueva vía llena de promesas, una nueva clave.

Increíbles ministros

El señor Fernández trató de calmar los ánimos de la Asociación de Victimas del Terrorismo a raiz de la sentencia contra la llamada Doctrina Parot anunciando que, desde su departamento, harían todo lo posible para que los etarras, o exetarras, que van a ir saliendo de la cárcel no gozaran de todos o algunos de los beneficios sociales que, como el seguro de desempleo por ejemplo, podrían corresponderles. No hace falta decir que se trata de una declaración incomprensible y que, además, vuelve a caer en la retroactividad. Lo mismo que la decisión del departamento de Wert de no completar desde el gobierno central el monto de las becas Erasmus. Espero que este gobierno recupere la cordura cuanto antes.