Queda inaugurado el curso académico

inauguaracionuc3mPara cuando esta columna vea la luz el curso académico universitario 2013-2014 se habrá abierto ya con las palabras que dan título a esta columna. Y lo habrá hecho muy probablemente en medio de una notable confusión en muchos asuntos entre los que destacan las becas y las tasas. En las pocas líneas que siguen pretendo sugerir una cierta forma de plantear la solución de los problemas generados por estas dos cuestiones en base a dos principios, el de la igualdad de oportunidades y el de la autonomía universitaria. Así mismo pretendo hacer ver que su aplicación puede solucionar otros problemas del sector universitario menos conocidos.

Entre nosotros las universidades o son privadas o, si son públicas, son autónomas dependiendo económicamente de la correspondiente Comunidad Autónoma en la que están radicadas. La autonomía de las universidades es grande y se manifiesta en las muy diversas formas de plantearse y realizar su servicio a la sociedad más acá de la competencia en cuestiones muy básicas correspondiente al Gobierno del Estado. De ahí que haya planes de estudios diferenciados para una misma titulación y que no todas las Comunidades Autónomas cuenten con el mismo abanico de titulaciones. Cada una decide el servicio universitario que quiere ofrecer y reparte el dinero con el que cuenta entre las diversas universidades públicas que se tienen que apañar esencialmente con esa financiación a efectos de poner en práctica sus planes docentes e investigadores previamente aprobados por sus órganos de gobierno y por la Comunidad que tiene que financiarlos. Si las cosas son así, y sí que lo son a grandes rasgos, no hay escándalo alguno en que distintas universidades tengan tasas distintas para la misma titulación. De hecho es lo que esperaríamos si hubiera competencia entre ellas. Veámoslo.

Una universidad intelectualmente ambiciosa puede plantearse una campaña de atracción de estudiantado de calidad hacia una titulación específica a base de ofrecer unos estudios servidos por profesores especialmente brillantes atraídos por el proyecto, por el total de su remuneración, o por el abanico de sus obligaciones. Seguramente esta forma de proceder redunda en un mayor coste de impartirla y puede exigir un incremento de tasas que se concederá o no por la Comunidad correspondiente. En una situación así, creo interesante experimentar con la eliminación de la subvención generalizada a todas las universidades del 75% del coste total medio. Pues bien, la eliminación de esta subvención y su repercusión sobre los estudiantes permitirá organizar la Universidad de una manera tal que compatibilice los dos principios mencionados anteriormente, el de la igualdad de oportunidades y el de la autonomía universitaria. Los «ricos» podrán elegir la universidad sin necesidad de becas (de matrícula, de desplazamiento o de comedor) y siempre que tengan un curriculum que les permita superar la nota de corte establecida autónomamente por esa universidad para esa titulación. Los «pobres» que la superen tendrán que solicitar una beca que les permita el desplazamiento a, y la estancia en, la Comunidad que albergue el centro deseado, beca que les serán concedidas de acuerdo a su méritos académicos acercándose así a cumplir con la igualdad de oportunidades. Ni que decir tiene que esta eliminación de la subvención junto con el juego de nuestros dos principios hará que haya «ricos» que no podrán acceder a esa titulación que pretende establecerse como de excelencia y «pobres» que sí tendrán acceso a ella así como «ricos» y «pobres» que tendrán que acudir a otros centros fuera o dentro de su Comunidad.

La subvención hoy existente es escandalosa pues trata igual a pobres y a ricos. La propuesta de que las tasas sirvan para pagar el coste total elimina esta indeseable característica. La competencia entre profesores que esta medida traería consigo potenciaría su movilidad a la búsqueda de los centros más prometedores paliando así el adocenamiento y la endogamia. Así mismo eliminaría las trampitas continuas en las horas de docencia pues esas trampitas encarececen el coste total.

Enigma

Hay personas asociadas a diversas instituciones que carecen de accountability, es decir nadie puede pedirles cuentas ante ninguna otra institución o autoridad. La impunidad, por otro lado, se da cuando una persona o bien no es accountable, o bien sí lo es pero nunca es condenado por sus delitos o faltas gracias a las argucias de los que mandan en la sombra. Luego toda persona impune es o no accountable o corrupta. Es decir la corrupción se genera o se hace patente cuando alguien acountable deviene impune de hecho. También hay que hacer notar que toda persona no accountable puede no ser impune si el castigo proviene de la venganza ilegal. Cabe también el indulto o perdón por parte de quien tiene autoridad para ello aunque ni esa capacidad puede ejercerse impunemente.

Contradicciones fundamentales

mayakovskyLa terminología marxista relativamente corriente en las conversaciones de mi juventud nos tenía acostumbrados a pensar en la contradiccion fundamental del capitalismo. Esta contradicción entre producción y propiedad, al ser como una antítesis ante la tesis elemental del funcionamiento del sistema, y de su enorme productividad, nos llevaría a una síntesis en donde no habría sitio para el capitalismo ni para la explotación. Esta antítesis, o contradicción fundamental, era el comienzo de la revolución y su entusiasmo asociado, y no se podía pensar en estas dos cosas mientras no topáramos con esa contradicción fundamental. Era como una chispa que haría arder la paja seca del sistema.

Pero un día, en alas de una aparente liberalización del régimen, el historiador catalán Josep Fontana (el que hace un par de años escribió el largo libro donde viene todo o ocurrido desde 1945) nos planteó la duda si tan fundamental como la lucha de clases no sería la contradicción entre las naciones cuando alguna de ellas no es reconocida sino más bien ignorada o aplastada por otra. El nacionalismo de mi entorno, oculto hasta entonces, comenzó a reavivarse poco a poco y hoy parecería que esta contradicción puede incendiar la política española, pero no solo esta. Y la proliferación de contradicciones no se acaba ahí. Sin ánimo de exhaustividad hoy en día quizá nos podríamos plantear otras como la contradicción religiosa, con sus distintos disfraces, en las distintas primaveras árabes en las que se mezclan todas las demás, étnicas, lingüísticas, etc.

El sindicalismo, la descolonización y quizá mañana la secularización general son el resultado de los momentos de entusiasmo en los que las contradicciones, como antítesis de tesis ya gastadas, nos llevan a prender fuego a algún monte de inmovilismo. Hay muchas otras relacionadas con las posibilidades de las TIC y con la fraternidad o su disolución, así como con nuevas formas sofisticadas de entenderla. Por eso sería bueno pensar cual de ellas es la que mejor hace arder la paja inservible. Esto es importante porque el mundo en que vivimos, cruzado de diversas contradicciones, todas fundamentales, es ya irrespirable y podría estar al borde de la explosión. Pues bien, si es posible que haya un gran incendio cabe pensar si no sería mejor provocarlo para que sea controlable.