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Llegué ayer domingo por la tarde justo a tiempo para irme andando desde casa a los Verdi, mis cines favoritos, donde pasé 115 minutos viendo un documental inclasificable: The Act of Killing. Lo de Act quiere decir al mismo tiempo el acto y la actuación de ese acto. Bien escogido pues el título ya que lo que los espectadores vemos no es solo un reportaje sobre el matar inocente (no banal, las palabras cuentan) en Indonesia en 1965, sino también cómo los inocentes ejecutores de la barbarie hacen que actuan de sí mismos para escenificar sus antiguos crímenes o asesorar al director del documental comentando ante la cámara sus recuerdos. Una brutal vuelta a casa en unos tiempos que se anuncian también brutales aunque no sé si inocentes.

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