Everybody knows

http://youtu.be/GUfS8LyeUyM
Ya saben que Leonard Cohen es uno de mis ídolos. Me parece un buen poeta y una personalidad nada avasalladora. Lo he recordado en la celebración del cumpleaños de una buena amiga que cumplía esos años que cumplimos aquellos que creímos en el 68. Que pensamos que todo era posible, que la escasez no era excusa para bajar la cabeza y reconocer con cierto gusto que la realidad es lo que es. Lo curioso es que en todos los discursos de los viejos amigos se notaba una pizca de amargura por las derrotas vitales, amargura compensada por el calorcito de un retiro confortable tanto en lo material como en lo vital. Se apacigua el deseo propio y se observa con interés el de los nietos.

Pues «no me da la gana» pensaba yo mientras conducía de vuelta de ese cumple agridulce y escuchaba una vez más a Leonard Cohen quien me describía las tribulaciones de la edad al tiempo que me estaba incitando a continuar con una rebeldía que la mayoría cree infantiloide. Escuché varias veces seguidas la canción «Everybody Knows» de la que copio aquí los párrafos que me interesan.

Diríamos que es conocimiento común que hemos sido derrotados o que la vida nos ha engañado:

Everybody knows that the dice are loaded
Everybody rolls with their fingers crossed
Everybody knows that the war is over
Everybody knows the good guys lost
Everybody knows the fight was fixed
The poor stay poor, the rich get rich

Una maravillosa descripción de la situación económica actual que, sin embargo, no por sabida se combate. Nos limitamos a reconocer que las cosas son como son:

That’s how it goes
Everybody knows

Sí everybody knows que nuestra generación ya no tiene fuerza como para movilizarse aunque sabemos que el barco se hunde nos digan lo que nos digan:

Everybody knows that the boat is leaking
Everybody knows that the captain lied
Everybody got this broken feeling
Like their father or their dog just died

Pero no. Ni la muerte, antes de que llegue, ni la dulcificación del deseo nos puede adormilar pues sigue siendo una gozada llevar la contraria a unos y otros.

Ya se sabe esto también. Así es:

Oh everybody knows, everybody knows
That’s how it goes
Everybody knows

Nos toca decubrir o construir aquello que nadie imagina y que ni de lejos es conocimiento común. O mejor aun convertir en conocimiento común que «Yes, we can».

¿El Eterno Retorno? o ¿El Eterno Presente?

semaforoHace muchos años, 30 exactamente, me permití enmendarle la plana a Fernando Savater en relación a un punto de su libro sobre Nietzsche (contenido hoy en este compendio) que había aprecido mientras yo redactaba mi Economía Neoclásica frente a un ventanal que daba al Abra que, aunque no pueda competir con la Concha donostiarra es lo mejor que tenemos los bilbaínos. Recuerdo vagamente que en el último capítulo de aquel libro mío iba más allá de lo que los capítulos anteriores permitían para defender que toda teoría económica respetable tenía que considerar el fenómeno a explicar como un punto de silla en un espacio determinado. Ahí está la clave, en lo del espacio determinado. Si lo que se pretende explicar es un fenómeno dinámico, como una trayectoria determinada por ejemplo, entonces el espacio adecuado para la explicación que buscamos es el compuesto por todas las trayectorias posibles que componen ese espacio sobre el que podemos definir una aplicación sobre sí mismo que, en ciertas condiciones, tendrá un punto fijo (es decir una trayectoria fija) que contiene la explicación.

Parece entonces que no es difícil aceptar que el eterno retorno nietzschiano es una de esas trayectorias de equilibrio. Pero visto así el eterno retorno se podría llamar el eterno presente y en lugar de alabar al filósofo de Sils María por tener un pensamiento dinámico, como hace Savater, podíamos muy bien reconocer en él un practicante del análisis estático que culmina con la idea del Eterno Presente.

¿Qué a qué viene esta disquisición quizá incomprensible? Pues al hecho de que el recuerdo me vino a la cabeza mientras un día cualquiera de este precioso comienzo de otoño paseaba por Madrid cumpliendo las órdenes médicas contenidas en el librito del infartado. El cuerpo me pide caminar siempre descendiendo, siempre hacia abajo del Paseo de la Castellana o de su continuación, ese rió de Madrid con un desnivel nada despreciable y con márgenes escarpadas. En algún momento tuve alucinaciones sobre la posibilidad de caminar toda una vida cuesta abajo sin ascender nunca hasta que me di cuenta que ni siquiera si hubiera nacido en la punta de Everest habría podido caminar cinco kilómetros diarios bajando siempre. Así que ahora en esto, como en otras muchas cosas, me he convertido en un posibilista repugnante y cada día paseo siguiendo la sombra que proyectan los edificios de una u otra margen y minimizando la espera en los semáforos tomando por donde primero luce el verde cuesta abajo a poder ser para lo que no tengo más remedio que, de vez en cuando, tomar las escarpadas cuestas correspondientes a los cauces de los viejos afluentes de una y otra margen.

Pensaba yo que el truco de la sombra y los semáforos me acercarían a la realización del Eterno Presente o del Eterno Retorno, pero me he dado cuenta que las ideas matemáticas nunca reflejan la rugosa realidad. Mi camino diario nunca es igual. La sombra varía incuso si yo me mantengo terco en el mismo horario debido a cuestiones astronómicas y los semáforos no mantienen una cadencia idéntica de sus guiños pues son manipulados por algún funcionario municipal con la tonta manía de adaptarse a los cambios de dirección y ritmo del tráfico rodado. Además cada día tiene su sorpresa como puede ser un nuevo saltimbanqui en un semáforo habitual o la inesperada y amenazante caída de una enorme rama de un viejo tilo en la margen izquierda. No puedo pararme para cumplir con el presunto deber cívico de avisar al ayuntamiento y continúo con lo que creo que es exactamente el mismo paseo de todos los días, pero que resulta ser lo más parecido a un random walk.

Es cierto que día a día el paseo higiénico parece ser el mismo y me da pie a volver sobre la idea del Eterno Presente pero es más cierto que varía imperceptiblemente revelando lo inapropiado de mi interpretación estática de cualquier trayectoria de equilibrio incluyendo el Eterno Retorno. Que mi vida orgánica y perecedera contradiga mis ideas brillantes e imperecederas, como aquella de que lo más meritorio de Nietzsche era su pensamiento estático, me irrita sobremanera, aunque por otro lado siento como una liberación que me va a permitir a partir de ahora toda clase de desmanes ciudadanos.

LXIV: El derecho de autodeterminación

Estelades

esteladesPrácticamente todos los domingos leo con atención Piedra de Toque, la tribuna de Mario Vargas Llosa en El País pues, en general, me interesan los temas que trata y siempre, sin excepción, disfruto de su lenguaje enriquecedor para este agreste hispanoparlante de la península. Mis recuerdos de su literatura se remontan a principios de los setenta cuando, desde los EE.UU. de América me deleitaba con lo que para mí era una maravillosa literatura latinoamericana. Por estas razones un si es no es nostálgicas me siento incómodo cuando a lo largo del tiempo mi apreciación política y literaria de su obra ha ido declinando poco a poco alcanzando su fondo con su ensayo La Civilización del Espectáculo y, ahora, con El Derecho a Decidir, título de la tribuna del domingo 22 de septiembre.

Antes de entrar en aguas profundas Vargas Llosa entiende con Cercas que ese derecho a decidir (un nombre que no sé porqué sustituye ahora, con ocasión de la explosión del independentismo catalán, al derecho de autodeterminación que, desde el comienzo de la transición ha estado sobre el tapete del debate político de fondo) no es sino una argucia del independentismo para atraer a su bando a los que no se atreven a decir su nombre…todavía. Y por lo visto le parece tal cosa debido a que ese derecho a decidir debería estar sometido a la Constitución del 78 que a estas alturas ya sabemos todos que deposita la soberanía en todo el pueblo español. En un ejercicio de escaso rigor o él o Cercas (no se sabe bien quién) comparan el ejercicio local de ese derecho a decidir con el posible disparate de que un ciudadano decidiera saltarse a la torera los semáforos en rojo. El rigor de la comparación me parece escaso porque si todos o muchos de los ciudadanos tomaran esa decisión no entiendo por qué nos opondríamos a ella.

Y acercándonos ya a lo que importa me parece, como mínimo, poco simpático caracterizar a los argumentos independentistas como inexactitudes, fantasías, mitos, mentiras y demagogias que acababan conformando una maraña de tonterías y lugares comunes que se asientan en la imaginación popular porque nadie serio se molesta en refutarlas desde una postura civilizada que no caiga a su vez en lugares comunes. En esto tiene razón D. Mario y no estaría mal que su tribuna sirviera para que se estableciera una conversación pública sobre nacionalismo que descartara el empleo de argumentos como los del nazismo o el tribalismo o, por el otro lado, el de tu más, más nazi o más tribal. Más allá de cantar a la diversidad maravillosa del estado español naciente de una Constitución aprobada con relativamente poca participación, cabría intercambiar opiniones sobre el derecho a la autodeterminación como el existente, cada uno con sus matices, en el Reino Unido, en el de Bélgica o en Canadá.

Lo que sigue es un esquema, basado en entradas relativamente recientes de este blog, (aquí y aquí) de lo que sería mi intervención en esa conversación siempre que en ella se dejara de lado las diferencias de poder entre las partes que conversan, si esto fuera posible. Las personas que aceptaran ese reto serían en mi opinión muy necesarias para afrontar algunos problemas de los que los conservadores no es que no quieran hablar, sino que se niegan incluso a mencionar. El derecho de autodeterminación es uno de estos temas. Se arrumba con dos o tres simplificaciones impresentables tales como que la Constitución no lo contempla o que el derecho internacional y los textos en que se plasma solo lo consideran para casos de descolonización. Cualquier cosa antes de tener que reflexionar un poco más allá de un statu quo tan artificioso como cualquier otro punto de partida.

Desde mi ignorancia jurídico-formal (no muy diferente de la de Vargas Llosa) se me ocurre, para empezar, que no parece muy difícil incluir en la tercera generación de los derechos humanos ese derecho de autodeterminación y que, para continuar y en la medida que las TIC facilitan la diversidad y el pluralismo en paz y se habla ya de una cuarta generación de derechos humanos relativos al ciberespacio, se acabará planteando el derecho de autodeterminación para horror de los conservadores que aborrecen cualquier cambio aparentemente brusco.

Pero a continuación esta conversación debería reconocer, aunque fuera como una simple hipótesis de trabajo, que la transición se ha acabado y que la política española se desencuaderna como un barco encallado que sufre los embates del mar. Artur Mas visita a Rajoy o se escriben cartas semisecretas y nada se entiende a partir de ahí. Algunos recordamos a Ibarretxe y su plan soberanista, otros vuelven a las ideas federales, casi nadie recuerda el derecho de autodeterminación y hay como una nostalgia del centralismo nada fácil de explicar a no ser que acudamos a las rentas de la capitalidad que haberlas haylas.

Seguiríamos conversando sobre el mundo y sobre Europa. Esta última parece querer refundarse pero no sabe cómo pues las ideas viejas le parecen poca cosa y no encuentra nuevas. La fusión de Estados y su fisión parecen cosas fantasmagóricas como si el statu quo hubiere alcanzado el extraño privilegio de lo natural. Y cuando llegáramos a plantearnos el futuro político del mundo nos encontraríamos pensando como si estuviéramos frente al enigma del Universo y no se pudiera poner en duda la teoría del Big Bang tan acorde con nuestra visión temporal de todo con su principio y seguramente con un final, aunque no sabemos cómo sería éste o si lo habría. Pero ¿si eso fuera solo pura inercia intelectual como me contaba poco tiempo antes de morir Fred Hoyle y lo sensato fuera renunciar a pensar en un principio y en un final ya que no podemos verificarlos del todo, y nos limitáramos a alguna versión aggiornata de la Teoría del Steady State según la cual la «estructura» básica es, de siempre y para siempre, la misma sin final ni principio?

Para terminar con esta conversación deberíamos dedicar tiempo y esfuerzo en educarnos mutuamente en lo que hasta ahora se ha llamado Teoría del Estado. La teoría política nos proporciona desde hace cuatro siglos una variedad de explicaciones, desde Hobbes a Schmitt, respecto a su origen y en cuanto a su final se piensa que todo marcharía hacia un Estado único. Este es un ejemplo, como el del Big Bang, de inercia intelectual que es hora de desmontar. Por mi parte yo trataría de contribuir tratando de cambiar de perspectiva y de dedicarnos a pensar en la generalización de una confederación asimétrica de comunidades identitarias con acuerdos entre ellas y sin ninguna autoridad central. Se me ocurre que podemos imaginar una perspectiva temporal a partir de el comienzo de este siglo XXI en la que, en un primer movimiento, ocurriera como una especie de extensión de una confederación entre Estados como los actuales para, en un segundo movimiento, asistir a un desinfle de esa construcción mediante la disipación de Estados que, primero, reducirían su tamaño y luego perderían su naturaleza de Estados y ganarían su categoría de comunidades para quizá, quién sabe, volver a empezar o continuar por caminos desconocidos.

¿Que esto es un nuevo feudalismo? Pues no lo creo ya que con el desarrollo de las TIC la libertad nos puede deparar grandes sorpresas. Merecería la pena realizar este ejercicio de imaginación llevando a cabo esta conversación contando, cómo no, con Vargas Llosa y aquella portentosa imaginación que exhibía en su literatura aunque sirviera, en esta ocasión, para poner trabas al desarrollo de la pobre imaginación de gente como el que esto suscribe.

LXIII: Guerra química

Organigramme: Guerre totale

Organigramme_-_Guerre_totaleTodos hemos seguido los meandros de la saga de el uso de armas químicas por parte de alguna de las facciones sirias en guerra. Las armas químicas están prohibidas por algún tipo de acuerdo internacional refrendado por muchos países , pero no por todos. Muchos nos preguntamos por qué este escándalo cuando todos los días se mata a mucha gente con armas convencionales. Caben explicaciones de tipo geoestratégico, pero yo prefiero una explicación como la que se incluía en mi artículo sobre el terrorismo publicado en Isegoría y que reproducía algún escrito previo. Lo que sigue es copia de lo que aparece en ese artículo y debería estar entrecomillado casi en su totalidad.

Esta explicación del significado de la guerra química se basa sobre «Temblores del aire. En las fuentes del terror» de Peter Sloterdijk editado por Pre-textos en el 2003 con una introducción de Nicolás Sánchez Durá. Si cito el prologuista es porque a él se debe el paralelismo entre la saturación del espacio sobre la que elucubra Sloterdijk y la conocida movilización total de Jünger.

El primero nos hace ver con su espléndida retórica que el terrorismo hoy es la prolongación inevitable de la tecnología de la manipulación del medio ambiente que permite eliminar las condiciones de vida de cualquiera y de todos. Una guerra química o bacteriológica así como el nuevo terrorismo, elimina la capacidad de vivir, no apuntando directamente al cuerpo del enemigo para eliminarlo como en la guerra convencional, sino imposibilitando la vida de ese cuerpo, que por el mero hecho de respirar, actividad necesaria para la vida, aspira gas letal y se «suicida». No hay pues refugio frente a esa guerra o a ese terrorismo de la misma forma que no hay abrigo en la guerra total asociada a la movilización total de Jünger: seas lo que seas estas movilizado y no te queda espacio para la persecución de tus objetivos individuales.

En ambos casos, el de la saturación del espacio y el de la movilización total, no hay ni tiempo ni lugar para reflexionar y desde el que ejercer la autonomía personal. En términos de filosofía postmoderna diríamos que no hay distinción entre el interior y el exterior, no hay nada interno, latente, oculto y por descubrir, todo está ahí fuera obscenamente alcanzable y visible como en la transparencia total.

La sucesión de Bernanke y las elecciones alemanas

mario_draghi_2330989bHoy nos hemos levantado en Europa con la decisión de la FED (todavía presidida por Ben Bernanke, de continuar con la política monetaria que estaba llevando a cabo a pesar de los auguruios de que finalmente cedería ante la presión conservadora y anunciaría su final. Esta es, a mi juicio, una buena noticia, pues la alternativa podría haber propiciado unas expectativas pesimistas que habrían resultado en una frustración más de las esperanzas de una recuperación sólida. Desde un punto de vista doméstico los americanos necesitan un cierto espaldarazo después de la marcha atrás de Obama en el asunto de la guerra siria y de lo que algunos pensarán es una capitulación ante Rusia. Desde el punto de vista europeo se necesita algo más que apoyo sicológico, se necesita el mantenimiento, o aun mejor crecimiento, de la demanada sobre sobre su producción, demanda que solo puede venir de los EE.UU. de América o de algún país emergente como China.

Ayer mismo compré como todos los miercoles, aunque no solo los miércoles, el FT para leer la columna de John Kay y el artículo de Martin Wolf cuya firma ya empezaba a echar de menos. Aprovecha este columnista su vuelta para recordarnos en el quinto aniversario de la caída de Lehman Brothers que no fue esta caída el detonante de la crisis sino que esta venía de atrás y se debía haber visto venir por el exceso de endeudamiento privado por parte de aquellos que pensaban que el precio de la vivienda no pararía de subir. En el desarrollo de su argumento nos cuenta que una política monetaria expansiva que compre sin tregua deuda pública estadounidense (quantitative easing) pudo frenar la debacle y es solo al final que revela que por las razones apuntadas la sucesión de Bernanke al frente de la FED debería recaer sobre Yanet Yelen y no sobre Summers quien no parece apoyar la continuidad el QE.

Parecería que para cuestión tan importante no debiera contar la personalidad de aquellos candidatos a gobernar la FED, pero cuentan y mucho. Pensemos en las declaraciones de Mario Draghi de apenas hace un año diciendo que el BCE haría todo lo necesario para mantener el euro a la sazón sufriendo de una crisis de credibilidad causada por el lamentable estado de las finanzas públicas del sur de Europa. No quiero ni pensar lo que hubiera ocurrido si los acontecimientos hubieran seguido el curso que llevaban.

Es posible, pero solo posible, que en dos días las elecciones alemanas nos deparen sorpresas no en cuanto a la victoria, sino en relación a una cierta relajación de la postura alemana que, con su famosa austeridad, está generando ya problemas sociales en su propio suelo. Ojalá ocurra así pues contamos con Draghi quien a la menor señal de debilitamiento de la nueva Merkel mostrará sus cartas para aligerar la deuda global y permitir una salida por la parte de la demanda ante la pequeña probabilidad de un resurgimiento de la inflación.

Málaga

Fantastic-2012-lille3000-Nick-Cave-Dan-Roosegaarde-Subodh-Gupta-04--950x475Ya saben ustedes de la visita a Málaga y, especialmente, de la habitación del hotel y de la retórica del marco. Pero esa visita a esta ciudad sorprendente nos dio la oportunidad de visitar tres museos muy distintos entre sí que hacen del viaje a Málaga casi una obligación. Romero de Torres es la exposición temporal del museo Carmen Thysen. Siempre me ha impresionado este cordobés y ahora sé mejor porqué. Porque además de la belleza femenina nos muestra el grito de la pobreza, el quejío del proletariado y pienso que Brecht hubiera aprovechado esta pintura tan naturalista para expresar su queja sobre el mundo de su tiempo y quién sabe si también el del nuestro.La protesta de Denis Hopper era lo que el museo Picasso ofrecía como exposición temporal. Ya ha muerto, pero era de mi generación y su figura evoca esa revolución nunca materializada pero cuyos ecos resuenan en mis oídos a través de sus fotografías y de sus intentos de pintar y dirigir cine. Pero eso es el pasado. El futuro,lo realmente nuevo, se encontraba en la obra del indio Subodh Gupta que exhibía el CAC. Muchas cantimploras de leche bien relucientes trascienden la materialidad de la cosa y simbolizan otra cosa, algo nuevo.

El cuadro del Vincci. Posada del Patio

vincci-malaga-cuadroFrame analysis es el estudio de lo que llamaríamos, más alla de las obras de arte visuales, el contexto.

El marco de un óleo o el encuadre de un fotograma dan sentido a uno u otro o lo perfilan cuando ya lo tienen hasta constituir una narrativa completa. No se puede tener una conversación propiamente dicha sin ese contexto pues si éste no existe la conversación ya no es igualitaria en términos de poder y resulta cualquier cosa, un diálogo, una charla o lo que sea, pero no una conversación. The Rhetoric of the Frame es una preciosa colección de ensayos sobre el marco, cada uno desde un punto de vista distinto, que obra en mi poder desde hace muchos años cuando todavía me interesaba por la Economía de la Cultura y que no he leído hasta ahora más allá de la contraportada pero que paso a mi mesilla de noche, antesala de la lectura de verdad. El mero hecho de que nos preocupemos de la retórica del contexto llama la atención inmediatamente sobre las posibilidades de manipulación de la fijación del marco en el que se ha de desarrollar una conversación determinada. En la medida en que ese marco encuadra el contexto y delimita el espacio de la discusión y de la crítica no es de extrañar que sea objeto de las mil formas de retórica.

¿Qué ocurre cuando ese marco es sobrepasado por una prolongación de lo enmarcado fuera del marco?. Esto es exactamente lo que pasaba en nuestra habitación 224 del hotel Vincci Posada del Alto en Málaga hace una semana cuando fuimos a una boda familiar en esa ciudad, que el contexto ya no es delimitador sino que abre la discusión o la representación a otro mundo y lo hace de una manera determinada quizá intencional. Como hay muchas maneras de hacerla nos topamos de frente con el relativismo y con la oportunidad de prostituir la conversación, el encuadre o la representación. Pero también abre el camino hacia la imposibilidad de zanjar cualquier discusión pues ante el encuadre favorable a una postura, siempre cabe uno más amplio que iguala las fuerzas en juego, pues todo cuadro está dentro de un cuadro más amplio tal como era el caso en ese hotel: el cuadro no era sino una parte de la pared de la habitación del hotel y si el cuadro me sugería un nudo la pared que contenía el cuadro me incitaba ala huida hacia el país sin nudos.

Entendido esto me dormí. Pero tuve terribles sueños en los que ante un encierro angustioso me escapaba en el último momento y la huida era toda una victoria liberadora.

Ronald Coase y su herencia

Ronald CoaseEste gran economista –Ronald Coase– murió hace unos días con más de cien años. Poco ha dicho la prensa por estos lares y la razón supongo es que este gigante es de un par de generaciones anteriores a la de los periodistas o economistas del momento. Sin embargo para mí fue una ocasión inolvidable aquella comida con él hace más de treinta y cinco años en UCLA con ocasión del homenaje a Alchian. Me senté a su derecha y escuché reverentemente pues por aquellas épocas había un número limitado de gigantes y Coase era uno de ellos. No como hoy cuando ya es imposible para el que esto escribe seguir de cerca la mayoría de los desarrollos teóricos aun cuando me limitara a los journals más respetados. Sus autores son solo seres normales. Honrados trabajadores intelectuales.

Coase, sin embargo, fue un autor que me enseñó la importancia de una buena idea y su fertilidad con total independencia de la elegancia de la técnica. Esa idea era la de los costes de transacción que ocurren en un mercado. Y por la existencia de esos costes podemos explicar la existencia de empresas y la presunta necesidad de la intervención estatal en situaciones en las que se dan externalidades y/o bienes públicos. Lo maravilloso es que en su ausencia ni tendría por qué haber empresas (una situación que podría estar a las puertas en nuestra contemporaneidad de fina tecnología digital), ni sería necesaria la intervención pública por ejemplo en caso de los faros.

En estos tiempos en los que el Estado parece estar en el origen de la mayoría de las rentas distorsionadoras y en los que se empieza peligrosamente a valorar el capitalismo de Estado, es bueno recordar que el mercado puede hacer muchas cosas siempre que no se le pongan demasiadas trabas. Dejar a la iniciativa de la gente la solución de algunos problemas puede ser una buena idea. La interacción entre las gentes genera instituciones que sirven para ordenar algunos aparentemente conumdrums. Esto me lo enseñó North, otro premio Nobel quien al poco tiempo de llegar yo a los EE.UU. de América mostró en clase cómo la mesta o el tribunal de las aguas valenciano eran ejemplos de ese espontaneismo del grupo. Esto mismo es el mérito de Elinor Ostrom, también Nobel y fallecida el año pasado, quien nos enseño que los bienes comunales presentan problemas que se pueden resolver sin necesidad del Estado mediante acuerdos colectivos bien resilientes. Y, lo más importante en esa línea de razonamiento, ahí tenemos el ejemplo histórico del nacimiento del mercado antes del Estado como nos ha mostrado el gran historiador Avner Greif que ha estudiado el maravillo episodio del comercio entre Genova y los magribi.

Recordar estos temas y algunos de los autores que los han tocado no solo nos dice que esto de la economía institucional no es de antes de ayer, sino también que tiene una seria tradición en Economía a la que no es ajeno Ronald Coase. Y, por otro lado, nos trae un consuelo en estos días de sufrimiento, un consuelo que viene a decirnos que los seres humanos tienen una capacidad de cooperación más allá del oportunismo rastrero que nos parece invadir.

LXII: Los «as if»

Milton Friedman

Milton FriedmanVuelvo de una boda fuera de Madrid y he estado como ausente a pesar de que el último post necesita un par de ideas complementarias, ideas relacionadas con lo que he llamado los «as if» en memoria de Milton Friedman quien en su metodología defendía la idea de que lo importante no era el realismo de los supuestos sino la corrección de las predicciones.

Me ha venido a la cabeza una pregunta en clase de microeconomía al comienzo de mi carrera docente. Explicando la teoría de la empresa apelé a la maximización del beneficio como el comportamiento supuesto (as if) del empresario. Alguien levantó la mano y me preguntó que si, aparte de sutilezas, yo creía que el empresario realmente trata de maximizar el beneficio. Recuerdo vagamente mis excusas entre filosóficas y tartamudas, pero la pregunta me pareció pertinente.

Una pregunta similar a la que acabo de mencionar es la que yo me hice a partir de la Nueva Macroeconomía Clásica cuando ya no había más remedio que modelar la economía agregada en equilibrio y con expectativas racionales y, además posteriormente calibrar el modelo hasta dar con el valor de los parámetros que servían para que ese modelo generara resultados que coincidían con los datos observados en el pasado. Me hice la misma pregunta que me habían hecho hace años y me quedé perplejo ante la falta de explicación de por qué estaban todos los mercados siempre en equilibrio o si la expectativas eran siempre racionales. O más en concreto si había alguna forma de discernir si estábamos jugando con el modelo adecuado. La respuesta fue mucho más radical que la mía: no sabemos ¡ni falta que hace!

Respuesta adecuada si lo importante fuera la técnica y no las consecuencias tal como decía el FT y yo comentaba en el post anterior. Pero a mí tampoco me deja totalmente satisfecho y, desde luego propicia el escepticismo.

LXI: Técnica vs. conclusiones

Progressive and Moderate

30_30Ya hace cuatro días que volví a esta oficinita desde la que escribo y parece que la cabeza me empieza a funcionar después de un mes de inactividad debida vaya usted a saber qué factor interno o externo a mi ser. Pero no debía estar tan atontado si en mi mochila encuentro un editorial de FT del 16 de agosto-Dismal scientists– que me ocupé de recortar y archivar de mala manera pero suficiente en cualquier caso.

Parece ser que en el Reino Unido se observa un incremento de los estudiantes en economía en detrimento de otras titulaciones y esto a pesar de que esa «matemática de la utilidad”» no sirva para mucho, según el FT. Quizá se deba al deseo de los jóvenes británicos de dar satisfacción a su Reina que hace unos años se preocupó de llamar a varios economistas a fin de enterarse cómo podía ser cierto que nadie en la profesión hubiera visto venir la crisis.

El FT aprovecha la ocasión para aconsejar un cambio en el plan de estudios a fin de poner más énfasis en la lógica del razonamiento que en las conclusiones que se obtienen con esa lógica. Como dice el FT respecto a las teoría económicas:

Students should not merely be taught whay yhese theories say. They should master the deductive alchemy that turns apparently dull axioms into sometimes dazzling economic results.

Sin embargo es posible que haya que elaborar un poco más esta conclusión desde el momento que muy a menudo las conclusiones que devienen la ortodoxia dependen de la técnica analítica empleada. Este sería el caso de la decisión metodológica sobre el tipo de modelo a utilizar, bien de equilibrio o de desequilibrio en macro, bien de equilibrio parcial o general en micro.

Es muy conocida la distinción entre equilibrio parcial o general y sabemos muy bien que una misma pregunta puede tener dos respuestas opuestas dependiendo del marco en el que nos movemos. Menos conocida es la distinción entre modelos de equilibrio o de desequilibrio en el campo de la macroeconomía sobre todo porque la inercia del pensamiento ha desterrado a la macro del desequilibrio.

Como consecuencia nos encontramos con unas conclusiones macroeconómicas ortodoxas que no parecen del todo satisfactorias pues provienen de la insistencia en las expectativas racionales que, si bien son metodológicamente inexcusables, son incompatibles con una situación de desequilibrio debida a la incorporación de la tecnología del intercambio en el modelo. Esto es lo que trato de explicar en mi trabajo de Cuadernos de Economía.

Ante esta situación no tengo más remedio que estar de acuerdo con la recomendación del FT en el editorial que estoy comentando: focalizar la atención de los estudiantes en las técnicas más que en las conclusiones y ahora de manera reforzada. Como se ve en el ejemplo de la macroeconomía del desequilibrio, este consejo

… would foster genuine understanding and, occasionally, well placed scepticism

Y el escepticismo es la madre de toda sabiduría.

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