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¿Una tregua?

daliEstos tres o cuatro últimos días han sido más tranquilos. No me he cruzado con ningún grupo ciclista amenazador ni nada he sabido del cadáver arrojado sonriente a la cuneta. Alguien lo recogería o quizá es que no he vuelto a pasar por las mismas rutas ni he paseado a las mismas horas. Es cierto que, por un lado, todo parece más seguro, pero hay excepciones a las que hasta este momento no he querido enfrentarme.

Por un nuevo camino más alto y más solitario, allí arriba en la montaña por la que se pone el sol, me he cruzado con una korrikolari joven y guapa que no entiendo cómo ha subido a estas alturas a estas horas de la mañana. Seguramente es una más de las muchas espías que han puesto a todas horas y en todas las vías rurales, con uno u otro pretexto, a fin de conocer mis rutinas. No tienen ni idea de que ya no tengo rutinas y que mis movimientos siguen dispositivos randomizadores.

Además por la vía normal donde, por el tráfico, me siento, en principio, más seguro, han aparecido varios vehículos difíciles de describir que creo recogen y transportan piedra hacia algún lugar que todavía tengo que descubrir.

Ya sé que pueden ser mis paranoias, pero se siguen acumulando cosas raras, que todavía no sé interpretar. En amplias planas se acumulan rollos o balas de heno prensado que yo diría no están siempre dispuestos de la misma forma; en la casa de Dalí y Gala en Port Lligat se me acerca un tipo no tan viejo y me dice que él era el paleta de Dalí y que me ve cara de que me pueden interesar sus recuerdos. Y en Púbol, alrededor de las tumbas gemelas de Dalí y Gala, una de las cuales está vacía, no escucho sino ruso.

Espero que el fin de semana sea tranquilo, pero sigo sin tenerlas todas conmigo.

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