Coltán

Daniel BellonEl tántalo es, como ya sabíamos, esencial para el funcionamiento de nuestros aparatitos portátiles que nos conectan en una densa red de otros. Esta materia prima aleada nos hace rememorar la brutalidad del Congo cuando era belga y el grito del coronel Kurz allá al final de la novela de Conrad. El marfil y el coltán alimentan el horror. Pero el coltán es un elemento básico de la aleación que es el tántalo y en sí una aleación de colombita y tantalita. Y, mire usted por donde, Coltán es el nombre del último poemario de Daniel Bellón que, editado por la Biblioteca de Las Indias Electrónicas, fue presentado ayer en Madrid.
Apenas leo poesía y ayer entendí por qué. Necesito que me la lean. Pero cuando esto ocurre y el lector es el poeta mismo puedo sufrir un subidón peligroso para mi corazón maltrecho. Como me ocurrió hace menos de 24 horas cuando escuché Zonas verdes:

En el campo de golf césped
uniforme y obediente
yerba en el rincón rebelde
algas entre los oscuros pecios
cardones en las laderas
flores en la efervescencia
feroz de la primavera
líquenes de la paciencia
conciencia de la demora

Musgo de la resistencia

Este breve poema me produce un miedo horroroso a ser devorado lentamente por la naturaleza amable y el horror….me gusta.

El juez Gomez Bermúdez o el vértigo de la precisión

gomezbermudezEl domingo por la noche me resistía a apagar el televisor e irme a dormir pues,no sé muy bien por qué, no podía dejer de escuchar las respuestas del juez Gómez Bermúdez al interrogatorio de Jordi Evole, llamado el Follonero y mi candidato a Bepe Grillo español. Hastiado y aburrido hasta el infinito de las declaraciones de políticos, el tono de este juez me resultaba hasta inteligente aunque, de entrada, era un poco contradictoria su reluctancia a conceder entrevistas declarada justamente en una entrevista. Pero la seriedad era la que uno espera de un miembro relevante del poder judicial que pretende no ser manipulado ni usado por unos u otros. Puede verse aquí una noticia de sus opiniones más llamativas y que me resultaban de una precisión que las hacía creíbles.

Me gustaba la concisión, al menos aparente, de sus respuestas a las preguntas del entrevistador y las distinciones y precisiones que utilizaba antes de contestar, o de explicar por qué no lo hacía, y me eran gratas sus críticas a los medios de comunicación así como su prudencia en las contestaciones con una excepción, esa en la que no contestaba por respeto, supone uno, pero recomendaba mirarle a los ojos, cuando igual quería decir, a imitación de Clinton, que leyéramos sus labios. Aquí comencé a sospechar que la entrevista había sido ofrecida más que concedida y ello con alguna finalidad que desconozco.

Pero cuando un programa como este empieza bien corre el peligro de afinar el sentido crítico de la audiencia e incluso de despertarla tal como fue mi caso cuando, a la vuelta de un corte publicitario allá por la media noche pasada, se enzarzó en el asunto del indulto. En principio le parecía poco democrático pues, hemos de suponer, rompe la independencia judicial, algo clave en la división de poderes. Antes del corte publicitario pensaba yo que aquí, en asuntos de esta naturaleza, ocurre como en casi todo cuando entras en honduras, que te encuentras con imposibilidades lógicas. En este caso la de llevar hasta el final la división de poderes pues en algunos asuntos parecería imposible mantener simultáneamente las directrices de un poder frente a las de otro. Por eso existe esa excepción que llamamos indulto que no es sino una reminiscencia del Poder Real efectivo, algo que hace de la división de poderes un asunto, si no meramente declarativo, sí algo falsamente relevante.

Pero a la vuelta del corte me topé con lo que me pareció un argumento especioso. El indulto del ejecutivo a una sentencia definitiva y firme de la instancia judicial correspondiente estaría justificado cuando la pena correctamente impuesta resultara ser especialmente cruel en un caso determinado merecedor de otras consideraciones. Y como ejemplo citó a la sentencia contra su colega el juez Garzón al que él, si fuera parte del poder ejecutivo, hubiera indultado «al día siguiente». El juez serio y consciente de los límites de su poder mostraba de repente su aspecto autoritario tratando de poner orden como juez en el desorden organizado por un juez. Otra imposibilidad lógica que parecía no inquietarle como si no existiera el derecho procesal en el que ignoro si brilla este juez Gómez Bermúdez.

La juventud en bicicleta

Ayer al mediodía ascendía yo por el río caminando por la margen izquierda. Lo hacía aturdido y a paso lento tratando de captar los reconfortantes rayos del sol cuando le ví en la confluencia de María de Molina con la Castellana esperando ella a que se abriera el semáforo hacia el oeste y esperando yo que lo hiciera el que me daba paso al norte. Delgada, alta, con generoso escote enseñando los tirantes de un sujetador negro, con falda ancha y larga, con un pie en el suelo para sostener la bicicleta sobre la que se montó en cuanto se abrió el semáforo que le retenía. Sorteó varios coches mas lentos que ella, señaló su dirección extendiendo hacia el sur y en horizontal su brazo desnudo y acabado en una mano generosamente abierta y se paró supuestamente al otro lado de la estatua de Prim en el cruce más transitado de Madrid. Me mantuve quieto a pesar de que el semáforo que me retenía se había abierto para peatones como yo y esperé hasta que le vi emerger camino del sur, la dirección indicada por el dedo del general, con el cabello al viento y por un carril poco adecuado para bicis como si ella fuera un vehículo de tracción mecánica. Sentí que mi aturdimiento se desvanecía y por un instante me sentí rejuvenecer.

LIII: Aniversario Ibermática

Cuerda floja

cuerdaflojaIbermática celebra su cuarenta aniversario y lo festeja primero en Madrid y luego en Barcelona para terminar en Donostia que es donde está radicada y desde donde se dirige y se mueve por el mundo. En esta ocasión me toca participar en el acto de Madrid mediante una conversación-debate con Santiago Niño Becerra moderada por Amador Ayora que versará sobre el tema genérico de Equilibrios y Desequilibrios en Economía. Lo crean o no me angustian esos minutos de debate pues se de antemano que me voy a encontrar atrapado entre la aparente superficialidad del tema cuando se habla de él con excesiva generalidad y lo mucho que me importa a mí cuando se circunscribe a la modelización en Economía.

Si reflexionamos sobre lo que leemos en los medios nos percatamos que se hace mención a la noción de equilibrio cuando se habla de las relaciones Norte-Sur, estén éstas referidas al mundo en el contexto del desarrollo o estén circunscritas a la geografía de la UE; o cuando se habla explícita o implícitamente de la lucha de clases; o nos machacamos con la balanza comercial o los problemas del sector público. En este contexto entendemos por equilibrio esa postura sobre una cuerda floja sobre un abismo en el que podemos caer en cualquier momento.

Sin embargo esta noción tan vaga va desvelando sus connotaciones más precisas cuando la miramos desde distintas áreas del presunto saber económico. Si estamos trabajando en lo que llamamos los fundamentos del saber económico, un equilibrio es una asignación de bienes entre los agentes económicos (que a su vez han formado empresas productivas) y unos precios tales que cada agente está haciendo lo que mejor le va a esos precios y dadas sus preferencias y ningún mercado exhibe excesos de demanda. La relación entre esta noción y las nociones de equilibrio en juegos -cooperativos y no cooperativos- es de suma importancia teórica y nos hace ver que algo inherente a esta primera acepción es la noción de racionalidad y aquí entran todas las sutilezas posibles. Tanto si lo que nos interesa es esta primera noción como si lo que perseguimos es entender el crecimiento económico, además de con esa idea fundamental, topamos con la importancia de la estabilidad del equilibrio idea ésta que bien mirada nos recuerda la cuerda floja a al que antes hacía referencia. Si queremos reflexionar sobre problemas macroeconómicos en una economía cerrada no podremos olvidar la igualdad de oferta y demanda agregadas, una noción un tanto superficial pues por debajo pueden subsistir, en ese equilibrio, desequilibrios opacados por la agregación. Y si la economía fuera abierta deberíamos añadir que la noción adecuada no está tan clara pues puede mantenerse un déficit comercial siempre que el ahorro interno sea suficientemente grande.

Y así podríamos continuar hasta el infinito sin que el discurso nos obligara a decir algo sobre la crisis, sus orígenes, sus fases o las políticas posibles o deseables para atajarla. Pero me temo que no habrá más remedio que aventurar una cierta opinión sobre lo que habría que hacer en Europa (y por lo tanto en España) en esta precisa fase de la crisis. Y llegados a este punto, después de hablar de los EE.UU. de América y de Japón, estoy sopesando la oportunidad de hacer un poco de terrorismo verbal y cantar a voz en grito lo que un día intuí: !Inflación y eurobonos!

LII: ¿Sí se puede?

American Express

American ExpressAnte las declaraciones posteriores al consejo de ministros del 26 de mayo en el que se reconocen los malos datos de la EPA como realmente malos, ante la subsiguiente solicitud de paciencia del Presidente del Gobierno, ante las revisiones de las previsiones retrasando al 2016 el comienzo de un crecimiento que genere empleo, ante las declaraciones del Presidente del BCE que, aparte de anunciar la bajada de un cuartillo de punto el interés de referencia y de continuar con la barra libre para el crédito a los bancos, deja para más adelante las medidas para avivar el crédito esperando las conclusiones de un grupo de trabajo, y más allá de los movimientos erráticos de la prima de riesgo y de las bolsas, no pasa nada y los medios reaccionan como ante una calamidad natural.

Las manifestaciones del Día del Trabajo critican la política del Gobierno y destacan sus incoherencias más llamativas sin llegar a proponer ninguna medida macroeconómica coherente que pudiera suavizar el sufrimiento de muchas personas en el desempleo o ya sin ninguna ayuda de ningún tipo. Al día siguiente la ex Presidenta de la CAM nos dice que mejor no subir impuestos y reducir la administración tocando sí como de paso el no-debate sobre multiplicadores.

A pesar de todo esto hay gente bien formada que grita que Sí se puede!. ¿Es esto cierto? Para algunos el ya famoso error de Reinhart y Rogoff (del que hablaba aquí) deja la puerta abierta al gasto público desbocado o por lo menos ya no es tan fácil satanizarlo. Cabría pues la solución inflación y eurobonos que hace casi dos años defendí. El argumento de inflación se refuerza con la Abenomics pero el de la solidaridad exigiría unos pactos políticos europeos difíciles de alcanzar antes de las elecciones alemanas. ¿Qué hacer más allá de pedir la dimisión de un gobierno o de toda la comisión europea o de la cúpula del FMI? Con el Sí se puede aparecen ideas parciales o sectoriales que merecería la pena experimentar incluso sin temor a la reprimenda de troika alguna. Aunque solo fuera para no morir de resignación.

Pero en el plano general de la macroeconomía y las finanzas ¿qué cabe hacer? Mi opinión es que nada de lo que estemos seguros pero sí algo dentro del nuevo relato que trato de seguir elaborando. En ese contexto basta referirnos al post de hace unos días y a las dilaciones de Draghi para darnos cuenta de que, dada la naturaleza financiera de la crisis lo que cabe hacer, lo que hay que hacer, es movilizar el crédito aun antes de que el comité de expertos nos cuente algo del acuerdo con el BEI. Mientras no haya un sistema bancario único cabe presionar desde los bancos centrales periféricos para que a su vez éstos presionen a sus sistemas bancarios nacionales para que se ganen su reputación, tan mermada ya si alguna vez la han tenido, de entidades privadas solidarias como sector. Ha perdido este sector, aquí en España, la oportunidad de plantear soluciones generosas en relación a los desahucios, pero todavía están a tiempo de hacer gestos y de abrir el grifo en beneficio de la pequeña y mediana empresa. El banco que comenzara a hacerlo estaría ganando cuota de mercado casi instantáneamente y sus accionistas no especulativos apoyarían la jugada.

O sea que sí es verdad que Sí se puede.

LI: sobre transparencia total y otros absolutos

Transparencia

Cuatro días antes del infarto de corazón que casi me tumba hace pronto dos años escribía este post en el cual se citaba a Stan Brakhage a cuyas clases de cine asistí puntualmente mientras debería estar preparando los prelims allá en Boulder. Pero aprendí algo más importante que la Economía, aprendí a mirar y creo que no lo he olvidado. Se trata de no reconocer el contenido de la imagen sino recrearse en las luces y las sombras, lo que podríamos llamar el continente. Este gran artista que fue Brakhage nos hacía ver las películas desenfocadas para que aprendiéramos a mirar sin dejarnos arrastrar por otras facultades, sin duda necesarias para la vida, pero irrelevantes a la hora de ver. Me acuerdo muy a menudo de aquellas lecciones ahora que, a pesar de la operación de cataratas, me posee la neura de que la ceguera avanza irremisiblemente. Pero no son mis cuitas de viejo sobre lo que quiero escribir unas breves reflexiones, sino sobre las leyes que nos acechan y que pretenden ordenar cuestiones estructurales comenzando por la de transparencia, sin duda relacionada con el cine, pero también sobre otras a las que se pueden aplicar las enseñanzas de aquella juventud.

La corrupción que poco a poco se va desvelando así como la defensa de la privacidad aparentemente amenazada por las nuevas aplicaciones del internet móvil y, a menudo, ambas cosas hacen que se anuncie una Ley de Transparecia que parece puede llegar a alcanzar hasta la llamada Casa Real. Debido posiblemente a las circunstancias que nos ha tocado vivir en esta época, cada iniciativa política refleja un deseo de absoluto que no casa en absoluto con el trabajo político. Queremos los ciudadanos enterarnos de todo y los políticos preocupados por las elecciones próximas (siempre hay alguna cercana) pretenden echar carnaza al pueblo. Por eso se anuncia que la transparencia será total o esa totalidad es demandada, exigida, por los movimientos ciudadanos. Pero si pensamos un poco nos daremos cuenta de que si la transparencia fuera total no podríamos ver nada pues eso que pretendemos percibir con la vista sería a su vez transparente. Jamás podríamos disfrutar de las veladuras insinuantes de una gasa sobre una carne apretada.Todos seríamos como ciegos.

Pero esto va más allá y aplica a nuestro cerebro mismo. Prometí robar la siguiente cita a Juan Hernandez quien me la ofrecía como un comentario a este otro post que escribí en enero de este año. Y ahora cumplo con mi palabra:

El cerebro humano es un telar encantado donde millones de velocísimas lanzaderas van tejiendo un diseño que continuamente se disuelve, un motivo que tiene siempre un significado, por más que éste jamás perdure, y no sea más que una cambiante armonía de subdiseños.

Una buena reflexión para quien quiere enhebrar los finos hilos de una gasa hasta que se pueda entrever eso que en un relato sincopado nos hace imaginar como verdadero o como falso cuando en realidad no es sino un subdiseño provisional. Hemos tenido que llegar a la entrada LXI de este intento de construir un nuevo relato para empezar a entender que este esfuerzo no tiene éxito posible y que sin embargo nos es aparentemente necesario para vivir. Es esa voracidad por lo absoluto lo que parecería dotar de sentido a nuestra vida.

El peligro, heraldo del sufrimiento, es justamente absoluto, y su búsqueda también. Y es ese anhelo de lo imposible lo que subyace a todos los intentos de los salvapatrias de un color u otro. Me limitaré a solo un ejemplo más: la flexibilidad del (falso) mercado de trabajo. En el límite estaríamos hablando de un sistema de relaciones laborales que permitiría la renovación instantánea de cualquiera de las condiciones que lo definen: por ejemplo, jornada y salario sufrirían modificaciones instantáneas cuyas consecuencias serían imposibles de evaluar en su momento o, mejor dicho, el intento de evaluación haría imposible el mismísimo trabajo que se pretende regular.

Y aquí me vuelve a la cabeza una vieja iluminación sobre la enfermiza felicidad que, contaba yo, me proporcionaba una vida randomizada que yo me fabricaba de acuerdo con un mercado de valores accesible en todo momento.

Fogonazos XXXIV: Calcetines y calzoncillos

peluquerc3ada-modera-caballeroAl principio volvía a LA para cortarme el pelo, pero a medida que éste escaseaba me pareció un poco tonto y dejé de viajar para este menester. Sin embargo y como desde que comenzó la crisis he reducido el presupuesto para ropa, incluyendo la interior, solo tiro de él cuando ya parece inexcusable y siempre aprovechando viajes cortos a LA. En este último el paseo por el borde del mar entre abdominales de cuero y patines de una fila de ruedas no ha sido tan gratificante como suele pues, curiosamente, hacía falta paraguas para resguardarse de las tormentas de mayo. He adquirido esos calzoncillos que resaltan mis pobres abdominales y los famosos calcetines altos de esa tienda donde en su día me surtía de todo y con generosidad. Y eso es todo.

P.S. Alguien puede creer que estoy hablando de Las Arenas,Bi., pero no, estoy hablando de Los Angeles, Ca. Por eso he tenido que pagar exceso de equipaje, pero no de peso, sino de volumen.

Linchamientos

cazablesaHay quien se queja de que no haya sido un partido de izquierdas o un sindicato de los de siempre los que hayan puesto la querella contra Blesa y haya tenido que ser un partido «raro» (UPyD) o una especie de grupo de presión sospechoso («manos limpias») los que lo hayan hecho. Estos mismos más otros se alegran de que por fin haya caído el primer banquero, como se alegra el cazador cuando se abre la veda. Y algunos pocos, entre los que me encuentro, no entendemos las explicaciones que da la prensa pues parece que le llevan al trullo por haber comprado un banco en Florida (USA) por un precio superior al valor en libros. Parece que la compra no fue mal, pero, en cualquier caso, si se siguió el procedimiento interno de toma de decisiones, no parece que estemos ante un delito por caro que resultara o aunque el Banco de España no estuviera entusiasmado por la adquisición; sino ante un mero error de gestión del que debió disculparse ante sus accionistas o similares. Otra cosa distinta sería el préstamo a Viajes Marsans que, por lo que se lee por ahí, no pasó los filtros adecuados y, en consecuencia, podría ser un indicio de alguna irregularidad perpetrada en su propio beneficio. Pero ni en esto ni en lo anterior se moja nadie y ningún medio nos ofrece una opinión solvente al respecto. Parece un linchamiento y a mí me parece vergonzoso. Lo mismo que me pareció vergonzoso el ataque a Niall Ferguson por sugerir que la falta de hijos de Keynes podría haber sesgado su tasa de descuento temporal.

Renaciendo: limpieza de papeles y libros

libros antiguos IIDebo estar, como siempre, en mala edad y, como siempre que esto ocurre, es decir siempre, trato de renacer. La experiencia me dice que la mejor manera de cambiar de rumbo es o comprar ropa o hacer limpieza. En esta ocasión me he decidido por la segunda opción y me he lanzado a la hercúlea tarea de limpiar y hacer entresaca de papeles y libros de mi despacho de casa y de la inmensa mesilla de noche de mi dormitorio.

Con los papeles del despacho he llenado unas diez bolsas de basura. No tendría sentido mencionar ninguno de los papeles desterrados aunque me he dado cuenta de que he tirado alguno que necesitaba, como cuando un estiramiento de piel te deja un ojo siempre abierto.

Lo de los libros en mi dormitorio es más serio. Ya no podía ser, los ácaros me devoraban. He hecho varias columnas y pretendo describir un poco esas columnas a fin de que se hagan una idea de hasta donde llega mi locura.

De hecho antes de meter mano a la mesilla de noche, he comenzado por otra mesita auxiliar que, junto con su gemela, flanquea un sofá al que todavía no he sido exilado nunca. En esa mesita he contado 54 libros incluyendo dos guías, la de Atenas y la de Chipre. Además he contabilizado 10 libros de arte, de esos que tontamente me compro a la salida de una exposición y me sirven solo para echarles un vistazo antes de apagar la luz cuando el tranquilizante diario comienza a hacer efecto. Como ejemplo les diré que allí estaban los catálogos de Hopper y de Hockney. Además dos columnas para sostener sobre ellas un cuadrito que compramos hace unos 10 años y al que todavía no le hemos encontrado su lugar. Entre las dos columnas habrá, según un recuento fugaz, unos 35 libros que no me he tomado la molestia de clasificar aunque la vista resbala sobre un lomo que dice «Banksy» y otro en el que creo leer «Greenspan». Luego están los recién comprados (7, como por ejemplo Martutene) siempre al alcance de la mano. En total 54.

Pero hasta los 217 me faltan unos cuantos que están en una u otra de las siguientes columnas en los que los he clasificado. Comenzaré por los de economía, política y reflexión científica que no deberían estar aquí sino en la oficina de Fortuny. Casi todo Soros está aquí, «El Pueblo Vasco hoy» de Ramón Zallo también así como un par de cosas de Steven Pinker, en total 38. La columna más alta es la dedicada al ensayo (67 ejemplares), esa cosa heterogénea en la que, además de cosas infumables, destaco un par de títulos de Marc Fumaroli que me regaló mi hijo Rafa. He reunido en una sola columna de 62 volúmenes la Filosofía y el Psicoanálisis (Heidegger, Foucault, Deleuze, Derrida, Freud, Milner,…) y en una de solo 50 la literatura incluyendo novela (Houellebecq y Modiano entre otros), un volumen gordísimo con todas las tragedias griegas y poemarios de Rainer Maria Rilque y Ezra Pound.

Sumados a vuela pluma cuento unos 217 libros que aúna media de 15 euros me han costado unos 4.000 euros sobre un período de unos siete años. Es sin duda mucho dinero, pero imaginen que no hubiera dejado de fumar y que, como solía, fumara tres cajetillas al día. Si no me confundo esta haría como unas 7.500 cajetillas. Luego, y aunque desconozco el precio actual del Windsor, creo poder afirmar que he acabado ahorrando bastante.

Pero esa no es la cuestión importante. Lo que me interesa es la razón oculta de esta acumulación de sabiduría que, al ser tan voluminosa, no no se si me deja contagiarme de ella. Suelo bromear con eso de que la sabiduría se transmite por contagio mientras se duerme y que basta las contraportadas para aprender lo importante. Bueno, pues 217 contraportadas y unas 2500 noches han debido hacer de mí una persona sabia aunque no lo parezca.

L: Ideología y Economía

Economists

economists-1En los últimos días he tenido ocasión de asistir a un par de debates en los que se ponía en juego, directa o indirectamente, el binomio Economía-Ideología sin distinguir muy bien si el éxito aparente de una forma de organizar el sistema económico podría condicionar el conjunto de valores de una sociedad o de parte de esta, o si, por el contrario, ese conjunto de valores adquirido de alguna manera, no estará condicionando la política económica y hasta la Teoría Económica. Ver aquí y aquí. Ahora que lo pienso me parece llamativo que en esta serie de posts que he denominado Hacia un nuevo Relato no haya aparecido hasta ahora esta posible influencia mutua entre ideología y «ciencia» bien sea en general o bien sea en el caso de la economía. Propongo que nos olvidemos de la postura que defendería que aun la ciencia más exacta es un constructo social y nos centremos en la economía cuyo status científico nunca ha estado demasiado claro.

Comencemos por el mal llamado mercado de trabajo y hagámoslo pensando en la devaluacion interna que está ocurriendo o se está orquestando por parte de las autoridades económicas europeas y ciertamente españolas. Los que se dedican a la “ciencia” económica como actividad principal comentan más o menos convencidos que no ven otra forma de asentar la economía (digamos que española) sobre bases firmes e independientes de suceos puntuales o de noticias superficiales que la reducción salarial que acabará ganado competitividad exterior (y tanto más cuanto los precios vayan también reduciéndose o mitigando su subida). Solo así reduciremos eventualmente el déficit público, la deuda privada y finalmente la pública. Cuando el proceso sea percibido fluirá el crédito y la economía crecerá recuperando empleo. Los que no hacen de la actividad investigadora su actividad principal contraatacan diciendo que la devaluación interna es asimétrica pues los precios no bajan como tampoco lo hacen los márgenes de beneficios y que todo el peso recae sobre los trabajadores que siguen pagando los mismos precios para comer pero ven rebajados sus salarios o las prestaciones por desempleo o eventualmente pensiones y que, en consecuencia, habría otra forma de hacer las reformas menos onerosa para la clase trabajadora y menos penalizadora de la igualdad de la renta. Los académicos murmuran por lo bajito que en Alemania ya se pusieron de acuerdo sindicatos y patrones para contener los salarios y para ganar en eficiencia productiva a fin de frenar tensiones al alza de los precios y hasta se mencionan los Pactos de la Moncloa. Los no académicos rezongan que ya les gustaría que eso fuera posible aquí pero que no hay forma pues las reformas laborales siempre están sesgadas a favor del capital eliminando obstáculos al despido y otros costes o «impuestos» a la racionalización de plantillas. El contrato único que eliminaría la temporalidad de la que se aprovechan los patronos y los sindicatos (que solo cuidan a los afiliados), sería un buen paliativo de las injusticias y del desempleo, gritan los académicos con el solo efecto de irritar a los no académicos que gritan igual de alto que son los patrones, como siempre, quienes ganan en esta batalla entre agentes sociales.

Es fácil imaginar que el tono sube rápido, que el guirigay está garantizado y que para tratar de rebajar los decibelios ya no sirven ni teoría ni datos pues tanto la una como los otros estarían a su vez sesgados por el poder mediante proceos que no se conocen muy bien. Y mientras tanto ni unos ni otros de los que discuten sufren sino que los más desgraciados son los que no pueden vivir dignamente y que, completamente ajenos a estas disquisiciones, contemplan asombrados el aumento de los índices de desigualdad.

En estas circunstancias no es de extrañar que la reforma fiscal salte a la palestra de la discusión. Romper la maraña incomprensible de fraude y utilización inteligente de las deducciones que solo benefician a los fiscalistas es objetivo común de los que aquí estoy llamando (a la ligera) académicos y no académicos. Pero a partir de ahí reaparecen las diferencias ideológicas tradicionales sin que se consiga llegar a un acuerdo entre la redistribución y la distorsión asignativa. Nadie se acuerda de lo que se ha llamado, en el mundo académico, la imposición óptima y académicos o no parecen ponerse de acuerdo en penalizar a esa clase inalcanzable, inimaginable y en cierto modo prescindible, de los supermillonarios sin que a nadie se le ocurra tratar de atraer su mecenazgo para tratar de paliar un poco el desmantelamiento del Estado del Bienestar.

Llegados a este punto a mí me parece que las diferencias ideológicas son genuinas y legítimas pero que no es fácil utilizarlas como explicación seria de los sesgos de la política económica deseable en un momento u otro ni como responsables de una u otra manera de ordenar las ideas. No veo necesario tratar de limar esas diferencias sino más bien afilar la política que es esa forma de interacción que permite tomar decisiones que a todos atañen de una manera civilizada tratando de aprender unos de otros. De hecho me parece que, si pensamos en la ideología como punto de partida para pensar seriamente, se nos hace inevitable concluir que la diversidad ideológica es muy importante a efectos de mantener un pensamiento vivo y no esclerotizado. Pero eso siempre que se puedan confrontar libremente y con igualdad de oportunidades de ser escuchadas. Si esto no es posible no podemos espera más que la «guerra» que, además de poder llegar a ser cruenta, es garantía de un pensamiento devaluado y manipulado.