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Fogonazos XXXII: Regalos

Vuelvo a casa para unos días y, como siempre, llego cantando al monte Gorbea. Nunca me defrauda y es que mi tierra siempre me regala cosas por caminos insospechados. Ayer, recién llegado, caí en [[Bilbao-Gran Vía|Gran Vía]], entendiendo por tal la sede indiana y me colmaron de regalos como corresponde a la [[lógica de la abundancia]]. Unos blinis con yogurt griego y unos aderezos especiales que estaban de rechupete, un señala libros con la imagen de mi grúa favorita y un vasito de vino delicioso. Todo señal de una buena vida, sin aspavientos y si grandes necesidades pero con exquisito gusto. Además me llevé unas cuantas copias de libros correspondientes a las últimas publicaciones de la Biblioteca de las Indias, y una hora de conversación sobre… la conversación. Más la promesa de recopilar unos cuantos documentos sobre Venecia para Marisa. Y,quizá, después de una investigación minuciosa los detalles del traje de doguesa y del tejido adecuado para elaborarlo.

Hoy he abierto los ojos a un mar azul y a un vientito que, a pesar de no ser ese nordeste que transforma el Abra en la charca primigenia de la belleza, era un suave «gallego» suficiente para hacer un placer de la navegación o del remo un soberano placer aunque sean otros los patrones o los remeros.

Ya he terminado mi paseo obligatorio para darle cuerda a mi renovado corazón y al llegar a casa me encuentro otro regalo de DdeU. Se trata de esta cita del Arcipreste de Hita que muy bien podría adornar los libros libres que edita la Biblioteca:

Cualquier hombre que lo oiga, si bien trovar supiese
puede aquí añadir más, y enmendar si quisiese,
ande de mano en mano a cualquiera que lo pidiese,
como pelota a las chicas tómelo quien pudiese.
Pues es de buen amor, prestadlo de buen grado,
no le neguéis su nombre ni os hagáis de rogar al darlo,
no lo deis por dinero, vendido ni alquilado,
porque no tiene gusto ni gracia, ni buen amor comprado.

Y todavía me quedan unos días que sin duda serán buenos. Llegamos al Empordà, cambió el viento y salió el sol en contra de la predicción. Continuamos en París y dejó de nevar para que el cielo gris se tornara azul. Y ahora llegamos a casa y el sol suave nos saluda respetuoso. Bendita sea la vida: The good life

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